10/10/19

El patrimonio de El Prado en 1939

LA PROTECCIÓN DEL PATRIMONIO
 UN EJEMPLO CÉLEBRE
 Diario El País, Madrid, 7 de octubre de 2019
Por Peio H. Riaño j Jaime Casal (vídeo)


MUSEO DEL PRADO
La lección de la República que copiaron los museos del mundo

El Museo del Prado recuerda en un congreso, 80 años después, la operación pionera que puso a salvo el patrimonio artístico de las bombas de la Guerra Civil.


Tras el inicio de la Segunda Guerra Mundial, las joyas del Museo del Prado cruzaron Francia en el último convoy civil que atravesó las vías férreas del país. Días después de que Las meninas llegaran sanas y salvas a Madrid desde Ginebra, La Ronda de Noche abandonó el Rijksmuseum, enrollada sobre un cilindro y por la puerta del jardín. Otras 30.000 obras de arte se desplazaron ese septiembre de 1939 desde el museo de Ámsterdam a varios búnkeres de la costa holandesa. Un año después, en mayo de 1940, cuando Hitler invadió los Países Bajos, la obra maestra de Rembrandt volvió a evitar el frente y fue trasladada a la mina de Saint Pietersberg, en Maastricht. El Louvre y el resto de museos europeos también movilizaron sus tesoros artísticos lejos de la contienda para evitar su destrucción.


El mundo había aprendido la lección que la República española puso en práctica durante la Guerra civil, cuando evacuó (desde noviembre de 1936) miles de joyas del patrimonio español, primero, a Valencia y de ahí a Cataluña, huyendo de las bombas franquistas. “La decisión española entró en los manuales de museística de todo el mundo. Entendieron que en caso de guerra era mejor evacuar. Hasta entonces la recomendación era bajar las obras a los sótanos”, explica Miguel Cabañas, investigador y jefe del Departamento de Historia del Arte y Patrimonio del CSIC. El mundo vio cómo la humedad, las bombas y el contrabando exigía desplazar rápido el patrimonio, lejos de las trincheras. Las dramáticas imágenes de la masacre cultural cometida por el ISIS desde 2014, en Siria, muestran las consecuencias de no hacerlo.

Uno de los primeros camiones cargados con pinturas sale del 
Prado en noviembre de 1936 con destino a Valencia. 
INSTITUTO DE PATRIMONIO CULTURAL DE ESPAÑA

A Cabañas lo que le llama la atención de esta operación —que será recordada mañana, el jueves y el viernes en el Museo del Prado, en un congreso, organizado junto con el Ministerio de Justicia, que celebra los 80 años del regreso del tesoro artístico— es “el interés que tuvo el pueblo español en salvar el patrimonio”. Fue fruto de la vocación conservacionista de la Generación del 14, formada en la Institución Libre de Enseñanza. Aquel interés tiene un nombre sin reconocimiento: Ricardo de Orueta (1868-1939). Pionero al entender la riqueza artística como tesoro cultural de una nación, fue azote de rapiñadores como William Randolph Hearst. Nombrado director general de Bellas Artes de la República legisló, en 1931, la protección del patrimonio con una ley que reformó en 1933. La actual Ley de Patrimonio Histórico de 1985 es heredera de aquélla.

La decisión de la República española entró en los manuales de museística de todo el mundo

Orueta reaccionó de manera inmediata ante la quema de iglesias y obras de arte de los primeros días de la República. Implantó la idea de que el Estado es el garante de la protección del legado histórico. “Hubo elementos que fomentaron los desmanes para acelerar una reforma religiosa. Pero la República no sacó el Ejército y dio instrucciones a los gobernadores civiles para que actuaran en sus ciudades contra la quema. Aquello no podía volver a ocurrir y la República tomó medidas para salvar el arte, no como los sublevados”, sostiene Cabañas.

Para Arturo Colorado, catedrático de la Universidad Complutense, la experiencia de la evacuación fue un “precedente fundamental”. Por entonces la Sociedad de Naciones preconizaba la protección in situ, pero la acción española “demostró que la mejor alternativa era la evacuación”. “El Prado se conserva íntegro gracias al traslado”, cuenta Colorado en referencia al bombardeo del museo por Franco. La idea de la República era moverlas a un almacén especial, un depósito gigantesco, pero el transcurso de la guerra impidió tenerlo listo. “La evacuación y salida al extranjero era la única posibilidad”, añade Colorado, que desmiente que la República se planteara alguna vez la venta del tesoro artístico.

Operarios cargan un camión en la 
puerta de Velázquez del Prado. IPCE

Sin embargo, fue una medida que contó con la oposición de los restauradores del Prado, al frente de los cuales estaba Francisco Javier Sánchez Cantón, subdirector del museo, que en agosto de 1936 dio la orden de cerrar las puertas, desmontar las salas y trasladar todas las pinturas a las plantas bajas. Defendía la teoría de convertir el museo en almacén... hasta que las bombas franquistas incendiaron los techos del Prado. Rafael Alonso, restaurador jubilado del museo, recuerda los Grecos que estuvieron en una caja fuerte del Banco de España: “Cuando se sacaron estaban podridos y comidos por el moho. Se salvaron gracias a la intervención de Jerónimo Seisdedos. Para mí es el mejor restaurador del Prado del siglo XX”, señala. Alonso asegura que la evacuación fue un ensayo general para lo que ocurrió en Europa poco después.

Devueltos en Ginebra

La República nunca quiso devolver los cuadros, esculturas, tapices... El acuerdo de Figueras determinó que lo entregaban a la Sociedad de Naciones, con sede en Ginebra. “Darle el patrimonio al otro bando habría sido reconocerles. Además, tenían miedo a que lo vendieran. Suiza terminó reconociendo al Gobierno de Franco pocos días después y le entregó las cajas”, recuerda Cabañas.

La idea original de la República era moverlas a un almacén especial, un depósito gigantesco

El relato de la salvación trascendió más en el extranjero, donde el primero en estudiarlo, el catedrático José Álvarez Lopera, tuvo que esperar a la Transición para rehabilitar la memoria de aquellos monuments men que ya ejecutaron esta tarea antes que los soldados del ejército estadounidense de la Segunda Guerra Mundial a los que dieron aquel apodo. El franquismo trató de ocultar esta labor. Como recuerda Alberto Porlan, escritor y director del documental Las cajas españolas (2004), aquellos hombres y mujeres acuñaron una expresión que definió su compromiso: “Si acertamos en esto nadie recordará nuestros nombres, pero como lo hagamos mal no nos van a olvidar nunca”.


Diario El País, Madrid, 18 de abril de 2008
 REPORTAJE:
OBRAS MAESTRAS EN EL EXILIO
Por Ángeles García


Y el Prado sorteó su fatal destino

Reconstrucción del viaje que el tesoro artístico emprendió en la Guerra Civil

16 de noviembre de 1936. Los Junkers alemanes de la Legión Cóndor se ceban con Madrid. Las bombas alcanzan al Museo del Prado. El presidente de la República, Manuel Azaña, decide que ha llegado el momento de completar la evacuación de las obras iniciada tímidamente bajo la dirección de Rafael Alberti. Puede haber más repúblicas o incluso regresar la Monarquía, pero un tesoro como éste sólo hay uno. A los pocos días comienza el largo viaje que acabaría con la llegada a Ginebra en febrero de 1939 de más de 20.000 obras maestras.

Esta formidable aventura, que contó con involuntarios protagonistas de la talla de Rembrandt, Velázquez, Goya, Tiziano o Rubens, podría haber sido escrita por el mejor guionista del más insuperable thriller.

Un operario embala un autorretrato de Durero

Pese a haber transcurrido casi setenta años de aquello, lo ocurrido con los fondos del Prado durante la guerra ha sido poco tratado por los historiadores. Como en un extraño pacto de silencio de todas las partes implicadas. Hasta ahora. El historiador Arturo Colorado Castellary (Huelva, 1950) reconstruye el relato en .Éxodo y exilio del arte La odisea del Museo del Prado durante la Guerra Civil (Cátedra), al tiempo que un documental, Salvemos el Prado, realizado por Alfonso Arteseros, añade luz sobre el periodo con declaraciones de testigos y protagonistas de la aventura.

La historia, desde luego, cuenta con todos los ingredientes. Un total de 71 camiones trasladaron a Valencia las joyas del Prado (a las que se sumaron otras de El Escorial, la Academia de San Fernando, el Palacio Real o el palacio de Liria). De ahí, a Barcelona. Y Figueras. Al fin, el tesoro quedó a salvo al otro lado de la frontera junto con los miles de españoles ateridos por el frío y confundidos por el hambre en 1939, en aquel despiadado invierno del exilio.

Un agente controla, pistola en mano, las obras de arte españolas
 a su llegada a Ginebra. En primer plano, La Sagrada Familiade El Greco.

El destino de los cuadros corrió paralelo al del Gobierno de la II República. Y siempre estuvo bajo control directo del presidente. "Debajo de nuestro comedor estaban los Velázquez", escribe Azaña en el castillo de Peralada ya en los días finales de la caída de la Cataluña republicana. "Cada vez que bombardeaban en las cercanías me desesperaba. Temí que mi destino me hubiera traído a ver el museo hecho una hoguera. Era más de cuanto podía soportarse".

