31/1/12

ANTES DE LA ESCUELA NORMAL (2)

Carmen Faggiano [1]
Rita Faggiano de López y José A. López

Texto, entrevistas e investigación Prof. Chalo Agnelli 
Docente, escritor e historiador

Hubo maestros que, aunque desarrollaron por un breve tiempo su tarea en el partido de Quilmes, honda fue la huella que dejaron y fue entre su gente que adquirieron las cualidades y calidades que luego desarrollaron en aulas de otros rincones del país.


Carmen Faggiano nació San Carlos, departamento de Maldonado, en la Banda Oriental el 29 de febrero de 1860, en el hogar de Nicolás y de Peregrina Deucrose, ambos uruguayos de origen genovés. Sus padres pertenecía al grupo de familias que emigraron a Buenos Aires, pero al llegar al Río de la Plata se encontraron con el bloqueo anglo-francés y se establecieron en Montevideo. Tres años después nació su hermana Rita. Concluido el injusto cerco cruzaron a Buenos Aires y se establecieron en Quilmes que recién estaba creciendo y transformándose. Aquí, en 1868, nació Ramón el menor de los Faggiano-Deucrose.

Desde muy joven comenzó a despuntar la vocación educativa de Carmen. A los seis años aprendió las primeras letras en la escuela Normal de Profesores de la Capital y en 1874 se recibió de maestra, tenía tan solo 14 años. Por su corta edad sus padres no le permitieron trabajar, entonces resolvió continuar sus estudios y el 25 de diciembre de 1877 se recibió de Profesora Normal. Su diploma fue firmado por Domingo Faustino Sarmiento que era, a la sazón, presidente del Consejo de Educación de la Provincia de Buenos Aires.

Cinco meses después, a fines de mayo de 1878, comenzó su misión junto a su hermana Rita, en la escuela elemental “Ítalo-Argentina” que dirigió don Enrique Traversi, creada por la recientemente fundada Sdad. Italiana Cristóforo Colombo en 1878 . [2]

Luego de la disputa que la maestra Dionisia Benítez tuvo con el Consejo escolar se hizo cargo de la escuela que ella regenteaba. [3] Por cierto que las condiciones no eran las mejores y la tarea fue ardua, pero sin tregua.

El puesto se lo dieron a su pedido y se le comunicó por medio de la siguiente nota:

“Quilmes, Mayo 23/1878.- A la Señorita Carmen Faggiano – El Consejo que presido, ha tomado en consideración la solicitud de Ud. pidiendo ser nombrada Preceptora de la Escuela Elemental de Niñas, antes a cargo de la Sta. Benítez, y ha resuelto acceder a su petición, quedando Ud. nombrada Preceptora de dicha Escuela – (Hay un sello que dice: Consejo Escolar de Quilmes).

A fin de año los alumnos de Carmen examinados por los Consejeros Escolares hicieron un papel destacable, parangonando a los de las señoritas Rivero y del preceptor Bernabé Iriarte.

Fue asidua concurrente a las reuniones que el Dr. Wilde realizaba en su domicilio para actualizar a los maestros en el uso de su Silabario Argentino y en el Compendio de Higiene Pública y Privada.

También ejerció el magisterio, junto a su hermana, en la escuelita de la Srta. Icely que desde 1876 funcionaba en la esquina NO de las calles 3 y 20, frente al Lawn Tennis (actualmente Libertad y Olavaria); casa de la familia Báfico. En 1880 se casa con Miguel Báfico y después de unos pocos años se establecen en la Capital, abandonando circunstancialmente la docencia. Comenzando la última década del siglo XIX, su esposo debe trasladarse por asuntos laborales, a la ciudad Rosario, provincia de Santa Fe.

También se supone que se alejaron de Quilmes por el problema que se suscitó a raíz de la intermediación que la municipalidad le hace a Báfico, en 1882, para comprar un reloj para la torre oeste de la iglesia parroquial, según una moción del municipal Alejandro Lassalle el una sesión de los municipales del 10 de marzo de 1881. La compra se hace a la Relojería Mecánica Argentina del Víctor Chiabrando (calle Cuyo 57) que había instalado el reloj del Cabildo de Buenos Aires. Esto derivó en una serie de acusaciones entre el director de El Quilmero y la municipalidad por gastos extemporáneos que perjudicaron el prestigio del agente. [4]

