21/6/26

Hortensia Rodríguez promoción 1925

 

UNA ATLETA A PUNTO DE RECIBIRSE DE MAESTRA

Prof. Raquel Gail

El Gráfico, 18 de octubre de 1924

A fines de 1923 se había comenzado a desarrollar el atletismo femenino. Un grupo de atletas había comenzado a entrenarse en el campo de deportes de "Racing" Club (predio del viejo estadio) y representaba al Club en los torneos atléticos con mucho éxito.

Ese año, en el primer torneo internacional de atletismo organizado por el Club Atlético Femenino Alfa, el cual fue auspiciado por la intendencia de Buenos Aires y se llevó a cabo el 22 y 23 de diciembre en el Club de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, Hortensia obtuvo el primer puesto en los 300 metros.

En la temporada de 1924/1925, las atletas de "Racing", un total de 53 entre las que destacaba Hortensia Rodríguez y también se encontraba su hermana Enriqueta, quebraron nueve récords a nivel nacional y continental.

En el año 1925 aparece por primera vez una nómina de 20 socias del Club "Racing". El 10 de junio de ese año se realizó una Asamblea Extraordinaria que autorizaría la reforma del estatuto con el objetivo de incorporar a las mujeres a la masa societaria. En 1928, la Asamblea Extraordinaria del 30 de noviembre, realizó una nueva modificación estatutaria, permitiendo que las socias puedan concurrir a las asambleas, votar y ser votadas como autoridades.

Cuando se constituyó la Federación Atlética Femenina Argentina (julio de 1925) fue tesorera de la Comisión Directiva. En 1928, junto a muchas de sus compañeras de "Racing", integraba el plantel del "Sportivo Barracas". Era velocista, también lanzaba jabalina, bala y disco. Después de 10 años de práctica deportiva, se retiró de la actividad.

La figura de Hortensia Rodríguez permite ver, mediante su historia de vida, como fue ganando su lugar en el atletismo y en la historia del Club. Por medio de diarios y revistas de la época, el Archivo Histórico de "Racing" pudo reconstruir su carrera como atleta. Según el libro de Aguilera (2018), el 9 de octubre de 1927 se realizó el primer campeonato nacional femenino donde Hortensia fue una de las campeonas, al igual que el equipo del "Racing".

En 1930 Hortensia vuelve al Club como profesora de natación “en forma honoraria”, coincidiendo con la inauguración de la pileta en la sede del "Racing" de Avellaneda, junto a sus hermanas, Enriqueta, Delia y Mercedes Rodríguez. Actualmente las piletas del Club llevan su nombre en su memoria.


Revista Caras y Caretas, 19 de abril de 1930

Luchó, juntó a Mercedes Nosti y la revista El Gráfico, para que las mujeres pudieran competir en torneos internacionales como el Campeonato Sudamericano de Atletismo, iniciado en 1919 y que solo admitió mujeres en 1939.[

El diario Crítica de Buenos Aires siguió con mucho interés las competencias femeninas de atletismo. En la edición del 11 de abril de 1925 publicó una reveladora entrevista realizada a esta estudiante de 4º año del Magisterio, que transcribimos a continuación.

MEDIA HORA DE CONVERSACIÓN CON HORTENSIA RODRÍGUEZ 
LA ADMIRABLE ATLETA DEL RACING CLUB, HOY CONSIDERADA COMO UNA ESTRELLA

"Me estoy preparando para las próximas eliminatorias de Mayo. Mi ilusión es ser seleccionada y poder realizar mi sueño dorado: el viaje a Montevideo".
"Relativamente, en la Argentina, el atletismo femenino progresa mucho, más que el de los hombres. Nos acercamos a los records mundiales. Pruebas al respecto."

ENTRETELONES DE LA VIDA DE LOS ATLETAS. LO QUE CUESTAN LOS ÉXITOS Y LOS ESFUERZOS QUE SIGNIFICAN.

Le toca hoy el turno a Hortensia Rodríguez considerada con toda justicia como la atleta sudamericana más completa. Es una preciosa criatura cuyas facciones infantiles acentúa aún más una bien cuidada melenita. De inmediato provoca simpatía. Es gentil. Tiene todos los encantos a que puede aspirar una niña de diez y siete años.

Esta mañana la entrevistamos en el "field" del "Racing", donde se entrenaba con un grupo de jovencitas, también atletas e igualmente agraciadas. Hicieron un compás de espera y al requerir nuestro cronista a la famosa campeón [sic], un grito colectivo de "¡Hortensia!", resonó en el grupo. Acto continuo aparece nuestra reporteada de hoy.

Familia de deportistas. Estamos aquí cinco. ¡Toda la familia Rodríguez!- dijo sonriendo Hortensia.

- Son mis padres españoles respondió a nuestro requerimiento la señorita Rodríguez-. Se llaman Aniceto Rodríguez y Mónica Martínez. Asturianos puros. Yo nací en Buenos Aires, en la calle Cerrito, pero toda mi infancia la pasé en Avellaneda. Estudio para maestra. Este año me recibo. Estoy en cuarto año de la Escuela Normal de Quilmes. Mi predilección son las matemáticas. Entre estas actividades y el atletismo divido la mayor parte de mis horas.

A todos los míos les agradan mucho los deportes. Aquella niña que está allí es mi hermana Enriqueta, aquellas otras dos son mis hermanitas menores y, finalmente, ese otro chico, que practica el "basket-ball", es el cuarto representante de la familia Rodríguez.

Y riendo Hortensia murmuró -Estamos todos aquí.

El 21 de septiembre de 1922 fué [sic] la fecha de mi debut en presentaciones públicas. Mis primeros éxitos.

- Jamás podré olvidar esa fecha que coincide con la de mi debut en torneos de competencia. Tomamos parte un conjunto de la Escuela Normal de Quilmes contra la similar de Avellaneda, participando yo con toda fortuna en diversas pruebas. Ese fué [sic] el comienzo de mi carrera atlética y el origen de mi popularidad posterior. Se me dijo que tenía condiciones y ese estímulo tan oportuno me sirvió para esfuerzos futuros. El resto de mi campaña bien la conoce CRÍTICA.

Hay que mantenerse siempre en estado. Una vez por semana me peso. El régimen alimenticio. Jamás he bebido una copa de licor.

- Es la base de mi éxito. Me mantengo con 57 kilos siempre. Ello me obliga a no abandonar el entrenamiento y a persistir en un régimen alimenticio severo a base de verduras. No recuerdo nunca haber tomado una copa de licor. Sólo en los grandes días apuro unos sorbos de champán más por etiqueta que por deseos. Lo mismo hacen las restantes chicas. Nos pesamos una vez por semana. ¡Y hay que ver la algarabía que se arma cada vez que el fiel de la balanza denuncia el aumento de un kilo más! Halagan los éxitos, pero significan constantes exigencias. Con todo, soporto con placer el régimen de las comidas.

