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6/5/22

¡Recibimos fotos antiguas!

DÉCADA DEL 30

😄😄 😄


La Sra. Laura Iadlis Capra ha tenido la enorme gentileza de donar al Archivo Histórico de la Escuela Normal fotografías de cuando su madre, Lilia Mabel Capra Casazza y algunos primos de ella apellidados Losio Casazza y Angeletti, cursaron la educación primaria en el Departamento de Aplicación. 

Nos hizo saber que Lilia mencionaba con frecuencia que había sido compañera de Blanca Cotta y, en efecto, así lo corroboramos revisando los documentos de nuestro acervo. De manera que consultamos a una hija de Blanca Cotta para que tratara de identificar a la conocida vástaga del segundo Director de la Escuela cuando era niña, quien pudo señalarla en la mayoría de ellas, tanto como al hermano mellizo de Blanca, Roberto Cotta en algunas. Sugerimos ampliar las imágenes para apreciarlas mejor.

Y así se hizo, pese a que las imágenes escaneadas no son muy diáfanas. Los originales están en perfecto estado de conservación e incrementarán a partir de ahora el patrimonio fotográfico del Archivo.

APRECIARÍAMOS SINCERAMENTE QUE ENTRE NUESTROS LECTORES HAYA QUIENES PUEDAN IDENTIFICAR A OTROS ALUMNOS.

Para ello, publicamos a continuación la nómina de los egresados de 6º A en 1938.

Agnelli, María Victoria Sandra – Azpeitía, Alberto Mario – Bajma, Emma Lilia – Balcaneras, Antonia Ana – Blanco, Emma – Borsella, Antonio – Borro, Luis César – Busacca, Olga Nélida – Butherman, Fanny – Capra, Lilia Mabel – Cartasegna, María Virginia – Castagnino, Héctor Enrique – Cerkvenik, Emilia Milka – Codino, Horacio – Colombo, Rodolfo Francisco – Cotta, Roberto HoracioCotta, Blanca Helena – Della Pietra, Alice – Elizaga, María Esther – Farra, Gladys Mabel – Ferrera, Horacio José – Garrido, Leonor Ángela - Gervasio, Emma Matilde – Giani, Herminda Elsa – Gómez De la Vega, Nelly Noemí – Losio, Francisco Antonio – Lus, Nora Elsa – Naboulet, Hedeia – Pérez de San Julián, Celia Beatriz – Rivaben, Arnaldo Luis – Romiti, Nelly Amalia – Rossini, Juan Carlos – Rossi, Leonilda María – Schatan, Lucía – Tello, María Elisa – Traversone, Osvaldo Juan – Wieder, Carolina María.

1º grado "A" 1933

Flecha celeste Lilia Mabel Capra Casazza. 
Flecha verde Francisco Antonio Losio Casazza.
Flechas rojas: Blanca y Roberto Cotta


2º grado "A" 1934

Flecha celeste Lilia Capra Casazza. Flecha verde Francisco Losio Casazza.

3º grado "A" 1935

Flecha celeste Lilia Capra Casazza. Flecha verde Francisco Losio Casazza. Flechas rojas Blanca y Roberto Cotta.

4º grado "A" 1936



 5º grado "B" 1937

Flecha celeste Lilia Mabel Capra Casazza. Flecha verde Francisco Antonio Losio Casazza.

                                                                 6º grado "A" 1938

Flecha celeste Lilia Mabel Capra Casazza. Flecha verde Francisco Antonio Losio Casazza. Flecha roja: Blanca Helena Cotta


Además, nos ha enviado una par de fotografías de otros cursos:

1º grado 1929

"Chela" Célyca Nahir Capra (terminó 6º grado en 1934)

4º grado 1932

Flecha amarilla: "Chela" Capra. Flecha gris: Violeta Angeletti (que terminó 6º grado en 1935)

6º grado "B" 1934

Arraztoa, Miguel Alberto – Cella, Celiar René – Contarino, Leonardo – Gómez de la Vega, Rorberto Vicente – González, Germán Ignacio – Legreste, Luis – Mazzola, Luis Aníbal – Pérez, Enzo José – Persichini, Hugo Jesús Alberto – Tesón, Máximo Augusto – Arraztoa, Lilia Angélica – Baeninger, Susana Estela – Cabo, Zulema Hebe – Capra, Celia (Celyca) Nahir "Chela" – Castellanelli, Josefa Elena – D’Esposito, Eulalia Haydée – Elque, Lidia – Fernández, Marta Silvina – Cardella, Catalina Teresa – González, Idelma Isabel – Griffa, Lilia Amalia – Griffo, Blanca Rosa – López, Myrtha Paz – López Fernández, Alicia – Masolla, Ángela María – Molina, Mercedes Mejibia  – Nirtoli, Celia Élida Haydée – Palacios, Zulma Baltazara – Palacios, Delma Lucía – Urrutia, Blanca Paz – Peña, María del Pilar – Perelli, Ida – Peruggi, Hilda Alba – Rodríguez, Marta Margarita – Sartorio, Elsa María – Sturla, Sara Celia María – Taranto, Delia María Luisa.