Todo había empezado en realidad en agosto de 1936, cuando el Museo del Prado hubo de cerrar sus puertas al público. Las obras más importantes fueron descolgadas. Cubiertas con mantas y plásticos, ocuparon la parte baja del edificio, junto a otras requisadas por la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico, que presidía Timoteo Pérez Rubio, protagonista también inesperado de la operación de salvamento del museo.

Alfonso Pérez Sánchez, que fue director del Prado durante ocho años, se pregunta en el prólogo del libro sobre la necesidad de la operación vista con la perspectiva del tiempo. Su respuesta es contundente. Los bombazos caídos sobre el palacio de Villanueva en los primeros días de la guerra ya justificarían la decisión. Aunque ésta tuviese que tomarse en medio de unas condiciones que la desaconsejaban. Y contra la propaganda fascista, que extendió la idea de que si los cuadros salían sería para ser cambiados por armamento. Pérez Sánchez concluye que el viaje no sólo fue imprescindible, sino que todos los españoles tienen una deuda moral pendiente con los responsables de la operación.

La precaria salida de las primeras obras, organizada por Alberti, prosiguió con las máximas garantías posibles entre abril y mayo de 1937. Las bombas que alcanzaron el Prado en noviembre de 1936 habían sonado a estruendoso ultimátum. El transportista Macarrón se encargó del embalaje de miles de piezas, recubiertas con cartón impermeable y empaquetadas a bordo de camiones que viajaban a 15 kilómetros por hora.

En Valencia, las obras se instalan en las Torres de Serrano, una auténtica fortaleza. A finales de 1937, el avance de las tropas nacionales fuerza a un nuevo traslado. El Gobierno se muda a Barcelona y Azaña decide que la caravana artística le acompañe a Cataluña. El castillo de Peralada, a 10 kilómetros de la frontera, y la mina de talco de La Vajol son los últimos escondrijos para el tesoro.

Febrero de 1939. Cataluña está a punto de caer ante el empuje de la Legión Cóndor. Hay que organizar la salida bajo la protección de los países democráticos. El pintor catalán José María Sert se pone a ello. El 2 de febrero se firma el Acuerdo de Figueras. En Francia, las obras son trasladadas en tren. Cuando, tras su entrada en Ginebra el 13 de febrero de 1939, los operarios que abrieron las 572 cajas del tesoro, custodiadas en el palacio de la Sociedad de las Naciones, respiraron aliviados. Los 45 Velázquez, 138 Goyas, 43 Grecos seguían allí con el resto del tesoro.


"TIMOTEO, DI QUE SOMOS HERMANOS"


Al poco de comenzar la guerra, el Gobierno de la República nombró al pintor y cartelista valenciano Josep Renau director general de Bellas Artes. Al frente del Museo del Prado colocaron a un ya célebre Pablo Picasso. Alberti quedó al cargo del Museo Romántico. Pero el verdadero protagonista de esta historia fue el pintor Timoteo Pérez Rubio, elegido para presidir la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico. De los tres nombramientos, este último fue, en realidad, el más importante. Renau tuvo una actuación relevante durante la etapa en la que las obras estuvieron en Valencia, pero la relación de Picasso con el museo fue inexistente. Desde París animó a Pérez Rubio a usar su nombre como aval para las gestiones internacionales que hubiera que emprender. "Puedes hacer ver que somos amigos desde la infancia. O hermanos. Lo que quieras. Utilízame para lo que consideres necesario".

Pérez Rubio, casado con la escritora Rosa Chacel, se preparaba para partir de veraneo cuando estalló la guerra. Conducía un coche rumbo a la sierra para alquilar unas habitaciones en El Paular. Iba en busca de nuevos paisajes. Les interceptaron el paso. La guerra había estallado. Pérez Rubio, sin adscripción política, se ofreció para lo que fuera. Sin él, el largo viaje del Prado no hubiera sido posible. Como dijo su mujer, Rosa Chacel, "hizo la guerra defendiendo el tesoro artístico español".

NOTA:

[1] REPORTAJE

Diarios de guerra del Prado. Así se salvó un tesoro artístico de las bombas 
por Peio H. Riaño

Esta es la historia de Manuel Arpe y Retamino, un personaje invisible que llevó a cabo la peripecia que permitió salvar obras maestras del Prado de las bombas de la Guerra Civil. Escribió las aventuras y desventuras de aquel exilio artístico en sus diarios, que ahora ven la luz.

EL 7 DE FEBRERO de 1940, Manuel Arpe y Retamino, de 44 años, aguarda la llegada del dictador Francisco Franco. El restaurador del Museo del Prado está junto a La carga de los mamelucos y Los fusilamientos. Cuando le estreche la mano al caudillo habrá pasado lo más difícil de su aventura: ser admitido como uno de ellos, que el nuevo régimen deje de sospechar de su lealtad y olvide su rencor contra este humilde conservador por haber participado en la huida de las joyas del patrimonio español, metido en cajas y transportado en más de 70 camiones durante tres eternos años acompañando al Gobierno de la Segunda República. Por fin llega Franco y su comitiva, se detienen ante los dos monumentales cuadros de Goya, y Arpe no deja escapar su oportunidad. Da un paso al frente, el director del museo le presenta al caudillo e inicia el relato de cómo devolvió a la vida a los mamelucos derrotados.

Manuel Arpe y Retamino, junto con 'La maja vestida', pintada por Goya, que el restaurador intervino antes de su marcha acompañando al Tesoro Artístico durante la guerra civil española. Desde 1922, Arpe y Retamino fue uno de los especialistas que velaron por la conservación del patrimonio del Museo del Prado. FOTOGRAFÍA DEL ARCHIVO FAMILIAR DE SECO DE ARPE / INSTITUTO DEL PATRIMONIO CULTURAL DE ESPAÑA

Aunque al dictador le dijo que los desperfectos fueron fruto de un accidente del automóvil que los transportaba, el motivo real fue un bombardeo de la aviación franquista. Dos años antes de este encuentro, en mayo de 1938, la columna de camiones cargados con miles de obras de arte embaladas que huyen hacia Cataluña cruza Benicarló. La bomba alcanza una casa y su cornisa se desploma sobre las cajas donde viajan ambas pinturas. La más perjudicada es la escena de Los mamelucos, que cae arruinada bajo los escombros y dividida en 18 pedazos. Algunos fragmentos del lienzo ni aparecen.

“Los cuadros estaban desastrosos”, anota Arpe en sus memorias de aquellos endiablados días. El restaurador improvisa un taller para recuperarlos en la cocina del castillo de Peralada. Antes de extraer los lienzos del cilindro en el que han sido enrollados, manda comprar un pedido de los materiales que necesitará para fijar los fragmentos supervivientes a una nueva superficie. Mientras alguno de estos se traen del extranjero, monta un gran tablero para reentelarlos y adherir a la parte posterior una tela nueva. Más tarde limpia y reconstruye los restos de la catástrofe, que hoy se contemplan sin apreciar los estragos.

Para cuando apriete con su plancha ardiendo la tela herida de Goya, Arpe habrá cumplido año y medio cuidando del Tesoro Artístico a la fuga. El 26 de diciembre de 1936 recibió la orden de dejar el Museo del Prado y partir de urgencia a Valencia. Parte de inmediato para seguir sus labores como restaurador junto al Conde-duque de Olivares, de Velázquez, que ha sufrido uno de los peores trayectos del legado. La lluvia entró en la caja que lo transportaba en camión. Ahora el agua corre por la superficie del cuadro “en forma de chorreones” y se ha llevado por delante el barniz. El lienzo está en serio peligro.

El taller de restauración del Museo del Prado conserva la memoria de los especialistas que precedieron al equipo actual. En el armario guardan los utensilios que el oficio ha empleado en el pasado. Entre los objetos destaca ese cajón con el que viajó Manuel Arpe y Retamino durante la Guerra Civil. SOFÍA MORO

“Algunos, por efecto de la humedad, aparecían pasmados. Pasmado es que, por efecto del frío o cambio de temperatura, sus barnices se precipitan y la resina de los mismos adquiere, más o menos intensamente, un color ceniza. Es corregible”, tecleará Arpe años después en su máquina de escribir para no olvidar aquella operación con la que el tesoro del patrimonio español vivió una espiral de acontecimientos trepidantes en busca de su salvación. También apunta quiénes tomaban las decisiones y cómo se comportaron durante la larga marcha, porque estos diarios con alma de delación —que se conservan entre las alhajas del Museo del Prado— se los dedicó al general José Millán-Astray. Están firmados en 1949, meses antes de que el general intercediera para que se le conceda la Orden Civil de Alfonso X el Sabio.

