27/10/12

Arte y archivo: ¿debe ser la exposición de documentos una de las reflexiones de la ciencia archivística?
Jorge Blasco Gallardo

Enunciado así la respuesta es clara: la archivística parece asegurar otros menesteres y aunque la difusión figura entre las preocupaciones de los archivos, archiveras y archiveros, no parece que sus funciones y su rigor deban traspasar la frontera de valorar si un documento está en condiciones de ser expuesto en todos los sentidos. Es decir, su tarea se debería mover en el territorio del trámite y gestión desde la objetividad.

La realidad, sin embargo, demuestra el creciente interés de los profesionales del archivo por la exposición dentro de una inquietud más amplia por la apertura de los archivos, su difusión y su puesta en contacto con el ciudadano en las sociedades contemporáneas, tanto en su sentido histórico como en su dimensión de garante de los derechos democráticos.

En ese sentido parece que el arte de los 90 en adelante se hubiera sumado a esa inquietud. Una inquietud que de diferentes formas viene de lejos. Arte y Archivo tienen una vieja relación, una producía obras, el otro -en sus diferentes formas a lo largo de la historia- documentaba todo lo que al arte se refería: desde los cuadros de gabinetes (que tanta información dan sobre que pinturas se agrupaban en colecciones y exposición temporales de maestros), inventarios, catálogos (en sentido estricto), libros de cuentas tanto de las instituciones como de los pintores (que distan mucho de la imagen romántica del despreocupado por el dinero) y así todo lo que nos pueda ocurrir en una práctica tan compleja y relacionada con el poder eclesiástico, monárquico y siguientes (no sé si esta evolución es muy acertada en el orden de sucesión de unos poderes que siempre andan conviviendo).

Así pues, de un modo un otro, siempre ha habido archivos de arte y documentos de arte. El siglo XX traerá una modalidad complicada para la archivística: el documento que es arte. En la era de la burocracia, qué mejor realismo que producir documentos. En siguientes artículos se tratará este particular giro que ha puesto en jaque a muchos de los museólogos del mundo al disolverse las fronteras entre documento y obra de arte y carecer de herramientas para afrontar esa situación. Hoy, en los archivos y museos de arte, ése es el reto.

Pero esto vendrá más adelante. Aquí se pretende “levantar acta” de la evolución de lo que se ha llamado “arte de Archivo” y su relación con los profesionales de la archivística, recurriendo a ciertas generalizaciones necesarias para tratar el tema y que seguro serán comprendidas como herramientas de indagación y no como ofensa.

Ese arte de Archivo se acercaba al Archivo, con mayúsculas y cursiva, después de todo un siglo que ha ido dando vueltas al concepto y que culmina con trabajos de autores como Foucault, Derrida, etc. en el campo más filosófico pero de gran difusión. La práctica artística se orienta hacia ese potente y a la vez aplastante concepto con fascinación y terror. Todo ello llevará a una catarata de representaciones de la idea de Archivo y, a su vez, a un rechazo del sector archivero que cree ver la compleja estructura de la archivística y sus principios banalizada en el museo de paredes blancas.

Pocos son los artistas, lo iremos viendo en siguientes artículos, que realmente hincan el diente a la realidad del Archivo como sublime modo de entender el mundo en su gestión de información y, a la vez, a la importancia de los archivos en la realidad más inmediata. Eso si, en ese intento de representación del Archivo surgirán visualizaciones de grupos de documentos de las que hay mucho que aprender a la hora de que la archivística encuentre su propio espacio en sus salas de exposición.

La forma en que estos “artistas del Archivo” expondrán esos artefactos discursivos, poco a poco, ira seduciendo al mayor de nuestros enemigos: el ojo. Se convertirán en plásticos, bellos, cuando menos atractivos, e irán restando la capacidad de crítica y discusión que esos aciertos en forma de obra podían haber propiciado, al menos en mayor medida. Una ocasión perdida, la discusión en torno a la representación desaparece y las migajas de ese sublime Archivo se convierten en moda y si bien no es del todo cierto que no haya provocado excelentes reflexiones, en el público en general se convertirán en una costumbre de la mirada hacia cataratas de obras de Archivo, lo cual no deja de ser otro golpe de realismo neurótico.

Pero entre los seducidos también se encuentran archiveras y archiveros que comienzan a ver en esas visualizaciones buenos ejemplos de difusión de la importancia del archivo en la sociedad.

En siguientes artículos se irá desgranando el problema, pero hoy que casi todos los archivos tienen una sala de exposiciones, cabe preguntarse que tipo de exhibiciones deben albergar ¿Por qué se parecen tanto a las de los museos o a las curadas por un historiador? ¿Por qué cuando se pasa a la visualización de archivos parte de los archiveros se olvida su profesión y actúan como lo haría un comisario de, por ejemplo, fotografía? ¿No es la archivística una ciencia en si misma que puede mostrar sus propios conceptos, su forma de entender la información, el espacio, el mundo en definitiva?¿Puede haber comisarios archiveros, al igual que los hay historiadores, pero no haciendo de historiadores?

Un pequeño archivo personal de poquísimos metros lineales sacado al muro respetando la organización original se convierte en un viaje al interior de “algo” sin necesidad de tener otro “tema” que la archivistica en sí misma y su capacidad para organizar y representar el mundo.

Seguiremos.
Jorge Blasco Gallardo - www.amateurarchivist.net 
(Artículo publicado en ARCHIVAMOS 01 2012, revista mensual de ACAL) (versión no editada ni corregida) - www.acal.es

Fuentes: http://www.amateurarchivist.net/ephimerida/?p=618 Published: oct 11th, 2012
http://2.bp.blogspot.com/_-V3VAS0ocOU/SxdsibRTKTI/AAAAAAAABAc/sv8A-Eqw3Hw/s320/archivero.gif

Gracias a la Archiv. Vilma Castro (Uruguay)

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