En varias oportunidades Carmen Faggiano intentó que se designara oficialmente a su hermana Rita que no percibía retribución alguna, pero no lo logró y, sobrecargada de alumnos, optó por renunciar a su cargo el 27 de abril de 1880 y meses después contrajo enlace con Miguel Báfico. A su pedido el Consejo de Educación de Quilmes con fecha 17 de marzo de 1884 le entregó este certificado:

Quilmes, Marzo 17/884.- A solicitud de la señora Carmen F. de Bafico, este Consejo le expide el siguiente informe: Conste, que la solicitante entró a regentear la Escuela Nº 2 de Niñas de este Distrito el día 23 de Mayo del año 1878; y que cesó en sus funciones el día 27 de abril del año 1880, por renuncia que hizo con motivo de tomar estado y retirarse de esta localidad – Conste también que su conducta, contracción e idoneidad, fueron inmejorables durante su permanencia al frente de dicho establecimiento.- Saluda a Ud. – Juan Iturralde- J. E. Echeverría, Secretario”. (Hay un sello que dice: Consejo Escolar de Quilmes)

Carmen y su esposo se trasladaron a Rosario donde ella hizo una comprometida carrera en el magisterio que mereció el reconocimiento de gran parte de la comunidad rosarina, que, en 1937, a poco de su muerte, publicó un libro referido a su trayectoria docente, titulado “Carmen Faggiano de Bafico. Su vida y obra”, para lo cual se creó una comisión pro-homenaje y una comisión de biografía integrada por Ana Tula, Juan A. Cabanillas y Teófilo Segovia.

En marzo de 1896, Carmen reinicia su labor educativa en Rosario, como directora-maestra en la escuela de varones Nº 9. Trabajó en Rosario 36 años, once meses y 25 días. Murió en esa ciudad en 1937.

Carmen era hermana mayor de Rita Martina Faggiano de López, esposa de José Andrés López;este último diputado provincial por el partido autonomista, intendente quilmeño, Juez de Menores, secretario del Concejo Deliberante, Secretario Municipal, Comandante Militar, miembro de la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos, Síndico Municipal, fundador de varios periódicos y elector para gobernador y vice en varias ocasiones.

Sin ser docente, José Andrés López fue educador desde su rol de vecino preocupado y ocupado por la educación de su comunidad. Integró el Consejo Escolar y lo hizo como presidente, secretario y consejero; dignificó el servicio; promovió la creación del Registro Civil y en 1904 la refundación de la Biblioteca Pública (hoy municipal Domingo F. Sarmiento), haciendo renacer la institución cuyo origen se debe a la prédica y estímulo de la docente Juana Paula Manso, la Inspectora de Escuelas, mano derecha de Sarmiento que visitó Quilmes en 1868 y a la labor persistente del Dr. José Antonio Wilde en su sostenimiento y al mismo López que el 25 de julio de 1886 como presidente del HCD presentó un proyecto de “Reglamento y organización de la biblioteca”, constaba de 28 artículos.

El 6 de junio de 1904 presentó al Concejo Deliberante un informe mediante el cual sugería construir en el predio municipal que se halla en la esquina de Alem y Mitre un edificio para instalar la Biblioteca. El mismo que aún hoy la alberga. López trabajó arduamente para su conservación y crecimiento. El 7 de diciembre se presentó una ordenanza municipalizando la biblioteca. El nuevo edificio se inaugura en febrero de 1910.

Por el renombre adquirido en la tarea educativa y cultural se designó a José Andrés López Consejero de Educación de la Provincia.

Rita al igual que el que sería su esposo escribió notas en los periódicos de la época con el seudónimo Zepolina. En el Nº 69 de “El Quilmero” del domingo 30 de julio de 1876, con ese seudónimo y el título “La educación de la mujer”, se publicó un artículo suyo de avanzada, considerando que en esa época la mujer tenía un papel bastante lateral. 

Otras versiones afirman que los artículos así suscriptos eran de su hermana Carmen, pues era una mujer muy dotada intelectualmente, pero de ser así no hubiera empleado ese seudónimo que derivaba de Zepol (López al revés) que en ese momento sería el futuro apellido de casada de su hermana, sumándosele a esta suposición que ella ya estaba prometida con Miguel Bafico. En ese caso, de ser un artículo escrito por Carmen Faggiano, hubiera firmado Ocifab.

Esta nota suscitó inquietudes, entre las mujeres que se escandalizaron y entre los varones, que acusaron a la autora de que en realidad era autor y no era Zepolina sino Zepolino, lo que fue defendido por ella y negado por él en otras notas. Pero, lo más certero, es que la nota haya sido elaborada por las hermanas Faggiano, en comunión de ideas y contando con el estímulo de José Andrés.