Retrato del restaurador. FOTOGRAFÍA DEL ARCHIVO FAMILIAR DE SECO DE ARPE / INSTITUTO DEL PATRIMONIO CULTURAL DE ESPAÑA

Escribirá más de 200 cuartillas donde se cuenta la “forma precipitada” en la que salen los primeros camiones (el 10 de noviembre, cuatro días después de que lo hiciera el Gobierno). Los embalajes son cajas viejas. Excedentes de las exposiciones del Palacio de Velázquez del Retiro. No tienen las dimensiones adecuadas. Es lo que hay. Tratan de acomodar las pinturas como pueden. También llega obra sin embalar en pleno invierno, en camiones que dedican una jornada completa para culminar los casi 400 kilómetros que separan Madrid y Valencia, por carreteras descarnadas y a 15 kilómetros/hora.


Mientras las calles se empapelaban con carteles que llamaron a la protección del patrimonio, en el Prado se despejaban las salas para evitar los bombardeos y se embalaban las obras que marcharon con el Gobierno de la República. FOTOGRAFÍA DEL ARCHIVO FAMILIAR DE SECO DE ARPE / INSTITUTO DEL PATRIMONIO CULTURAL DE ESPAÑA

Arpe es meticuloso. Anota cada noche lo que sucede y años más tarde reconstruye el viaje de más de 2.000 pinturas de colecciones públicas y privadas (más de 500 solo del Prado) y 71 camiones. A su muerte, su familia encontrará más de 300 carpetas con documentación y escritos que ha ido acumulando, como rastros de un viaje frustrado en el que pinta una Alegoría de la República, en 1931, y besa la España franquista, ocho años después. Y la única bandera que no cambió en todos los vaivenes fue la protección del arte. Uno como tantos otros invisibles. Mujeres y hombres cuya causa fue salvar el patrimonio y que serán homenajeados este próximo mes de octubre en el Museo del Prado, la primera pinacoteca de la historia en ser bombardeada. Las conferencias Museo, guerra y posguerra. Protección del patrimonio en conflictos bélicos celebrarán el regreso de las obras desde Ginebra (Suiza), de cuya fecha se han cumplido 80 años el pasado 9 de septiembre.
El interior del cajón de Arpe y Retamino.
SOFÍA MORO
Marzo de 1938. Valencia ya no es un sitio seguro. Llegan nuevas órdenes: el Gobierno de la República camina hacia Cataluña y hay que volver a movilizar la carga. Las operaciones militares de los sublevados amenazan con cortar por Tortosa y dejar dividido en dos el frente republicano en el Mediterráneo. Una noche parten a Barcelona, en un convoy en el que están Las meninas. “Había un hormiguero de soldados sacando las cajas y gran número de camiones las recibían. Allí estuve hasta la una de la madrugada, cuando terminaron. En ningún camión me dejaron sentarme con el conductor porque iba un soldado de escolta”, apunta. En medio de la oscuridad, se dirige a uno de los que tienen mano y mando en todo aquello. Es el teniente Colina. Siempre viste de cuerpo negro y sin insignias. “Métete ahí”, y abre la puerta de una furgoneta. Hay un pequeño hueco entre los dibujos de Goya, “que iban así puestos, sin embalar”.

La nueva misión de Arpe es salvar el puente de Tortosa (Tarragona), demasiado pequeño para la altura de Las meninas. Los cuadros no están preparados para las guerras, aunque caminen hacia la salvación. Han pasado el retrato de Carlos V a caballo y la Dánae de Tiziano, todos los Goyas, todos los Grecos y Zurbaranes, y los automóviles se detienen porque el monumental cuadro no cabe. Si por el teniente Colina fuera, ya habría enrollado el lienzo en una vara. “Pero el que manda”, dice Colina, “ha dicho que se pasen los cuadros y hay que hacerlo así”. Así que desmontan la caja del camión entre nueve hombres y sobre una fila de rodillos lo deslizan al otro lado. “Hasta mal cuerpo se me puso pensando si sería capaz de llevarlo a cabo”, recuerda Arpe ante la soberbia del militar.

Conocida como “operación de salvamento”, la movilización de joyas del 
legado artístico español supuso la participación de especialistas 
dedicados a la conservación y restauración de obras de arte. 
FOTOGRAFÍA DEL INSTITUTO DEL PATRIMONIO CULTURAL DE ESPAÑA

La marcha debe recuperar el tiempo perdido, así que se camina toda la jornada sin descanso. “Los chóferes por la noche conducían con dificultad porque la anterior tampoco habían dormido”. Protestaron y avisaron de que no responderían si se dormían al volante. Arpe convence al sargento y duermen una hora. A la una de la madrugada vuelven a la ruta y una hora y media después cruzan Tarragona. A las seis de la mañana están en Barcelona y continúan rumbo a Figueres y Peralada. “De pronto, comienza a frenar en seco toda la alineación de camiones y cuando cesó ese ruido me di cuenta de que varios aparatos de aviación se dirigían hacia la caravana nuestra y que este era el motivo de los frenazos. Todos los conductores y soldados de escolta, y yo tras ellos, nos tiramos al suelo fuera de la carretera. No sé si giraron, una vez reconocido lo que se transportaba, o si el paso por encima de nosotros fue casual”. Pasa la alarma, vuelven a la ruta.

Página de los diarios de
Manuel Arpe y Retamino. 

SOFÍA MORO
Peralada. Enero de 1939
Última parada y fonda antes de cruzar la frontera con Francia. Vienen los momentos más tensos. Las tropas franquistas están a un paso de quedarse con España durante las siguientes cuatro décadas y la Segunda República se desmiga por minutos. Son testigos del éxodo masivo de los ciudadanos que huyen bajo el bombardeo continuo de las aviaciones franquista, italiana y de la Legión Cóndor. El arte convive con los soldados y con el frío, a la espera del destino de la República. Su presidente, Manuel Azaña, también ha llegado al astillo. Ya no queda ni rastro del Ejército de la República, escucha por la radio italiana la caída de Barcelona y piensa que continuar resistiendo es un “disparatado propósito”.

El goteo de camiones de un lado a otro es continuo y Juan Negrín manda llamar a Manuel Arpe y Retamino. El 6 de febrero de 1939, justo un año antes de estrechar la mano de Francisco Franco, aprieta la del todavía presidente del Gobierno de la República. Quiere felicitarle por “el entusiasmo con el que realiza su labor”. Negrín firma un salvoconducto para él y las obras que están pendientes de continuar su odisea: “Manuel Arpe, restaurador del Museo del Prado, ha recibido la misión de salvaguardar y vigilar el transporte de los objetos del Tesoro Artístico Nacional. Las autoridades de la frontera y los cónsules en Francia deberán prestarle ayuda y auxilio material”.

La epopeya está a punto de dar su último paso, el más delicado, con los camiones atascados entre el éxodo de personas que huyen del Ejército franquista a Francia. “Fue un milagro”, dice el catedrático de la Complutense Arturo Colorado. A él le debemos las investigaciones de los hechos sucedidos en la evacuación. “Debería ser una historia de orgullo nacional. No se perdió nada, todo se salvó, y fue gracias a la diligencia de Timoteo Pérez-Rubio [responsable de la Junta del Tesoro Artístico]. Es cierto que la República puso en peligro el patrimonio al hacer que lo acompañara. Habría sido mejor un depósito lejos del frente que tenían proyectado, pero no les dio tiempo a construirlo”, cuenta.

Los 71 camiones —con 1.868 cajas y 140 toneladas de peso— se transforman en un tren con 22 unidades “atestadas de obras de arte de todas clases” en Perpiñán. El último vagón carga con la policía secreta y los gendarmes de uniforme. Así escapa el tesoro más valioso de España a la guerra y entra en paz, pasa del peligro al confort, del jabón de tropa al chocolate suizo. En un solo día, las obras de arte desembarcan en la apacible neutralidad. Al patrimonio español le espera en Ginebra “una nube de reporteros y fotógrafos” y un cambio de dueño corroborado por la Sociedad de Naciones. Ahora es propiedad del franquismo, que meses antes lo había bombardeado. En las manos del Gobierno de Burgos, se celebra a mayor gloria de Franco una exposición multitudinaria en verano de las 174 joyas del Prado, vista por más de 400.000 personas en tres meses.

FOTOGRAFÍA DEL INSTITUTO DEL
PATRIMONIO CULTURAL DE ESPAÑA
Manuel Arpe y Retamino se dedica a ganarse el regreso al nuevo país donde está su viejo puesto de trabajo. Conoce a un delegado del embajador, que le recibe en un hall donde encuentra un retrato de Franco. “Y nuestra bandera, que besé, y me creí pisar España”. En el hotel recibe una carta del duque de Alba: “Mi querido amigo: mucho celebro haya podido escapar con vida de la barbarie roja y se haya puesto a la disposición de nuestras autoridades en Ginebra, prestando así su adhesión incondicional a nuestra Noble Causa”. Redacta él mismo un escrito de adhesión, que firmaron, entre otros, Tomás Pérez (forrador) y Blanca Chacel (conservadora y hermana de Rosa). “Tenemos el honor de hacerle llegar a S. E., como representante en Berna del Gobierno nacionalista español, nuestra adhesión incondicional a la Noble Causa, al propio tiempo que nuestra felicitación por el triunfo logrado por las armas”, dice el texto.

