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10/6/22

 9 DE JUNIO

DÍA INTERNACIONAL DE LOS ARCHIVOS

Prof. Raquel Gail

En esta fecha tan significativa para nuestro quehacer, queremos realzar la importancia de distintos tipos de documentos en torno a la figura del primer director de la Escuela Normal de Quilmes, Profesor Don José Domingo Sosa del Valle.

Se puede trazar una línea de tiempo de los 20 años que estuvo Sosa del Valle al frente de la Escuela Normal de Quilmes, y aún más allá, hasta sus últimos días, con los documentos preservados, de los cuales acá presentamos unos pocos.

Prof. José Domingo Sosa del Valle (1879-1940)
Documento periodístico

Nacido en Catamarca, cursó sus estudios en la Escuela Normal de Profesores Nº 2 (hoy "Mariano Acosta"), egresando en 1899, a donde fuimos a constatar oportunamente las actas que dan cuenta de su rendimiento académico.

Documento en soporte papel, Libro de Actas de exámenes
Archivo Histórico de la Escuela Normal de Profesores


Documento en soporte papel, Libro Calificador
Archivo Histórico de la Escuela Normal de Profesores

Para comprender mejor su certificado de estudios, debe saberse que la escala de calificaciones en la época era de 1 a 5 puntos. El promedio del Prof. Sosa del Valle fue de 4 puntos. 

Graduación en 1899
Documento periodístico. Revista Caras y Caretas

Inició el ejercicio de la profesión como maestro de grado en la escuela Nº 1 de varones de General Sarmiento, cargo que conservó hasta el 2 de abril de 1901. De allí pasó a servir como Subpreceptor en una escuela de la Capital Federal, donde fue ascendido a Preceptor en 1904 y a Vicedirector en 1907. Simultáneamente trabajó en escuelas de adultos alcanzando el puesto de Director en 1908. En abril del año siguiente se lo designa Regente y catedrático de idioma Nacional y Aritmética en la Escuela Normal de Santa Rosa de Toay (La Pampa) hasta que en abril de 1912 se le nombra Director y catedrático en la flamante Escuela Normal de Quilmes. (Datos extraídos de su Foja de Servicios que obra en nuestro archivo).

Telegrama de designación en Quilmes
Documento en soporte papel de nuestro archivo


Telegrama de felicitación por el nombramiento
Documento en soporte papel de nuestro archivo



Carta de reconocimiento y estímulo de Clemente Andrada
Documento manuscrito de nuestro archivo

La escuela Pampeana estaba dirigida por el profesor Don Clemente Andrada. Sosa del Valle ya estaba casado con María D. Castaños Vivanco, uruguaya, quien tenía a su cargo las horas de Música y debió solicitar el traslado a Quilmes el mismo año.

Innumerables dificultades debió afrontar el Director-fundador para encontrar un local apropiado para abrir el establecimiento y, a falta de uno que reuniera las condiciones adecuadas, el Ministerio ordenó el traslado a la localidad de Belgrano, que hoy se halla dentro de los límites de la Capital Federal. La resistencia de la población que había gestado el proyecto, encabezada por el Inspector Atanasio Lanz logró la inmediata revisión de la medida. Sosa del Valle hizo un acuerdo con la Directora de la escuela provincial Nº 1 que le cedió el espacio en uno de los turnos, y así comenzó a funcionar en el mes de octubre la primera escuela secundaria pública entre La Plata y la ciudad de Buenos Aires.


Solicitud de mobiliario, enero de 1915.
Documento manuscrito. Libro copiador en nuestro archivo

En 1915, finalmente, se logró rentar una propiedad que ocupaba toda la manzana de las calles Mitre, Sarmiento, Colón y Conesa, antigua casa señorial con un enorme parque y escasas comodidades para dictar las clases. De manera que durante varios años más la escuela estuvo repartida entre esta sede y las aulas de la escuela Nº 1, pese al desacuerdo de las autoridades provinciales.

Fue delegado de los Centros Educacionales de Quilmes en los homenajes a Bartolomé Mitre realizados en la Capital Federal con motivo del centenario de su nacimiento y, en tal condición, tuvo la feliz idea de homenajear al fundador de los Colegios Nacionales propiciando la creación de un establecimiento de esta índole en su ciudad. Así lo conciben con Doroteo Yoldi y los docentes que junto a él firman el acta.

De este modo se crea el Colegio Nacional Secundario Quilmes bajo el lema “Filantropía - Ciencia - Constancia”. Para iniciar sus clases, el profesor Yoldi brindó el local de su escuela “San Luis Gonzaga” en horas de la tarde y de la noche; Alem 306, entre Alvear y Mitre, donde posteriormente tuvo su primer asiento el Museo de Quilmes. Durante los primeros diez años el Colegio Secundario funcionó sin presupuesto, sólo por la voluntad de los profesores que lo integraron. Hasta mediados de 1924 el Colegio permaneció en este domicilio y a partir de esa fecha compartió el local de la Escuela Normal Mixta.

