11/5/13

CLADY MARTA FERNÁNDEZ DE GARAY, "KINGA"
ESCUELA Nº 1 - 150 AÑOS 

MAESTRA QUE CONTRIBUYÓ 20 AÑOS EN LA HISTORIA FORMADORA DE ESTA INSTITUCIÓN QUILMEÑA
Prof. Chalo Agnelli


Se lió durante décadas conceptos como sacrificio, abnegación, altruismo... el magisterio primario. Hasta se desgajó la frase “segunda madre”... hoy sabemos muy bien, gracias a los aportes de la psicología, al racionalismo lógico, que la confusión de roles no resulta conducente para la formación integral del niño. El educador tiene que tener compromiso, responsabilidad y pasión hacia el objeto y el sujeto del aprendizaje, debe estar constante capacitación y perfeccionamiento, por respeto a sí mismo y al educando que sólo y preferentemente devuelve respeto y afecto al que realmente demuestra “saber”. En fin, la pasión por educar es inherente al amor y el amor es una confluencia de emociones e ideas.

Pero, por supuesto, que todas estas acciones, funciones, sensaciones deben ser equitativas con ingresos dignos que den al educador, no sólo la paz de espíritu, sino también la energía que le permitan ejercer su profesión sin alteraciones ajenas a la tarea propiamente dicha.


UNA MAESTRA,UNA ESCUELA 

Quizá, es demasiado extenso este primer párrafo para iniciar esta historia de vida de una maestra que transcurrió 20 de los 150 años de historia que cumple este 2013, la escuela Nº 1 de Quilmes, fundada un 25 de Mayo de 1863. Pero si extenso, necesario, pues describe en sus últimas apreciaciones lo que la señora Clady Marta Fernández de Garay fue en su magisterio.

Nació en Quilmes el 13 de febrero de 1933, fue la menor de los cuatro hijos de don Antonio Fernández, un asturiano que tuvo una casa de artículos de electricidad en la calle Rivadavia, y doña Emilia Hernandorena, argentina de origen vasco. Siempre la llamaron “Kinga” apodo que le puso su padre y viene de “reina”; el asturiano supuso que si rey era “king” reina debería ser “kinga”. Hizo el femenino agregando una “a” como lo haríamos en español.

En 1946, terminó la escuela primaria en el departamento de aplicación de la Escuela Normal. Tuvo la oportunidad de conocer, en sus últimos años de desempeño, al director-fundadoradon José Sosa del Valle, y luego a notable educador que fue Juan Manuel Pedro Cotta, quien en una oportunidad, tras la muerte del segundo hermano de Clady, de fiebre reumática, le obsequió a la niña como acompañando la pena, un libro de su autoría, que Clady aún atesora con afecto.

Fueron algunos de sus compañeros de la escuela primaria: Matilde M. Ricagno, Marta S. Rosso Altube, Mábel G. Bucich March, Carmen E. Valdez, Norma Hebe Girón, Juan Francisco Arbert, Juan Luis Biotti, Luis A Cartasegna, Antonio Edreira, José A Iglesias, Osvaldo Malatesta, Clementina C. Fornabaio, Felisa E. Lenguas y otros que, como Clady, también involucraron sus vidas a la educación. Ella sin titubeos supo que su misión era el aula.

También en la Escuela Normal cursó hasta 3º años del secundario y 4º y 5º año del magisterio en el Colegio San José de donde egresó en 1952.

Por esos años no era fácil obtener un cargo ya que aún el partido de Quilmes no había equiparado el crecimiento demográfico producido por la cantidad de empresas que se crearon y se asentaron en el distrito establecimientos educativos suficientes para la formación de los hijos de las nuevas familias radicadas en la zona, atraídas por las nuevas fuentes de trabajo.

De todos modos Kinga, apodo que le puso su padre y por el cual es reconocida por todos sus alumnos y amigos, quería trabajar, si no era en el magisterio en un empleo que le dé cierta autonomía, así fue que, mientras estudiaba ciencias biológicas en La Plata, entró en la administración del Sanatorio Alvear, ubicado, en aquel entonces, en la calle Alvear entre Videla y 9 de Julio.