6º grado "A" 1935
 
Abalsa, Tulio Edmundo – Alfonso, Daniel – Arraztoa, Miguel Alberto – Bouciguez, Oscar – Colombo, Augusto Alberto – Dozo, Servando Ramón – Garbibi, Miguel Antonio – García, José Harold – Monsalvo, Alberto Oscar – Peláez, Ernesto Alejandro – Rodríguez Jáuregui, Clemente – Suárez, Sebastián Isidoro – Albaitero, Susana Haydée – Angeletti, Violeta Irma – Angeletti, Yolanda Rosa – Armini, Dora Lucrecia – Barrio, Estela Angela – Berardo, Aurora – Calderón, Celina Emilia – Caparelli, Raquel – De Andréis, Jorgelina María Ana – Echeverría, María Teresa – Fernández, Beatriz Antonia – Geronés, María Teresa – Giannantoni, Nelly Haydée Dominga – Hager, Ilse Elisabeth Bertha – López Fernández, Alicia – Massón, Celia Casilda – Mendiguibel, Edith Haydée – Natoli, Celina Elida Haydée – Reina, María Remedios – Servici, Emilia Catalina – Serra, Josefa Yolanda – Silva, Nelly Zulma – Verdier, Susana Josefina.

Agradecemos especialmente a las Sras. Laura L. Iadlis Capra y Patricia Skilton Cotta su colaboración.

22/3/22

COCINANDO Y DIBUJANDO

 RECORDANDO A BLANCA COTTA


Blanca Helena Cotta de Geronés (antes viuda de Skilton) nació en Chivilcoy, Buenos Aires, el 14 de marzo de 1925 y falleció en Quilmes el 28 de agosto de 2019, donde pasó gran parte de su vida. Su primera niñez transcurrió en una casa de La Pampa, que era la escuela que su padre dirigía. Albergue demasiado grande –cuatro manzanas– para una infancia con anécdotas aptas para un libro de lectura escolar. Conocida sencillamente como Blanca Cotta, fue una popular cocinera, periodista, profesora en Letras, guionista, humorista gráfica y dibujante. 

Su hermano mayor, Juan Ángel (1920-1962), por su parte, fue un destacado dibujante que ilustró numerosas tapas de la colección Libros del Mirasol, entre otras editoriales. [1] La primogénita de la familia se llamaba Laura Beatriz C. de Varela (1915) y era profesora de Francés. Ejerció en la escuela como maestra en el Departamento de Aplicación (1934) y tuvo Cátedras de Manualidades y Estética desde 1936; también trabajó en la escuela graduada "Joaquín V. González" de la Universidad de La Plata y en el Liceo de Señoritas.



Su nacimiento "fue una sorpresa", ya que sus padres, Ángela y Juan Manuel, esperaban la llegada de un varón, Roberto Ignacio. Sin embargo, describió con su habitual humor que "yo me colé y nací abrazada a mi hermano mellizo".

Relata ante una reportera: "La casa donde vivíamos cuando yo era chica queda en la calle Alsina y está exactamente igual, con sus dos balcones. Recuerdo el vestíbulo con su mampara de colores, la pieza de mi hermano Juan Angel, la de Roberto, mi hermano mellizo, el escritorio de papá, el comedor grande para recibir visitas, mi dormitorio y el comedor diario. Después otra mampara de vidrio y un caminito largo que daba a lo que sería el departamento de servicio, con la escalera caracol. A veces, cuando voy caminando hacia el centro de Quilmes lo hago a propósito por la calle Alsina y siento el placer de la nostalgia. Un día voy a pedir permiso para entrar, si no, me da un soponcio."




Se recibió de maestra con medalla de oro en la Escuela Normal donde su padre fue el afamado profesor Pedro Juan Manuel Cotta (1887-1964), director del establecimiento desde 1932, institución a la que se refiere como "descascarada por fuera e iluminada por dentro". Rememora "podría pasarme la tarde entera evocando las horas pasadas en esta querida escuela, estudiando más que nunca por ser la hija del Director. A veces pienso que me recibí con medalla de oro (“dorada”... bah!) no por amor al estudio sino, simplemente, por amor a Papá; para hacerlo quedar bien y regalarle así una dosis de felicidad encubierta..."

