9/6/26

Día Internacional de los Archivos

  9 de junio

Los archivos – como documentos – ejercen el poder sobre la forma y dirección de la investigación histórica, la memoria colectiva, e identidad nacional, sobre cómo nos conocemos como individuos, grupos, y sociedades. Y en última instancia, a través de sus responsabilidades profesionales, los archiveros – como custodios de los archivos – ejercen poder sobre esos mismos documentos, los cuales son eje central en la formación de nuestra memoria e identidad, a través del manejo activo de los documentos antes de ser depositados en el archivo, a través de su valoración y selección, y luego a través de su descripción, preservación y uso. (Scwartz and Cook, “Archives, Records, and Power: The Making of Modern Memory,” Archival Science 2 (2002), p. 2)


El 9 de junio se conmemora el Día Internacional de los Archivos, con el objeto de promover su importancia vinculada a la investigación y el resguardo de la memoria histórica y cultural de una organización.

Sala del Archivo Histórico "Silvia Manuela Gorleri"

¿Por qué se celebra en este día el Día Internacional de los Archivos?

Esta efeméride fue proclamada por el Consejo Internacional de Archivos o International Council on Archives (ICA), en el año 2008.

Como antecedente principal, se destaca que durante el Congreso Internacional de Archivos celebrado en Viena en el año 2004, más de dos mil asistentes solicitaron a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) la creación de un Día Internacional.

La elección de esta fecha obedece a que el día 9 de junio del año 1948 la UNESCO estableció la creación del Consejo Internacional de Archivos, con la finalidad de defender la protección y conservación del patrimonio documental.

Importancia de los archivos

Un archivo consiste en un espacio físico debidamente acondicionado para la conservación, resguardo y custodia de documentos generados por una nación, entidad u organismo, respaldando su identidad cultural e institucional.

A PROPÓSITO DE LA PRESENTACIÓN DEL ARCHIVO DIGITAL DE PINTO MI RAYA
Por José Luis Barrios ©

La palabra archivo supone al menos dos significados: origen y resguardo. Un doble sentido que pone en operación tanto un dispositivo ontológico-temporal, como otro jurídico-institucional. En el archivo se tejen y se traman las figuras de la memoria, de la historia y la cultura, pero no sólo ellas, sino también el porvenir de esa memoria, de esa historia y esa cultura. El archivo es un territorio: un lugar, una autoría y una legislación. Archivo por tanto quiere decir: identidad territorial que resguarda la memoria, una narración hecha de espacio y del saber clasificador, ordenador. Es un lugar físico que recupera la memoria a partir de una jurisdicción, en él se inscribe una habitación y su clasificación, y esto se realiza a través de un especialista que guarda y dispone el archivo, el arconte. Visto así, todo archivo comienza por ser una relación entre topología, cronología y signatura. Una narración o una trama a partir de la cual se circunscribe una intelección de la memoria.

Los arcontes: autoría y signatura

Los arcontes son ante todo los guardianes del archivo, como lo observa Derrida: “No sólo aseguran la seguridad física del depósito y el soporte sino que también se les concede el derecho y la competencia hermenéuticos. Tienen el poder de interpretar los archivos. Confiados en depósito a tales arcontes, estos documentos dicen en efecto la ley: recuerdan la ley y llaman a cumplir la ley. Para estar así guardada, a la jurisdicción de este decir la ley le hacía falta a la vez un guardián y una localización. Ni siquiera en su custodia o en su tradición hermenéutica podían prescindir los archivos de soporte y residencia.” (Derrida: 10)

La función de arconte es pues signar el documento, otorgarle una autoría y una identidad. Desde luego estos modos de signatura suponen poner en marcha un sin fin de dispositivos: imaginarios personales y de generación, estilos, tiempos, geografías de la memoria, etc. En todo caso la signatura de un archivo marca un territorio y una subjetividad. Hay signaturas, es decir firmas de archivo que en su propio nombre nos dicen su memoria: los archivos de la nación, los archivos catedralicios, los archivos de indias, pero también los archivos médicos y criminales, llamados expedientes. Entre unos y otros, se tienden distintas formas del tiempo y la memoria, pero todos están signados a un sujeto, ya sea personal o colectivo que funciona como el arconte de esos documentos.

La firma, la autoría de un archivo inscribe pues una hermenéutica de la memoria, donde si bien ésta se conforma de fragmentos de alteridades, una primera signatura marca su orientación. Esto se vuelve particularmente significativo en el archivo que nos convoca hoy: Pinto mi raya aparece como una firma pero también como un diseño. Imagen y nombre son al mismo tiempo una metonimia donde el todo se explica por la parte y una ironía desde donde se dispone un territorio de significaciones que caminan entre la cualidad de lo pictórico y el juego de canicas, desde una posición política del nombre hasta una frase que marca lugar del arte, desde una forma que refiere al desenfado hasta un dibujo que se cierra a sí mismo en el juego de líneas paralelas que se transforman en objetos: un lápiz y una pluma, pero también una pluma y un lápiz que marcan esas paralelas. El arconte, el depositario (los depositarios) marcan un territorio y las jurisdicciones propias de arte contemporáneo: ese donde los objetos y las palabras, las imágenes y las ideas devienen en una identidad que se altera para inscribir la condición de posibilidad del arte y la cultura de nuestra época: enunciados que se instituyen y se destituyen en los vaivenes de la ambigüedad, de la paradoja. Un decir que se desdice en la ironía y que da cabida al equívoco. Arcontes o hermeneutas de la equivocidad, de lo efímero, del objeto-documento y del documento-objeto. Sin duda la condición del archivo de un arte que nace para ser documento, nos habla de una pérdida originaria como una de las cualidades, me atrevería a decir definitorias de nuestra época, aquella en la que el acontecimiento sólo se entiende como escritura y donde la escritura está proyectada como arqueología: una extraña manera de entender la memoria por su porvenir y no por su pasado. Arcontes de un pasado aún porvenir, hermeneutas de un “posible pasado” a fuerza de nacer ya “futuro necesario”.

Topologías del archivo

Los archivos tradicionales al menos ocupan dos tipos de espacio: el estante y el cajón. Ambos lugares plantean dos asuntos en torno a la memoria, mientras el estante supone su clasificación e institucionalización, el cajón la dibuja como habitación propia. Se trata de una diferencia, donde a mi parecer, se inscriben dos genealogías históricas del archivar: el lugar de lo público y lo político, y el lugar de lo privado y lo íntimo. Sin embargo existe un lugar intermedio entre el cajón y el estante, el sitio donde toda fantasía se inscribe como prohibición que hay que guardar como tal. Me refiero al archivo secreto, ese sitio institucionalizado pero obsceno de las perversiones del poder. Ese territorio que el saber contemporáneo se empeña, no sin razón, en hacer público. En este sentido no podemos perder de vista esta dimensión del archivo a la hora de intentar comprender su funcionamiento social: los archivos secretos hablan de una paradoja del tiempo: la necesidad del olvido a partir de la prohibición y la irresponsabilidad ante el acontecimiento en el que todo testimonio habrá de devenir en proceso a la hora de hacer de la memoria vital un documento para la historia. En este lugar intermedio hay que buscar el sentido de los archivos de nuestra sociedad contemporánea: la obligación de no dejar nada a la clausura y sin embargo correr el riesgo de que esta memoria haga de la sobre información una forma más inmediata del olvido. Esto sin duda ha sido la función del modo de archivar que nace con las sociedades de la información.