Fue allí donde circunstancialmente conoció a una mujer que estaba empleada en la Fundación Eva Perón. La señora henchida de gozo por su abuelazgo y agradecida por la atención brindada a su hija y a su flamante nieta, se interesó por Marta quien la puso al tanto de su esperanza de ejercer la docencia primaria. La reciente abuela le dijo que la tendría en cuenta, en la medida de sus posibilidades, pues había un plan de apertura de nuevos establecimientos escolares en la provincia.

Así fue como inesperadamente en 1953, le llegó un nombramiento para la escuela rural Nº 58 de Pereyra – que aún pertenecía al distrito Quilmes –, creada recientemente como parte de lo que fue el Primer Plan Quinquenal que fundó otras escuelas en la zonas, como la Nº 59 en el barrio San Juan y la Nº 60 en Villa Mitre también de la localidad de Berazategui. [1]

En esos años los caminos no eran como los actuales ¡Cuando los había! No existían autopistas ni nada que se aproxime. El micro dejaba a Clady y a sus compañeras en el camino Centenario y un carro, aún con días de lluvia y caminos lodosos, las aguardaban para conducirlas a la escuelita en ciernes. Ubicada en terrenos que habían pertenecido a la estancia San Juan de los Pereyra Iraola. Los niños que concurrían eran hijos de peones y chacareros, inmigrantes muchos de ellos, de la zona. No fueron pocas las dificultades, pero hasta hoy a la señora de Garay le brillan los ojos reviviendo aquellas felices jornadas. 

ESTADOS UNIDOS


Poco después Clady se casó con Mariano Garay Maturana, hijo de Mariano y de Gloria Maturana, nacido el 11 de septiembre de 1928, en el ceno de dos añejas familias quilmeñas; su tía Josefina Maturana estaba casada con el senador Manuel V. Huisi. Kinga y Mariano vivieron en la casa de esta tía en la calle Rivadavia y Belgrano. Entre los Garay hubo una larga nómina de educadores.

Mariano se recibió de doctor en medicina en la Universidad de La Plata, y le surgió la oportunidad de hacer la especialización en ginecología y obstetricia en Detroit, la ciudad más grande del estado de Michigan, EEUU. Allá fueron y allá nacieron sus dos hijos mayores, Esteban y Diego. En Colorado, Mariano hizo la segunda residencia. Luego la vida – y quizá también el tradicional designio quilmeño del “mal del sauce” - los trajo de regreso al pueblo natal y en Quilmes llegaron al mundo dos varones más, Andrés y Mariano. 



SIEMPRE LA Nº 1 
Marta, aún con cuatro hijos, ansiosa de retomar la enseñanza, en 1963 regresó a la docencia para una suplencia en la escuela Nº 1, exactamente en el año de su Centenario, con la portentosa movilización que significó ese aniversario para Quilmes, cuando la escuela involucró a toda la comunidad. Era directora la imperecedera doña Lia Giordano de Campelo, [2] quien estuvo frente del establecimiento desde 1955 hasta 1971 que con su adustez de eximia conductora fue un hito humano que prestigió la Escuela. A la Sra. de Campelo la sucedieron en el cargo Marta S. Balaguer de Cabillón, Irene Acosta, interina, Norma Hurrell de Arbert y vice Felisa Romero de Parodi.

Culminó la suplencia y después de ese extraordinario reinicio, Candy pasó a la escuela Nº 61 de Villa Alcira, en Bernal, era directora la señora Nelly Lombardo Cichero de Tumini, luego sustituida por Magdalena Ferro.

Pero su destino era la Nº 1 donde retornó a cargo de un grado del primer ciclo y pocos años después, y hasta el fin de su carrera en 1984, estuvo al frente de 6º y 7º, de donde despidió con la formación básica para la vida a centenares de jóvenes.