Fue un milagro. no se perdió nada y todo se salvó. debería ser una historia de orgullo nacional

“No creo que estas memorias sean un informe de delación, porque él no era así. De hecho, ayudó a su ayudante Tomás Pérez. Él no pudo volver a trabajar en el museo y mi abuelo le dio trabajo en su taller”. Habla el nieto de Manuel Arpe y Retamino, Fernando Seco de Arpe, también restaurador, que cuenta que Arpe no fue depurado porque era afín al régimen. “Mi abuelo nunca creyó en esa operación, porque sintió que el patrimonio se puso en peligro. Era muy trabajador, una persona muy religiosa, muy conservadora y muy franquista. Se carteaba con Millán-Astray”, asegura Seco de Arpe. Para Arturo Colorado, estos diarios son los escritos “de un extraordinario restaurador que no se separó ni un día del legado del Prado en todo el trayecto y salvó El 2 de mayo y El 3 de mayo, de Goya”. Pero necesita lavar su memoria y “justifica con este informe su actuación cara al franquismo”.

El comité internacional que veló por las obras en el extranjero, 
ante la Sociedad de Naciones, en Ginebra. 
FOTOGRAFÍA DEL INSTITUTO DEL PATRIMONIO CULTURAL DE ESPAÑA

En la noche del 31 de agosto 1939 se clausura la exposición en Ginebra. Las obras se descuelgan para regresar a España. “La guerra europea estaba a punto de estallar”. No podían permitirse otra. “Tan rápido se hizo todo que cuando el día 3 de septiembre se declara la contienda, ya estaba el tren formado y dispuesto a salir”, escribe Arpe, el único que queda de la expedición original. Francia dio luz verde al tren un día más tarde y, en medio del desplazamiento de tropas y material, el último tren civil que cruza las vías en guerra es el que contiene la selección expuesta, con 38 obras de Goya, 25 del Greco, 9 de Tintoretto, 6 de Rubens, 7 de Tiziano y Las meninas, de Velázquez, entre otras. El resto ya había regresado en camiones.

FOTOGRAFÍA DEL INSTITUTO DEL
PATRIMONIO CULTURAL DE ESPAÑA
El 5 de septiembre, a las 10.40, parte el tren. El día 8 entra en Hendaya. El restaurador teclea: “De nuevo veía a nuestra bandera en el mismo sitio de donde fue arrebatada. En mi equipaje venía la grande, que me mandé hacer en Ginebra”. Arpe y Retamino regresará a su casa, en Aravaca, pero solo queda un solar. Se muda con su familia a la calle de la Ballesta, donde monta un taller con su excompañero del Prado Tomás Pérez —depurado por el régimen—, y descubre y restaura obras para clientes como el banquero Pedro Masaveu, que se apoya en él para invertir su fortuna en la colección de arte que hoy perdura. Se jubila en los setenta como restaurador del Prado, especialista en El Greco, y muere en octubre de 1984. A la una de la tarde de aquel 9 de septiembre de 1939, cuando el tren llegó a la estación del Norte de Madrid, el restaurador que veló por la inmortalidad del arte ya se había vuelto invisible. 

FOTOGRAFÍA DEL INSTITUTO DEL
PATRIMONIO CULTURAL DE ESPAÑA


Fuentes:

Marta Cora Noziglia

 Por Graciela Linari

Casi nonagenaria - dicho con ad­miración y respeto - Marta Cora Noziglia enfrenta su "primera vez".

Maestra egresada en 1947, de la Escuela Normal Nacional de Quilmes, esta abuela varelense, emprendedora y acti­va, disfruta de la publicación de un libro. Su primer libro. Un hijo de papel en el que recoge retazos de sus más de treinta años de trayectoria docente. 

"Historias de pupitres", tal el tí­tulo, aclara desde el comienzo que "no es un libro, sino que quien vuelve sus páginas descubre a un ser humano con sus dudas, aciertos y errores", como acla­ra un breve texto manuscrito que inserta en la primera página, texto que, además, permite admirar la caligrafía prolija y nor­malizada de las maestras de antaño.

Iniciada en la docencia hace se­tenta años en una escuela privada cerca­na al Aeropuerto Internacional de Ezeiza - que aún estaba en construcción - debu­tó al frente de un sexto grado con un "ho­rror" ortográfico. Los nervios del primer día le hicieron escribir en el pizarrón la primera consigna: tema "Los Berbos", consigna que raudamente, ante la ver­güenza del momento, transformó en propuesta educativa. Dirigiéndose a los alum­nos que le habían señalado el error les dijo que había sido intencional para veri­ficar si estaban atentos y descubrían la equivocación.


Cuenta la autora en esta primera anécdota que allí descubrió una herra­mienta útil para involucrar a los estudian­tes en el aprendizaje, incentivándolos a involucrarse en la búsqueda del conoci­miento.

“SOY NADA MÁS Y NADA MENOS QUE MAESTRA...”

Página a página del breve librito, Marta va enhebrando historias... su pri­mer día como maestra, cuando al dirigirse hacia la escuela le pareció "que el sol bri­llaba más que nunca", también cuando al concluir otra jonada entendió que los términos del aprendizaje se habían inver­tido y que era ella quien había recibido enseñanza ese día, lo que la llevó a com­prender que "en toda duda siempre hay una esperanza oculta".

Jugar con las palabras... iniciar­los en la versificación... narrarles cuen­tos para ayudarlos a encontrar en ellos líneas de conducta... preservar la ino­cencia de aquellos pequeños de guarda­polvo blanco que abrevaban en sus pala­bras y en su ejemplo... Y al llegar la tarde, “la hora de. dar a los niños el último adiós” [1], la despedida... Tema, esta vez, "Los Verbos". Aprender, ayer aprendie­ron, mañana otros aprenderán; amar, tan­to como aquel pequeño que un día, dis­traído, en vez de «señorita» le dijo «mami»; dar, alegría, belleza, sangre; re­cordar, hacer memoria cuando la vida los llame a pasar al frente; partir, acción difí­cil, decir adiós y triunfar, lograr lo que ambicionamos: ser felices.

Quedan en esas páginas algunos momentos de su larga vida, escritos so­bre antiguos pupitres, testigos mudos de ya envejecidos guardapolvos blancos...

Marta, feliz, triunfadora. Nada más y nada menos que una maestra.

NOTA
[1] Del poema «Adiós a la maestra», de Pedro B. Palacios.

Fuente
Tomamos esta página de la revista “Palabras con historia” de Graciela Linari, de marzo de 2918 y publicada por Chalo Agnelli en https://elquilmero.blogspot.com/2019/08/nada-menos-que-una-maestra.html

 Por Chalo Agnelli

La Escuela Normal expandió a los maestros que se formaron en ella hacia todos los rincones de Quilmes donde se abría una escuela y a todos los partidos vecinos y más allá en otros puntos de la provincia de Buenos Aires. Hay nombres de ex alumnos que sonaron con distinción en los ámbitos educativos de todo el país. Pero, además, fue generadora de cultura a través de una obra múltiple y fecunda, en forma directa, asociándose a instituciones como el “Ateneo Popular”, constituyendo organismos como la “Asociación de Padres”, que costeaba becas a jóvenes de escasos recursos, las “Tardes Culturales”, iniciativa de la subregente desde 1916, Irene S. Rodríguez Garay, y el “Centro de Egresados”, que trajo a Quilmes la palabra de numerosas figuras de la cultura, la educación y la política como: el político, periodista y académico Joaquín V. González, el pedagogo Víctor Mercante, el escritor Rafael Alberto Arrieta, el político socialista Héctor González Iramaín, el autor Leopoldo Longhi, el científico Clemente Onelli, el abogado José León Suárez, entre otros de igual nivel.






ALFONSINA STORNI

En 1926, invitada por los directivos de la Escuela Normal y patrocinado por la Institución se realiza en el teatro de la Sociedad Italiana Cristoforo Colombo un recital poético donde la presencia de honor fue la educadora y afamada poeta Alfonsina Storni. Todo Quilmes asistió al acto y la emoción creada por la fuerza y la sustancia de sus versos persistió durante varios meses en la ciudad.

COMISIÓN DE EX ALUMNOS

A poco de egresar las primeras promociones se creó una comisión de ex alumnos. El día 24 de julio de 1927, se realizó la asamblea general de asociados del Centro de Egresa­dos de la Escuela Normal Mixta, con el fin de tratar aspectos institucionales y renovar parte de su comi­sión directiva, que quedó constituida en la siguiente forma: Presidente, Filiberto Schettini; vi­cepresidente, M. E. González; secre­taria de actas, M. J. Tarquini; secre­taria de notas, Leonor Imirizaldu de Rotelo; prosecretaria, Margarita Rey; teso­rera, Delia Médici; protesorera, María Eugenia Imirizaldu; vocal 1º, Leonor Ortega; vocal 2º, Josefina Sánchez; vocal 3º, Emma Imperiale; suplentes: José Imirizaldu y Juliana Aguirre; revisores de cuentas: Gregorio Esteban, Aída Medici y M. D. Carricarte.