Como ella relata en la nota que transcribimos más adelante, estudió el profesorado de Letras en la Escuela Normal N° 1. Fue preceptora y profesora en las Escuelas Normales N° 4 y 7 de la Capital Federal, hasta que, después de ser mamá, en 1953 se convirtió en la Secretaria de Redacción de la revista Mucho gusto, cargo en el que se mantendría hasta 1960. Ese año asumiría la conducción y autoría del guión del programa "Buenas tardes, mucho gusto", que se transmitía por Canal 13, hasta 1968.

Buena parte de su trayectoria profesional se desarrolló al interior del Grupo Clarín, donde participó como autora, guionista e ilustradora de los programas infantiles "Juguemos en el patio" y "Juguemos en el 13". También escribió y colaboró en Clarín Revista (dominical) durante cinco décadas con su emblemática columna “De aquí, de allá y de mi abuela también", y en los suplementos "Para todos", en la columna "Para la patrona" en Clarín Rural, en el suplemento "Ollas & Sartenes" del diario Clarín.  Escribió, para la misma empresa, letras de canciones para los discos "Canela canta las reglas de ortografía" y "Canción para mamá". Publicó además una gran cantidad de libros de cocina, ilustrados por ella misma. Escribió recetas de cocina, para las cuales hizo las ilustraciones, en la sección Comiditas para la popular revista infantil Anteojito.

Su último artículo en la Revista Viva fue publicado el domingo 25 de agosto de 2019 aunque la sección continuó publicándose luego de su fallecimiento hasta el 15 de septiembre.

Dijo alguna vez: "Yo no elegí Quilmes para vivir: fue mi destino. Vivíamos en La Pampa y mi padre era allí director de la Escuela Normal. Un día recibió la noticia que lo trasladaban a Quilmes. ¡Y aquí aterrizamos, allá por el año 1932! Comencé mis estudios primarios, desde primer grado inferior Aquí me recibí de maestra. Aquí, en Quilmes, pasé los mejores años de mi adolescencia. Aquí conocí a Carlos (Geronés, su marido). Aquí eché a volar los sueños más lindos de mi adolescencia. Aquí disfruté del tiempo en que éramos todos y no había ausencias cuando nos reuníamos alrededor de la mesa".

Cuando era niña viajaba seguido, con sus padres, a La Pampa. Contaba que hacía bajar a su papá del auto y lo hacía caminar entre pastizales y cardos, en una caminata sin fin, porque de pequeña quería "llegar al horizonte". Otras veces iban en el auto –tendría cuatro o cinco años– y le pedía: "Papá, subime a ese árbol". El papá frenaba, la subía al árbol. "Poneme en la rama más alta. Esa no. ¡Más alta!" Y él: "¡Esta mocosa caprichosa! No, no te voy a subir" Blanquita creía que en la rama más alta iba a poder tocar el cielo.

Sobre su labor vinculada también al humor en sus publicaciones, aseveraba: "el humor es el salvavidas más importante que podemos tener los seres humanos. Con humor, podés salir de cualquier situación. Con humor, te salvás. Con humor, seguís amando la vida. Con humor, podés trabajar con alegría". Decía que sus textos trataban de ser "positivos y constructivos" porque ellas los escribía como "un ser humano a quien el destino encerró en la cocina", pero que siempre trató de "escapar por una ventanita para enseñar en la cocina realizable que me sirva de diálogo con los lectores" y los televidentes. 


Publicó numerosos libros de cocina ilustrados por ella, varios divididos en fascículos coleccionables. Entre ellos, “Blanca Cotta. Todas las recetas. El libro definitivo”; “La cocina casera de Blanca Cotta”; “Cocina Argentina por Blanca Cotta”; “Libro de cocina al vino blanco”; y “El gran libro Clarín de las tortas”, por nombrar solo algunos. Su legado la mantiene viva en la cocina de los argentinos.



Escuela Normal Nº 1 ¡Presente!

Nota de Opinión de Blanca Cotta, diario Clarín, fecha desconocida

"Pertenezco a la generación en que los padres elegían la carrera que ellos querían para sus hijos. (Por supuesto: los hijos éramos totalmente obedientes...). Sin duda papá fue muy sabio al elegir el Profesorado en Letras para cursarlo en la Escuela Normal Nº 1 "Pte. Roque Sáenz Peña", de la Capital. Un mundo totalmente nuevo para mí, que venía de la humilde escuelita Normal de Quilmes, donde todos nos conocíamos. El primer día de clases me sentí perdida en un edificio tan imponente, rodeada de mármoles y bustos ilustres, compañeras nuevas, disciplina rígida, profesores desconocidos. Era como empezar de nuevo. Por suerte, encontré compañeras que me brindaron su calidez y docentes que supieron alentarme. Los profesores eran los modelos que soñábamos imitar. Aspirábamos a tener la sensibilidad y sabiduría de la señorita Adolfina Risolía, quien nos hacía leer con pasión ¡hasta la Gesta del Mío Cid! O admirábamos la rigidez de la señorita Nieto Arana, quien nos exigiría al máximo pero siempre nos calificaría con justicia. O la bonhomía y el humor del doctor Miguel Sorondo ¡capaz de aplaudir las caricaturas que yo le hacía en clase y alentarme a que siguiera dibujando! Dicen que la buena semilla germina en terreno fecundo. Nuestros corazones jóvenes lo eran. Dicen también que el tiempo descubre la verdad. Mi paso por la escuela dejó algo más valioso que un título importante: la sensación indescriptible de haber cursado en un verdadero templo de la educación, donde consagraron sus vidas figuras ilustres como Emma Nicolay de Caprile o Rosario Vera Peñaloza. Y la fantasía de haber entrado en contacto con la energía que ellas irradiaron en esos larguísimos pasillos poblados de recuerdos."