(A esta altura el cronista comenta interiormente el encanto de ese plantel de jóvenes amables tan complacientes y tan predispuestas para el reportaje. Porque, en rigor de verdad, no es la señorita Rodríguez sino todas. Es un "Interview" en coro.)

Durante las vacaciones el "training" es más severo. Son 9 horas divididas en tres días. Las estrellas del Racing.

Durante las vacaciones el "training" es más severo. Me impongo 9 horas, divididas en tres días semanales. Iniciamos el entrenamiento con un trote lento de 140 metros para entrar en calor. Después hago veinte minutos de gimnasia sueca. Y, finalmente, atletismo puro: saltos, lanzamientos, pique y "springs" de aliento.

Son mis mejores compañeras [Juanita] Garavaglia, Nita Costa -una preciosa rubiecita que también está allí- una alemancita de apellido Voss [María Elena], mi hermana Enriqueta, Buit e [Ida] Guareschi- esta última toda una promesa en 50, 150 y 300 metros.

Hortensia Rodríguez y demás socias

A las niñas de nuestros días les atrae más el cine y la danza que el atletismo.

Tenemos que caldear el entusiasmo. Siempre somos las mismas. El número aumenta poco. A las niñas de nuestros días les atrae más el cine y la danza que el atletismo.

Y nada más sano que unas horas de aire puro y ejercicio debidamente metodizado. Con estas prácticas la naturaleza brinda un color en los pómulos que otras para poseerlo tienen que apelar al carmín.

(En verdad, las chicas están rosadas. Rebosan salud).

En mayo se celebrará una gran selección en las canchas del club de Gimnasia y Esgrima. Soñando con un viaje a Montevideo.

Nos preparamos para el torneo de mayo. Se celebrará en el campo del club de Gimnasia y Esgrima. Han de seleccionarse allí las atletas que intervendrán en la competencia internacional de Montevideo, fijada para el mes de julio coincidiendo con la fiesta patria uruguaya. ¡Tengo unas ganas de ir a la vecina orilla! -murmuró Hortensia abriendo sus bonitos ojos.- Pero desearía que fuéramos muchas de aquí, de mis amigas, de mis compañeras, en una palabra de las atletas del "Racing"...

El atletismo femenino adelanta más que el de los hombres, según Hortensia Rodríguez. Algunas observaciones al respecto.

Estamos más adelantadas que los hombres en atletismo -dentro de la relatividad de las comparaciones. Ellos hace ya nueve años que lo practican. Y, hablando con sinceridad, nos hemos acercado más a los "records" mundiales femeninos. Más aún: hasta batimos algunos. Sin ir más lejos, el de la carrera de postas que mantenía el "Feminal Sport", de Francia, y que la representación del "Racing" redujo a 40" 1/2. -Y lo hemos de reducir mucho más- interrumpió gentilmente la señorita Costa - Recuerda, Hortensia, que tú no tuviste que forzar mucho el tren. Ganaste fácilmente. Lo hemos de rebajar a 21". Puede CRÍTICA asegurarse.

¿Provocan mucho cansancio las pruebas de un torneo? La confección de los programas es un factor fundamental.

-Según la confección del programa. Hay veces que dos pruebas seguidas provocan más cansancio que seis alternadas. La próxima eliminatoria se realizará en Gimnasia y es una lástima. Nos agradaba más la cancha del Ferrocarril Oeste, cuya pista de carbonilla es más apropiada para esta clase de pruebas. Demostración rotunda de todo lo que expongo es la comparación de los tiempos. Los verdaderos records se han marcado en el Oeste.

¿Presta beneficios el atletismo? Mientras mi hermana Enriqueta se ahogaba...

- ¡Cómo no! Ante todo soy una chica fuerte que todavía no sabe lo que es un médico. Mi fortaleza física la tuve que emplear más de una vez en un trance difícil. ¿Cuento?
-Cuente...
-No hace mucho saqué en peso, tomándola de los cabellos, a mi hermana Enriqueta, una tarde que corría muy serio riesgo en la playa de Quilmes. Había caído en un pozo aparentemente tapado por la arena y el agua la cubría. Un segundo y se habría planteado una tragedia. Ya ve, pues, que para algo sirve el atletismo.

Ni la doctora Lanteri nos ha venido a ver, declara. La gentileza del club "Racing"

Sólo los diarios se preocupan del desarrollo de nuestras pruebas y hacen crónicas muy bonitas. CRÏTICA sobre todo. También concurren a los torneos muchas familias para estimularnos con sus aplausos. Pero, en general, hay apatía. Aquí, le repito, somos siempre las mismas, hasta el punto que formamos una verdadera familia, en sentimientos, afectos y camaradería.

De ahí el secreto de nuestros triunfos, que los conseguimos mediante nuestro único esfuerzo sin contratar "entrenadores" cuya eficacia técnica siempre me provocó dudas.

Le debemos agradecer al "Racing" la gentileza de ceder su estadio y el interés con que ahora siguen sus dirigentes nuestras presentaciones oficiales. ¡Ni la doctora Lanteri nos ha venido a ver todavía!

Un paréntesis para que tengan tema otras celebradas figuras femeninas del atletismo argentino.

Dimos con esto por terminado el "Interview" a la señorita Rodríguez, dejando margen para que otras compañeras puedan abrir juicio sobre otros tópicos interesantes del atletismo en otra oportunidad.

Tal es, a grandes rasgos, la figura de la simpática acaparadora de primeros puestos que hoy se indica como una de las más brillantes atletas de que haya memoria.

Si persevera, llegará a despojar de envidiables records a figuras europeas que han llegado a perfeccionarse después de muchos años de duro batallar. En la señorita Rodríguez hay pasta y hay perseverancia. Con eso está dicho todo. Y bien se sabe que casi siempre en la vida "querer es poder"... 


En otro reportaje posterior confiesa "mi entrenamiento no puede ser más riguroso, debido a la exigencia de mis estudios" [...] "Tenemos los tiempos marcados por las mejores atletas francesas, norteamericanas y danesas y creo no equivocarme si les aseguro que pronto hemos de acercarnos a muchos de ellos y superar algunos como ocurrió últimamente. Tanto yo como algunas de mis compañeras lamentamos tener que ocupar muchas horas del día ante las imperiosas exigencias de los estudios, pues, como he dicho, somos casi todas normalistas. Es muy fácil realizar esfuerzos ponderables cuando las atletas sólo dedican los días de la semana a su perfeccionamiento atlético."