Esta Comisión perduró varias décadas, luego, como es común en todas las instituciones formadas por un voluntariado se fue disgregando, hasta que surgió EXANQUI, que persiste hasta hoy y que fue responsable de los actos realizados para celebrar el Centenario de la Escuela Normal. Algunos de sus miembros son los autores del libro “Historia para un Centenario”, que resume el trayecto de la Escuela, su origen, sus docentes y las promociones que se sucedieron en el tiempo. Otros ex alumnos con profesores y alumnos del I.S.F.D. N° 104 fueron los que recuperaron el Archivo Histórico de la Institución que lleva el nombre de su primera secretaria “Silvia Manuela Gorleri” y hasta hoy coordina la Prof. Raquel Gail. 


     

FUENTE:
Varios. “Historia para un Centenario” (2012) Ed. Jarmat, Bernal

7/8/19

"Ordenar la primavera"
 por Alejandra Álvarez


A continuación, publicamos algunos fragmentos del artículo “Ordenar la primavera. Los estudiantes secundarios de Buenos Aires y los festejos del 21 de septiembre durante la última dictadura”, extractados de la Revista Conflicto Social, Año 12, Nº 21, enero-junio 2019.
La autora ha utilizado , entre otras, fuentes de nuestro Archivo para elaborar su tesis, aquí muy sintetizada.

"Este artículo analiza el desarrollo de las celebraciones por el Día del Estudiante en Buenos Aires, durante los años de la última dictadura cívico militar en Argentina (1976-1983), insertándose dentro de las preocupaciones de la Historia Reciente. Los protagonistas son los estudiantes secundarios que sostuvieron esta tradición de festejar cada 21 de septiembre en el espacio público, a pesar de la existencia de un contexto de disciplinamiento social implementado por la dictadura. Asimismo, el gobierno de facto, aprovechó la jornada para legitimarse y construir una imagen del joven adaptada a las necesidades políticas del régimen.

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Nuestro objetivo principal es reconstruir la experiencia de celebrar el Día del Estudiante durante la última dictadura cívico militar por parte de los alumnos/as del nivel medio de Buenos Aires. La jornada estará atravesada por dos lógicas contrapuestas, por un lado, la de los estudiantes secundarios y por otro, del gobierno de facto. Las preguntas que guiarán el recorrido son ¿Qué tipo de discursos instaló la dictadura en torno de los jóvenes durante cada 21 de septiembre? ¿Por qué las autoridades de facto habilitaron la realización de estos festejos en el espacio público? ¿Qué tipo de prácticas y significados pusieron de manifiesto los protagonistas en esta jornada? ¿Tenía algún sentido particular celebrar su día en dictadura? Frente a estos interrogantes, se seleccionó un corpus de fuentes que no pretendió abarcar toda la experiencia de celebrar este día, ni trabajar en función de estudios de caso, sino que la investigación se orientó a ofrecer una primer mirada general, frente a una temática que se constituía en un área de vacancia en lo que respecta a Buenos Aires. [1] ...


Respecto de nuestras fuentes, el archivo escolar se constituyó en un aporte fundamental por la cantidad de tiempo que los estudiantes transcurrían dentro de estas instituciones bajo la influencia de las normativas y políticas diseñadas por el Ministerio de Educación de la Nación, [2] registradas en Circulares y Disposiciones y en documentación de carácter interno, como parte de las tareas cotidianas en actas o libros de inspectores. Allí fue posible observar algunas preocupaciones en relación a la primavera, entre numerosas imposiciones destinadas a ordenar la vida de los estudiantes. Gracias al aporte esencial de los Espacios de Memoria de la Escuela Normal Superior Mariano Acosta de la Ciudad de Buenos Aires y del Archivo Histórico del Normal de Quilmes “Silvia Manuela Gorleri”, encontramos la documentación señalada. Debido al trabajo de recuperación de la memoria escolar, ambos archivos generan lazos con la comunidad y a partir de esos vínculos, fue posible realizar entrevistas con estudiantes del periodo para acceder a los sentidos y prácticas otorgados a los festejos del 21 de septiembre.

Pero el trabajo siguió su derrotero hasta la prensa escrita nacional (Clarín, La Nación, La Opinión) en la cuál fue posible abordar la dimensión pública, por la cobertura que hacían los medios de comunicación de los festejos en las calles. Allí también se ofrecía la mirada elaborada por las autoridades de facto, pues aparecían publicados sus discursos. Otra posibilidad de pensar el espacio público fue a través de filmaciones de noticieros de época, que podían tener sonido o no, y donde fue posible transitar el 21 de septiembre desde las prácticas de los estudiantes que allí aparecían. Accedimos a los mismos gracias a la colaboración con esta investigación del Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken, de la Ciudad de Buenos Aires

Aunque contamos con la documentación del Ministerio de Educación e institucional junto a entrevistas, filmaciones de época e impresiones recabadas en la prensa, el escenario no estaba completamente indagado. Es en este punto en el que se recurrió al archivo de la Ex Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA), donde aparecieron algunas huellas de las preocupaciones policiales y el control puesto en marcha durante los festejos.

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Asimismo, algunas categorías propuestas por el historiador E. P Thompson nos ayudaron a pensar la experiencia de celebrar en dictadura. Entendemos esta jornada como una costumbre arraigada desde comienzos del siglo XX, propuesta por estudiantes, y sostenida por ellos y ellas a lo largo del tiempo, que terminó por transformarse en un atributo que no podía quitarse (Thompson, 2000: 18-20). También nos interesa recuperar su conceptualización sobre la cultura, para considerar los elementos que constituyen a dicha celebración como sus ritos, las formas simbólicas en las que se presentaba en el espacio público, los atributos culturales hegemónicos presentes, la transmisión intergeneracional de dicha costumbre y la evolución de la misma dentro de un marco histórico específico (Thompson, 2000: 26). Entendemos el 21 de septiembre como una tradición que dependiendo de la institución, iba adoptando características propias de acuerdo a las experiencias transmitidas de un grupo a otro de estudiantes a través del tiempo y que se exteriorizaba en determinados rituales en el espacio público, que trascendían el contexto político.

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 No obstante, el orden y la represión no fueron suficientes, dado que el gobierno de facto destinó numerosas medidas para tener el control sobre la juventud y alcanzar cierta legitimidad entre ellos y ellas. Dentro de esta línea, nos interesa destacar los siguientes aportes: la creación de la Gendarmería Infantil (1977) y el operativo “Argentinos, marchemos a las fronteras” (1979). En ambas experiencias se proponían educar a los jóvenes en los valores de la patria, la familia y el cristianismo, incidir en sus conductas, y encuadrarlos detrás del régimen (Lvovich, 2009, a; Lvovich y Rodríguez, 2011).


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En síntesis, en las escuelas se fomentó la “limpieza” de carteles y grafitis, la prolijidad en la vestimenta y se instaló el imperativo del ser “patriótico” a aquellos jóvenes que no habían sufrido la violencia directa del Estado (Manzano, 2017: 362-373). En los comunicados de las Fuerzas del orden, el joven del régimen debía ser individualista, sacrificarse, esforzarse en un periodo de tránsito a la vida adulta, convertido en un sujeto pasivo al que la familia debía recuperar de los “vicios” de los años precedentes y evitando “el mayor de los males”, que era su involucramiento en la política (Luciani, 2017: 31-52).

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A partir de la revisión de documentos archivados en la Escuela Normal de San Fernando gracias al permiso de uno de los directivos para acceder a la documentación institucional, nació esta investigación. Allí en un libro de inspección, el registro de una inspectora correspondiente a los días anteriores y posteriores a la primavera de 19785 se suscitó un primer interrogante ¿Por qué una agente estatal estaba tan preocupada por las formas de celebrar la primavera? Veamos en función del documento la relevancia otorgada a la jornada. Esta fuente tiene como particularidad su continuidad, ya que la inspectora asistió a la escuela tres veces consecutivas. Pese a que es un ejemplo acotado, es indicativo de la preocupación estatal sobre el festejo estudiantil.

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En tanto que, en una fuente similar del Normal de Quilmes, la primavera también fue motivo de visita de una inspectora a la escuela para corroborar el desarrollo de las actividades escolares, detallando en el libro de inspección [8] los porcentajes de asistencia del día 22 de septiembre de 1980; los preceptores y ayudantes estuvieron presentes en su totalidad, los profesores, en un 98 % y los alumnos, en un 88%. Aclaró cuáles eran los cursos que se habían ausentado y que había dispuesto instrucciones a la vicedirectora respecto de la situación de los ausentes (aunque no lo deja por escrito) y explicitó que el motivo de la falta respondía al festejo del Día del Estudiante, celebrado el día anterior. Es decir, en lo que respecta a estas dos instituciones y en los momentos explicitados, el desarrollo de los festejos en el espacio público fue acompañado por un control que realizaban los inspectores en las escuelas para corroborar los niveles de “orden” durante los días cercanos al festejo.

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La celebración de los estudiantes generalmente se confundía con la primavera, por lo cual “primavera y juventud” aparecen como una apelación permanente en el discurso de la prensa escrita. Esto puede responder a la necesidad de establecer una mirada hegemónica en el espacio público para contrarrestar las denuncias sobre los jóvenes que habían sido secuestrados, para quienes la “vida” no sería una opción.