De puño y letra de José Sosa del Valle, 1925.
Certificado de estudios primarios de su hijo Mario.
Documento manuscrito. Libro copiador en nuestro archivo

Lidiando tesoneramente con la administración central para obtener una finca propia y diseñada para los fines que debía alcanzar, empero sin éxito, supo sin embargo conducir los afanes intelectuales de la sociedad quilmeña. Dirigió el Colegio Secundario y luego integró su Asociación de Padres, dirigió la Biblioteca Pública, generó numerosos encuentros conducentes a elevar el nivel cultural de la población que pueden conocerse en las páginas de los Libros Copiadores y de Instrucciones al personal, mientras cumplía acabadamente con la gestión de la escuela y las cátedras a su cargo.

Finalmente, a fines de 1931, dejó el lugar a otro brillante Director, el profesor Juan Manuel Cotta.

Documento periodístico, Diario El Sol, 29 de enero de 1932


Despedida a Sosa del Valle por su jubilación.
Documento fotográfico en nuestro archivo

Documento periodístico Diario El Sol, 
11 de octubre de 1940

A los 61 años el destino implacable de todos los mortales lo apartó de su familia, colegas  y amigos, acontecimiento que dio lugar a los máximos honores ordenados directamente desde la Presidencia de la Nación. El cortejo fúnebre recorrió las calles del pueblo hasta su morada final, donde una placa conmemorativa sella su sepulcro.

Carta de pésame a la familia. Documento mecanografiado.
Copia en nuestro archivo

Disposiciones internas para el sepelio. 
Libro Copiador en nuestro archivo


Lápida, Cementerio Municipal de Quilmes
Fotografía del Patrimonio Funerario local

Finalmente, para no hacer más extenso este recorrido documentado, en 1978 el gobierno de facto del Municipio de Quilmes resolvió honrar su memoria asignándole a una calle su ilustre nombre.


Ordenanza Municipal de 1978 (copia)
imponiendo su nombre a una calle quilmeña

Los archivos, debidamente organizados y preservados, tienen la utilidad de recuperar -aunque sea parcialmente- la historia de los hechos que ya nadie puede recordar. No todo está en los archivos, pero lo que está... ¡fue!

Primera promoción, 1916
Documento fotográfico en nuestro archivo

7/8/19

"Ordenar la primavera"
 por Alejandra Álvarez


A continuación, publicamos algunos fragmentos del artículo “Ordenar la primavera. Los estudiantes secundarios de Buenos Aires y los festejos del 21 de septiembre durante la última dictadura”, extractados de la Revista Conflicto Social, Año 12, Nº 21, enero-junio 2019.
La autora ha utilizado , entre otras, fuentes de nuestro Archivo para elaborar su tesis, aquí muy sintetizada.

"Este artículo analiza el desarrollo de las celebraciones por el Día del Estudiante en Buenos Aires, durante los años de la última dictadura cívico militar en Argentina (1976-1983), insertándose dentro de las preocupaciones de la Historia Reciente. Los protagonistas son los estudiantes secundarios que sostuvieron esta tradición de festejar cada 21 de septiembre en el espacio público, a pesar de la existencia de un contexto de disciplinamiento social implementado por la dictadura. Asimismo, el gobierno de facto, aprovechó la jornada para legitimarse y construir una imagen del joven adaptada a las necesidades políticas del régimen.

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Nuestro objetivo principal es reconstruir la experiencia de celebrar el Día del Estudiante durante la última dictadura cívico militar por parte de los alumnos/as del nivel medio de Buenos Aires. La jornada estará atravesada por dos lógicas contrapuestas, por un lado, la de los estudiantes secundarios y por otro, del gobierno de facto. Las preguntas que guiarán el recorrido son ¿Qué tipo de discursos instaló la dictadura en torno de los jóvenes durante cada 21 de septiembre? ¿Por qué las autoridades de facto habilitaron la realización de estos festejos en el espacio público? ¿Qué tipo de prácticas y significados pusieron de manifiesto los protagonistas en esta jornada? ¿Tenía algún sentido particular celebrar su día en dictadura? Frente a estos interrogantes, se seleccionó un corpus de fuentes que no pretendió abarcar toda la experiencia de celebrar este día, ni trabajar en función de estudios de caso, sino que la investigación se orientó a ofrecer una primer mirada general, frente a una temática que se constituía en un área de vacancia en lo que respecta a Buenos Aires. [1] ...


Respecto de nuestras fuentes, el archivo escolar se constituyó en un aporte fundamental por la cantidad de tiempo que los estudiantes transcurrían dentro de estas instituciones bajo la influencia de las normativas y políticas diseñadas por el Ministerio de Educación de la Nación, [2] registradas en Circulares y Disposiciones y en documentación de carácter interno, como parte de las tareas cotidianas en actas o libros de inspectores. Allí fue posible observar algunas preocupaciones en relación a la primavera, entre numerosas imposiciones destinadas a ordenar la vida de los estudiantes. Gracias al aporte esencial de los Espacios de Memoria de la Escuela Normal Superior Mariano Acosta de la Ciudad de Buenos Aires y del Archivo Histórico del Normal de Quilmes “Silvia Manuela Gorleri”, encontramos la documentación señalada. Debido al trabajo de recuperación de la memoria escolar, ambos archivos generan lazos con la comunidad y a partir de esos vínculos, fue posible realizar entrevistas con estudiantes del periodo para acceder a los sentidos y prácticas otorgados a los festejos del 21 de septiembre.