NOTAS:

[1] Inicialmente se ganó la vida como traductor literario, mientras trataba de hacerse un lugar como caricaturista en los periódicos y las revistas de la época. Se había graduado como Profesor Nacional de Inglés, con el premio al mejor alumno en 1942. Dictó clases de idioma durante corto tiempo en la Escuela Normal de Quilmes, en la Escuela Normal Nº 2 y en el Liceo Militar "Gral. San Martín".

FUENTES:

Wikipedia
Diario El Litoral, 28/8/2019
Diario El Sol, 29/8/2019
Diario Página 12, 29/8/2019 y 13/6/2002
Diario Clarín, 1987
Diario 5Días, 26/8/2021
https://dibujantes.ar
El Blog de Blanca Cotta
Véanse también nuestras notas del 24 de octubre de 2015 y del 26 de abril de 2019, además de varias sobre su padre, Pedro Juan Manuel Cotta, de fechas 8/8/11, 20/6/12, 27/6/12, 28/6/12, 9/9/12, 24/9/12, 4/10/12 y 15/6/13.

24/10/15

BLANCA COTTA
Hija de JUAN MANUEL COTTA
el segundo Director

ENTREVISTA (Fragmentos)

Blanca Cotta es famosa por escribir sus recetas como si fueran cartas personales, por recomendar sólo ingredientes que pueden conseguirse en el almacén del barrio y por durar en un tiempo en que los chefs se reproducen como conejos.

Por María Moreno
Antes de entrar a su escritorio, besa un ángel. Lo besa con una familiaridad de pariente. “Muaa”, escribiría si tuviera que contarlo en una de sus notas –recetas que se publican en Clarín cada domingo y donde se tutea con lectores que le escriben como a una consultora sentimental, en cantidad–, aunque Blanca Cotta insista en que es una cocinera y punto. Famosa cara del viejo programa “Buenas tardes, mucho gusto” que había saltado a la televisión desde su formato de revista femenina que envolvía consejos sobre jardinería, cocina y artes manuales con tono de mujer a mujer. Allí, Blanca Cotta, en la televisión de los años ‘60, llegó a mostrar los “pasos” de sus recetas con dibujos simpáticos de línea pedagógica, no en vano ella estudió en la Escuela Normal [de Quilmes] y es profesora de Letras [por la Escuela Normal Superior "Roque Sáenz Peña"]. El guión del programa también era de ella. A hacer de todo ya había aprendido en la revista donde fue jefa de redacción luego de que su director, Jacobo Muchnik, le hiciera un pequeño test psicológico con preguntas del tipo: ¿Cómo es con sus hijos? ¿Firme o mimadora? ¿Pega cuatro gritos? ¿Sabe convencer? 

–En mi perra vida yo había hecho un guión de TV. Entonces me imaginé que un guión tenía que ser lo mismo que un plan de clase, y en un plan de clase siempre tenés la acción y la objetivación. Porque para fijar el conocimiento hay que ilustrar. Entonces lo desarrollé como si me lo estuvieran dictando paso por paso. Y al margen yo ponía dónde iba el primer plano de esto y aquello. En ese programa, sentada en un tablero llegué a hacer reportajes mientras dibujaba la caricatura del entrevistado.  [...]

–Esta es mi cueva. No te fijes en el desorden. Si pensás que tengo alma de ciruja, te aclaro que tengo orden mental. ¿Esta qué virgen era? Me la mandaron unas hermanitas de Los Toldos. Aquí está mamá conmigo y con mi hermano mellizo, Roberto. Esa foto es de papá, que era maestro cuando fundó la Escuela 92 –le puse el ramito de violetas porque a él le gustaban mucho– y ésta es su gorra. El ladrillo te parecerá raro, pero es de la primera escuelita que fundó papá en Dolores. Cuando la demolieron, una maestrita me la mandó en una encomienda. Cuando sentí cuánto pesaba el paquete, pensé ¡esto es una bomba! Pero, ¿quién me iba a mandar una bomba a mí? Y esta baldosa es también de la 92. La pedí cuando ya era un conventillo. Pedí permiso para entrar y la saqué del patio. [...]