Si la distancia que separaba el cajón del estante inscribía una especie de distensión del tiempo vivido al tiempo histórico: encontrar un papel, dejar pasar el tiempo para que los papeles hablarán a su época, hoy la conciencia epocal hace los papeles. Es un problema de duración del acontecimiento, tenemos la capacidad –cuando menos eso parece-, de documentar y clasificar todo en el mismo momento en que sucede: la crónica, la reseña, la crítica, pero también el vídeo, la fotografía y la tele información dan cuenta de esta contracción de la memoria en la velocidad.

Benjamin pensaba que el progreso hubiera sido una conquista ética si hubiéramos aprendido el “paso” del flâneur acorde a las tortugas que sacaban a pasear en los pasajes, sin embargo el flâneur se detuvo en los inicios del siglo XX, cuando el potencial comunitario de la sociedad industrial llegó a ser sociedad de masas y en nuestra época sociedad de consumo: esa extraña conversión del lo público en espectáculo, información y divertimento. ¿Cómo pensar pues el “lugar” del archivo en un contexto donde “todo lo sólido se desvanece en el aire”? Las topografías del archivo en la red ponen a discusión la relación entre la velocidad y la memoria, es una cuestión de ritmo, no de información. Visto así el lugar donde se guarda el documento adquiere un sentido distinto: a mayor velocidad mayor información, tal parecería ser la condición abierta por la tecnología.

El impacto de la tecnología no sólo tiene que ver con el avance de soportes y procesos más sofisticados de la conversión de la materia en códigos y de los códigos en imágenes y lugares, también involucra el cambio en el modo en que se pone en circulación la información. Desde la invención del periódico, la fotografía y el cine, como ya lo anotaba Walter Benjamin, el sentido de los documentos empezó un largo proceso de cambio del que los sistemas digitales de información dan cuenta. Parte fundamental de estos cambios se relaciona, tanto con la velocidad como con la fragmentación de la información. Si los modelos narrativos y de representación del siglo XIX seguían la lógica de los grandes relatos, a partir del desarrollo de las tecnologías de la información se empieza a estructurar lo que muchos posmodernos han dado por llamar la narrativa del fragmento. En esta nueva forma de narración, la topología del archivo adquiere un nuevo significado: ya no se trata de una habitación o de un resguardo donde el tiempo se inscribe como desgaste y memoria, sino de un puesta en circulación del documento como información, se trata de una preponderancia de la socialización, más que de un resguardo de la memoria. El estante o inclusive el cajón dan paso al despliegue da la información en pantalla, a una intrusión de lo público en lo privado, o colapso del espacio, del lugar del archivo, como lo observa Derrida, a propósito de la Web: “… el texto –y añado el documento- es instantáneamente objetivado y transmisible, es casi público y ‘apto para la impresión’ desde el instante de su inscripción. Nos imaginamos, tenemos tendencia a creer o hacer creer que todo lo que se graba así tiene desde entonces valor de publicación” Derrida, Papel Máquina:143). Visto así, parecería que la topografía del archivo se ancla en esta velocidad de la información, haciendo de su lugar un espacio para lo inmediato. La inmediatez, categoría de tiempo, ocupa el lugar del archivo. Pero no sólo eso, también el espacio público pareciera ser el lugar natural de todo archivo que se sube a la red.

Desde luego no se trata de valorar lo que esto significa y apostar por una especia de nostalgia por el estante y el cajón, sino de mostrar la nueva condición de la topología del archivo. Entre el cajón y estante, pareciera que tendremos que aprender a partir de una pérdida; la de la distancia que separa el asentamiento de documento como intimidad a su objetivación y clasificación pública. El ritmo supone entender que la velocidad se impone como un apuro, como cierto sentido de la prisa, donde los documentos se apresuran, se adelantan a ocupar el espacio público de la red para hacer de la memoria y de su resguardo algo que tiene que ver con la urgencia de hacerse presentes. En este sentido pareciera que el lugar del archivo habrá que pensarlo en este apuramiento al espacio público, es decir como un ejercicio político más que histórico de la memoria ante lo inmediato.

Creo que desde esta condición del sitio del archivo se puede entender mejor el tejido conceptual que acompaña los distintos “estantes” del archivo de Pinto mi raya, construido a partir de un trabajo de recopilación de documentación sobre performance, arte digital y de la definición misma del proyecto pinto mi raya, de la revista virtual La pala y del archivo Memoria virtual que recoge documentación hemerográfica de más de diez años de artículos sobre arte digital, el archivo que hoy nos convoca, es en sí mismo un modo de documentar, de archivar, que muestra esos lindes de la historia a los que se refiere Danto: los que nos hablan de disoluciones, de transferencias y de diseminaciones donde el documento es acción artística, donde la memoria es virtual, donde los fragmentos de artículos construyen no totalidades de historia sino redes de interpretación como definidores del “hecho”. Un modo de archivar a partir de la comprensión de la escritura y el documento como acción pública. Nos habla de esta nueva manera de entender el destino derridiano de toda escritura: su publicación…Entre el cajón y el estante se tiende una nueva topología del archivo, quizá habría que pensar que las formas de la clausura ya no tienen que ver con el recóndito fondo de un papel, de un documento que se arrincona en la intimidad o se le clasifica como secreto –aunque esto aún exista-, sino con una nueva forma de escritura que tiene que ver con el género epistolar: el mail electrónico, aprender a escribir en el espacio abierto de la red toda memoria, inclusive la de la primera persona. Arcontes que resguardan no el espacio del archivo, sino la estrategia de la escritura.

La nomológica del archivo

Todo archivo requiere una clasificación, es decir una ley ordenadora que haga posible su intención discursiva. Esta nomología del archivo no se reduce simplemente a una disposición más o menos científica, más o menos objetiva que articule su orden, antes bien es un dispositivo que detona maneras de comprender el tiempo pasado para disponer un futuro, en este sentido, todo archivo es un canon aunque este sea el del anticanon. Y lo es en dos sentidos: uno historiográfico, el otro espectral. La nomología del archivo es ya una estrategia de escritura de la historia que parte del sentido de la memoria como huella, como espectro. Se trata de una relación entre recuperar la memoria para escribir la historia, paradójica relación donde la memoria es recuperada a partir del dato perdido: algo es documento cuando se extravía la memoria como experiencia y sólo nos queda la memoria como representación, es decir cuando el testimonio deviene en el “se” del documento. En este sentido es necesario asumir esta condición de perdida del archivo para comprender como se inscribe la jurisdicción del archivo y de ahí como se despliegan los dispositivos historiográficos como canon.