En esos años en que la mujer no trabajaba fuera de su casa ni salía sola ni existían lugares donde ambos sexos pudieran socializar con soltura, los noviazgos se iniciaban por acuerdos de familia – por esa causa había tantos casamientos con primos o parientes – con vecinos, conocidos, por medio de miradas furtivas y esquelas entregadas por celestinas a la salida de misa o en la retreta de los domingos – cuando la plaza principal del pueblo se acondicionó gracias a la tarea del juez de paz y presidente de la municipalidad don Tomás Giráldez -, también en los pocos bailes que se hacían en el salón municipal. Y, por supuesto, mediante “las cédulas de San Juan”. Un juego de relaciones mediante el cual y sin compromiso de ningún tipo se hacían declaraciones escritas en verso o con frase sugerentes o mediante acrósticos; algunas directas, otras soslayando al destinatario, pero todas sin firma. Los varones lo hacían por su lado y las mujeres por el suyo y luego se leían en un encuentro social o en reuniones especialmente concretadas con ese fin en las casas de familias, iniciándose así los vínculos o no, si alguno de los destinatarios no estaba interesado en el remitente. Luego se comenzaron a publicar en los diarios. Así comenzó José Andrés a festejar a la joven Rita Martina en 1978. En el Eco de Quilmes del domingo 9 de febrero de 1879, en la crónica de un baile realizado se describe a las jóvenes presentes y pinta a Rita Faggiano en un estilo meloso desde nuestro perspectiva, pero corriente en esa época:

“…hermoso pimpollo, bella como el sueño de los ángeles, fresca como una rosa al despertar de la mañana cuyos hermosos ojos azules como el firmamento se fijan con amor en el afortunado Zepol [...] lleva el nombre de la abogada de los imposible. Luego ¿Se llama Rita? Sí, Rita Faggiano.”

Indudablemente que fue el mismo José Andrés que escribió este elogio y declaración al mismo tiempo. Se casaron en 1880 y al año nació Rita Ana la mayor de sus cuatro hijos. Juntos continuaron desarrollando una vida social muy activa. Sus nombres aparecen en todos los actos comunitarios, políticos, festejos, duelos, fundaciones. En 1886, Rita integró como vocal la Comisión administradora del hospital Santa Rosa, precursor del actual Hospital Isidoro Iriarte de Quilmes.

Su casa, que ocupaba media manzana, se transformó en un punto de encuentro muy renombrado. Todos los domingos por la mañana, preferiblemente desde setiembre a mayo indefectiblemente y en invierno con menor asiduidad, se realizaban reuniones donde asistían familias enteras y de todas las condiciones sociales. Los hombres hacían grupos en los jardines, las mujeres en la sala y lo niños permanecían jugando vigilados en uno de los patios. Se servían empanadas, pasteles, buñuelos, todo casero y algunas golosinas de la confitería de Cástor Meals, con vinos de la costa y limonada para los más pequeños.


ZEPOLINA

Indudablemente la familia Faggiano tenían inquietudes intelectuales sin prejuicios ni preconceptos, de otro modo no hubieran fomentado en su hija una forma de pensamiento autónomo, en una época en que la mujer con inquietudes intelectuales o con decisión propia era estigmatizada, como lo fueron, mucho antes, Camila O`Gorman, Juana Manuela Gorriti, Juana Paula Manso; también María Sánchez de Thompson y Mandeville; en menor virulencia, pues esta mujer tuvo la contención su gran fortuna, y el dinero siempre fue una tarjeta de cambio imprescindible para saltar cualquier norma o costumbre y ver a los transgresores con benevolencia. Encambio en este texto que se transcribe, se pueden apreciar las lecturas a las que tenían acceso Rita y Carmen y se puede conjeturar que conocían la obra feminista de la educadora Juana P. Manso y, quizá, la de las mentoras de esta: la cubana Gertrudis de Avellaneda, la brasileña Nisia Floresta, las estadounidenses Harriet Beecher Stowe, Lidia M. Child y Margaret Fuller y la francesa Flora Tristán.

Nº 69 de “El Quilmero” del domingo 30 de julio de 1876. Columna SECCIÓN FAMILIAR.