Pero el trabajo siguió su derrotero hasta la prensa escrita nacional (Clarín, La Nación, La Opinión) en la cuál fue posible abordar la dimensión pública, por la cobertura que hacían los medios de comunicación de los festejos en las calles. Allí también se ofrecía la mirada elaborada por las autoridades de facto, pues aparecían publicados sus discursos. Otra posibilidad de pensar el espacio público fue a través de filmaciones de noticieros de época, que podían tener sonido o no, y donde fue posible transitar el 21 de septiembre desde las prácticas de los estudiantes que allí aparecían. Accedimos a los mismos gracias a la colaboración con esta investigación del Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken, de la Ciudad de Buenos Aires

Aunque contamos con la documentación del Ministerio de Educación e institucional junto a entrevistas, filmaciones de época e impresiones recabadas en la prensa, el escenario no estaba completamente indagado. Es en este punto en el que se recurrió al archivo de la Ex Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA), donde aparecieron algunas huellas de las preocupaciones policiales y el control puesto en marcha durante los festejos.

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Asimismo, algunas categorías propuestas por el historiador E. P Thompson nos ayudaron a pensar la experiencia de celebrar en dictadura. Entendemos esta jornada como una costumbre arraigada desde comienzos del siglo XX, propuesta por estudiantes, y sostenida por ellos y ellas a lo largo del tiempo, que terminó por transformarse en un atributo que no podía quitarse (Thompson, 2000: 18-20). También nos interesa recuperar su conceptualización sobre la cultura, para considerar los elementos que constituyen a dicha celebración como sus ritos, las formas simbólicas en las que se presentaba en el espacio público, los atributos culturales hegemónicos presentes, la transmisión intergeneracional de dicha costumbre y la evolución de la misma dentro de un marco histórico específico (Thompson, 2000: 26). Entendemos el 21 de septiembre como una tradición que dependiendo de la institución, iba adoptando características propias de acuerdo a las experiencias transmitidas de un grupo a otro de estudiantes a través del tiempo y que se exteriorizaba en determinados rituales en el espacio público, que trascendían el contexto político.

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 No obstante, el orden y la represión no fueron suficientes, dado que el gobierno de facto destinó numerosas medidas para tener el control sobre la juventud y alcanzar cierta legitimidad entre ellos y ellas. Dentro de esta línea, nos interesa destacar los siguientes aportes: la creación de la Gendarmería Infantil (1977) y el operativo “Argentinos, marchemos a las fronteras” (1979). En ambas experiencias se proponían educar a los jóvenes en los valores de la patria, la familia y el cristianismo, incidir en sus conductas, y encuadrarlos detrás del régimen (Lvovich, 2009, a; Lvovich y Rodríguez, 2011).


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En síntesis, en las escuelas se fomentó la “limpieza” de carteles y grafitis, la prolijidad en la vestimenta y se instaló el imperativo del ser “patriótico” a aquellos jóvenes que no habían sufrido la violencia directa del Estado (Manzano, 2017: 362-373). En los comunicados de las Fuerzas del orden, el joven del régimen debía ser individualista, sacrificarse, esforzarse en un periodo de tránsito a la vida adulta, convertido en un sujeto pasivo al que la familia debía recuperar de los “vicios” de los años precedentes y evitando “el mayor de los males”, que era su involucramiento en la política (Luciani, 2017: 31-52).

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A partir de la revisión de documentos archivados en la Escuela Normal de San Fernando gracias al permiso de uno de los directivos para acceder a la documentación institucional, nació esta investigación. Allí en un libro de inspección, el registro de una inspectora correspondiente a los días anteriores y posteriores a la primavera de 19785 se suscitó un primer interrogante ¿Por qué una agente estatal estaba tan preocupada por las formas de celebrar la primavera? Veamos en función del documento la relevancia otorgada a la jornada. Esta fuente tiene como particularidad su continuidad, ya que la inspectora asistió a la escuela tres veces consecutivas. Pese a que es un ejemplo acotado, es indicativo de la preocupación estatal sobre el festejo estudiantil.

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En tanto que, en una fuente similar del Normal de Quilmes, la primavera también fue motivo de visita de una inspectora a la escuela para corroborar el desarrollo de las actividades escolares, detallando en el libro de inspección [8] los porcentajes de asistencia del día 22 de septiembre de 1980; los preceptores y ayudantes estuvieron presentes en su totalidad, los profesores, en un 98 % y los alumnos, en un 88%. Aclaró cuáles eran los cursos que se habían ausentado y que había dispuesto instrucciones a la vicedirectora respecto de la situación de los ausentes (aunque no lo deja por escrito) y explicitó que el motivo de la falta respondía al festejo del Día del Estudiante, celebrado el día anterior. Es decir, en lo que respecta a estas dos instituciones y en los momentos explicitados, el desarrollo de los festejos en el espacio público fue acompañado por un control que realizaban los inspectores en las escuelas para corroborar los niveles de “orden” durante los días cercanos al festejo.

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La celebración de los estudiantes generalmente se confundía con la primavera, por lo cual “primavera y juventud” aparecen como una apelación permanente en el discurso de la prensa escrita. Esto puede responder a la necesidad de establecer una mirada hegemónica en el espacio público para contrarrestar las denuncias sobre los jóvenes que habían sido secuestrados, para quienes la “vida” no sería una opción.