Esto se vuelve particularmente significativo a la hora de entrar en las jurisdicciones de los archivos de arte contemporáneo, y más aún cuando estos poseen una condición de virtualidad. Sin duda las relaciones entre lo contemporáneo y lo artístico, hoy por hoy, ya caen dentro de una noción bien circunscrita: el giro lingüístico-conceptual del arte, el debilitamiento del objeto, al artista como dispositivo enunciativo, la industrialización y masificación de la imagen, condiciones éstas que al tiempo que funcionan como un contracción casi ontológica del mundo en el enunciado, despliegan el nuevo canon del arte como diseminación de significantes, como articulación de enunciados que se trasmutan en sus distintos soportes hasta convertirlo en un fenómeno de socialización y en circuitos globales de enunciados discursivos. Así el arte como discurso supone también las redes sociales que construyen como espacios de posicionamiento público, lo que quiere decir que el canon se articula en función de los dispositivos de negociación del discurso, y viceversa, del discurso como negociación de dispositivos. Esta relación, que se antoja compleja, nos conduce a una pregunta: ¿Cómo entender pues la función del archivo cuando este se inscribe al mismo tiempo como acción artística y como documento potencialmente histórico? Lo que me conduce a otra pregunta ¿Cómo entender la memoria como negociación política del espacio público? Pareciera que estamos atrapados en la propia aporía del discurso de la historia y del arte como discurso, un lugar donde el arte deja de ser patrimonio material y deviene en patrimonio documental. Un canon que nos plantea más preguntas que respuestas…y que en todo caso apuntala una búsqueda, nuevos problemas y nos coloca en el lugar de la inquietud que al fin y al cabo es el quehacer del arte. Ese territorio donde aún no tenemos ni arcontes ni archivos ni leyes para entender que entre la memoria como acontecimiento vital y la memoria como documento, sólo quedan los balbuceos del único problema que se anida en todo archivo: contra la ruina y olvido, rescatar la ruina y el olvido: el tiempo ya arruinado que aparece como documento supone el espectro de un ya sido sin testigo o lo que es lo mismo la paradoja de la historia. Necesitamos archivos porque todo es factible de olvido.

Noviembre 11, 2003
José Luis Barrios ©
Scwartz and Cook, “Archives, Records, and Power: The Making of Modern Memory,” Archival Science 2 (2002)

16/4/26

HACE 90 AÑOS


 ¿QUÉ OCURRÍA EN LA ESCUELA NORMAL EN 1936?

Prof. Raquel Gail


Diario El Sol, 23 de abril de 1936

La Prof. Anabella Crespo ha tenido la gentileza de hacernos llegar una nota periodística que informa el incremento de la capacidad de inscripción de alumnos en las dos escuelas secundarias públicas del distrito.

Ramón Castillo (joven)

Durante la Presidencia de facto de Agustín P. Justo, el Ministro que dictó la medida fue el Dr. Ramón S. Castillo (1873-1944), un político conservador catamarqueño perteneciente al Partido Demócrata Nacional que, años más tarde, ocuparía la  Presidencia de la Nación (1942-1943), después de haber sido vicepresidente de Roberto M. Ortiz, Ministro de Interior y previamente Interventor de la provincia de Tucumán. Era abogado, y se desempeñó como docente y decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Su gestión presidencial se caracterizó por la reafirmación de la neutralidad durante la Segunda Guerra Mundial y por la nacionalización de la Compañía Primitiva de Gas.

Aunque esta disposición de su cartera fue de carácter nacional, si bien aplicada sólo a algunos establecimientos educativos, es oportuno recordar que Castillo mantuvo una relación particular con Quilmes, donde residían algunas familias oriundas de su provincia con cierta relevancia en la vida social y política local, como ha descubierto la Prof. Crespo.

En el Boletín Oficial de la Nación se publicó el Decreto que alude a la Escuela Normal, dictado en diciembre anterior,  el día jueves 26 de marzo de 1936.



Extracto del Boletín Oficial

Pocos días habían pasado desde que el Profesor Juan Manuel Cotta, a la sazón Director de la Escuela desde el año precedente, dio la bienvenida a los educandos y educadores con las estimulantes palabras que acostumbraba improvisar en cuanta ocasión se hacía necesario.

"Explicó el significado moral del primer día de clase; las precauciones que hay que tomar para aprovechar el tiempo puliendo el cerebro y retemplando el alma; los deberes para el porvenir; el por qué no han vuelto todos los que desearon continuar sus estudios; aquellos que quedaron rezagados en la marcha ascendente y otros porque los asientos son menores que el número de aspirantes, indicio esto del amor hacia el progreso cultural de los habitantes, anhelo que se busca por la dirección complacer  y espera obtener el apoyo de la superioridad.

Saludó al personal nuevo que se incorpora; nuevo por la iniciación de sus tareas en el establecimiento, porque también son nuevos los que luchan desde hace años, porque tienen energías para llenar su apostolado, ampliamente, como en ciclos anteriores, con la mirada puesta en la felicidad espiritual de sus alumnos y en la grandeza de la patria.

Invitó a los padres a secundar la acción de la escuela, conocer las disposiciones nuevas, cuáles son los deberes y derechos de sus hijos como alumnos del establecimiento.

Cantó un himno a la paz, invitando a luchar contra el error y la pereza, para que los anhelos de nuestros mayores, descansen cada vez más, sobre bases graníticas: la cultura de sus habitantes, la moral y el trabajo de todos.

Haciendo levantar la bandera de la patria, por alumnos de los grados superiores, se cantó el Himno Nacional con verdadero acierto, sin piano y dirigido por el señor Cotta. Agregó otros felices conceptos y terminó con esta frase: ¡A las Aulas! A trabajar y vencer."

Así reseñaba el rotativo local el inicio del ciclo escolar en el establecimiento.


NOTA: La negrita nos pertenece.

FUENTES: Diario El Sol, 2 de abril y 23 de abril de 1936.

Boletín Oficial de la República Argentina, 26 de marzo de 1936.

Olaza Pallero, Sandro (2016). "Ramón S. Castillo, Decano de la Facultad de Derecho de Buenos Aires. Una reacción conservadora al orden reformista universitario." Facultad de Derecho, UBA.

López, Ignacio A. (2020). "Dos trayectorias académicas y políticas de profesores antirreformistas de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Los casos de Leopoldo Melo y Ramón Castillo, 1920-1930."

4/11/25

EL EXTRAORDINARIO POTENCIAL DEL ARCHIVO FOTOGRÁFICO

Lewis Hine, fotógrafo humanista

Una de las grandes antologías fotográficas se expuso en el Nederlands Fotomuseum de Rotterdam (Holanda) en 2012. Se trata de "Lewis Hine: fotografía para el cambio", que ha permitido al público europeo entrar en contacto con la obra intensa de uno de los primeros fotógrafos sociales, capaz de plantear, durante el primer tercio del siglo XX, una alternativa de compromiso frente al esteticismo de los pioneros de la fotografía.