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La consigna de la unidad en los festejos del 21 de septiembre de 1976 podría considerarse como una forma de darse ánimos respecto del renovado clima represivo imperante en las escuelas. Cabe mencionar que una semana atrás había tenido lugar la “Noche de los Lápices” [15] aunque el acontecimiento llegaría casi una década después a los medios de comunicación (durante la realización del Juicio a las Juntas Militares). Las canciones de Sui Generis acompañadas con una guitarra formaban parte de la celebración, como recordaba una entrevistada acostumbraban ir cantando en el tren los temas de esta banda de rock nacional (Iris, Escuela Normal Nacional de Quilmes, 1976-1980).

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El ministro de educación y Reynaldo Bignone se referían a la “subversión” en su saludo a los estudiantes generando una asociación directa entre “juventud y subversión”, intentando promover entre los jóvenes la idea de rechazar las propuestas de las organizaciones político militares de izquierda que “atentaban contra la Nación”. De esta forma el Día del Estudiante era un momento propicio para la propaganda antisubversiva. No obstante, mientras este discurso era transmitido por cadena nacional miles de jóvenes de Buenos Aires estaban en el espacio público o privado compartiendo un día diferente, alejados de dichos imperativos y advertencias.

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El escenario de 1978 no se diferenció mucho del señalado en los años precedentes. En la publicación periódica seguía siendo un día lleno de vida, alegría y sonrisas [22] en consonancia con la imagen que el Estado buscaba construir, la de una juventud optimista y sana, despolitizada y defensora de las buenas costumbres (González, 2014: 11). Se presentaban los festejos desvinculados de la realidad que se vivía en las escuelas y en el país. En consonancia con este clima social reflejado en la prensa, una entrevistada refiere a que se sentía en una película: 

Tercero, cuarto y quinto, nos íbamos al Pereyra (Parque Pereyra Iraola). Cuando bajábamos del tren, nos revisaban la mochila en la estación. Vos te bajabas en la estación y ahí había control. Después dentro del parque nunca tuvimos situaciones de violencia. Nos juntábamos con otras escuelas. Yo me acuerdo que uno de los años, parecíamos una película de Palito Ortega, yo llevaba un Winco, mi papá era músico (Sandra, Normal de Quilmes, 1973-1977).

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En el diario Clarín se repite una vez más la postal de los jóvenes paseándose por la ciudad, de los amores adolescentes, sólo que en esta oportunidad llama la atención la manera de hacer referencia a estos jóvenes como “ejércitos de alegría”, haciéndose presente la dictadura en esta expresión. [23] Se trataba de una alegría controlada, medida, ordenada y organizada como un ejército, pero el panorama continuaba invariable en la publicación, los lugares elegidos, sus actividades, en sintonía con el relato del diario La Nación. [24] En otra filmación del 21 de septiembre de 1979 en los Lagos de Palermo, 25 se muestra a los jóvenes jugando a la pelota, y a un grupo de estudiantes secundarios cantando “Rasguña las piedras” de Sui Generis.


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A lo largo de estas páginas pudimos acceder a las preocupaciones del gobierno militar por intervenir la primavera a través de prohibiciones, recomendaciones y discursos amenazantes dirigidos a los estudiantes y difundidos en la prensa y en las escuelas. En los eventos militares o policiales diseñados para los jóvenes, en un almuerzo con el dictador Videla, en la coronación de reinas, en la construcción de una identidad juvenil homogénea en los medios de comunicación, con la presencia policial en la provincia de Buenos Aires controlando los festejos. En definitiva, frente al despliegue de esta presencia estatal, habilitar la primavera servía para sus fines políticos. Se operó en el espacio público la construcción de una imagen positiva del régimen asociada a la alegría y a la vida encarnada en la juventud que lo alejaba, por esos días, de las denuncias por la desaparición de personas, entre las cuales se encontraban estudiantes secundarios.

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Aunque la primavera representaba un peligro, se permitió su desarrollo con el despliegue de medidas concretas para influenciar los festejos y con las fuerzas del orden manteniéndose alertas. Permitiendo que los estudiantes salieran a las calles debido a un asueto estudiantil para todos los niveles educativos. Durante estas jornadas, a su vez, el gobierno de facto aprovechó a difundir una imagen determinada del joven a través de la prensa que se reforzaba con políticas de disciplinamiento dentro de las escuelas del nivel medio, de persecución y represión, pero también, de acercamiento."


NOTAS: 
[1] Este artículo nace a partir de mi tesis de Maestría en Historia Contemporánea de la UNGS (dirigida por el Dr. Adrián Cammarota), los archivos escolares con los cuáles se trabajó dentro del marco de la investigación y que la hicieron posible son: Los Espacios de Memoria de la Escuela Normal Superior Mariano Acosta de la Ciudad de Buenos Aires, el Archivo Histórico de la Escuela Normal de Quilmes y la documentación proporcionada por la Escuela Normal de San Fernando, de la Prov. de Buenos Aires. Agradecemos la colaboración de quiénes allí trabajan al servicio de la memoria escolar de la comunidad, Luz Ayuso (Mariano Acosta); Raquel Gail, Ariel Ghizzardi y Susana von Lurzer (Normal de Quilmes); Miguel Enríquez (Normal de San Fernando).
[2] Durante este periodo el Ministerio de Educación estuvo en manos de seis ministros (Bruera, Harguindeguy, Catalán, Llerena Amadeo, Burundarena, Licciardo). Para profundizar en las orientaciones de cada uno de ellos ver: Laura Graciela Rodríguez (2015, b) que reconstruye las trayectorias y políticas de los funcionarios responsables de la educación. Dando cuenta de las tensiones entre las diferentes armas de las FFAA y la falta de un plan homogéneo respecto del campo educativo. En lo que sí estuvieron de acuerdo, fue en imponer la moral cristiana y constituir individuos patrióticos.
[8] Libro de inspección, Escuela Normal de Quilmes, 1980
[15] 5 El 16 de septiembre de 1976, fueron secuestrados un grupo de estudiantes secundarios en La Plata (Provincia de Buenos Aires), integrantes de la Unión de Estudiantes Secundarios, que además de participar en esta agrupación política juvenil peronista, en 1975 habían formado parte de los reclamos por un Boleto Estudiantil Secundario (BES). Un año después, dentro del marco de un plan sistemático de secuestro, tortura y desaparición forzada, son secuestrados y asesinados. Hubo unos pocos sobrevivientes a este episodio (Lorenz, 2004; Marcote, 2017).
[22] (22 de septiembre de 1978). “Fiebre de primavera”. Clarín, pp. 18-19.
[23] (22 de septiembre de 1979). “Los jóvenes aprovecharon los parques de Palermo”. Clarín, p. 25.
[24] (22 de septiembre de 1979). “Jubiloso arribo de la primavera”. La Nación, p. 8


(Las ilustraciones y los resaltados nos pertenecen.)

Fuente:
"Ordenar la primavera. Los estudiantes secundarios de Buenos Aires y los festejos del 21 de septiembre durante la última dictadura." En Revista Conflicto Social, Año 12, Nº 21, enero-junio 2019. 
Sugerimos la lectura del artículo completo.

6/8/19

LA ENSEÑANZA SECUNDARIA EN EL 
PERÍODO 1976- 1983 
(COLABORACIÓN)
 “ENTRE SILENCIOS Y REGLAMENTACIONES”

Trabajo de investigación realizado por los alumnos de la E.E.M N° 20 Quilmes

AUTORES: Andrade, Roberto (2º 11ª) - Martínez, Enzo (2º 11ª) - Astorga, Roxana (2º 11ª) - Báez, Ivana (2º 11ª) - Bustos, Melina (2º 11ª) - González Blanco, Mariel (2º 11ª) - Larrosa, Natalia (2º 11ª) - Makovec, Mariana (2º 11ª) - Romero, Andrea (2º 11ª) - Sales, Rita (2º 11ª) - Albo, Nicolás (2º 14ª) - Lombardo, Rodrigo (2º 14ª) - Rivero, Nahuel (2º 14ª) - Strazullo, Fabián (2º 14ª) - Díaz, Belén (2º 14ª) - García, Gerardo (3º 11ª) - Monge, Mariano (3º 11ª) - Ramos, David (3º 11ª) - Zas, Pablo (3º 11ª) - Bevegni, Carolina (3º 11ª) - Castellano, Paula (3º 11ª) - Izetta, Julia (3º 11ª).
Coordinación: profesoras Susana Brunettin y Regina Caligiuri.


1.- INTRODUCCIÓN 

El proceso de Reorganización Nacional (1976-1983) introdujo cambios estructurales en el sistema educacional argentino, a tal punto que puede hablarse de un proyecto educativo autoritario. (Tedesco). Muchos serian los aspectos que podrían abordarse respecto de él. Siguiendo a Flamarión y Cardoso, en cuanto a la selección y delimitación del tema, se tuvieron en cuenta los criterios de relevancia y de viabilidad.

Respecto del primero, la cuestión elegida tiene relevancia social, ya que todavía existen en la educación formas de autoritarismo; en relación al segundo, la Escuela de Enseñanza Media Nº 20 (ex Normal), creada en 1912 cuenta con un archivo (aun no sistematizado desde el punto de vista histórico, si administrativamente) que se transformó en un valioso recurso documental.