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La consigna de la unidad en los festejos del 21 de septiembre de 1976 podría considerarse como una forma de darse ánimos respecto del renovado clima represivo imperante en las escuelas. Cabe mencionar que una semana atrás había tenido lugar la “Noche de los Lápices” [15] aunque el acontecimiento llegaría casi una década después a los medios de comunicación (durante la realización del Juicio a las Juntas Militares). Las canciones de Sui Generis acompañadas con una guitarra formaban parte de la celebración, como recordaba una entrevistada acostumbraban ir cantando en el tren los temas de esta banda de rock nacional (Iris, Escuela Normal Nacional de Quilmes, 1976-1980).

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El ministro de educación y Reynaldo Bignone se referían a la “subversión” en su saludo a los estudiantes generando una asociación directa entre “juventud y subversión”, intentando promover entre los jóvenes la idea de rechazar las propuestas de las organizaciones político militares de izquierda que “atentaban contra la Nación”. De esta forma el Día del Estudiante era un momento propicio para la propaganda antisubversiva. No obstante, mientras este discurso era transmitido por cadena nacional miles de jóvenes de Buenos Aires estaban en el espacio público o privado compartiendo un día diferente, alejados de dichos imperativos y advertencias.

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El escenario de 1978 no se diferenció mucho del señalado en los años precedentes. En la publicación periódica seguía siendo un día lleno de vida, alegría y sonrisas [22] en consonancia con la imagen que el Estado buscaba construir, la de una juventud optimista y sana, despolitizada y defensora de las buenas costumbres (González, 2014: 11). Se presentaban los festejos desvinculados de la realidad que se vivía en las escuelas y en el país. En consonancia con este clima social reflejado en la prensa, una entrevistada refiere a que se sentía en una película: 

Tercero, cuarto y quinto, nos íbamos al Pereyra (Parque Pereyra Iraola). Cuando bajábamos del tren, nos revisaban la mochila en la estación. Vos te bajabas en la estación y ahí había control. Después dentro del parque nunca tuvimos situaciones de violencia. Nos juntábamos con otras escuelas. Yo me acuerdo que uno de los años, parecíamos una película de Palito Ortega, yo llevaba un Winco, mi papá era músico (Sandra, Normal de Quilmes, 1973-1977).

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En el diario Clarín se repite una vez más la postal de los jóvenes paseándose por la ciudad, de los amores adolescentes, sólo que en esta oportunidad llama la atención la manera de hacer referencia a estos jóvenes como “ejércitos de alegría”, haciéndose presente la dictadura en esta expresión. [23] Se trataba de una alegría controlada, medida, ordenada y organizada como un ejército, pero el panorama continuaba invariable en la publicación, los lugares elegidos, sus actividades, en sintonía con el relato del diario La Nación. [24] En otra filmación del 21 de septiembre de 1979 en los Lagos de Palermo, 25 se muestra a los jóvenes jugando a la pelota, y a un grupo de estudiantes secundarios cantando “Rasguña las piedras” de Sui Generis.


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A lo largo de estas páginas pudimos acceder a las preocupaciones del gobierno militar por intervenir la primavera a través de prohibiciones, recomendaciones y discursos amenazantes dirigidos a los estudiantes y difundidos en la prensa y en las escuelas. En los eventos militares o policiales diseñados para los jóvenes, en un almuerzo con el dictador Videla, en la coronación de reinas, en la construcción de una identidad juvenil homogénea en los medios de comunicación, con la presencia policial en la provincia de Buenos Aires controlando los festejos. En definitiva, frente al despliegue de esta presencia estatal, habilitar la primavera servía para sus fines políticos. Se operó en el espacio público la construcción de una imagen positiva del régimen asociada a la alegría y a la vida encarnada en la juventud que lo alejaba, por esos días, de las denuncias por la desaparición de personas, entre las cuales se encontraban estudiantes secundarios.

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Aunque la primavera representaba un peligro, se permitió su desarrollo con el despliegue de medidas concretas para influenciar los festejos y con las fuerzas del orden manteniéndose alertas. Permitiendo que los estudiantes salieran a las calles debido a un asueto estudiantil para todos los niveles educativos. Durante estas jornadas, a su vez, el gobierno de facto aprovechó a difundir una imagen determinada del joven a través de la prensa que se reforzaba con políticas de disciplinamiento dentro de las escuelas del nivel medio, de persecución y represión, pero también, de acercamiento."