El joven sociólogo yanki, Lewis Wickes Hine (1874-1940), encontró en la cámara fotográfica un vehículo formidable para poder dar testimonio acerca de las condiciones de vida de la clase obrera (especialmente la infancia) en el país de la "Señora de la Antorcha". Es, posiblemente, el padre del reportaje social. O mejor dicho, es quien sabe sacar el mejor partido de la herramienta que el reportaje social podía representar. Un siglo después estas imágenes constituyen un material histórico documental de excepción.


Lewis Wickes Hine (Wisconsin, 6 de setiembre de 1874 - Nueva York, 3 de noviembre de 1940)  entra en la Universidad de Chicago en 1902, estudiando Sociología, carrera que continuó en las universidades de Columbia y Nueva York. Se formó en la docencia y en el campo entonces en auge de la sociología.

En 1899, con 25 años, conoció a un maestro que cambió la vida: Frank A. Manny, profesor reformista y director de educación experimental en la Escuela de Magisterio Normal de Oshkosh.

Éste le animó a que estudiase y, como la educación era gratuita, pudo hacerlo. En esta ciudad Hine trabaja en la Ethical Culture School, con una filosofía de educación que se había desarrollado en Nueva York sobre todo para formar a niños hijos de inmigrantes de clase media, principalmente a alemanes y judíos; allí se le ofreció trabajo como profesor de ciencias naturales, geografía y un poco de carpintería. 



Y también fue ese mismo profesor que siempre le apoyó quien le sugirió iniciarse en la fotografía. Se compró una cámara y empezó a aprender a manejarla por su cuenta. Primero hacía fotos para documentar las actividades de la escuela, pero pronto empezó a enseñar fotografía de manera práctica a sus alumnos, a los que se llevaba a diferentes lugares de Nueva York a hacer y a ver fotos. Durante estos años, valora la cámara fotográfica como instrumento para la investigación, como instrumento para comunicar sus hallazgos a investigadores y la enseñanza a los niños de su colegio.



Muy preocupado por el bienestar de los menos favorecidos, registró la llegada de los inmigrantes a Ellis Island, sus asentamientos en insalubres viviendas, sus trabajos en fábricas y tiendas y a sus hijos jugando en los cubos de basura. Hine comprendía la subjetividad de sus fotografías pero también creía que tenían un enorme poder de crítica, llegando a describir sus fotografías como "fotointerpretaciones".

En 1905, en la Isla de Ellis, detuvo a esta niña rusa por gestos (ni ella sabía inglés ni él ruso) para que se quedara quiera un momento en medio de aquella gran confusión y le hiciera la foto. La niña apenas llevaba 5 minutos en Brookling y ya logró conectar con ella. Esta habilidad le ayudó a trabajar hasta el final de su carrera.


Lewis Wickes Hine hizo miles de fotografías sobre la injusticia mientras la mayoría de sus coetáneos se dedicaban a intentar emular a la pintura y mostraban escasísimo o nulo interés por el mundo circundante. En la obra profusa de Hine hay niños mendigos, inmigrantes tratados como objetos por las autoridades, personas buscando comida en los cubos de basura, talleres ilegales donde se empleaba mano de obra infantil, obreros construyendo en condiciones heroicas los rascacielos que simbolizaban el progreso...

"Quiero mostrar lo que debe ser corregido, corregir lo incorrecto. Quiero mostrar lo que debe ser visto", establecía como máximas de trabajo este precursor del documentalismo fotográfico que empezó tomando fotos, entre 1902 y 1904, de los inmigrantes recién llegados a los EE UU que eran interrogados por los agentes migratorios en Ellis Island de Nueva York —la gran aduana por la que entraron, entre 1892 y 1954, unos doce millones de viajeros, casi todos europeos, en busca de una vida mejor—. El islote, emplazado frente al puerto de Nueva York, era el lugar en el que desembarcaban los inmigrantes llegados a los Estados Unidos, y donde se procedía a la inspección de su documentación y de su estado de salud antes de autorizar o no su entrada en el país. 


Las fotos empezaron siendo un material complementario en los estudios de Sociología de Hines. Las imágenes, en principio, tenían un objetivo académico: ayudar a Hine en sus estudios de Sociología, pero pronto despertaron la sensibilidad humana y social del fotógrafo, cuando reflexionó sobre la necesidad de difundir los frecuentes abusos que se cometían en las hasta entonces opacas instituciones migratorias e influir en la opinión pública.

El primer fotógrafo de las ONG

Una cosa dio paso a la otra y en 1906 Hine fue contratado como fotógrafo en plantilla de la Fundación Russell Sage, dedicada a la investigación en ciencias sociales (sobre todo en emigración, desempleo y desigualdad), con quienes colaboró como fotógrafo de campo en un estudio llevado a cabo en Pittsburg. Dos años después inició una década de colaboración con la entidad sin afán de lucro National Child Labor Committee, la organización más activa de los EE UU dedicada a combatir el uso de la mano de obra infantil. Hine fue el primer reportero en dar cuenta de las condiciones de trabajo de los niños obreros que trabajaban en la ciudad y en el campo.


Empeñado en desarrollar lo que llamaba "el lado visual de la educación pública", la obra del fotógrafo, muy difundida en su tiempo, ha adquirido una gran resonancia posterior. En los EE UU está en marcha el llamado Proyecto Hine, que pretende buscar a los descendientes de los críos esclavos retratados a principios de siglo por el documentalista.

Se disfrazaba para entrar ilegalmente a las fábricas y poder denunciar así las infracciones y el incumplimiento de los horarios laborales. Cuando le resultaba imposible entrar hacía las fotografías de los niños y las mujeres a la salida.



Del mismo modo, usando como pruebas sus propias fotografías, Lewis Hine pretendía ayudar a cambiar las leyes, promoviendo un control federal que regulara las condiciones de trabajo de los menores. Hine mantenía primero conversaciones con los niños, que apuntaba sobre el terreno en una libreta y luego pasaba a máquina para adjuntarlas a sus fotografías.



Con ese material, Hine iba directamente hasta los políticos de corte reformador, que veían con buenos ojos su trabajo ya que les permitía tener información de primera mano con la que concienciar a la opinión pública a través de mostrarlas en periódicos y revistas de la época. Puede decirse que Lewis Hine fue el precursor del reportaje fotográfico como arma de denuncia social. Mostraba una realidad desconocida para el gran público, pero que no podía ni debía ser ignorada.



Evidentemente, esto le granjeó muchos detractores. A pesar de que su trabajo sigue siendo de estilo muy clásico, sin artificio, mostrando lo que ve, muchos le acusaron de abusar de cierto “sentimentalismo”, de presentar a los trabajadores anónimos casi como héroes. Le echaban en cara que tome partido, que se posicione tan claramente, en lugar de alejarse de la acción, de tomar un punto de vista más distante, más aséptico.