En otro párrafo, el rotativo publica: "Me encanta el cine y sobre todo Carlitos Chaplin quien me envió no hace mucho desde su patria una foto con una dedicatoria que guardo como oro en polvo. [...] He leídos en las revistas que la mayor parte de las artistas de cine son consumadas atletas y algunas de ellas como Gloria Swanson además de ser una nadadora de primer orden se distingue también en pruebas pedestres de velocidad. [...] Yo me he dedicado a la enseñanza, pero les aseguro que mi ideal sería ser gran artista de biógrafo [...] en cambio a mis restantes comoañeras del Racing les atrae la danza".

Revista Mundo Argentino, 24 de octubre de 1928

El 8 de octubre de 1932 el Suplemento Crítica Magazine le dedica una página completa, ampliamente ilustrada y con fragmentos de otra entrevista. Título de la nota: "¡Por 2/5 de segundo no soy dueña del record mundial de los 800!". Ese mismo año participó como "soldado" en la gran colecta popular que intentaba reunir fondos para costear el viaje de los equipos argentinos a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. [1]


NOTAS:
[1] Fue una de las actuaciones más gloriosas y recordadas del deporte argentino en el exterior. Los participantes obtuvieron las siguientes medallas: 4 preseas en total (3 de oro y 1 de plata). Oro: Carmelo Robledo (boxeo, peso pluma), Santiago Lovell (boxeo, peso pesado), y Juan Carlos Zabala (maratón). Plata: Amado Azar (boxeo, peso mediano).

Fuentes: Archivo Histórico del Club Racing (Ig @archivoracingclub ).
Diario Crítica, 16 de julio de 1923, 10 de noviembre de 1923, 19 de diciembre de 1923, 21 de diciembre de 1923, 23 de diciembre de 1923, 19 de marzo de 1924, 20 de marzo de 1924, 16 de junio de 1924, 18 de octubre de 1924, 11 de abril de 1925, 13 de mayo de 1925, 20 de junio de 1925, 15 de julio de 1925, 18 de agosto de 1925, 8 de octubre de 1932, 13 de octubre de 1928, 28 de enero de 1933, 18 de junio de 1934.
Diario Democracia 12 de julio de 1928.
Diario La Época 14 de octubre de 1923, 24 de diciembre de 1923, 20 de marzo de 1924.
Diario La Vanguardia, 1º de agosto de 1925, 24 de octubre de 1928.
Revista Mundo Argentino Nº 0707, 6 de agosto de 1924; Nº 0744. 22 de abril de 1925.
Revista Caras y Caretas, 19 de abril de 1930.
Aguilera, Pedro Rubén. Orígenes del Atletismo argentino. 2ª edición.

9/6/26

Día Internacional de los Archivos

  9 de junio

Los archivos – como documentos – ejercen el poder sobre la forma y dirección de la investigación histórica, la memoria colectiva, e identidad nacional, sobre cómo nos conocemos como individuos, grupos, y sociedades. Y en última instancia, a través de sus responsabilidades profesionales, los archiveros – como custodios de los archivos – ejercen poder sobre esos mismos documentos, los cuales son eje central en la formación de nuestra memoria e identidad, a través del manejo activo de los documentos antes de ser depositados en el archivo, a través de su valoración y selección, y luego a través de su descripción, preservación y uso. (Scwartz and Cook, “Archives, Records, and Power: The Making of Modern Memory,” Archival Science 2 (2002), p. 2)


El 9 de junio se conmemora el Día Internacional de los Archivos, con el objeto de promover su importancia vinculada a la investigación y el resguardo de la memoria histórica y cultural de una organización.

Sala del Archivo Histórico "Silvia Manuela Gorleri"

¿Por qué se celebra en este día el Día Internacional de los Archivos?

Esta efeméride fue proclamada por el Consejo Internacional de Archivos o International Council on Archives (ICA), en el año 2008.

Como antecedente principal, se destaca que durante el Congreso Internacional de Archivos celebrado en Viena en el año 2004, más de dos mil asistentes solicitaron a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) la creación de un Día Internacional.

La elección de esta fecha obedece a que el día 9 de junio del año 1948 la UNESCO estableció la creación del Consejo Internacional de Archivos, con la finalidad de defender la protección y conservación del patrimonio documental.

Importancia de los archivos

Un archivo consiste en un espacio físico debidamente acondicionado para la conservación, resguardo y custodia de documentos generados por una nación, entidad u organismo, respaldando su identidad cultural e institucional.

A PROPÓSITO DE LA PRESENTACIÓN DEL ARCHIVO DIGITAL DE PINTO MI RAYA
Por José Luis Barrios ©

La palabra archivo supone al menos dos significados: origen y resguardo. Un doble sentido que pone en operación tanto un dispositivo ontológico-temporal, como otro jurídico-institucional. En el archivo se tejen y se traman las figuras de la memoria, de la historia y la cultura, pero no sólo ellas, sino también el porvenir de esa memoria, de esa historia y esa cultura. El archivo es un territorio: un lugar, una autoría y una legislación. Archivo por tanto quiere decir: identidad territorial que resguarda la memoria, una narración hecha de espacio y del saber clasificador, ordenador. Es un lugar físico que recupera la memoria a partir de una jurisdicción, en él se inscribe una habitación y su clasificación, y esto se realiza a través de un especialista que guarda y dispone el archivo, el arconte. Visto así, todo archivo comienza por ser una relación entre topología, cronología y signatura. Una narración o una trama a partir de la cual se circunscribe una intelección de la memoria.

Los arcontes: autoría y signatura

Los arcontes son ante todo los guardianes del archivo, como lo observa Derrida: “No sólo aseguran la seguridad física del depósito y el soporte sino que también se les concede el derecho y la competencia hermenéuticos. Tienen el poder de interpretar los archivos. Confiados en depósito a tales arcontes, estos documentos dicen en efecto la ley: recuerdan la ley y llaman a cumplir la ley. Para estar así guardada, a la jurisdicción de este decir la ley le hacía falta a la vez un guardián y una localización. Ni siquiera en su custodia o en su tradición hermenéutica podían prescindir los archivos de soporte y residencia.” (Derrida: 10)

La función de arconte es pues signar el documento, otorgarle una autoría y una identidad. Desde luego estos modos de signatura suponen poner en marcha un sin fin de dispositivos: imaginarios personales y de generación, estilos, tiempos, geografías de la memoria, etc. En todo caso la signatura de un archivo marca un territorio y una subjetividad. Hay signaturas, es decir firmas de archivo que en su propio nombre nos dicen su memoria: los archivos de la nación, los archivos catedralicios, los archivos de indias, pero también los archivos médicos y criminales, llamados expedientes. Entre unos y otros, se tienden distintas formas del tiempo y la memoria, pero todos están signados a un sujeto, ya sea personal o colectivo que funciona como el arconte de esos documentos.