NOTAS: 
[1] Este artículo nace a partir de mi tesis de Maestría en Historia Contemporánea de la UNGS (dirigida por el Dr. Adrián Cammarota), los archivos escolares con los cuáles se trabajó dentro del marco de la investigación y que la hicieron posible son: Los Espacios de Memoria de la Escuela Normal Superior Mariano Acosta de la Ciudad de Buenos Aires, el Archivo Histórico de la Escuela Normal de Quilmes y la documentación proporcionada por la Escuela Normal de San Fernando, de la Prov. de Buenos Aires. Agradecemos la colaboración de quiénes allí trabajan al servicio de la memoria escolar de la comunidad, Luz Ayuso (Mariano Acosta); Raquel Gail, Ariel Ghizzardi y Susana von Lurzer (Normal de Quilmes); Miguel Enríquez (Normal de San Fernando).
[2] Durante este periodo el Ministerio de Educación estuvo en manos de seis ministros (Bruera, Harguindeguy, Catalán, Llerena Amadeo, Burundarena, Licciardo). Para profundizar en las orientaciones de cada uno de ellos ver: Laura Graciela Rodríguez (2015, b) que reconstruye las trayectorias y políticas de los funcionarios responsables de la educación. Dando cuenta de las tensiones entre las diferentes armas de las FFAA y la falta de un plan homogéneo respecto del campo educativo. En lo que sí estuvieron de acuerdo, fue en imponer la moral cristiana y constituir individuos patrióticos.
[8] Libro de inspección, Escuela Normal de Quilmes, 1980
[15] 5 El 16 de septiembre de 1976, fueron secuestrados un grupo de estudiantes secundarios en La Plata (Provincia de Buenos Aires), integrantes de la Unión de Estudiantes Secundarios, que además de participar en esta agrupación política juvenil peronista, en 1975 habían formado parte de los reclamos por un Boleto Estudiantil Secundario (BES). Un año después, dentro del marco de un plan sistemático de secuestro, tortura y desaparición forzada, son secuestrados y asesinados. Hubo unos pocos sobrevivientes a este episodio (Lorenz, 2004; Marcote, 2017).
[22] (22 de septiembre de 1978). “Fiebre de primavera”. Clarín, pp. 18-19.
[23] (22 de septiembre de 1979). “Los jóvenes aprovecharon los parques de Palermo”. Clarín, p. 25.
[24] (22 de septiembre de 1979). “Jubiloso arribo de la primavera”. La Nación, p. 8


(Las ilustraciones y los resaltados nos pertenecen.)

Fuente:
"Ordenar la primavera. Los estudiantes secundarios de Buenos Aires y los festejos del 21 de septiembre durante la última dictadura." En Revista Conflicto Social, Año 12, Nº 21, enero-junio 2019. 
Sugerimos la lectura del artículo completo.

13/12/10

Sobre las cartas de Sarmiento y los Museos escolares


Hemos publicado hace pocos días algunas notas vinculadas a la cuestión de los espacios institucionales (físicos y simbólicos) que ameritan los tesoros que guardan las escuelas bonaerenses, en relación a la propuesta de la Dirección General de Educación y Cultura formulada en el Proyecto del futuro Reglamento para instituciones educativas (10 y 11 de noviembre); así mismo, el 4 de diciembre dimos publicidad al hallazgo sorpresivo de manuscritos de Sarmiento, Berra, Sastre y otros educadores, sobre el cual ahora se amplía información. 
Insistimos en nuestra preocupación por el tema del patrimonio histórico educativo que -creemos- necesita ser adecuadamente discutido entre expertos y autoridades, para definir de la mejor manera las condiciones de custodia, protección y accesibilidad de los documentos.
No solamente las escuelas primarias más antiguas, (la Nº 1 en muchos distritos, pero no en todos porque se han producido desdoblamientos de municipios y reasignación de números a las escuelas) sino también los antiguos establecimientos secundarios (Normales, Nacionales, de Comercio y Técnicos) y las escuelas privadas -antes llamadas particulares- que han sobrevivido a lo largo de décadas en el territorio provincial, conservan seguramente un acervo documental y museístico que requiere ser valorado y valorizado por especialistas en la materia, puesto a disposición de los investigadores y del público en general, con todos los recaudos que las respectivas disciplinas prescriben. 
Confiamos en que la Dirección General de Educación y Cultura, a través del organismo específico (CENDIE) pueda llevar a cabo esta delicada tarea que refiere a la consolidación de nuestra identidad, nuestra historia y nuestra memoria.

Estupor en Monte por las cartas de Sarmiento

"Quedé sorprendida", dijo la maestra que halló los documentos en un armario de la Escuela N° 1; 
investigarán cómo llegaron allí