La exposición también muestra las que quizá sean las fotos más conocidas de Hine, la serie sobre los obreros que levantaban, en condiciones extremas que rozaban el heroísmo (mecanismos de seguridad: ninguno), los grandes rascacielos de Nueva York, como el Empire State

En 1908, Hine mantiene sus opiniones sobre la fotografía, pero añade que la principal misión de la fotografía es el arte, los factores estéticos de la fotografía, los demás objetivos eran secundarios. A la hora de realizar fotografías (él las realizaba con fines sociológicos) se veía antes como figura artística que como científico.

También resaltó cualidades positivas como la asistencias de la Cruz Roja en Europa central. En 1932 publicó su colección "Men at Work", conocido documento fotográfico sobre la construcción del Empire State.

Se conservan 7.000 fotografías suyas. Hoy la colección se compone de 7.000 positivos y más de 4.000 negativos, junto documentos personales, folletos, catálogos y revistas. Su obra fue donada al Museo Internacional de Fotografía George Eastman House, en Rochester.


Buscar en Google - Imágenes docenas y docenas de las bellísimas imágenes que nos legó.

¿EXISTEN ESTOS TESTIMONIOS EN ARGENTINA? 
SÍ, EXISTEN. TAL VEZ, DISPERSOS...

Pueden buscarse fotografías de Walter Astrada, fotógrafo argentino nacido en 1974, que comenzó en el periódico La Nación, pasando luego a Associated Press y World Picture News. Ha publicado en medios como Time, Newsweek, The New York Times, The Sunday Times Magazine, Le Monde y El País Semanal, entre otros.

El Día Mundial contra el Trabajo Infantil fue establecido en el año 2002 por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), con el objetivo de sensibilizar y comprometer a los Estados en el desarrollo de acciones para su prevención y erradicación.

Fuentes consultadas: 
Lewis Wickes Hine - Que los niños sean niños (exposición itinerante) LISTA DE CONTROL IMAGENES ÍNDICE
Lewis Wickes Hine - Ellis Island Series LISTA DE CONTROL IMAGENES ÍNDICE
Lewis Wickes Hine - Empire State Building Series LISTA DE CONTROL IMAGENES ÍNDICE
Lewis Wickes Hine - Prints seleccionadas LISTA DE CONTROL IMAGENES ÍNDICE
Lewis Wickes Hine (negativos) LISTA DE CONTROL IMAGENES ÍNDICE
http://www.20minutos.es/noticia/1686773/0/lewis/hine/fotografia-social/
http://altfoto.com/2012/02/fotografos-iconicos-lewis-hine (Ricardo Abegonza)https://masdearte.com/especiales/lewis-hine-la-labor-fotografica-y-el-espiritu-del-tiempo/

20/10/25

Historia Oral y Educación: Cuando los jóvenes se apropian del pasado.
por Laura Benadiba *
(Fragmentos)


Ronald Fraser en su libro Recuérdalo tú y recuérdalo a otros (1) nos dice: “Una adolescente muy inteligente ha oído una y otra vez las historias que cuenta su abuela sobre cómo los rojos persiguieron a su familia de terratenientes, sobre la ejecución de algunos miembros de la misma mientras otros se escondían, sobre sus propios sufrimientos cuando era niña y aún no tenía la edad que hoy tiene su nieta…Y finalmente la adolescente no puede aguantar más y dice que las opiniones de su abuela sobre la guerra civil son totalmente erróneas, propias de facciosos, y, de hecho, prácticamente fascistas. Para demostrar que lo que dice es verdad echa mano de las certezas que ha aprendido en la escuela hasta que su abuela se desespera y rompe a llorar al ver que, en los últimos años de su vida, una nieta suya niega toda la validez de su propia “historia”…Entonces, se pregunta Fraser, ¿De quién es la historia? ¿De quiénes la han vivido o de quienes la han escrito? Ni de unos ni de otros, por supuesto, porque no pertenece a nadie, sino que es un debate continuo, de duración indefinida”

A estas últimas preguntas que se hace, y que nos hace Ronald Fraser, le agregaría otras: ¿los que no vivimos conscientemente esa historia, o los que ni siquiera habían nacido, cómo podemos entrar en ese debate, qué rol ocuparíamos en él? ¿Esa historia también nos pertenece?

[...]

En el año 1889, por medio de sus autoridades, el Consejo Nacional de Educación consideró que era “conveniente revivir en el corazón de la juventud el recuerdo de los días de gloria para la patria, formando para ello programas especiales en los cuales se prestaba la atención más señalada a la Historia Nacional”. Es así cómo la institución escolar, desde sus orígenes, constituyó el espacio para la construcción de identidades colectivas, especialmente aquellas concentradas en torno a la idea de Nación.

Como docentes sabemos que la escuela, además de ser un ámbito clave para la transmisión de conocimientos específicos, lo es también para la transmisión de valores y normas sociales.

[...] 

Otro objetivo fundamental de la escuela es fomentar la investigación y el desarrollo del pensamiento crítico y autónomo de sus estudiantes. Por ello, debe convertirse en un ámbito en el que los chicos y adolescentes experimenten los métodos, técnicas y habilidades necesarias para elaborar un proyecto de investigación tanto en su presente escolar como en su futuro como investigadores y ciudadanos.

Por medio de la Historia Oral los alumnos recuperan las memorias de hombres y mujeres corrientes, sus abuelos, sus maestros, sus vecinos, y comprueban las diferentes visiones que los protagonistas tienen sobre un mismo hecho o proceso. Así pueden acceder a explorar las memorias construidas y resignificadas más allá del poder, constatar la diversidad de formas de vivir un acontecimiento, en definitiva, comprender que las experiencias condicionan nuestra manera de interrogar y de construir el pasado.

(1) Fraser, Ronald: Recuérdalo tú y recuérdalo a otros: Historia oral de la Guerra Civil Española. Editorial Crítica, Barcelona, 2007, Prólogo, página X.

*Presidenta de la Asociación Otras Memorias, Directora del Programa de Historia Oral de la Escuela ORT. 
www.otrasmemorias.com.ar   

Fuente: Primeras Jornadas de la Revista Conflicto Social – 27 y 28 de Octubre de 2012. Políticas de la Memoria o Toma de Conciencia: Concordancias y Divergencias. Conflicto Social, Año 4, N° 6, Diciembre 2011.

(El destacado nos pertenece)

RONALD FRASER HA MUERTO

Por Jaume FABRE. De La Lamentable.org [Tomo de ahí el texto]

(1930-2012)

“Quería ir más allá de la historia de los dirigentes, que es la que casi siempre se hace, porque los dirigentes tienen una representación política y sindical que depende y tiende más a la justificación que al recto objetivo. Me interesaba más conocer el punto de vista de la gente del pueblo, la que ha hecho realmente la historia y la que ha sufrido más duramente sus consecuencias. Es gente que difícilmente dejará nada escrito y por ello es importante recoger sus testimonios ahora que aún están vivos”.