La hipótesis heurística a confrontar se relaciona con el carácter autoritario de la educación a nivel ideológico. 

2.- MARCO IDEOLÓGICO 

El 24 de marzo de 1976 se produce un nuevo golpe de estado que instaura una nueva dictadura militar en el país e inicia un proceso de disciplinamiento y reorganización de la sociedad argentina en todos los campos de intervención estatal. Para este objetivo se trató de eliminar cualquier oposición al aparato refundacional que querían establecer los funcionarios militares y civiles del gobierno militar, sometiendo a la sociedad a la violencia, por un lado del libre mercado (con cierre de fábricas, desempleo, especulación financiera, devaluación, etc., privilegiando al sector financiero por encima del industrial y al sector privado por encima del estatal) y del terrorismo de estado por otro (usando el monopolio de la fuerza y la portación de armas que los ciudadanos le habían concedido al estado para garantizar la vigencia de los derechos individuales en contra de estos mismos, provocando torturas, muertos, desaparecidos y exiliados). Este terrorismo por parte del estado se inició sobre las bases de la Doctrina de la Seguridad Nacional, ya planteada en el mundo y también en nuestro país desde fines de la segunda guerra mundial, (para ser, más precisos, en 1947) en donde el mundo se divide en dos áreas antagónicas, y la U.R.S.S., con Stalin a la cabeza pasa de ser el paladín de la democracia al demonio de la humanidad por su implementación del comunismo. Ese año EE.UU. se opone a su aliado bélico con el plan Marshall (este plan tenía como objetivo la reconstrucción de la economía europea con un proceso de industrialización de la misma en base a capitales estadounidenses a bajo interés, con el objetivo de colocar su producción), en oposición, su ex aliado buscaba un proceso de industrialización por parte del estado. Se suma a este control económico la política macarthista (impulsada por el senador Joseph Mc Carthy) de control en el sector cultural y sobre todo en el sector cinematográfico por parte del comité de actividad antinorteamericana. La relación con América Latina se dio a partir del tratado interamericano de asistencia recíproca (TIAR) en septiembre de 1947, este tratado tenía como objetivo crear un cuerpo de defensa de agresiones externas, esto es institucionalizado en la 8ª conferencia de TIAR, extensión de la OEA, en Bogotá, donde se firmó la condena al comunismo o cualquier otro totalitarismo, condenando luego a los gobiernos de Jacobo Arbenz en Guatemala y Fidel Castro en Cuba. En 1962 el TIAR cree ver una ofensiva de la subversión, de gobiernos comunistas y sus organizaciones. 

Para frenar esto, EE.UU. va a enviar asistencia militar y realizar acciones bajo el control de sus fuerzas armadas en el continente, así como educar a los altos cargos militares de América Latina para crear una élite capaz de asumir la dirección allí donde la crisis social puede llevar a un proceso revolucionario. Paralelamente va a reconstruir el Pentágono. Esto se justifica porque era necesario garantizar la estabilidad social, en el supuesto de que así se pudiera garantizar el desarrollo económico, y en la época de Nixon esto significó un aumento de la intervención norteamericana en América Latina. Esta forma de plantear las cosas se derivaba de un informe de la Fundación Rockefeller en la que se observaba la necesidad de formar una fuerza militar interamericana que pudiera intervenir, debido a la incapacidad de los gobiernos democráticos de calmar el creciente malestar y eliminar las insurrecciones en la zona, y para formar una barrera para oponerse al bloque antagónico, en una supuesta tercera guerra mundial que se realizaban en la forma de “guerra local”, por lo tanto, para garantizar la paz, los EE.UU. deben “encargarse” de mantener las condiciones reinantes en el Tercer Mundo.

Esta práctica se mantiene en la actualidad, exceptuando un breve periodo en el que hubo una política más moderada por parte del presidente Carter debida, sobre todo, al fracaso en Vietnam.

En nuestro país la Doctrina de la Seguridad Nacional se empieza a vivenciar a partir de 1958 donde se pone en marcha el plan CONINTES, donde se concentra toda la lucha antiterrorista y se expresa claramente no solo el aparato represivo sino también un plan para evitar esclarecer las muertes. En 1961, con motivo del dictado del primer curso internacional de guerra contrarrevolucionaria en la Escuela Superior de Guerra, su director, general Carlos Urolo afianza esta teoría al plantear que “la lucha contra el comunismo debe ser en todos los órdenes, debe llevarse también a todas las etapas de la formación del ciudadano desde niño...”. Esto es retomado por Videla cuando en su discurso de julio de 1976 declaraba: “la lucha se dará en todos los campos además del estrictamente militar, no se permitirá la acción disolvente y antinatural en la cultura, en los medios de comunicación, en la economía, en la política...”. 

Este planteo se ve nuevamente en un artículo del curso superior de estrategia de 1981, donde se plantea que la acción de la subversión se da en los distintos órdenes y, en el plano que nosotros decidimos analizar —educativo-, y advierte que “la subversión encuentra un plano propicio para desarrollar una profunda concentración de mentes, aprovechando la inmadurez del estudiantado...”, y que la misma “se vale de la educación como elemento de penetración, disociación y cuestionamientos de los pilares fundamentales de la civilización cristiana”, y luego aclara que esta penetración “se lleva a cabo en todos los niveles y cómo se puede identificar, porque es deber de todo ciudadano actuar contra esta subversión”

Lo hasta aquí planteado nos sirve para demostrar que esta política de intrusión en el plano educativo y de depuración ideológica en este ámbito, no es planteada por primera vez en nuestro país ni en esta dictadura. Pero sí su sistematización, afianzamiento y ejecución se exacerba hasta límites en este proceso junto con otras políticas de instauración del terror, (secuestros, detenciones ilegales, el secuestro en el traslado de prisioneros, la supresión de las garantías constitucionales, la eliminación de todo tipo de derechos, la imposibilidad de recurrir a la justicia, ya sea por estar intervenida con jueces afines o por el peligro que implicaba, por eso la persecución a activistas sociales, religiosos, gremialistas, estudiantes, miembros de la cultura, de organizaciones barriales o de partidos políticos).
Tenemos varios ejemplos en el plano educativo para analizar: la organización que desde la órbita del Ministerio de Cultura y Educación del Proceso de Reorganización Nacional, el profesor Pedro Bruera creó el área de Recursos Humanos. Desde allí se coordinaba la labor de agentes de inteligencia que se infiltraban en los ámbitos educativos y culturales con la finalidad de detectar la “subversión”. Una vez identificadas las personas como tales, eran víctimas de los grupos de tareas. Este conjunto de operaciones, detección y posterior desaparición fue llamado por los militares con el nombre de “Operación Claridad”. En nombre de esta depuración ideológica, entre el 15 y el 21 de septiembre de 1976 siete alumnos de un colegio secundario platense fueron secuestrados, en lo que se conoce con el nombre de la “noche de los lápices”. En el Colegio Nacional de Buenos Aires se encuentran desaparecidos doce estudiantes de la promoción ’76, este hecho ocurrió con la colaboración del director de la institución, como se comprueba en un comunicado presentado en el tribunal de San Justo en 1985.

Estos no fueron los únicos casos, ni este director el único colaborador, en las escuelas y universidades muchos docentes y estudiantes fueron secuestrados. Se limitaron los objetivos, la bibliografía y contenidos que se impartían en los claustros de la época. 

3- PANORAMA DE LA EDUCACIÓN NACIONAL 

Durante el periodo 1976-1982, fueron hechos comunes el deterioro en el nivel académico general de los estudios, la expulsión de profesores y la censura bibliográfica. Esto produjo un notorio aislamiento teórico en los centros de formación universitaria.

Entre las muestras más evidentes del aislamiento, debe señalarse la ausencia, en la formación de los profesionales en Ciencias de la Educación, del debate vigente en la década anterior, en cuanto al vínculo educación-sociedad. Al respecto, fue eliminada la materia Sociología de la Educación del plan de estudios de la carrera en Ciencias de la Educación. En su lugar, predominó la formación filosófica tradicional y los enfoques psicopedagógicos individuales. Por otra parte, el análisis del periodo 1976-1982 indica, sin dudas, las intenciones excluyentes en términos de acceso y un deterioro progresivo en las condiciones materiales de vida que, por supuesto, contribuyeron a disminuir las posibilidades de permanencia en el sistema escolar.

El modelo educativo se presentó como una revalorización del autoritarismo pedagógico tradicional: control de contenidos, fiscalización de actividades de alumnos y profesores y regulación de comportamientos visibles (ropa, largo de cabello).

El gobierno militar consideró a la educación como el área más apta para el florecimiento de la subversión; se concretó una coherencia entre la política económico-social, la represión y la educación.

Al respecto, el 27 de octubre de 1977, mediante la resolución N° 538 el Ministerio de Cultura y Educación, daba a conocer el folleto “Subversión en el Ámbito Educativo. Conozcamos a nuestro enemigo”, que a partir del año siguiente fue enviado a los establecimientos escolares. Los directivos de los mismos serían responsables de la difusión de su contenido.