Sábado 4 de diciembre de 2010 

SAN MIGUEL DEL MONTE.- Son las 11 en la Escuela N° 1, y Graciela Rodríguez no puede salir de su estupor. Durante toda la mañana, esta maestra de primaria ha recibido llamadas de distintas radios y museos para que relate cómo fue que halló, en un armario del colegio, una serie de manuscritos olvidados de Domingo Faustino Sarmiento, Marcos Sastre y de otros educadores del siglo XIX.
Cuenta una y otra vez que, con motivo de la celebración del Bicentenario, las autoridades del colegio le pidieron que hiciera un informe sobre la historia de la escuela, fundada en 1816. "Busqué material en la dirección, en la secretaría y en la biblioteca. Pero realmente quedé sorprendida cuando encontré unos rollos muy antiguos dentro de un armario que estaba en un aula del nivel secundario. Pregunté a varias maestras y a la directora, pero nadie se acordaba bien de cómo había llegado ese armario al colegio y porqué estaba ahí."
Rodríguez nació y estudió en el barrio porteño de San Telmo, pero hace 17 años se fue a vivir a San Miguel del Monte y hace ocho que dicta clase en la Escuela N° 1. La docente dice que, tras encontrar los documentos decidió llamar al historiador del pueblo, Alejandro Cortez, que les aconsejó dar aviso a la Dirección General de Cultura y Educación bonaerense. Se trataba de documentos muy antiguos y no valía la pena correr riesgos.
"Abrí uno de los rollos y comencé a leer. Era un volumen de 1858, pero contenía cartas de Sarmiento de 1857 y un estatuto que reglamentaba la enseñanza en las escuelas bonaerense, escrito por Sastre. Hice una especie de inventario en un cuaderno con la fecha de los manuscritos de ese volumen y un resumen de lo que decían. En realidad, no sabía la dimensión y valor histórico de los documentos, hasta que vinieron los especialistas de la Dirección de Escuelas", cuenta Rodríguez.
Rosa Calle es, desde hace tres años. la directora de la Escuela N° 1. Afirma que desde que llegó al colegio nunca se imaginó que ese armario podría esconder manuscritos y documentos que permitirán conocer como era la educación de la provincia a mediados del siglo XIX y principio del XX.
"El armario nunca estuvo cerrado con llave y pasó inadvertido como un mueble más del establecimiento. Cuando descubrimos los rollos trasladamos el armario a la biblioteca. El director del Centro de Documentación e Información de la Educación bonaerense, Rafael Gagliano, luego de verlos nos aconsejó que los dejemos tal cual estaban, hasta que nos envíen un especialista en manuscritos del siglo XIX", señala.
Cuenta la directora que, una vez que trascendió la noticia, la comunidad educativa de San Miguel del Monte se vio conmocionada por el hallazgo. "El intendente nos ofreció reforzar la seguridad en la escuela y nadie aquí quiere que los manuscritos dejen de estar en el colegio."
Por eso, el inspector jefe del distrito, José Almeida, decidió que los maestros de la Escuela N° 1, además de dictar una clase especial sobre el descubrimiento de los manuscritos, realizaran una tarea casi antropológica. "La idea es que, en los próximos meses, alumnos y maestros comiencen a entrevistar a docentes y directores retirados que pasaron por el colegio, para poder develar la historia de cómo llegaron esos 70 rollos a la escuela."

Impulsan la creación de museos


Sábado 4 de diciembre de 2010

SAN MIGUEL DEL MONTE (De un enviado especial).- Las autoridades de la Dirección General de Cultura y Educación bonaerense expresaron ayer la intención de crear una serie de museos regionales con las historias de las escuelas más antiguas de la provincia de Buenos Aires.
"La idea es aprovechar el hallazgo de los manuscritos de Sarmiento como plataforma de lanzamiento para crear una serie de archivos y museos regionales, con documentos, muebles y libros del siglo XIX y XX. El primero, lógicamente, estaría situado en San Miguel del Monte y albergaría los 70 rollos que van desde 1858 hasta 1929", dijo a La Nacion un vocero de la cartera educativa bonaerense.
José Almeida, inspector jefe del distrito de San Miguel del Monte, adelantó que el museo podría estar situado en el primer piso de la Escuela N° 1, donde se encuentran resguardados los rollos. "El año próximo dejará de funcionar en el primer piso la secundaria, que se trasladará a otro edificio, así que podríamos aprovechar ese espacio", dijo Almeida.
Fuentes de la cartera educativa dijeron que el Director general de Cultura y Educación bonaerense, Mario Oporto, ya se encuentra trabajando para que en todas las escuelas N° 1 las autoridades comiencen a buscar entre sus archivos y muebles documentos históricos como base de los futuros museos regionales.

12/12/10

Documentos olvidados en un sótano durante cuarenta años


Los expedientes SADE 
(fragmento)

Unas Cartas escritas en inglés de Sarmiento desde Nueva York 
como embajador argentino antes de ser presidente.

Por Juan Pablo Bertazza

Ahora que vuelve a estar de moda el espionaje, si hubiera que rastrear en la literatura argentina un escándalo equivalente al de Wikileaks, ese sería la publicación del Borges de Bioy Casares. Aquel diario incendiario de 1600 páginas que reunía en el contexto de sus conversaciones de sobremesa patadas al estómago de escritores nacionales como Ricardo Güiraldes, Horacio Quiroga, Manuel Gálvez, Ernesto Sabato, Juan L. Ortiz, Oliverio Girondo, Manuel Puig, y también internacionales como Thomas Mann, Nabokov, Goethe y hasta Shakespeare, es algo así como el Wikileaks de nuestras letras. Filtraciones de una época en la que semejante artillería irónica era capaz de quebrar las relaciones diplomáticas literarias con mucha más fuerza que todas las polémicas actuales juntas.
Aunque menos estridente y polémico, pero aun más misterioso y enrevesado, hace algo más de un año, exactamente el viernes 25 de septiembre de 2009, tuvo lugar otro acontecimiento de novela que, por razones muy distintas, también podría candidatearse como la gran filtración de nuestra literatura: un descubrimiento tan inesperado como azaroso que tuvo lugar en el edificio de la SADE de la calle Uruguay. Algo que podría rotularse como los Expedientes Secretos de la literatura argentina, una catarata de 2000 documentos y manuscritos originales de una gama de escritores de primera línea que va desde Sarmiento hasta Alfonsina Storni, los cuales, al mismo tiempo que traen desde el más allá a los popes de nuestra literatura, extrañamente se encargan también de agrandar su mito. Cartas inéditas de Sarmiento escritas en inglés durante su función de embajador argentino en los Estados Unidos; reveladoras misivas de Juan Bautista Alberdi a Esteban Echeverría defendiendo la figura de Rosas; manuscritos de poemas de Almafuerte, Evaristo Carriego y Horacio Quiroga; una carta de amor en la que José Hernández, más gauchesco que nunca, llama a su esposa “chinita querida”; un borrador tachado y corregido de “La marcha triunfal” de Rubén Darío que puede esclarecer la génesis siempre atractiva y confusa de este poema compuesto en 1895; más las joyas de la serie que son, sin lugar a dudas, la patente de invención de Roberto Arlt por su “nuevo procedimiento industrial para producir una media de mujer cuyo punto no se corra en la malla” y la amarguísima y desoladora última carta que escribió Alfonsina Storni antes de adentrarse en el mar. El autor de ese descubrimiento de índole alephiana fue Alejandro Vaccaro, justamente un admirador y especialista de Borges, quien sólo lamenta que, entre esa catarata de documentos, no hubiera casi nada sobre el autor de Ficciones: “Nunca voy a olvidar ese día: haciendo un poco de orden en el sótano del edificio de Uruguay, que la gestión anterior había dejado en ruinas, vislumbré una serie de documentos y me imaginé que eran remitos. Lo primero que vi fue el manuscrito de la carta que José Hernández le escribió a su esposa. Me temblaban las manos, revolvía y por todos lados salía material valioso, yo iba mostrando todo, consultaba, pero nadie sabía de la existencia de esos documentos que, según mis rastreos, permanecieron ahí durante 25 años. En realidad, los fue recolectando el escritor y ensayista español Fermín Estrella Gutiérrez, presidente de la institución desde 1959 hasta 1961, con la intención de crear el museo de la SADE.