"Ronald Fraser me explicaba su punto de vista en una entrevista que le hice durante las jornadas del multitudinario Coloquio Internacional sobre la Guerra Civil Española que tuvo sus sesiones en el Palacio de Congresos de Barcelona un fin de semana de abril del año 1979. La sala grande estaba a rebosar, con mucha gente de pie.

Fraser, ex periodista, escritor “manqué” –como acostumbraba a decir— e historiador alejado de los ambientes académicos, había merecido el honor de figurar en aquel coloquio junto a Pierre Vilar y Pierre Broué como responsable de una de las tres únicas ponencias presentadas. Acababa de aparecer en España su libro Recuérdalo tu, y recuérdalo a otros, donde había recogido 250 testimonios de “gente corriente” sobre la guerra civil española. Para escribirlo, había venido a España el verano de 1973. Llevaba en el bolsillo un contrato con doce editoriales que le habían avanzado sus derechos de autor. Con ese dinero pudo trabajar dos años pero se quedó tres años más, sin recursos y pasando serias dificultades económicas. Su libro marcó un antes y un después en la investigación histórica, tanto por las reticencias que existían entonces sobre la denominada “historia oral” como por su mirada sobre los ciudadanos de a pie, dos planteamientos entonces absolutamente novedosos. Para mí, entonces un muy joven historiador/periodista, fue una revelación que marcó también todo mi trabajo futuro.

Ronald Fraser murió el pasado viernes 10 de febrero en Valencia, donde vivía desde finales de los ochenta con la historiadora Aurora Bosch, de quien acaba de aparecer su último libro (Miedo a la democracia, ed. Crítica) una interesante investigación en los archivos norteamericanos sobre el papel de los embajadores de los Estados Unidos en España durante los años de la Segunda República. Un libro que pone en evidencia como no se enteraban, o más bien no se querían enterar, de nada que fuera más allá de los intereses económicos de su país, y de como el lobby católico estadounidense condicionó las tomas de posición del presidente Roosevelt respecto al franquismo." (Antón Castro)

"Escribió historia con la agudeza de ingenio de un novelista, el método de un antropólogo y la visión crítica de un periodista político. Su última y monumental obra, La maldita guerra de España (Crítica, 2006), una historia social de la guerra de la Independencia, es la mejor muestra de esa pasión intelectual por nuestra historia que atravesaba disciplinas y períodos.

Uno de los principales valores de su obra, y es por lo que muchos la admiramos desde nuestra primera lectura, es que transmitía las entrevistas como narraciones, con un estilo y lenguaje que sintetizaba de forma magistral la doble faceta objetiva y subjetiva de la historia. Con su obra en la mano, era más fácil defender que la historia oral era algo más que una sub-disciplina de la historia, luchar frente a la resistencia e indiferencia que las fuentes orales suscitaban, y suscitan, en una profesión dominada por la veneración del documento escrito.

Ronald Fraser era un hombre del mundo, nacido en Hamburgo en 1930, de padre escocés y madre norteamericana, educado en Inlaterra, Estados Unidos y Suiza, que vivió los últimos 25 años en Valencia con la historiadora Aurora Bosch. Ronnie me honró con su amistad, en Londres y en España, y para mí siempre fue un referente en el aprendizaje de cómo imaginar y escribir historias. Yo lo recordaré y se lo recordaré a otros." (Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, del artículo que ha publicado en ‘El País’ sobre Ronald Fraser (1930-2012).
 
Foto: crédito a quien corresponda.

10/10/25

Giovanni Levi 
Sobre la microhistoria (V)

Conferencia sobre Microhistoria en el Instituto de Investigaciones Historico-Sociales de la Universidad Veracruzana, Xalapa, México; jueves 18 de noviembre de 2010.

Video: duración 57 min. 4 seg.



Giovanni Levi 
 Preguntas y comentarios sobre Microhistoria

Video: duración 31 min. 12 seg.

9/10/25

Historia Oral
GUYNS PRYNS

Compilación Prof. Raquel Gail 

Nos encontramos con que, dentro de la historiografía, la Historia Oral es mirada de diversas formas, siendo resistida por algunos sectores, ejemplo de ellos es lo expuesto por Arthur Marwick: La historia con fuentes no documentadas como la Historia Oral, sería tal pero de diferente calidad (idea p. 146). Al parecer, existiría un grupo de historiadores que abraza los supuestos decimonónicos de Ranke, jerarquizarían las fuentes, donde el documento escrito y oficial ocuparía el primer peldaño, en detrimento de la historia oral que se encontraría unos varios más abajo.

Frente a estos supuesto han aparecido diversas respuestas. Una de ellas es la de Paul Thompson, quien ve en la Historia Oral una alternativa para acabar con aquella historia excluyente “desde arriba” en virtud de una historial social incluyente. Jan Vansina, reconocido exponente de la Historia Oral en África, mantiene el argumento expuesto por Marwick, donde se privilegia el texto escrito y el relato oral sólo se presenta como un buen acompañante en ausencia del primero, como un excelente complemento, pero difícil de validar por sí solo.

“Los Historiadores tradicionales, obsesionados por la documentación, se interesan en sus fuentes por tres cualidades que no posee la información oral. Insisten en la precisión formal. Resulta importante ver la naturaleza estable de la evidencia. Un documento es un objeto. No existen dudas sobre lo que el testimonio, físicamente, es, ya que la forma se encuentra fijada […] esto le proporciona la segunda cualidad buscada, la precisión cronológica” (p 151).

Una crítica metodológica que se le hace a la Historia Oral es el hecho de que presenta dificultades para explicar el cambio, uno de los principales objetos del estudio de la historia, aunque no menor sería lo que sí está dentro de su campo de acción, la continuidad, muchas veces mal considerado como obvio, pero que de igual manera presenta dificultades (p 152).

El autor plantea la siguiente inquietud ¿qué se entiende por Historia Oral?, frente a lo cual responde que es aquella evidencia que se obtiene por el relato oral, que permanece por generaciones. Otra forma sería el recuerdo personal, que tiene un marcado acento individual. La tradición oral se desmarca de ésta, por “la manera de la trasmisión de grandes cantidades y formas específicas de información oral de generación en generación, requiere tiempo y un esfuerzo mental considerable, por tanto debe tener un propósito” (p 153). Será este propósito el que se interpreta de diversas formas, algunos autores hablan de motivaciones cognitivas; otros, como Durkheim, de la reproducción de la estructura social. El autor distingue cuatro tipos de tradición oral, dos que son por memoria, la Poesía (incluyendo canciones) y listas; y fórmulas (nombres, refranes, etc.). la primera se mantendría congelada, mientras que la última sería de tipo libre. Las otras dos no serían aprendidas de memoria, corresponderían a la Épica, de tipo congelada; y la Narrativa de tipo libre.(p. 154 esquema).