Destino providencial en la historia familiar de esta maestra pues uno de los artífices paradigmáticos, que lograron que Quilmes tuviera un edificio de Escuela Nº 1, acorde con la tradición de un pueblo centenaria fue el jurisconsulto Ángel Garay Hornos, abuelo de su esposo que fue comisionado municipal desde el 19 de junio de 1906 hasta el 15 de abril de 1907 y como nunca olvidó a su escuela elemental, cuando fue designado Director General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires, se propuso levantar un edificio adecuado al crecimiento demográfico que estaba cobrando el pueblo. Contó con el amplio apoyo de la comunidad y una vez concretados los aprestos burocráticos y la inclusión de los fondos necesarios en el presupuesto provincial, en 1908 se comenzó la obra que se concluyo en el Centenario de la Revolución de Mayo.

Personal de la Escuela Nº 1 en el año del Centenario, 1963

Dos de los hijos de Kinga, Andrés y Mariano, fueron alumnos de esta escuela, incluso este último tuvo como maestra a su propia madre lo que le significó indiscutiblemente mayor rendimiento para que quede demostrado que no había parcialidades. 

Además de la jornada semanal, junto a su colega Marina Vidal de Russo en matemática y ella en lengua preparaba fuera de horario escolar o los días sábados, para el ingreso a la Escuela Normal que por esos años era muy exigente.

Realizó más de 15 viajes de fin de curso con las debidas autorizaciones de los padres. Los primeros, los hizo con su grupo de alumnos y luego se sumó la otra sección del 7º. El paseo inaugural fue a Córdoba, acompañada por su madre y por Andrés su tercer hijo, una excusión un tanto intempestiva pues nevó de tal manera que debieron anticipar el regreso. Año tras año visitaron: Rosario, Cataratas, la Ruinas de San Ignacio, Brasil, Paraguay. Este último viaje fue organizado por la señora Margarita P. de Imperiale. Fueron acompañados por madres, padres y ex alumnos; momentos de aprendizaje, auspiciosos, donde se fomentaba la solidaridad, la camaradería, la actitud fraterna, el respeto mutuo. Nunca padeció un incidente serio, salvo circunstancias propias de niños que jamás habían salido de Quilmes, como aquel niño que sobrepasado emocionalmente por la experiencia que estaba transitando no podía orinar como reacción física a lo emotivo; pues a esas salidas iban todos, aún lo que no podían pagar; familias, con menores recursos, de la Ribera enviaban sus hijos a la Nº 1. Para éstos, con un sentimiento ecuánime, se juntaban los fondos con rifas, venta de tortas y golosinas hechas por madres o los mismos niños; se hacían festivales artísticos donde participaban todos los alumnos y, además, contaban con el altruismo de la comunidad y de la cooperadora “Juan Ithuralde”, que por esos años cumplía una misión extraordinaria dirigida por el señor Jacobo Alfie, acompañado por los señores Juan C. Pollini, Horacio Cichero, la señora Lía Mancedo de Ocampo, Juan Carlos Albaytero, Jaime N. Jacobs, entre otros; que se ocupaba de la copa de leche con lácteos de Bonafide y facturas de la panadería-confitería La Paloma de la calle Rivadavia.

Egresados 1972 

Todavía no había surgido la intemperancia de los padres ante la menor reprimenda del docente, ni la sobrecarga que cayó sobre el docente con proyectos antipedagógicos y extemporáneos, exportados por el neoliberalismo ni la prevención del Sistema Educativo ante las demandas legales de las familias ni la exacerbación que luego empezaron a hacer los medios de prensa y comunicación social por la nimia situación que pueda alterar circunstancialmente la vida escolar como puede acontecer en cualquier otra institución todas circunstancias que acabaron con las clases-paseo y las salidas de fin de curso institucionales.


A Kinga le tocó leer la despedida a la señora directora Lia Campelo, en el festejo organizado por las docentes con motivo de su jubilación, después de casi, 20 años al frente de la Escuela Nº 1

EL PRESENTE
Muchos de los que fueron alumnos de Kinga Fernández de Garay hoy son comerciantes, industriales, profesionales, educadores, artistas, hombres y mujeres de bien, padres y madres de familias que también labran cotidianamente la historia de este Quilmes sobredimensionado.

Algunos de ellos, graduados en 1975, cada 5 años, se encuentran en amenos asados en la escuela, hasta con sus familias, donde nunca falta la señorita Kinga, y en esas reuniones no sólo intercambian nostalgias, sino también presentes y futuros, pero sobre todo, el afecto imperecedero por esa escuela de 150 años de historia que los unió.