“LA EDUCACIÓN DE LA MUJER” “Artículo preliminar. La educación es un precioso elemento que no debe descuidarse y que generalmente produce buenos resultados, pero no basta la buena educación práctica es necesario una gran inteligencia en los padres para comprender las propensiones naturales de sus hijos, y hacer de modo que encuentren si es posible que encuentren la menor cantidad de obstáculos graves en sus caminos.” (firma) Fernández Y González. (Luna de mil y luna de hiel)

“¡Oh genio sublime que inspiraste a Madame Stäel su preciosa ‘Corinna,’ a Faustina Sáez de Melcart su ‘Cigarrera de Madrid’ y su ‘Pastora del Gudiela’ y a nuestra ilustre compatriota Juana María (Manuel) Gorriti, esas brillantes páginas del corazón que llevan el significativo título de ‘Sueños y Realidades’, inspirad un instante a esta humilde debutante, dadle una chispa siquiera del ingenio que con prodiga mano derramaste sobre una Avellaneda Sant, Sinués de Marco, Manso (Juana Paula) y otras mil célebres escritoras cuyas obras son las más excelentes pruebas de lo que produce el cultivo de la inteligencia femenil; guiad mi pluma para que me sea posible dar forma a las mil ideas que bullen en desorden en mi imaginación, pues sin vuestra ayuda no me será dado dar cima a este modesto artículo!

Colocado bajo vuestra poderosa égida. Me siento fuerte y empiezo: ¡La educación de la mujer! He aquí un interesante tema sobre el [...] y un epígrafe bajo el cual [...] y sin embargo estos precedentes no me arredran y escribiré bajo el mismo epígrafe, cosa en verdad bien fácil y sobre el mismo tema, cosa para mí harto difícil.

¿Qué puede escribir una pobre niña cuya limitada educación apenas sí le permite grabar su nombre y esto en ilegibles caracteres? Por ventura a la mujer no se le considera entre nosotros susceptible recibir con aprovechamiento una completa, esmerada y sólida educación ni se le concede el tiempo material para obtenerla.

El hombre empieza a alimentar su espíritu con el inapreciable pan de la inteligencia cuando aún no cuenta siete años y continúa gradualmente sus estudios hasta haber cumplido 24 ó 25 y hasta 30 y 35, los que se dedican a ciertas carreras como la ingeniería, la medicina, etc., etc.

Dirigid en cambio la vista a nuestros Colegios y decidme si ves allí una niña que cuente siquiera trece años; ¿Dónde están – preguntaréis - las tiernas niñas que vestidas de corto ocupaban aún ayer las bancas de este Colegio? ¿Queréis verlas? Penetrad por un momento a los brillantes salones de nuestra centros sociales, al Progreso, Los Negros o El Argentino, vedlas allí rebozando candor y belleza, ser la envidia de las solteronas, el orgullo de la madres, la admiración de los inexpertos pollos, y el tema de la conversación de los Tenorios ¡¡Pobres pimpollos cuyo cáliz apenas se entreabre para recibir la vivificante y apacible aura matinal y ya la envenenada atmósfera de nuestra corrompida sociedad, tiende a marchitarlo!! Sus castos oídos acaban de escuchar la palabra amor, a cuyo mágico su inocente corazón palpita a impulso de mil extrañas y agradables emociones cuyo platónico goce experimenta por primera vez; desde aquel momento sus ocupaciones predilectas serán el ‘toilette’ en el que se pondrá un especial cuidado, la música a la que se dedica con pasión y la lectura de alguna novela frívola cuyo fondo ni instruye ni moraliza, pero cuya forma basta por si sola para hacer germinar en el corazón de la cándida niña mil prematuras pasiones; su educación social irá ganando mucho en brillo a medida que perderá en solidez lo que a costa de tantos desvelos adquirió en el Colegio; para ella el máximun del saber está reducido a un ‘ária de Meyerbeer’ o de un ‘dúo de Donizetti’

¡No hay duda que el buen ejemplo de los padres puede hacer de estas niñas excelentes hijas, cariñosas madres y virtuosas esposas, pero jamás inteligentes mujeres!

Las dos únicas escuelas Normales que poseemos no responderán al objeto de su institución si antes la sociedad no concede a la mujer un asiento en el banquete de la inteligencia y si los padres cambiando de táctica no piensan antes que en proporcionales un estado, darle una educación tan sólida como brillante.