Un peligro con el cual se enfrenta la Historia Oral es el de “invención de la tradición”, para lo cual el autor plantea que “no hay que confiar ni en la fiabilidad del testimonio oral que no cuente con otros apoyos, ni en nuestros predecesores en la indagación, a no ser que hayan dado muestras de ser conscientes del problema. Y desde luego, no se trata de un problema que sea exclusivo de la historia oral” (p 163).

“Muchas de las críticas de los historiadores obsesionados por la documentación escrita dicen que los recuerdos personales son muy dados, en el caso de personas famosas, a autojustificaciones muy útiles a posteriori, y, entre la gente poco importante a lapsus de memoria” (p. 165). Es este último argumento, el de la fragilidad de la memoria, que hay que reivindicar, dado que la confección del documento escrito puede tener falencias, omisiones y alteraciones, tienen una intencionalidad detrás de sí, por lo que de igual modo no serían del todo fidedignos. En lo que respecta a la memoria, en tanto estudio médico o bioquímico, se encuentra muy poco comprendida, pero los estudios que actualmente existen “tienden a coincidir en que la memoria a largo plazo, especialmente en individuos que han entrado en la fase llamada por los psicólogos de `revisión de vida´ puede ser increíblemente precisa” (p 168).

“Aunque no se trata de un instrumento radicalizador en sí mismo, la información oral en la sociedad contemporánea ha sido muy utilizada por historiadores con un propósito radical, ya que, como señala el mismo Thompson en las primeras líneas de la voz del pasado `toda historia depende en última instancia de su propósito social´, y la Historia Oral reconstruye minuciosamente los detalles de la vida de la gente común” (pp 168-169).

“El testimonio oral permite una evocación descriptiva tan conmovedora sobre lo que representa ser un mexicano pobre, como la obra maestra de Oscar Lewis, Los hijos de Sánchez, pero, de todas formas, al final se encuentra atrapada en la pequeña escala, y no es ahí donde se encuentran las fuerzas formadoras de las teorías de los historiadores” (p 169).

“La fuerza de la Historia Oral es la de cualquier historia que tenga un seriedad metodológica. Esta fuerza procede de la diversidad de las fuentes consultadas y de la inteligencia con que se han utilizado. No se trata de una obligación a exigir únicamente a los historiadores orales, considerados como personas que practican un arte menor” (p 170). “El recuerdo personal permite al historiador dos cosas. En primer lugar algo que resulta obvio: ser un historiador completo, capaz de utilizar fuentes adecuadas para estudiar las diversas problemáticas de la historia contemporánea […] la información oral sirve para comprobar la fiabilidad de otras fuentes, de la misma forma que éstas son su garantía […]. En segundo lugar se da el efecto contrario. La posesión de un `segundo archivo´ rico y variado (por ejemplo, a través de la experiencia personal en lugar de las entrevistas) puede convertir en personas corrientes en un historiador  (p 171). Mi lectura sobre esta larga cita es, primero, que se puede dividir a la hora de analizar un análisis posterior. Segundo, que bajo esta óptica, con la cual a grueso modo estoy de acuerdo, ocurre un fenómeno de democratizar la historia, donde la historia documental/monumental no incluye a personajes que políticamente son de base pero que en verdad son quienes construyen la historia, los que están en la revolución, en los campos de batalla, en la calle, etc. Y por otro lado también democratiza el hacer historia, lo difícil de acceder a una carrera universitaria, o lo exclusivo de algunas documentaciones pero, lo más importante, existe un método, es ahí donde se debe vincular con los supuestos de Bourdieu, hacia allá se debe apuntar, hacia una inclusión tanto de sujetos como de investigadores, pero potenciado la disciplina, por medio de una confección epistemológica, que sea rigurosa, de esta forma se devolverá la voz a quienes por razones políticas se les ha sistemáticamente negado. La disputa por la conceptualización de la historia oral es en un plano epistemológico, parte del debate historiográfico, y dependerá de la postura que se tenga sobre cómo será valorada o no la misma. El autor plantea que por medio de la historia oral es mas fácil estudiar las continuidades.

“La historia oral, con su riqueza de detalles, su humanidad, su emoción frecuente, y siempre con su escepticismo sobre el quehacer histórico, se encuentra mejor preparada para estos componentes vitales de la tarea del historiador: la tradición y el recuerdo, el pasado y el presente” (p 173).

Fuente: http://dc108.4shared.com/doc/allhpoBz/preview.html
Ver nuestra entrada del 21/09/11.


¿Quién es Jan Vansina?

Jan Vansina (nació en Amberes, Bélgica, 14 de septiembre de 1929) es historiador y antropólogo especializado en África. Es la máxima autoridad en la historia de los pueblos de África Central.

Vansina se formó como medievalista y etnógrafo, pero se hizo conocido como uno de los más destacados eruditos africanistas. En su obra, se centra en la historia de las sociedades africanas antes del contacto europeo, y es ampliamente considerado como la máxima autoridad en la historia de los pueblos de África Central. Ha publicado ampliamente sobre el tema.

Vansina obtuvo su doctorado en historia en la Universidad Católica de Lovaina en 1957. Es profesor emérito de la Universidad de Wisconsin, Madison, USA, donde vive.

Vansina ayudó a Alex Haley (el autor de la novela  "Raíces: la saga de una familia norteamericana", de 1976) en el desciframiento de varias palabras africanas que habían sido transmitidas por los ancestros de Haley, determinanando que eran de origen mandinga (Mandinka)

Tal vez por casualidad, Robert Ludlum en su novela de espionaje "El engaño de Prometeo" (2000) cuenta con un personaje llamado Jan Vansina.

Referencias

Vansina, Jan (1965). Oral Tradition. A Study in Historical Methodology (Translated from the French by H. M. Wright). London: Routledge & Kegan Paul.
Vansina, Jan (1966). Kingdoms of the Savanna. Madison, Wisconsin: The University of Wisconsin Press. 
Vansina, Jan (1985). Oral Tradition as History. Madison, Wisconsin: University of Wisconsin Press.
Vansina, Jan (1990). Paths in the Rainforests. Madison, Wisconsin: The University of Wisconsin Press.
Vansina, Jan (1994). Living With Africa. Madison, Wisconsin: The University of Wisconsin Press.
Vansina, Jan (2004). Antecedents to Modern Rwanda: The Nyiginya Kingdom (Translated from the French by the author). Africa and the Diaspora series. Madison, Wisconsin: University of Wisconsin Press.
Vansina, Jan (2004). How Societies Are Born: Governance in West Central Africa Before 1600. Charlottesville, Virginia: University of Virginia Press.
Vansina, Jan (2010). Being Colonized: The Kuba Experience in Rural Congo, 1880-1960. Madison, Wisconsin: University of Wisconsin Press.