Electra de pampa y de río

La casa de La Pampa era el colegio que su padre dirigía. Albergue demasiado grande –cuatro manzanas– para una infancia con anécdotas aptas para un libro de lectura escolar y que pasa por alto los secretos que Freud atribuyó a los perversos polimorfos. Blanca aprendía en El tesoro de la juventud los grandes misterios de la naturaleza, cómo cría perlas una ostra y a hacer un chinito de maní. En lo del librero, que se llamaba Elizondo, el padre compraba con libreta las últimas novedades de Buenos Aires. Rompecabezas y soldaditos de plomo. Una sola vez apareció un juguete lujoso que trajo una abuela de la Capital: un triciclo con la cabeza de un caballo. 

–Me acuerdo cuando íbamos al campo en La Pampa que yo le decía a papá: “Llevame más adelante”, mientras caminábamos en medio de los pastizales pinchudos. “Esta mocosa me va a cansar”, se molestaba. Pero yo seguía: “Llevame más adelante”. Hasta que se cansaba en serio y entonces volvíamos al auto. ¿Sabés lo que quería yo? Llegar al horizonte. Pero no contaba con nada, ni siquiera sabía que el horizonte se llamaba “horizonte”. Otras veces íbamos en el auto –yo tendría cuatro o cinco años– y le pedía: “Papá, subime a ese árbol”. Papá frenaba, iba conmigo, me subía al árbol. “Poneme en la rama más alta. Esa no. ¡Más alta!” Y él: “¡Esta mocosa caprichosa! No, no te voy a subir”. Yo no lo decía, pero creía que en la rama más alta iba a poder tocar el cielo. Eran cosas que yo me guardaba para mí misma.

En Quilmes vivió varias veces, pero es, evidentemente, su lugar y aunque mencione sin quejarse la cercanía de su casa de una villa miseria, pronuncia los nombres de las “familias tradicionales” con una música proustiana.

–La casa donde vivíamos cuando yo era chica queda en la calle Alsina y está exactamente igual, con sus dos balcones. Recuerdo el vestíbulo con su mampara de colores, la pieza de mi hermano Juan Angel, la de Roberto, mi hermano mellizo, el escritorio de papá, el comedor grande para recibir visitas, mi dormitorio y el comedor diario. Después otra mampara de vidrio y un caminito largo que daba a lo que sería el departamento de servicio, con la escalera caracol. A veces, cuando voy caminando hacia el centro de Quilmes lo hago a propósito por la calle Alsina y siento el placer de la nostalgia. Un día voy a pedir permiso para entrar, si no, me da un soponcio. 

Blanca tuvo una adolescencia bajo mano dura: no la dejaban ir a fiestas y tenía que relojearlas desde el balcón cuando había alguna en la azotea de la vecina. Por eso dice que más que salir con su primer marido, él tuvo que entrar a su casa. Cuando eligió al segundo, ya tenía edad para decidir, pero él no era ningún desconocido. 


–Éramos compañeros en el Normal. Los chicos usaban un moñito a lunares. Y él siempre lo tenía torcido. No nos dábamos ni cinco de bolilla. Y después de mucho tiempo, yo enviudé y mamá se vino a vivir conmigo. Un día, una ex compañera me dice: “¿Por qué no venís a las reuniones de ex alumnos que hacemos siempre?”. Fui y me reencontré con Carlos, que también había quedado viudo hacía poco tiempo. Mis compañeras me hicieron gancho. Mariana Greco, que hacía unas reuniones muy lindas, puso música suave y bajó la luz mientras bailábamos. ¿Te imaginás a los cincuenta años de entonces volver a enamorarte? Yo con dos hijas que, según Carlos, valen por ocho, y él con cuatro varones. “¿Te vas a casar con un tipo que tiene cuatro hijos adolescentes?”, me preguntaban. Pero yo adoro a los chicos. Además me daban lástima: habían perdido a la madre. Por eso cuando me preguntan si soy la madre del intendente de Quilmes, de Fernando, yo digo que sí porque no me gusta la palabra “madrastra” y menos “madre putativa”. A menudo, las cartas que Blanca Cotta comparte con sus lectores exhuman recuerdos de objetos cotidianos y costumbres que hoy no tienen ningún lugar en los medios: son como archivos en forma de correspondencia. 