La firma, la autoría de un archivo inscribe pues una hermenéutica de la memoria, donde si bien ésta se conforma de fragmentos de alteridades, una primera signatura marca su orientación. Esto se vuelve particularmente significativo en el archivo que nos convoca hoy: Pinto mi raya aparece como una firma pero también como un diseño. Imagen y nombre son al mismo tiempo una metonimia donde el todo se explica por la parte y una ironía desde donde se dispone un territorio de significaciones que caminan entre la cualidad de lo pictórico y el juego de canicas, desde una posición política del nombre hasta una frase que marca lugar del arte, desde una forma que refiere al desenfado hasta un dibujo que se cierra a sí mismo en el juego de líneas paralelas que se transforman en objetos: un lápiz y una pluma, pero también una pluma y un lápiz que marcan esas paralelas. El arconte, el depositario (los depositarios) marcan un territorio y las jurisdicciones propias de arte contemporáneo: ese donde los objetos y las palabras, las imágenes y las ideas devienen en una identidad que se altera para inscribir la condición de posibilidad del arte y la cultura de nuestra época: enunciados que se instituyen y se destituyen en los vaivenes de la ambigüedad, de la paradoja. Un decir que se desdice en la ironía y que da cabida al equívoco. Arcontes o hermeneutas de la equivocidad, de lo efímero, del objeto-documento y del documento-objeto. Sin duda la condición del archivo de un arte que nace para ser documento, nos habla de una pérdida originaria como una de las cualidades, me atrevería a decir definitorias de nuestra época, aquella en la que el acontecimiento sólo se entiende como escritura y donde la escritura está proyectada como arqueología: una extraña manera de entender la memoria por su porvenir y no por su pasado. Arcontes de un pasado aún porvenir, hermeneutas de un “posible pasado” a fuerza de nacer ya “futuro necesario”.

Topologías del archivo

Los archivos tradicionales al menos ocupan dos tipos de espacio: el estante y el cajón. Ambos lugares plantean dos asuntos en torno a la memoria, mientras el estante supone su clasificación e institucionalización, el cajón la dibuja como habitación propia. Se trata de una diferencia, donde a mi parecer, se inscriben dos genealogías históricas del archivar: el lugar de lo público y lo político, y el lugar de lo privado y lo íntimo. Sin embargo existe un lugar intermedio entre el cajón y el estante, el sitio donde toda fantasía se inscribe como prohibición que hay que guardar como tal. Me refiero al archivo secreto, ese sitio institucionalizado pero obsceno de las perversiones del poder. Ese territorio que el saber contemporáneo se empeña, no sin razón, en hacer público. En este sentido no podemos perder de vista esta dimensión del archivo a la hora de intentar comprender su funcionamiento social: los archivos secretos hablan de una paradoja del tiempo: la necesidad del olvido a partir de la prohibición y la irresponsabilidad ante el acontecimiento en el que todo testimonio habrá de devenir en proceso a la hora de hacer de la memoria vital un documento para la historia. En este lugar intermedio hay que buscar el sentido de los archivos de nuestra sociedad contemporánea: la obligación de no dejar nada a la clausura y sin embargo correr el riesgo de que esta memoria haga de la sobre información una forma más inmediata del olvido. Esto sin duda ha sido la función del modo de archivar que nace con las sociedades de la información.

Si la distancia que separaba el cajón del estante inscribía una especie de distensión del tiempo vivido al tiempo histórico: encontrar un papel, dejar pasar el tiempo para que los papeles hablarán a su época, hoy la conciencia epocal hace los papeles. Es un problema de duración del acontecimiento, tenemos la capacidad –cuando menos eso parece-, de documentar y clasificar todo en el mismo momento en que sucede: la crónica, la reseña, la crítica, pero también el vídeo, la fotografía y la tele información dan cuenta de esta contracción de la memoria en la velocidad.

Benjamin pensaba que el progreso hubiera sido una conquista ética si hubiéramos aprendido el “paso” del flâneur acorde a las tortugas que sacaban a pasear en los pasajes, sin embargo el flâneur se detuvo en los inicios del siglo XX, cuando el potencial comunitario de la sociedad industrial llegó a ser sociedad de masas y en nuestra época sociedad de consumo: esa extraña conversión del lo público en espectáculo, información y divertimento. ¿Cómo pensar pues el “lugar” del archivo en un contexto donde “todo lo sólido se desvanece en el aire”? Las topografías del archivo en la red ponen a discusión la relación entre la velocidad y la memoria, es una cuestión de ritmo, no de información. Visto así el lugar donde se guarda el documento adquiere un sentido distinto: a mayor velocidad mayor información, tal parecería ser la condición abierta por la tecnología.

El impacto de la tecnología no sólo tiene que ver con el avance de soportes y procesos más sofisticados de la conversión de la materia en códigos y de los códigos en imágenes y lugares, también involucra el cambio en el modo en que se pone en circulación la información. Desde la invención del periódico, la fotografía y el cine, como ya lo anotaba Walter Benjamin, el sentido de los documentos empezó un largo proceso de cambio del que los sistemas digitales de información dan cuenta. Parte fundamental de estos cambios se relaciona, tanto con la velocidad como con la fragmentación de la información. Si los modelos narrativos y de representación del siglo XIX seguían la lógica de los grandes relatos, a partir del desarrollo de las tecnologías de la información se empieza a estructurar lo que muchos posmodernos han dado por llamar la narrativa del fragmento. En esta nueva forma de narración, la topología del archivo adquiere un nuevo significado: ya no se trata de una habitación o de un resguardo donde el tiempo se inscribe como desgaste y memoria, sino de un puesta en circulación del documento como información, se trata de una preponderancia de la socialización, más que de un resguardo de la memoria. El estante o inclusive el cajón dan paso al despliegue da la información en pantalla, a una intrusión de lo público en lo privado, o colapso del espacio, del lugar del archivo, como lo observa Derrida, a propósito de la Web: “… el texto –y añado el documento- es instantáneamente objetivado y transmisible, es casi público y ‘apto para la impresión’ desde el instante de su inscripción. Nos imaginamos, tenemos tendencia a creer o hacer creer que todo lo que se graba así tiene desde entonces valor de publicación” Derrida, Papel Máquina:143). Visto así, parecería que la topografía del archivo se ancla en esta velocidad de la información, haciendo de su lugar un espacio para lo inmediato. La inmediatez, categoría de tiempo, ocupa el lugar del archivo. Pero no sólo eso, también el espacio público pareciera ser el lugar natural de todo archivo que se sube a la red.

Desde luego no se trata de valorar lo que esto significa y apostar por una especia de nostalgia por el estante y el cajón, sino de mostrar la nueva condición de la topología del archivo. Entre el cajón y estante, pareciera que tendremos que aprender a partir de una pérdida; la de la distancia que separa el asentamiento de documento como intimidad a su objetivación y clasificación pública. El ritmo supone entender que la velocidad se impone como un apuro, como cierto sentido de la prisa, donde los documentos se apresuran, se adelantan a ocupar el espacio público de la red para hacer de la memoria y de su resguardo algo que tiene que ver con la urgencia de hacerse presentes. En este sentido pareciera que el lugar del archivo habrá que pensarlo en este apuramiento al espacio público, es decir como un ejercicio político más que histórico de la memoria ante lo inmediato.

