4/9/11


EL LEGADO DE SARMIENTO Y LUGONES EN EL SIGLO XXI 
Cuando el Estado funciona 
La Biblioteca Nacional de Maestros acaba de culminar un modernísimo laboratorio de conservación de la memoria educativa del país, parte esencial del patrimonio argentino. 30/7/2008



Graciela Perrone
En alguno de los laberínticos pasillos de los subsuelos del Palacio Pizzurno, que alberga el Ministerio de Educación, donde acaso se diagraman (no importa si bien o mal) las políticas de corto y largo plazo que forjarán el futuro argentino, funciona otro país. Mejor dicho, hay un país que funciona. Y la impericia de los gobiernos de turno, los reflejos autómatas de los medios, la vorágine nacional, la sociedad toda olvida, omite y soslaya el esfuerzo y la capacidad intelectual de algunos de los mejores especialistas que trabajan en la función pública a pesar de todo lo anterior. 

Entre ellas, se encuentra Graciela Perrone, una rara avis de la administración estatal, que cuenta entre sus pergaminos el curioso récord de mantenerse en su cargo, al frente de la Biblioteca Nacional de Maestros, desde 1993. Quince años, 8 presidentes y diez ministros después, Perrone acaba de forjar un viejo anhelo, la creación de un Laboratorio de Conservación para cuidar el fondo editorial de la histórica biblioteca fundada por Sarmiento. 

"El laboratorio está dentro de nuestra política de preservación. No es una pieza aislada", explica la funcionaria en su despacho, debajo de un viejo retrato de Lugones, otro de los nombres emblemáticos de la dependencia que ella dirige. Hasta ahora, la limpieza, conservación e intervención de la mayoría de los incunables que conforman la biblioteca del tesoro y la memoria educativa de todos lo argentinos eran tercerizadas. Sin embargo, cada vez que un libro abandonaba los estantes del Palacio Sarmiento, se arriesgaban ejemplares que llegan a valer hasta 500 mil dólares y, lo más importante, una parte importante del ya descuidado patrimonio cultural nacional. 

El proyecto de un laboratorio de punta, que poco tiene que envidiarle al prestigioso pero muy exclusivo centro del colegio del Salvador, estuvo presente desde el principio de la gestión de Perrone. Sin embargo, temas más calientes de la agenda ministerial fueron posponiendo la culminación de un programa mucho más ambicioso, de una política integral de conservación. "Seguimos los pasos de las bibliotecas del mundo desarrollado, donde la conservación es pan de todos los días", aclara la especialista. En 1998 se hizo el primer reciclaje, se eliminaron las plagas escondidas entre tanto polvo y papel y se realizaron pequeñas intervenciones con barniz ignífugo. 

Luego la Biblioteca ganó un subsidio de la Fundación Antorchas, que sirvió para comprar todos los materiales que se necesitan para medir la humedad ambiente, la luz, la vibración, la temperatura y el sonido que pueden dañar los preciados encuadernados. 

Finalmente y gracias a los logros de la gestión de Perrone –como ser la primera biblioteca informatizada del país, con catálogo en Internet- el Ministerio se decidió a invertir 160 mil dólares en el modernísimo laboratorio. 

El área estará dirigida por Marian Silvetti, una experta en conservación e intervención, formada en Estados Unidos. El laboratorio, vale aclararlo no es un capricho de esta socióloga, que ayudó a crear la Ley 23.351 que sirve desde 1989 para generar los fondos de las Bibliotecas Populares, y que significó una verdadera revolución cultural en las bibliotecas a pulmón de los barrios más postergados. "La Biblioteca Nacional de Maestros trabaja con las demandas de las bibliotecarias y archivistas de las escuelas. El laboratorio va a ser como un faro y un hito por donde pasen las generaciones de docentes, de bibliotecarios. No es sólo un laboratorio interno sino que forma parte de la transferencia de conocimientos que nosotros hacemos a las unidades de información del sistema educativo", explica Perrone, orgullosa, pero sin abandonar el tono técnico, antes de interrumpir su discurso para enseñar su tesoro preferido, un libro cartográfico de 1584, uno de los más antiguos, que guarda la biblioteca. 

Sin embargo, por ahora, el flamante laboratorio privilegiará el material de las colecciones del tesoro, de educación y aquel que haya que intervenir para exposiciones, por lo que no recibirá ejemplares de otras instituciones. "Solamente vamos a poder prestar un servicio externo cuando estemos seguros de que vamos a poder dar una respuesta satisfactoria", avisa. Investigación, innovación e identidad "Primero se delira, después se baja a tierra", explica Perrone, sobre las ideas descabelladas que acaban por convertirse en realidades bien palpables, como este laboratorio totalmente equipado y fabricado íntegramente en el país. 

La política integral de conservación incluye un trabajo articulado con escuelas –en un principio de Capital y Gran Buenos Aires- que busca convertir a los archivos y las bibliotecas escolares en "la médula central de la escuela, en el corazón". Dentro de ese programa se enmarca un proceso de capacitación Express y otro más profundo para formar a los profesionales de cada dependencia en el arte de la preservación. "Todos los miembros de la comunidad van a poder investigar, tener una visión conjunta y temas inspiradores con valor pedagógico", agrega la funcionaria. Ejemplos de esa apuesta que ya rindió sus frutos se aprecian en la Escuela Normal de Quilmes –de donde es egresada Perrone- que encontró documentos históricos pertenecientes a la administración de la escuela bonaerense, de casi 100 años. "Siempre hay dinero: el tema es ver cómo se utiliza y cómo se optimiza. Conservar un libro es un símbolo y yo pienso que puede ser muy importante", se enfervoriza la directora de la BNM cuando este cronista le cuestiona la realidad por momentos esquizofrénica que significa un laboratorio con tecnología de punta en medio de un país en emergencia educativa. 

Con el laboratorio culminado y casi listo para inaugurarse cabe preguntarse cuáles son los desafíos por venir. "Faltan recursos humanos, tenemos un presupuesto, tenemos una meta física, nuestra propia métrica. Lo duro ya está hecho, pero vamos a necesitar gente. La biblioteca trabaja con capital intelectual", agrega. "El tema de las bibliotecas ha sido una Cenicienta en la Argentina", dice esta técnica y no hace falta pensar demasiado para asociar su sentencia a la falta de un sistema nacional que las agrupe y coordine. "La biblioteca es lo último que llaman, pero nunca les damos sobresaltos y nos hemos ganado cuatro de los Diplomas de Honor que otorga el Jefe de Gabinete de Ministros", argumenta, sin mencionar, claro, que con nuevo ministro ahora van por la quinta distinción. 

Fuente: http://edant.revistaenie.clarin.com/notas/2008/07/30/01725761.html (ver fotos y oír audio)

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