–Me acuerdo de cuando, con mis hermanos, esperábamos en el balcón a que llegara el tranvía 22 cuando mis padres se habían ido al centro. Del río cuando las aguas no estaban podridas. Allí se reunían las familias de Quilmes. En la rambla estaban las piletas olímpicas con sus vestuarios. Nosotros íbamos con nuestras canastitas de sandwiches y, después de bañarnos, nos subíamos a todos los juegos y nos mirábamos en los espejos deformantes. En donde habían cavado el río, había una enorme pantalla y allí proyectaban películas. Si eran películas argentinas, sonabas, porque el ruido del río pegando contra los parantes no te dejaba oír. A papá le gustaba ir de noche y sentarse en las escaleritas que bajaban al río para mirar el cielo estrellado. Yo me acurrucaba al lado y él me iba diciendo cuáles eran las constelaciones, toda una enseñanza de astronomía. Me enseñaba sin que yo me diera cuenta, que es la mejor manera de enseñar. 

Aun en los recuerdos tristes, quizás por deformación profesional o porque las reminiscencias suelen prestar más atención a los sabores que el presente, aparecen golosinas. [...]

–Nosotros en La Pampa no conocíamos el mar y tampoco lo conocimos en vacaciones. Porque las vacaciones eran para ir a la casa de mi abuela, en Buenos Aires. Por lo general, para el 15 de agosto, que era Santa María. Ese día yo me transformaba de Cenicienta en princesa. Mis primas me hacían rulos, me compraban vestidos, medias y zapatos nuevos como si me hubieran tocado con una varita mágica. Y en la sala con muebles antiguos y jarrones que no había que tocar y piano con mantón, yo le recitaba a mi abuela una poesía que había hecho papá. [...]

–Me acuerdo de cuando mi hermano Juan Angel, que estaba casado con Nené Taboada, vivía en San Isidro. Y pasábamos las Fiestas allí. Yo hacía los bocaditos y el cóctel, y poníamos las mesas afuera, en el jardín. Corrían los brindis. Juan Angel cantaba tangos (yo no, porque cantando soy un sapo). Eran los tangos más reos, desde “Chorra” a “Malevaje”. Me acuerdo también de una noche de tempestad que arrasó con todas las copas que había en las mesas. Eran tiempos felices porque éramos todos. No faltaba nadie. Recordar con nostalgia no es vivir en el pasado. Es la dulzura de volver a ver a aquellos que, de no haberlos tenido, uno no sería lo que es. 

VIERNES, 7 DE JUNIO DE 2002


Fuentes: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-213-2002-06-13.html
Diario Clarín, 1987. (Artículo conservado en la sección Colecciones del Archivo Histórico "Silvia Manuela Gorleri")
El destacado nos pertenece.

9/9/12


RECORDANDO A JUAN MANUEL COTTA (6)
Por Chalo Agnelli

En octubre de 1992, con motivo de celebrar la Escuela Normal 80 años, la señora Blanca Cotta hizo esta evocación, como ex alumna y como hija de Juan Manuel Cotta, uno de sus directivos más preclaros que dio lustre a esa Casa de Estudios, hombre que honró a la docencia con su compromiso profesional y su calidad humana. 

En oportunidad que hicimos la biografía del maestro Cotta para el libro “Maestros y Escuelas de Quilmes”, [1] su nieta Graciela Skilton Cotta aportó, entre otros escritos e informes, este texto que EL QUILMERO reproduce como tributo a los maestros y docentes todos en este mes de homenajes. 

JUAN MANUEL COTTA: MI PADRE... 
Sra. Blanca Cotta 

Me siento ante ustedes una persona realmente privilegiada al poder com­partir una celebración tan importante y tener la oportunidad de rendir un homenaje a la memoria de mi padre. 

Estoy en la escuela nueva que él no llego a conocer... Dicen que "con ma­deros de recuerdos armamos las esperanzas". Me parece verlo en medio del patio grande, la cabellera muy blanca, las cejas pobladas y renegridas, la corbata moñito despeluzada y torcida, el sobretodo gris aclarado por el tiempo... con un brazo sujetando papeles y libros, siempre rodeado de alumnos. La escuela era para él un semillero de esperan­zas. Y sus alumnos, una promesa hecha al futuro... 

Tuve la suerte de tener un "papá Maestro" y “papá Poeta"... 

Un ser especial que nos enseñó desde chicos a valorar aún las cosas pe­queñísimas de nuestro mundo cotidiano, contemplar la naturaleza, amar la lectura, disfrutar de nuestra infancia y también aprender a mirar el cielo y conmovernos ante lo infinito e indescifrable. 

Quizás muchos de ustedes lo habrán tenido como Profesor o conocido como Director de esta Escuela. Entonces sabrán del amor que sentía por sus alumnos, la moral y rectitud que imponía, la fe que depositaba siempre en ellos y el orgullo que sentía cuando los veía progresar. Lejos del reproche, él siempre estaba dispuesto a estimular a todos, aún al más rezagado. Quien lo haya tenido como Profesor seguramente sonreirá al recordar, en alguna prueba escrita floja, haber descubierto al pie de la calificación, bajo la letra estiradita de papá, alentándolo con esta frase: "PERSEVERA Y TRIUNFARAS”... Consejo que reiteradas veces veremos asomar en su obra poética: “Piensa que todo, si te afanas, puedes; / ve que es útil la brizna y la montaña; / y recuerda que el odio no redime / sino el que lleno de idealismos, ama...” 