Creo que desde esta condición del sitio del archivo se puede entender mejor el tejido conceptual que acompaña los distintos “estantes” del archivo de Pinto mi raya, construido a partir de un trabajo de recopilación de documentación sobre performance, arte digital y de la definición misma del proyecto pinto mi raya, de la revista virtual La pala y del archivo Memoria virtual que recoge documentación hemerográfica de más de diez años de artículos sobre arte digital, el archivo que hoy nos convoca, es en sí mismo un modo de documentar, de archivar, que muestra esos lindes de la historia a los que se refiere Danto: los que nos hablan de disoluciones, de transferencias y de diseminaciones donde el documento es acción artística, donde la memoria es virtual, donde los fragmentos de artículos construyen no totalidades de historia sino redes de interpretación como definidores del “hecho”. Un modo de archivar a partir de la comprensión de la escritura y el documento como acción pública. Nos habla de esta nueva manera de entender el destino derridiano de toda escritura: su publicación…Entre el cajón y el estante se tiende una nueva topología del archivo, quizá habría que pensar que las formas de la clausura ya no tienen que ver con el recóndito fondo de un papel, de un documento que se arrincona en la intimidad o se le clasifica como secreto –aunque esto aún exista-, sino con una nueva forma de escritura que tiene que ver con el género epistolar: el mail electrónico, aprender a escribir en el espacio abierto de la red toda memoria, inclusive la de la primera persona. Arcontes que resguardan no el espacio del archivo, sino la estrategia de la escritura.

La nomológica del archivo

Todo archivo requiere una clasificación, es decir una ley ordenadora que haga posible su intención discursiva. Esta nomología del archivo no se reduce simplemente a una disposición más o menos científica, más o menos objetiva que articule su orden, antes bien es un dispositivo que detona maneras de comprender el tiempo pasado para disponer un futuro, en este sentido, todo archivo es un canon aunque este sea el del anticanon. Y lo es en dos sentidos: uno historiográfico, el otro espectral. La nomología del archivo es ya una estrategia de escritura de la historia que parte del sentido de la memoria como huella, como espectro. Se trata de una relación entre recuperar la memoria para escribir la historia, paradójica relación donde la memoria es recuperada a partir del dato perdido: algo es documento cuando se extravía la memoria como experiencia y sólo nos queda la memoria como representación, es decir cuando el testimonio deviene en el “se” del documento. En este sentido es necesario asumir esta condición de perdida del archivo para comprender como se inscribe la jurisdicción del archivo y de ahí como se despliegan los dispositivos historiográficos como canon.

Esto se vuelve particularmente significativo a la hora de entrar en las jurisdicciones de los archivos de arte contemporáneo, y más aún cuando estos poseen una condición de virtualidad. Sin duda las relaciones entre lo contemporáneo y lo artístico, hoy por hoy, ya caen dentro de una noción bien circunscrita: el giro lingüístico-conceptual del arte, el debilitamiento del objeto, al artista como dispositivo enunciativo, la industrialización y masificación de la imagen, condiciones éstas que al tiempo que funcionan como un contracción casi ontológica del mundo en el enunciado, despliegan el nuevo canon del arte como diseminación de significantes, como articulación de enunciados que se trasmutan en sus distintos soportes hasta convertirlo en un fenómeno de socialización y en circuitos globales de enunciados discursivos. Así el arte como discurso supone también las redes sociales que construyen como espacios de posicionamiento público, lo que quiere decir que el canon se articula en función de los dispositivos de negociación del discurso, y viceversa, del discurso como negociación de dispositivos. Esta relación, que se antoja compleja, nos conduce a una pregunta: ¿Cómo entender pues la función del archivo cuando este se inscribe al mismo tiempo como acción artística y como documento potencialmente histórico? Lo que me conduce a otra pregunta ¿Cómo entender la memoria como negociación política del espacio público? Pareciera que estamos atrapados en la propia aporía del discurso de la historia y del arte como discurso, un lugar donde el arte deja de ser patrimonio material y deviene en patrimonio documental. Un canon que nos plantea más preguntas que respuestas…y que en todo caso apuntala una búsqueda, nuevos problemas y nos coloca en el lugar de la inquietud que al fin y al cabo es el quehacer del arte. Ese territorio donde aún no tenemos ni arcontes ni archivos ni leyes para entender que entre la memoria como acontecimiento vital y la memoria como documento, sólo quedan los balbuceos del único problema que se anida en todo archivo: contra la ruina y olvido, rescatar la ruina y el olvido: el tiempo ya arruinado que aparece como documento supone el espectro de un ya sido sin testigo o lo que es lo mismo la paradoja de la historia. Necesitamos archivos porque todo es factible de olvido.

Noviembre 11, 2003
José Luis Barrios ©
Scwartz and Cook, “Archives, Records, and Power: The Making of Modern Memory,” Archival Science 2 (2002)

16/4/26

HACE 90 AÑOS


 ¿QUÉ OCURRÍA EN LA ESCUELA NORMAL EN 1936?

Prof. Raquel Gail


Diario El Sol, 23 de abril de 1936

La Prof. Anabella Crespo ha tenido la gentileza de hacernos llegar una nota periodística que informa el incremento de la capacidad de inscripción de alumnos en las dos escuelas secundarias públicas del distrito.

Ramón Castillo (joven)

Durante la Presidencia de facto de Agustín P. Justo, el Ministro que dictó la medida fue el Dr. Ramón S. Castillo (1873-1944), un político conservador catamarqueño perteneciente al Partido Demócrata Nacional que, años más tarde, ocuparía la  Presidencia de la Nación (1942-1943), después de haber sido vicepresidente de Roberto M. Ortiz, Ministro de Interior y previamente Interventor de la provincia de Tucumán. Era abogado, y se desempeñó como docente y decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Su gestión presidencial se caracterizó por la reafirmación de la neutralidad durante la Segunda Guerra Mundial y por la nacionalización de la Compañía Primitiva de Gas.

Aunque esta disposición de su cartera fue de carácter nacional, si bien aplicada sólo a algunos establecimientos educativos, es oportuno recordar que Castillo mantuvo una relación particular con Quilmes, donde residían algunas familias oriundas de su provincia con cierta relevancia en la vida social y política local, como ha descubierto la Prof. Crespo.

En el Boletín Oficial de la Nación se publicó el Decreto que alude a la Escuela Normal, dictado en diciembre anterior,  el día jueves 26 de marzo de 1936.