Enlaces: 
"History Facing the Present: An Interview with Jan Vansina", by Karel Arnaut and Hein Vanhee (1 November 2001). 
Interview with Jan Vansina, Spring 1994 (requires registration)
Ver en  

Fuentes: http://en.wikipedia.org/wiki/Jan_Vansina (traducción propia)

2/9/25

Francés, una educadora argentina


MARÍA MAGDALENA VANHULENTE

Prof. Raquel Gail ©

Fotografía del Archivo Escolar

María Magdalena Vanhulente, hija de Félix Vanhulente Vagnore (Francia, 1870) y de María Margarita Calice/Caliche (italiana), nació el 27 de octubre de 1895 en la Capital Federal, en un hogar de Lavalle al 600. Los padres se habían casado tres años antes en la Parroquia de Catedral al Norte. Tuvo, al menos, un hermano nacido en 1899, Alberto Antonio.

El apellido belga de lengua neerlandesa (idioma que se habla en Bélgica junto con el francés y el alemán) era VANHOOLANDT. Se convirtió en VANHULENTE cuando la familia salió de Bélgica para vivir a unas decenas de kilómetros en el norte de Francia, cerca de Lille. Los franceses no entendían el neerlandés y a menudo transcribían los apellidos con una ortografía fonética.

Félix Vanhulente fue reclutado para el servicio militar en Francia en 1891, pero nunca se presentó; ya en ese momento figura como residente en Argentina. Su hermana Alphonsine Marie (1880-?) (Alfonsina) también tuvo al menos un hijo en Argentina, con un italiano: Juan DE LUCA. La madre de Félix, Barbe Catherine VANHOOREN (Barbara Caterina en español), era obrera de fábrica nacida en Bélgica y, probablemente, también falleció en Argentina. El padre, en cambio, falleció en Lille (1838-1880).


Alianza Francesa, Lille, Francia

Según la breve foja de servicios que redactó al llegar a la Escuela Normal de Quilmes, María Magdalena se había diplomado en la Alianza Francesa en 1917, había sido nombrada Profesora en la Escuela Complementaria Nº 26 del Consejo Escolar Nº 16 en 1923 y dictaba 4 horas de Francés en el Colegio Nacional "Juan Martín de Pueyrredón" desde el mismo año. En 1927 y 1928 se la encuentra en la Escuela de Comercio de Ramos Mejía, aunque en uso de licencia.

En Quilmes, suplió en ocasiones a la profesora Margarita Companc de Pérez Acuña.

FUENTES:

Documentos del Archivo Histórico "Silvia Manuela Gorleri", Escuela Normal de Quilmes.
Revista El Monitor de la Educación Común, Año 41, Nº 607, pág. 23 (Sección Oficial).
Información proporcionada por la familia.

26/8/25

Otra profesora gala

 

CLARA TEXIER DE SILVA

Prof. Raquel Gail ©

                                Liceo de Bordeaux ca. 1900


Aunque firmaba Clara Texier, su nombre completo era Juana María Clara. Argentina naturalizada, nació el 2 de agosto de 1897 en Couze-Saint Front, Dordogne, Francia, hija de Adolfo (Adolphe) Texier (1866) y Juana (Jeanne) Dumas (1872). Dordoña (Dordogne) es un departamento rural en el suroeste de Francia, conocido por su hermoso valle fluvial, su rica historia y su gastronomía. El departamento se corresponde aproximadamente con la antigua provincia de Périgord y su capital es Périgueux. Couze-et-Saint-Front es una población y comuna francesa, situada en la región de Aquitania, departamento de Dordoña, en el distrito de Bergerac y cantón de Lalinde. La profesora Juana Salles de Fonade también provenía de la región de Bordeaux, como hemos señalado en la nota respectiva, aunque era mucho mayor que la Sra. Texier de Silva. No tuvieron oportunidad de coincidir en esta escuela.

Clara tenía Diploma Superior de Francés (Brevet) expedido por el Liceo de Bordeaux (Burdeos), que es el centro de una famosa región vitivinícola, ciudad puerto en el río Garonne (Garona), precisamente en el suroeste francés.

El apellido Texier es significa "tejedor", derivado de la palabra latina "texere" que se traduce como "tejer". Es un apellido ocupacional, indicando que sus primeros portadores probablemente se dedicaban a la actividad de tejer. Texier, o sus variantes como Tessier, se ha extendido a otros países, incluyendo Inglaterra, donde llegó con inmigrantes hugonotes. Otras variantes, como Tisser, Tissier y Tissot, están presentes especialmente en la región este de Francia.

Casada con Juan José Antonio Silva (1894) en 1932, tuvo dos hijos, José Luis Adolfo (1933), que fue contador, y María Clara Camelia (1935). Anteriormente había tenido otro hijo/a (1923). Vivía en la Avda. Pueyrredón, en la Capital Federal.

Desde mediados de 1931 hasta 1942 dictó clases en el Colegio Nacional "Bernardino Rivadavia" [1]. En 1935 renuncia a seis horas que dictaba en el Liceo Nacional de Señoritas Nº 1 [2]. En marzo de 1942 ingresó a la Escuela Normal de Quilmes con cuatro horas cátedra.
 

NOTAS:

[1] Este colegio fue creado como desprendimiento sur del Colegio Nacional Buenos Aires en el año 1891 bajo el nombre del Sección Sud del Colegio Nacional; su primer vicerrector fue el Profesor Nicolás de Vedia. El 4 de mayo de 1891,por un decreto firmado por el presidente Carlos Pellegrini y bajo la gestión del Dr. Francisco Julián Beazley, comenzaron a dictarse clases, hasta convertirse en el Colegio Nacional N°1 Bernardino Rivadavia, por decreto en 1909. En el año 1896 se nombran autoridades propias, el Profesor Arturo de Gainza fue el primer Rector designado. El colegio ocupó varios edificios, el primero en la calle San Juan 2261, luego en la calle Piedras 1094 en 1893. En 1913 la institución se muda a la calle Solís 727, hasta que finalmente, en el año 1940 se produce el traslado al edificio que ocupa en la actualidad.[

[2] El Liceo Nacional de Señoritas Nº 1, también conocido como Liceo N°1 "José Figueroa Alcorta", es un histórico colegio secundario femenino de Buenos Aires que luego incorporó varones y actualmente se llama Liceo Nacional Nº 1. Se fundó el 4 de marzo de 1907 y ha tenido varias ubicaciones y cambios de nombre a lo largo de su historia. Hoy día se encuentra en Av. Santa Fe 2778.

1937 Liceo Nacional de Señoritas Nº 1

FUENTES

Documentos del Archivo "Silvia Manuela Gorleri", Escuela Normal de Quilmes.

Ministerio de Justicia e Instrucción Pública (1935). Nómina del Personal Docente dependiente de la Dirección General de Enseñanza Secundaria, Normal y Especial.

Boletín Oficial, 1º de abril de 1963 y 26 de octubre de 1984

https://archive.org/stream/Boletin_Oficial_Republica_Argentina_1ra_seccion_1963-04-01/1963-04-01_djvu.txt

https://archive.org/stream/Boletin_Oficial_Republica_Argentina_2da_seccion_1984-10-26/1984-10-26_djvu.txt

https://www.liceo1.ar/sobre-nosotros/nuestra-historia/