La docencia fue, para él, una auténtica vocación. Había nacido en Chivilcoy un 4 de diciembre de 1887. A los 5 años perdió a su padre. A tan corta edad entendió que abrirse camino no en la vida le seria muy difícil... 

Creció en el campo, trabajando a la par de los peones. Allí aprendió a amar la tierra y sus labores: arar, sembrar, recoger la cosecha, tender alambrados... y, por supuesto: mirar el cielo, contemplar las puestas de sol, amar los árboles, maravillarse contemplando la naturaleza... Pero era consciente, de que, aunque el campo le acercara sabiduría, para llegar era necesario instruirse. 

Desde muy chico hacía versos. El soñaba así su futuro: “Quiero ser, nada más. Y para ello / unzo mí yunta de ideal y marcho / y hundo la reja y piso las cizañas, / y con las aves de mi surco, canto.” 

Un día llegó al campo un diario de Chivilcoy y por él se enteró de que en dicha ciudad se fundaría una ESCUELA NORMAL. Por un momento su alegría se empañó pensando, avergonzado, que sus 17 años eran demasiados para inscri­birse en primer año... Pero su vocación fue tal que igualmente se presentó y tuvo la suerte que el director de entonces, el Profesor Mathus, lo estimulara e inscribirse. En esa escuela cristaliza su sueño anhelado y se recibe de MAESTRO. 

En la docencia se inicia con unas pocas horas de cátedra en la Escuela Normal de Dolores. Hasta que un día un amigo le ofrece la posibilidad de fundar una escuela primaria nacional regida por la Ley Lainez y ocuparse él sólo de la misma. Por supuesto que aceptó. Recién casado con mi madre, su amada Angelita, compañera inseparable, ambos comienzan un largo y sacrificado itinerario docente. 

El 16 de julio de 1911, se inaugura oficialmente en Dolores la Escuelita Nº 92. [2] Tenía que comenzar desde cero... Había que construir desde los bancos hasta los guardapolvos para los chicos; desde los pizarrones y borradores hasta ingeniarse para cortarle el pelo o las uñas a los alumnos más desprolijos. 

Próximo a la escuela alquiló un terreno para que los alumnos practicaran “huerta” y disfrutaran de la cosecha que recogían. 

Con medios sumamente precarios también se les enseñaba canto, trabajos manuales, labores, hasta se compró un telar. E1 primer trabajo que hicieron fue une bandera argentina. La escuelita creció, se le pidió al Ministerio una casa más grande y llegó el momento de bautizarla. Mi padre propuso el nombre de otro gran Maestro que lo había alentado en su voca­ción docente, el profesor José Benjamín Zubiaur.[3]

En 1923 lo trasladan a papá a Tandil para hacerse cargo de la Dirección de la Escuela Normal. Allí se entera de que a "su" escuelita le han cambiado el nombre por el de “Misiones”. Cosas oscuras de la política... Él degraciadamente no puede hacer nada. Pero los lugareños, casi como una lírica venganza, desde entonces comienzan a llamarla "la escuela de Cotta”... En la actualidad por resolución ministerial lleva su nombre oficialmente. 

Lo mismo que el Jardincito de la Ribera de Quilmes [4]... como la escuela Nº 27 [5]... En fin: “Dicen que el recuerdo es un poco de identidad”... [6]

De Tandil lo trasladan a La Pampa, para hacerse cargo de la dirección de la Escuela Normal de Santa Rosa. Para allá parte toda la familia: mamá, papá, Laura y Juan Ángel - mis hermanos mayores - y Roberto y yo, los mellizos que entonces tendríamos 2 años... 

De La Pampa lo trasladan a Quilmes para asumir la Dirección de la Escuela Normal, vacante por haberse acogido a los beneficios de la jubilación el director fundador, don José Sosa del Valle.

Podría pasarme la tarde entera evocando las horas pasadas en esta querida escuela, estudiando más que nunca por ser la hija del Director. A veces pienso que me recibí con medalla de oro (“dorada”... bah!) no por amor al estudio sino, simplemente, por amor a Papá; para hacerlo quedar bien y regalarle así una dosis de felicidad encubierta... Pero nadie se alarme. No voy a hablar más de mí. Voy a respetar celosa­mente los 10 minutos que me han acordado para esta evocación... 