Extracto del Boletín Oficial

Pocos días habían pasado desde que el Profesor Juan Manuel Cotta, a la sazón Director de la Escuela desde el año precedente, dio la bienvenida a los educandos y educadores con las estimulantes palabras que acostumbraba improvisar en cuanta ocasión se hacía necesario.

"Explicó el significado moral del primer día de clase; las precauciones que hay que tomar para aprovechar el tiempo puliendo el cerebro y retemplando el alma; los deberes para el porvenir; el por qué no han vuelto todos los que desearon continuar sus estudios; aquellos que quedaron rezagados en la marcha ascendente y otros porque los asientos son menores que el número de aspirantes, indicio esto del amor hacia el progreso cultural de los habitantes, anhelo que se busca por la dirección complacer  y espera obtener el apoyo de la superioridad.

Saludó al personal nuevo que se incorpora; nuevo por la iniciación de sus tareas en el establecimiento, porque también son nuevos los que luchan desde hace años, porque tienen energías para llenar su apostolado, ampliamente, como en ciclos anteriores, con la mirada puesta en la felicidad espiritual de sus alumnos y en la grandeza de la patria.

Invitó a los padres a secundar la acción de la escuela, conocer las disposiciones nuevas, cuáles son los deberes y derechos de sus hijos como alumnos del establecimiento.

Cantó un himno a la paz, invitando a luchar contra el error y la pereza, para que los anhelos de nuestros mayores, descansen cada vez más, sobre bases graníticas: la cultura de sus habitantes, la moral y el trabajo de todos.

Haciendo levantar la bandera de la patria, por alumnos de los grados superiores, se cantó el Himno Nacional con verdadero acierto, sin piano y dirigido por el señor Cotta. Agregó otros felices conceptos y terminó con esta frase: ¡A las Aulas! A trabajar y vencer."

Así reseñaba el rotativo local el inicio del ciclo escolar en el establecimiento.


NOTA: La negrita nos pertenece.

FUENTES: Diario El Sol, 2 de abril y 23 de abril de 1936.

Boletín Oficial de la República Argentina, 26 de marzo de 1936.

Olaza Pallero, Sandro (2016). "Ramón S. Castillo, Decano de la Facultad de Derecho de Buenos Aires. Una reacción conservadora al orden reformista universitario." Facultad de Derecho, UBA.

López, Ignacio A. (2020). "Dos trayectorias académicas y políticas de profesores antirreformistas de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Los casos de Leopoldo Melo y Ramón Castillo, 1920-1930."

4/11/25

EL EXTRAORDINARIO POTENCIAL DEL ARCHIVO FOTOGRÁFICO

Lewis Hine, fotógrafo humanista

Una de las grandes antologías fotográficas se expuso en el Nederlands Fotomuseum de Rotterdam (Holanda) en 2012. Se trata de "Lewis Hine: fotografía para el cambio", que ha permitido al público europeo entrar en contacto con la obra intensa de uno de los primeros fotógrafos sociales, capaz de plantear, durante el primer tercio del siglo XX, una alternativa de compromiso frente al esteticismo de los pioneros de la fotografía.

El joven sociólogo yanki, Lewis Wickes Hine (1874-1940), encontró en la cámara fotográfica un vehículo formidable para poder dar testimonio acerca de las condiciones de vida de la clase obrera (especialmente la infancia) en el país de la "Señora de la Antorcha". Es, posiblemente, el padre del reportaje social. O mejor dicho, es quien sabe sacar el mejor partido de la herramienta que el reportaje social podía representar. Un siglo después estas imágenes constituyen un material histórico documental de excepción.


Lewis Wickes Hine (Wisconsin, 6 de setiembre de 1874 - Nueva York, 3 de noviembre de 1940)  entra en la Universidad de Chicago en 1902, estudiando Sociología, carrera que continuó en las universidades de Columbia y Nueva York. Se formó en la docencia y en el campo entonces en auge de la sociología.

En 1899, con 25 años, conoció a un maestro que cambió la vida: Frank A. Manny, profesor reformista y director de educación experimental en la Escuela de Magisterio Normal de Oshkosh.

Éste le animó a que estudiase y, como la educación era gratuita, pudo hacerlo. En esta ciudad Hine trabaja en la Ethical Culture School, con una filosofía de educación que se había desarrollado en Nueva York sobre todo para formar a niños hijos de inmigrantes de clase media, principalmente a alemanes y judíos; allí se le ofreció trabajo como profesor de ciencias naturales, geografía y un poco de carpintería. 



Y también fue ese mismo profesor que siempre le apoyó quien le sugirió iniciarse en la fotografía. Se compró una cámara y empezó a aprender a manejarla por su cuenta. Primero hacía fotos para documentar las actividades de la escuela, pero pronto empezó a enseñar fotografía de manera práctica a sus alumnos, a los que se llevaba a diferentes lugares de Nueva York a hacer y a ver fotos. Durante estos años, valora la cámara fotográfica como instrumento para la investigación, como instrumento para comunicar sus hallazgos a investigadores y la enseñanza a los niños de su colegio.



Muy preocupado por el bienestar de los menos favorecidos, registró la llegada de los inmigrantes a Ellis Island, sus asentamientos en insalubres viviendas, sus trabajos en fábricas y tiendas y a sus hijos jugando en los cubos de basura. Hine comprendía la subjetividad de sus fotografías pero también creía que tenían un enorme poder de crítica, llegando a describir sus fotografías como "fotointerpretaciones".

En 1905, en la Isla de Ellis, detuvo a esta niña rusa por gestos (ni ella sabía inglés ni él ruso) para que se quedara quiera un momento en medio de aquella gran confusión y le hiciera la foto. La niña apenas llevaba 5 minutos en Brookling y ya logró conectar con ella. Esta habilidad le ayudó a trabajar hasta el final de su carrera.


Lewis Wickes Hine hizo miles de fotografías sobre la injusticia mientras la mayoría de sus coetáneos se dedicaban a intentar emular a la pintura y mostraban escasísimo o nulo interés por el mundo circundante. En la obra profusa de Hine hay niños mendigos, inmigrantes tratados como objetos por las autoridades, personas buscando comida en los cubos de basura, talleres ilegales donde se empleaba mano de obra infantil, obreros construyendo en condiciones heroicas los rascacielos que simbolizaban el progreso...

"Quiero mostrar lo que debe ser corregido, corregir lo incorrecto. Quiero mostrar lo que debe ser visto", establecía como máximas de trabajo este precursor del documentalismo fotográfico que empezó tomando fotos, entre 1902 y 1904, de los inmigrantes recién llegados a los EE UU que eran interrogados por los agentes migratorios en Ellis Island de Nueva York —la gran aduana por la que entraron, entre 1892 y 1954, unos doce millones de viajeros, casi todos europeos, en busca de una vida mejor—. El islote, emplazado frente al puerto de Nueva York, era el lugar en el que desembarcaban los inmigrantes llegados a los Estados Unidos, y donde se procedía a la inspección de su documentación y de su estado de salud antes de autorizar o no su entrada en el país. 