Profundo también es para Marta el recuerdo de aquellas colegas con las que mantuvieron el lustre de esa escuela que era la Nº 1 en la comunidad quilmeña como: la mencionada señora de María H. Russo, Elvira C. Reines de Osuna, Pepita Mateos, las auxiliares Beatriz y Ángela y otras. 

COLOFÓN 
Kinga Garay tiene dos hijos en EEUU, Mariano y Diego, este último nacido en EEUU, arquitecto recibido en La Plata, que emigró en 1982, revalidó su título para firmar sus proyectos en ese país y estableció un estudio en Nueva York. Así y todo nunca olvidó sus raíces ni dejó de reconocer que la formación que había recibido en la universidad pública argentina era equiparable a las de las mejores universidades del mundo, por sus conocimientos advertía que estaba a la par de colegas de otros países. Incluso eventualmente vuelve a la Argentina a dar posgrados como una forma de devolver lo que aquí recibió.

Sus hijos le dieron tres nietos: dos varones de Mariano, que viven en el Estado de Maryland, y Ella, de Diego, que estudia arte y diseño en la Universidad de Massachusetts. Esteban y Andrés viven en Quilmes.

Su esposo que alcanzó en Quilmes notable prestigio en su especialidad, falleció el 9 de setiembre de 2005, a los 77 años. 

ANÉCDOTA FLORAL 
Esta maestra aún se mantiene atenta al hecho educativo y a las estrategias de trabajo con el educando. Su percepción educadora trae una anécdota que la conmueve. Visitando a sus pequeños nietos en Maryland, considerado el Estado de las mejores escuelas públicas del los EEUU, era el summer break, nuestras vacaciones estivales, que como en nuestro país, duran aproximadamente 2 meses y medio, pero allá, desde principios de junio, hasta mediados de agosto. Uno de los pequeños, Valentín, cuando fue con sus padres a inscribirse en el pre-escolar le dieron una germinación con la consigna que durante el verano debía, regarla, protegerla del viento, evitarla los insectos dañinos y cuando saliera la flor, que era un girasol, la debía traer a la escuela pues sería el comienzo de clases.

De este modo el niño se fue ese día, donde tan solo había ido a cumplir con la burocracia de la inscripción, involucrado al sistema desde una experiencia previa, palpable, real con la Escuela, a través de un hecho de vida, la de una planta fecundada por él mismo. Acertada metáfora por cierto, pues la escuela da una semilla, una pequeña, pero fecunda semilla, que cada uno por sí mismo - y tan solo por sí mismo - podrá hacer crecer lozana y apta para hacer más vida... o no.

Kinga, consecuente educadora, narra esta enseñanza y se emociona pues percibe el valor vivencial que tiene la Escuela Primaria en la vida de mujeres y hombres. Efectivamente, en Clady Marta Fernández de Garay está el paradigma de lo que fue aquella Escuela Argentina común, obligatoria, gratuita, gradual y neutral en materia religiosa. 

En su conversación, Kinga trasluce el orgullo de haber sido una protagonista; primero de la escuela pública sarmientina, esa que formó durante generaciones y generaciones a miles de argentinos y en segundo lugar se percibe el envanecimiento de que esa carrera docente la transitó en las aulas de la escuela fundadora de la educación quilmeña, la Escuela Nº 1 que celebra sus 150 años. Su voz se quiebra sobre la palabra “maestra” y sus ojos brillan mientras recorre álbumes de fotos donde señala nombres, historias, anécdotas... futuros.


Entrevista e investigación Chalo Agnelli
Colaboración Esteban Garay
Fotos, archivo Sra. de Garay
Rodolfo Cabral y Cristina Secco

NOTAS
[1] Hoy esas escuelas llevan los números 19, 18 y 20, respectivamente, del nuevo distrito de Berazategui, números que tomaron cuando esta localidad alcanzó su autonomía en 1960. 
[2] V.: http://elquilmero.blogspot.com.ar/2011/09/tributo-al-maestro-lila-giordano-de.html

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