(El destacado nos pertenece.)

Recomendamos la lectura de la nota completa en:


28/9/10

Documentos de archivo e investigación histórica

Nuestras reflexiones

A menudo nos interrogamos sobre el VERDADERO papel que juegan los documentos en la reconstrucción de los hechos y el pensamiento del pasado. No dudamos de su inestimable valor como fuente primaria de investigación, pero creemos que no son evidencia suficiente para comprender íntegramente lo acontecido en tiempos que han quedado tan atrás, que no pueden ser alcanzados sino mediante los testimonios materiales y culturales que permanecen con nosotros, pero con las metodologías y la capacidad de interpretación que disponemos en el presente.
Estas inquietudes nos llevan a revisitar la abundante bibliografía que encara la cuestión y nos ofrece diversas perspectivas para analizar el problema. Nuestros seguidores habrán notado, sin duda, que ya lo hemos hecho en otros momentos de nuestra trayectoria.
Hoy elegimos para reflexionar algunos textos de los que daremos sólo citas fragmentarias, con el propósito de plantear una vez más el asunto y someterlo a crítica. No es nuestra intención "sacarlas de contexto" sino, todo lo contrario, crear un nuevo contexto de análisis.

1. "Es conocido que la construcción del conocimiento histórico es un camino sembrado de matices, y también de tamices, que, ineludiblemente, va condicionando la elaboración del discurso por parte de los  historiadores. En este dilatado trayecto que va desde que se produce el acontecimiento hasta que es utilizado por el historiador, vamos a detenernos a medio camino, en un lugar equidistante entre el documento y los intérpretes de la historia, en el papel que desempeña el archivo y el archivero."

2. "La historia entendida como “arte de la memoria” y su principal activo, los archivos, han adquirido una notoriedad desconocida en los últimos años. Ha aparecido un renovado culto a la memoria histórica, que no sólo se aprecia en que tengamos más y mejores archivos y centros de investigación, también por ejemplo en la obsesión por los aniversarios o las conmemoraciones. Incluso se puede llegar a una excesiva sobrevaloración de los documentos.
Impera una noción de historia que ya definía Marc Bloch, la del conocimiento mediante huellas: “Los documentos son huellas y los archivos reservas de huellas inventariadas”. Existe una natural dependencia de la “historia documental”, si no hay fuentes no hay historia, quizás con la ilusión de creer que lo que llamamos hecho coincide con lo que realmente ha pasado.
Hay que considerar los documentos como lo que son. El testimonio puntual y siempre parcial de un hecho o suceso determinado. Los documentos son siempre sedimentos de la realidad, son partículas de un cosmos que el historiador se encargará de reconstruir a partir de los trazos que los archivos hayan conservado. Tan o más importante que la labor de recopilación será la labor de crítica y otorgar así su justo grado de veracidad, siempre, eso sí, según el punto de vista personal de cada historiador.
Los documentos en su conjunto son el resultado de una política selectiva de institucionalización de la memoria. Es una constante a lo largo de la historia, en una doble dirección, generar olvido o producir memoria Existen fondos documentales que en un momento determinado transcienden de su valor originario, pasan de documentos a monumentos, se convierten en memoria, pasan de ser en origen simples testimonios administrativos a ser considerados el legado de una sociedad o de una época. Lo resume muy bien J. le Goff: `El documento no es un material objetivo, inocente y puro, sino que expresa el poder que ejerce la sociedad del pasado sobre la memoria y sobre el futuro´.