Alguien ha dicho que para sacar al pueblo del estado de atraso en que yace sumergido es necesario empezar por educar a la mujer. No seamos sordos a esta gran verdad y empecemos por hacerla práctica. La niña puede sin abandonar las bancas del Colegio, sin arrojar sus labores para cuidar de su toilette, asistir al banquete de la sociedad y disfrutar de los amenos ratos que ellas nos proporciona y contribuirán a hacer más agradable el pan de la inteligencia que irá a saborear al siguiente día en el Colegio. ¿Por qué razón, pues, sociedad rutinaria, exclamáis escandalizada ¡qué vergüenza! cuando veis a una niña, cuyo desarrollo físico denuncia a la mujer, franquear cotidianamente las puertas del santuario del saber y tu, juventud corrompida, por qué en vez de descubriros os lanzáis al terreno del repugnantes comentarios cuando la veis salir de ese venerable recinto llevando en su mano sin ruborizarse la canastilla de sus labores, para continuar en su casa la obra empezada en el Colegio?

No creáis lectoras mías que la que en estas líneas escribe es una matrona cuya experiencia y conocimientos sociales la autorizan a hablaros en la forma que yo lo hago. No amigas mías, soy muy niña aún y estas circunstancias me hará ser quizá demasiado severa o muy indulgente con una sociedad a la que apenas conozco, amén de los muchos errores en que me harán incurrir mis mezquinas dotes intelectuales.

Ardua tarea es en verdad para un pobre ingenio como el mío elegir por temas de sus producciones: el hogar, la madre, la hija, al esposa, etc. Después que con tanto éxito lo ha hecho la adorada pluma de la escritora española María del Pilar de Marco. ¿Qué podré deciros sin repetir muchas de sus palabras y más de uno de sus conceptos? Sin embargo, contando de antemano con vuestra indulgencia y esperando que la reconocida galantería del señor Redactor no me negará un espacio en las columnas de su Sección Familiar os cumplirá su promesa cuando sus ocupaciones se lo permitan.” Zepolina.

BELLEZAS:

Entre 1875 y 1885 por los periódicos de la época podemos establecer quiénes eran las bellezas femeninas más sobresalientes del pueblo de Quilmes, tomando como parámetro la cantidad de veces que se las nombra en diversas notas, noticias y gacetillas. Ellas serían: Carmen y Ma. Luisa Campero, María Casavalle, Rita y Carmen Faggiano, Emilia Fernández Villanueva, [5] Dolores Páez, Srtas. Matallana, María Solla, Flora del Valle.

NOTAS:

[1] Obtenido de “Carmen Faggiano de Bafico – su vida y obra” Realizado por Tula, Ana; Cabanillas Juan A. y Segovia, Teófilo. Rosario, 1937. Documento facilitado al autor por el Sr. Eduardo López, hijo del Int. José Eduardo López y sobrino nieto de la biografiada.
[2] “El Quilmero”, 22 de agosto de 1878. Ver “La Sociedad Italiana y la Educación”.
[3] ARTÍCULO EN EL ECO DE QUILMES
3/1/1879. MUY MAL. “El 6 de diciembre último la inspectora señora de Solla dirigió al Consejo una nota en la que pedía que este hiciera efectiva, como lo había solicitado antes, la entrega de dos obras de labor que las ex preceptoras Benítez retenían indebidamente en su poder desde antes del 8 de diciembre pues tenía necesidad de ellas para ponerlas en la rifa que de las obras escolares debía empezar ese día. El Consejo como no ignoran los lectores no se reunió desde esa fecha hasta el viernes de la semana anterior, no pudiendo por tanto atender a la justa solicitud de la señora.
La Inspectora … en el último párrafo decía renunciaba indeclinablemente al puesto de inspectora si el Consejo en el plazo determinado no atendía su solicitud. Pues bien, el viernes el Consejo lejos de atender a la solicitud de la inspectora acordó aceptarle su renuncia dándole las gracias por sus servicios. Ya pueden los señores consejeros echarse a nadar en solicitudes de inspectoras que se presten a hacer tan pobre papel que estamos seguros no las hallaran. Los señores consejeros parece hasta han olvidado el ser galantes ya que no justos.”
[4] “El Quilmero” julio de 1882.
[5] Hermana del médico y pintor Julio Fernández Villanueva, muerto en la revolución del 90 atendiendo a los heridos.

Conferencia dictada el 10 de mayo de 2007 en Casa de Arte Doña Rosa.
Agnelli, Chalo. “Maestros y Escuelas de Quilmes”, Quilmes, Jarmat. 2004.
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