Las fotos empezaron siendo un material complementario en los estudios de Sociología de Hines. Las imágenes, en principio, tenían un objetivo académico: ayudar a Hine en sus estudios de Sociología, pero pronto despertaron la sensibilidad humana y social del fotógrafo, cuando reflexionó sobre la necesidad de difundir los frecuentes abusos que se cometían en las hasta entonces opacas instituciones migratorias e influir en la opinión pública.

El primer fotógrafo de las ONG

Una cosa dio paso a la otra y en 1906 Hine fue contratado como fotógrafo en plantilla de la Fundación Russell Sage, dedicada a la investigación en ciencias sociales (sobre todo en emigración, desempleo y desigualdad), con quienes colaboró como fotógrafo de campo en un estudio llevado a cabo en Pittsburg. Dos años después inició una década de colaboración con la entidad sin afán de lucro National Child Labor Committee, la organización más activa de los EE UU dedicada a combatir el uso de la mano de obra infantil. Hine fue el primer reportero en dar cuenta de las condiciones de trabajo de los niños obreros que trabajaban en la ciudad y en el campo.


Empeñado en desarrollar lo que llamaba "el lado visual de la educación pública", la obra del fotógrafo, muy difundida en su tiempo, ha adquirido una gran resonancia posterior. En los EE UU está en marcha el llamado Proyecto Hine, que pretende buscar a los descendientes de los críos esclavos retratados a principios de siglo por el documentalista.

Se disfrazaba para entrar ilegalmente a las fábricas y poder denunciar así las infracciones y el incumplimiento de los horarios laborales. Cuando le resultaba imposible entrar hacía las fotografías de los niños y las mujeres a la salida.



Del mismo modo, usando como pruebas sus propias fotografías, Lewis Hine pretendía ayudar a cambiar las leyes, promoviendo un control federal que regulara las condiciones de trabajo de los menores. Hine mantenía primero conversaciones con los niños, que apuntaba sobre el terreno en una libreta y luego pasaba a máquina para adjuntarlas a sus fotografías.



Con ese material, Hine iba directamente hasta los políticos de corte reformador, que veían con buenos ojos su trabajo ya que les permitía tener información de primera mano con la que concienciar a la opinión pública a través de mostrarlas en periódicos y revistas de la época. Puede decirse que Lewis Hine fue el precursor del reportaje fotográfico como arma de denuncia social. Mostraba una realidad desconocida para el gran público, pero que no podía ni debía ser ignorada.



Evidentemente, esto le granjeó muchos detractores. A pesar de que su trabajo sigue siendo de estilo muy clásico, sin artificio, mostrando lo que ve, muchos le acusaron de abusar de cierto “sentimentalismo”, de presentar a los trabajadores anónimos casi como héroes. Le echaban en cara que tome partido, que se posicione tan claramente, en lugar de alejarse de la acción, de tomar un punto de vista más distante, más aséptico.


La exposición también muestra las que quizá sean las fotos más conocidas de Hine, la serie sobre los obreros que levantaban, en condiciones extremas que rozaban el heroísmo (mecanismos de seguridad: ninguno), los grandes rascacielos de Nueva York, como el Empire State

En 1908, Hine mantiene sus opiniones sobre la fotografía, pero añade que la principal misión de la fotografía es el arte, los factores estéticos de la fotografía, los demás objetivos eran secundarios. A la hora de realizar fotografías (él las realizaba con fines sociológicos) se veía antes como figura artística que como científico.

También resaltó cualidades positivas como la asistencias de la Cruz Roja en Europa central. En 1932 publicó su colección "Men at Work", conocido documento fotográfico sobre la construcción del Empire State.

Se conservan 7.000 fotografías suyas. Hoy la colección se compone de 7.000 positivos y más de 4.000 negativos, junto documentos personales, folletos, catálogos y revistas. Su obra fue donada al Museo Internacional de Fotografía George Eastman House, en Rochester.


Buscar en Google - Imágenes docenas y docenas de las bellísimas imágenes que nos legó.

¿EXISTEN ESTOS TESTIMONIOS EN ARGENTINA? 
SÍ, EXISTEN. TAL VEZ, DISPERSOS...

Pueden buscarse fotografías de Walter Astrada, fotógrafo argentino nacido en 1974, que comenzó en el periódico La Nación, pasando luego a Associated Press y World Picture News. Ha publicado en medios como Time, Newsweek, The New York Times, The Sunday Times Magazine, Le Monde y El País Semanal, entre otros.

El Día Mundial contra el Trabajo Infantil fue establecido en el año 2002 por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), con el objetivo de sensibilizar y comprometer a los Estados en el desarrollo de acciones para su prevención y erradicación.

Fuentes consultadas: 
Lewis Wickes Hine - Que los niños sean niños (exposición itinerante) LISTA DE CONTROL IMAGENES ÍNDICE
Lewis Wickes Hine - Ellis Island Series LISTA DE CONTROL IMAGENES ÍNDICE
Lewis Wickes Hine - Empire State Building Series LISTA DE CONTROL IMAGENES ÍNDICE
Lewis Wickes Hine - Prints seleccionadas LISTA DE CONTROL IMAGENES ÍNDICE
Lewis Wickes Hine (negativos) LISTA DE CONTROL IMAGENES ÍNDICE
http://www.20minutos.es/noticia/1686773/0/lewis/hine/fotografia-social/
http://altfoto.com/2012/02/fotografos-iconicos-lewis-hine (Ricardo Abegonza)https://masdearte.com/especiales/lewis-hine-la-labor-fotografica-y-el-espiritu-del-tiempo/

20/10/25

Historia Oral y Educación: Cuando los jóvenes se apropian del pasado.
por Laura Benadiba *
(Fragmentos)


Ronald Fraser en su libro Recuérdalo tú y recuérdalo a otros (1) nos dice: “Una adolescente muy inteligente ha oído una y otra vez las historias que cuenta su abuela sobre cómo los rojos persiguieron a su familia de terratenientes, sobre la ejecución de algunos miembros de la misma mientras otros se escondían, sobre sus propios sufrimientos cuando era niña y aún no tenía la edad que hoy tiene su nieta…Y finalmente la adolescente no puede aguantar más y dice que las opiniones de su abuela sobre la guerra civil son totalmente erróneas, propias de facciosos, y, de hecho, prácticamente fascistas. Para demostrar que lo que dice es verdad echa mano de las certezas que ha aprendido en la escuela hasta que su abuela se desespera y rompe a llorar al ver que, en los últimos años de su vida, una nieta suya niega toda la validez de su propia “historia”…Entonces, se pregunta Fraser, ¿De quién es la historia? ¿De quiénes la han vivido o de quienes la han escrito? Ni de unos ni de otros, por supuesto, porque no pertenece a nadie, sino que es un debate continuo, de duración indefinida”

A estas últimas preguntas que se hace, y que nos hace Ronald Fraser, le agregaría otras: ¿los que no vivimos conscientemente esa historia, o los que ni siquiera habían nacido, cómo podemos entrar en ese debate, qué rol ocuparíamos en él? ¿Esa historia también nos pertenece?