3. "En esta relación entre historiador y documentos podemos encontrar posturas muy contrapuestas. Desde las actitudes positivistas, que en los últimos años han vuelto a tomar fuerza, de orientación rankeana y raíz decimonónica, cuyo ideal es la reconstrucción del hecho histórico a través de la estricta fidelidad al documento escrito, sin mayores preocupaciones teóricas, y con la idea de recuperar el estatuto de cientificidad del siglo XIX. Mientras que en el lado contrario estarían los historiadores que ya desde un inicio restan valor a los documentos de archivo ya que han sido reunidos intencionadamente en archivos a impulsos de un determinado poder político interesado en conservar la huella de su actividad anterior, y donde tienen más peso las ideas, hipótesis, explicaciones e interpretaciones."

4. "No se puede negar que el archivo, el archivero, realiza una labor de mediación entre los documentos y el investigador que ineludiblemente influye y hasta condiciona la producción historiográfica que va surgir de ese centro."

5. [...] el primer objetivo debe ser hacer entender y comprender los archivos. En su papel de mediador entre los documentos y el investigador, esa es la labor que tiene que hacer el archivo y su archivero. Apostar por centros realmente accesibles, adaptando sus programas y servicios, particularmente los modos y los medios de sus canales de comunicación, y en particular sus sistemas de descripción y recuperación de la información.

Fuente: Julio Cerdá Díaz (Univ. de Alacalá) "Archivos e historia local". Fragmentos.


6. "Ateniéndonos a la concepción de sociedad como un conjunto de procesos relacionados entre sí, nos podremos dar cuenta que la historia no deja de ser el resultado de procesos acumulados en el tiempo, sirviéndonos y entregándonos bosquejos del pasado para la acción presente la cual sin lugar a dudas influirá a corto, mediano o largo plazo en un futuro próximo. "Los archivos – como documentos – ejercen el poder sobre la forma y dirección de la investigación histórica, la memoria colectiva, e identidad nacional, sobre cómo nos conocemos como individuos, grupos, y sociedades. Y en última instancia, a través de sus responsabilidades profesionales, los archiveros – como custodios de los archivos – ejercen poder sobre esos mismos documentos, los cuales son eje central en la formación de nuestra memoria e identidad, a través del manejo activo de los documentos antes de ser depositados en el archivo, a través de su valoración y selección, y luego a través de su descripción, preservación y uso."
Esto nos enseña que la retroalimentación entre los tiempos existe, la continua interacción del presente para con el pasado y el futuro la podemos ejemplificar hoy con las denominadas “tradiciones.”

Fuente: Jorge Said Barahona"El historiador frente a los tiempos", (02-04-08

7. "Los archivos – como documentos – ejercen el poder sobre la forma y dirección de la investigación histórica, la memoria colectiva, e identidad nacional, sobre cómo nos conocemos como individuos, grupos, y sociedades. Y en última instancia, a través de sus responsabilidades profesionales, los archiveros – como custodios de los archivos – ejercen poder sobre esos mismos documentos, los cuales son eje central en la formación de nuestra memoria e identidad, a través del manejo activo de los documentos antes de ser depositados en el archivo, a través de su valoración y selección, y luego a través de su descripción, preservación y uso."

Fuente: Scwartz and Cook, “Archives, Records, and Power: The Making of Modern Memory,” Archival Science 2 (2002), p. 2. Citado por Joel Blanco (Puerto Rico, 28-01-07)

8. "¿No es preciso comenzar por distinguir el archivo de aquello a lo que se lo ha reducido con demasiada frecuencia, en especial la experiencia de la memoria y el retorno al origen, mas también lo arcaico y lo arqueológico, el recuerdo o la excavación, en resumidas cuentas la búsqueda del tiempo perdido? Exterioridad de un lugar, puesta en obra topográfica de una técnica de consignación, constitución de una instancia y de un lugar de autoridad (el arconte, el arkhefon, es decir, frecuentemente el Estado, e incluso un Estado patriárquico o fratriárquico), tal sería la condición del archivo. Este no se entrega nunca, por tanto, en el transcurso de un acto de anámnesis intuitiva que resucitaría, viva, inocente o neutra, la originariedad de un acontecimiento."

9. "Otra forma de decir que el archivo, como impresión, escritura, prótesis o técnica hipomnémica en general, no solamente es el lugar de almacenamiento y conservación de un contenido archivable pasado que existiría de todos modos sin él, tal y como aún se cree que fue o que habrá sido. No, la estructura técnica del archivo archivante determina asimismo la estructura del contenido archivable en su surgir mismo y en su relación con el porvenir. La archivación produce, tanto como registra, el acontecimiento."

10. "...la susodicha técnica archivadora no determina únicamente, y no lo habrá hecho jamás, el solo momento del registro conservador, sino la institución misma del acontecimiento archivable. No sólo condiciona la forma o la estructura impresora, sino el contenido impreso de la impresión: la presión de la impresión antes de la división entre lo impreso y lo impresor. Esta técnica archivadora ha regido aquello que en el pasado mismo instituía y constituíalo que fuera como anticipación del porvenir. Y como empeño imposible. El archivo ha sido siempre un aval y como todo aval, un aval de porvenir. Más trivialmente: no se vive de la misma manera lo que ya no se archiva de la misma manera. El sentido archivable se deja asimismo, y por adelantado, co-determinar por la estructura archivante."

Fuente: Jacques Derrida. "Mal de Archivo. Una impresión freudiana."