Papá fue también un notable conferencista. Cierta vez, ese gran Maes­tro argentino que fuera don Pablo Pizzurno, leyendo una conferencia que había dado Papá en un centro educativo, le escribió estas concep­tuosas líneas: “Leyendo su eficiente disertación, se me ocurrió preguntarme, ¿Dónde, en qué institución, con qué profesor, en que ambiente se ha formado este maestro? Y me di la respuesta, casi seguro de no equivocarme: Este hombre es autodidacta. ¡hijo de sí mismo !”... 

La familia, la infancia y los jóvenes fueron siempre para él prioridad. Pero como ciudadano también le importaban los problemas que aquejaban a su país. Así lo expresa en este soneto escrito en 1955 y que nunca fue publicado - según él decía irónicamente: “por falta de espacio"...

Se titula: ¡ARRIBA JUVENTUD! 
Y dice así:

Es izquierdista el corazón y manda: / ¡arriba juventud, lozana y fuerte! / Que es mejor irse en brazos de la muerte / que ser el brazo de una acción nefanda. / ¡Libertad! ¡Libertad! es la demanda del que a la libertad jamás pervierte. / Moreno, Rivadavia o Almafuerte / junto a Jesús, exhortan: !YERGUETE!... ¡ANDA! / Está la Patria enferma de cinismo, / lucro, lujo y - ¡lo peor! - oscurantismo: / ayer como hoy sacrílego botín. / ¡Avanza, juventud, noble y serena / hacia el surco, la cátedra o la arena... / ¡Nos concitan Sarmiento y San Martín! 

¿Comprenden ahora mi orgullo? Papá poeta... papá Maestro... papá escritor... papá soñador... ¡para mí el mejor Papá del mundo!

Amaba la vida de hogar sencilla, sustentada por el amor de todos, sin estridencias ni ostentaciones. Si como Maestro fue luz que ayudó a alumbrar muchos caminos y alentó siempre a la juventud... como Padre fue ejemplo excepcional de honestidad, rectitud, comprensión, desinterés, sabiduría y amor sin límites. Nunca silenció sus sentimientos. Padre visionario. Padre luchador, Padre valiente, Padre ternura, que supo eternizar en esta poesía que me van a permitir leer, el culto que rindió siempre a la familia y al hogar; ese hogar donde crecimos en libertad y fuimos tan felices, quizás sin darnos cuenta entonces... 

¡DIOS TE LIBRE; 
Dios te libre, mujer 
de la casa sin ruidos, 
de la mesa sin manchas, 
del patio arregladito, 
de la sala en que yacen 
los juguetes dormidos! 
¡Dios te libre! Cuando eso 
se consigue, no hay niños; 
la vejez ha llegado, 
el ensueño ha partido, 
y en loa bronces que brillan 
y en los zócalos limpios, 
se pasea el recuerdo 
hecho sombra.¡Bendito 
el desorden que es Vida!... 
Ah, si un día, en silencio 
se quedara este nido 
y yo viera todo eso, 
clamaría al Altísimo: 
¿Para qué tener oro? 
¿Para qué haber vivido? 
¿Para qué el sol y el aire? 
¿Para qué tú, Dios mismo?... 
Juan Manuel Cotta 

Compilación Chalo Agnelli
Colaboración de la Sra. Graciela Skilton Cotta

NOTAS
[1] Ed Jarmat, Quilmes, 2004. 
[2] Hoy es la Escuela Nº 30 “Juan Manuel Cotta” que el año pasado cumplió 100 años. Hipolito Yrigoyen e/ Alem y Vucetich 152, Dolores. Pcia. de Buenos Aires. 
[3] José Benjamín Zubiaur (1856 -1921) fue un educador. Promotor del deporte, la educación física, y el olimpismo moderno. Fue uno de los trece integrantes originales del Comité Olímpico Internacional (COI). Fue rector del Colegio de Concepción del Uruguay y Director General de Escuelas de la Provincia de Corrientes. Luego de 1915 fue Director de Instrucción Pública del Ministerio de Educación. Se caracterizó por sus ideas pedagógicas renovadoras orientadas a ampliar la enseñanza a todos los sectores sociales, incorporando contenidos como la educación física, la educación industrial, las actividades prácticas, etc., así como modalidades como la escuela nocturna, las escuelas rurales, la educación conjunta de ambos sexos, etc. (http://es.wikipedia.org) 
[4] Jardín Nº 917, Marinero López 575, La Ribera. 
[5] E. P. Nº 27 San Luis 4016, Quilmes. 
[6] La Escuela Nº 24 de José C Paz también lleva el nombre Pedro Juan Manuel Cotta, esta ubicada en Matheu y Fragata Sarmiento de esa localidad de la provincia de Buenos Aires 

Publicado en el EL QUILMERO el 9/07/2012 
Véanse nuestras entradas de 8/8/11, 20/6/12, 27/6/12 y 28/6/12 en este blog.

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