[...]

En el año 1889, por medio de sus autoridades, el Consejo Nacional de Educación consideró que era “conveniente revivir en el corazón de la juventud el recuerdo de los días de gloria para la patria, formando para ello programas especiales en los cuales se prestaba la atención más señalada a la Historia Nacional”. Es así cómo la institución escolar, desde sus orígenes, constituyó el espacio para la construcción de identidades colectivas, especialmente aquellas concentradas en torno a la idea de Nación.

Como docentes sabemos que la escuela, además de ser un ámbito clave para la transmisión de conocimientos específicos, lo es también para la transmisión de valores y normas sociales.

[...] 

Otro objetivo fundamental de la escuela es fomentar la investigación y el desarrollo del pensamiento crítico y autónomo de sus estudiantes. Por ello, debe convertirse en un ámbito en el que los chicos y adolescentes experimenten los métodos, técnicas y habilidades necesarias para elaborar un proyecto de investigación tanto en su presente escolar como en su futuro como investigadores y ciudadanos.

Por medio de la Historia Oral los alumnos recuperan las memorias de hombres y mujeres corrientes, sus abuelos, sus maestros, sus vecinos, y comprueban las diferentes visiones que los protagonistas tienen sobre un mismo hecho o proceso. Así pueden acceder a explorar las memorias construidas y resignificadas más allá del poder, constatar la diversidad de formas de vivir un acontecimiento, en definitiva, comprender que las experiencias condicionan nuestra manera de interrogar y de construir el pasado.

(1) Fraser, Ronald: Recuérdalo tú y recuérdalo a otros: Historia oral de la Guerra Civil Española. Editorial Crítica, Barcelona, 2007, Prólogo, página X.

*Presidenta de la Asociación Otras Memorias, Directora del Programa de Historia Oral de la Escuela ORT. 
www.otrasmemorias.com.ar   

Fuente: Primeras Jornadas de la Revista Conflicto Social – 27 y 28 de Octubre de 2012. Políticas de la Memoria o Toma de Conciencia: Concordancias y Divergencias. Conflicto Social, Año 4, N° 6, Diciembre 2011.

(El destacado nos pertenece)

RONALD FRASER HA MUERTO

Por Jaume FABRE. De La Lamentable.org [Tomo de ahí el texto]

(1930-2012)

“Quería ir más allá de la historia de los dirigentes, que es la que casi siempre se hace, porque los dirigentes tienen una representación política y sindical que depende y tiende más a la justificación que al recto objetivo. Me interesaba más conocer el punto de vista de la gente del pueblo, la que ha hecho realmente la historia y la que ha sufrido más duramente sus consecuencias. Es gente que difícilmente dejará nada escrito y por ello es importante recoger sus testimonios ahora que aún están vivos”.

"Ronald Fraser me explicaba su punto de vista en una entrevista que le hice durante las jornadas del multitudinario Coloquio Internacional sobre la Guerra Civil Española que tuvo sus sesiones en el Palacio de Congresos de Barcelona un fin de semana de abril del año 1979. La sala grande estaba a rebosar, con mucha gente de pie.

Fraser, ex periodista, escritor “manqué” –como acostumbraba a decir— e historiador alejado de los ambientes académicos, había merecido el honor de figurar en aquel coloquio junto a Pierre Vilar y Pierre Broué como responsable de una de las tres únicas ponencias presentadas. Acababa de aparecer en España su libro Recuérdalo tu, y recuérdalo a otros, donde había recogido 250 testimonios de “gente corriente” sobre la guerra civil española. Para escribirlo, había venido a España el verano de 1973. Llevaba en el bolsillo un contrato con doce editoriales que le habían avanzado sus derechos de autor. Con ese dinero pudo trabajar dos años pero se quedó tres años más, sin recursos y pasando serias dificultades económicas. Su libro marcó un antes y un después en la investigación histórica, tanto por las reticencias que existían entonces sobre la denominada “historia oral” como por su mirada sobre los ciudadanos de a pie, dos planteamientos entonces absolutamente novedosos. Para mí, entonces un muy joven historiador/periodista, fue una revelación que marcó también todo mi trabajo futuro.

Ronald Fraser murió el pasado viernes 10 de febrero en Valencia, donde vivía desde finales de los ochenta con la historiadora Aurora Bosch, de quien acaba de aparecer su último libro (Miedo a la democracia, ed. Crítica) una interesante investigación en los archivos norteamericanos sobre el papel de los embajadores de los Estados Unidos en España durante los años de la Segunda República. Un libro que pone en evidencia como no se enteraban, o más bien no se querían enterar, de nada que fuera más allá de los intereses económicos de su país, y de como el lobby católico estadounidense condicionó las tomas de posición del presidente Roosevelt respecto al franquismo." (Antón Castro)

"Escribió historia con la agudeza de ingenio de un novelista, el método de un antropólogo y la visión crítica de un periodista político. Su última y monumental obra, La maldita guerra de España (Crítica, 2006), una historia social de la guerra de la Independencia, es la mejor muestra de esa pasión intelectual por nuestra historia que atravesaba disciplinas y períodos.

Uno de los principales valores de su obra, y es por lo que muchos la admiramos desde nuestra primera lectura, es que transmitía las entrevistas como narraciones, con un estilo y lenguaje que sintetizaba de forma magistral la doble faceta objetiva y subjetiva de la historia. Con su obra en la mano, era más fácil defender que la historia oral era algo más que una sub-disciplina de la historia, luchar frente a la resistencia e indiferencia que las fuentes orales suscitaban, y suscitan, en una profesión dominada por la veneración del documento escrito.

Ronald Fraser era un hombre del mundo, nacido en Hamburgo en 1930, de padre escocés y madre norteamericana, educado en Inlaterra, Estados Unidos y Suiza, que vivió los últimos 25 años en Valencia con la historiadora Aurora Bosch. Ronnie me honró con su amistad, en Londres y en España, y para mí siempre fue un referente en el aprendizaje de cómo imaginar y escribir historias. Yo lo recordaré y se lo recordaré a otros." (Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, del artículo que ha publicado en ‘El País’ sobre Ronald Fraser (1930-2012).
 
Foto: crédito a quien corresponda.