En el Capítulo III, se hacía referencia a la estrategia particular de la subversión en el ámbito educativo: “La estrategia y el accionar político de la subversión, considera a los ámbitos de la cultura y de la educación, como los más adecuados para ir preparando el terreno fértil hacia la acción insurreccional de masas...”. 

En el caso puntual de la Enseñanza Media, en los primeros meses posteriores a marzo de 1976, pudo apreciarse claramente que el diagnóstico oficial sobre la situación del nivel, se sustentaba en los supuestos desbordes del partipacionismo y en la ruptura del orden jerárquico.

En este marco, se dictaron medidas para suprimir las formas participativas vigentes (por ejemplo centros de estudiantes y se reglamentó el vestuario de profesores y estudiantes).

En el caso de estos últimos, una circular de la DINEMS (Dirección Nacional de Educación Media y Superior), determinaba:
* cabello largo que exceda el cuello de la camisa en los varones y no recogido en los niñas.
* uso de barba en los varones y maquillaje excesivo en las mujeres.

Toda la regulación curricular posterior a marzo de 1976, se inscribe dentro de los parámetros del autoritarismo pedagógico más ostensible.

Durante las gestiones de los ministros Bruera y Catalán, se postuló la necesidad de introducir la formación técnica y laboral en la Enseñanza Media. En este sentido, se introdujeron elementos laborales en los bachilleratos de formación general. Esto se fundamentaba tanto en los requerimientos del aparato productivo, como en la necesidad de desalentar el ingreso a la universidad.

La actitud frente al bachillerato laboral, fue acompañada a su vez, por la revalorización del bachillerato tradicional. Esta revalorización estuvo asociada a volver a garantizar el predominio de una visión humanística clásica. Los cambios curriculares se expresaron tanto a nivel de contenidos (introducción de la asignatura Formación Moral y Cívica y debate sobre las matemáticas modernas) como de la organización curricular (revalorización de la estructura por asignaturas).

A través de Formación Moral y Cívica se introdujo la enseñanza religiosa y se definió una propuesta antidemocrática.

Por otra parte, la tendencia interdisciplinaria fue detenida y se volvió a postular la vigencia de la materia como eje central de la organización curricular. 

4- DOS CASOS CONCRETOS DE AUTORITARISMO: CIRCULARES DE LA DINEMS Y CONTENIDOS DE LA ASIGNATURA FORMACIÓN MORAL Y CÍVICA 

Durante todo el proceso de Reorganización Nacional (1976-1983), la DINEMS (Dirección Nacional de Educación Media y Superior), llevó a cabo el control de contenidos y la censura bibliográfica. En este último sentido, mediante diversas circulares se concretó el autoritarismo pedagógico. Entre ellos han sido seleccionados los siguientes: 

Circular N° 173. Buenos Aires, 2 de agosto de 1978 
Artículo 1°: Prohíbase en todo el territorio nacional la difusión y circulación del libro “República Argentina” de Stanislao Miliarz, editado en la República de Polonia, la que corresponde a la edición en su idioma original: y en cualquier otro, como también a la versión parcial o resumen de la misma. 

Circular N° 9, Buenos Aires, 31 de enero de 1980
Prohíbase el uso en el territorio nacional, del planisferio “Panalpina en Argentina”, impreso en Suiza y distribuido en nuestro país por la Organización Integral Exterior. 

Circular N° 8, Buenos Aires 17 de febrero de 1980
Se prohíbe en todo el territorio de la República la distribución, venta y circulación del libro “Los Dignos”

Circular N° 26, Buenos Aires 19 de marzo de 1980
Prohíbase la distribución, venta y circulación en todo el territorio nacional del libro “El Marxismo Leninismo: Doctrina Viva y Eficiente” y secuéstrense los ejemplares correspondientes.

Como se expresó anteriormente, a través de la asignatura Formación, Moral y Cívica, se introdujo la enseñanza religiosa y se concretó una postura antidemocrática.

Respecto del primer aspecto, los contenidos desarrollados permiten verificarlo:
*Vocación de servicio: la palabra vocación tiene dos significados: inclinación hacia una carrera o profesión y otra se relaciona con el plan salvífico de Dios, con su proyecto sobre la salvación eterna del ser humano.
*Amor conyugal: en el amor conyugal se da la igual dignidad del hombre y la mujer. Es un amor sobrenatural, que saca fuerzas y juventud del trato con Dios.
*Virtudes teologales: la virtud es la disposición que tiene el hombre para obrar bien conforme a la conciencia moral. Las virtudes teologales son aquellas que tienen como objetivo a Dios: la fe, la esperanza y la caridad.
*Ley moral: la convivencia es el núcleo entre Dios y el hombre, cuyo cumplimiento es el amor de Dios y del prójimo; Encíclica 'Gaudium et Spes'. Ley eterna, ley natural: la ley eterna reside en la inteligencia divina, se identifica con Dios. La ley natural, inspirada por Dios, es una norma que rige el obrar moral y que surge como consecuencia de la naturaleza racional del hombre
*El crecimiento en el amor, la castidad: cuando el noviazgo se ciñe a un modelo de conducta virtuosa, los novios crecen en el amor. La castidad es la virtud que se opone a los efectos carnales.

La posición antidemocrática puede comprobarse en lo siguiente:
* El amor conyugal: es un hecho indisoluble (se opone al divorcio).
* Función esencial del estado: el estado es el encargado de imponer un orden social. Esta función debe ser cumplida en forma constante sin vacilar, ya que la paz y la tranquilidad públicas están amenazadas por la conducta antisocial y criminal de ciertos individuos.
* Intereses sectoriales y bien común: tanto las empresas como los trabajadores deben tanto cooperar en el proceso productivo, como cumplir con la legislación laboral. Cuando las empresas defienden sus propios intereses hay desinteligencia y conflictos: por ejemplo cuando niegan condiciones justas de trabajo o cuando los sindicatos colocan sus fondos a disposición de entidades o candidatos políticos. Si esto sucede se perturba el orden social y vulnera los intereses de algunas de las partes, entonces el estado está obligado a sancionar y garantizar la equidad. 
* Divorcio: la legislación actual del país no contempla el divorcio, la iglesia siempre se opuso. Sus consecuencias son las siguientes: conspira contra la unidad de la familia y fomenta el desamparo, coloca a los cónyuges en la tesitura de resolver drásticamente sus problemas, suprime la necesaria seguridad de la familia y conspira contra el proyecto de vida común; posibilita el extravío de los jóvenes que carecen del apoyo familiar. 

Circular N° 57, Buenos Aires 6 de marzo de 1980.
Me dirijo a esta autoridad escolar, haciéndole saber que se tiene conocimiento de la circulación en nuestro país de una publicación editada en Francia en 1971, traducida y distribuida en España por una conocida activista marxista, titulada “El Libro Rojo del Cole”, cuyo contenido se dirige principalmente al sector estudiantil, instruyéndolo sobre cómo debe actuar para enfrentar y descalificar a sus mayores, a las normas éticas y morales, etc.
* La lectura de esta publicación es, desde todo punto de vista, perjudicial y destructiva para la formación del educando. 

Circular N° 88, Buenos Aires 2 de julio de 1980. 
Prohibición de la obra “Argentina frente a los monopolios”.
* La lectura de esta obra socava los principios morales, éticos y cristianos de nuestra sociedad.
* Es perjudicial y destructiva para la formación del educando, motivo por el cual se encarece arbitren los medios al alcance para impedir su difusión.

Circular N° 98, Buenos Aires 23 de julio de 1980. 
* El Rectorado o Dirección se servirá informar si poseen en las bibliotecas, alguna edición del diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. La información requerida deberá ser enviada a la biblioteca de esta Dirección Nacional, sita en Córdoba 831 3er. piso, Capital Federal.

Circular N° 114, Buenos Aires 8 de agosto de 1980. 
Prohibición de la obra “Universitas, gran enciclopedia del saber”.
1º El personal docente de los establecimientos dependientes del Ministerio de Cultura y Educación, no utilizará ni recomendará a sus alumnos el uso de la obra “Universitas, gran enciclopedia del saber”, editada por Salvat editores S.A. de Barcelona, España.
2º Dicha obra será excluida de las bibliotecas escolares.
Las autoridades escolares verificarán el cumplimiento de lo dispuesto en la respectiva resolución, que tendrá vigencia inmediata. 

5- CONCLUSIONES: 

El análisis de la bibliografía consultada, como también de las fuentes primarias (libros de texto de la época, en este caso Formación, Moral y Cívica y circulares de la DINEMS), permitieron confirmar la hipótesis planteada en la introducción. En efecto, se implementó un proyecto educativo autoritario, ya que: 
* Se efectuó censura bibliográfica. 
* Se plantearon y desarrollaron contenidos de manera categórica, sin posibilidad de debate y confrontación de ideas. 
* Se introdujo formación religiosa católica, inclusive en colegios estatales y no confesionales, no permitiéndose la presencia de otros credos. 
* Una suerte de anulación de la ley de Educación Común N° 1420.



6- BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA: 

* Duhalde, Eduardo Luis. El estado terrorista argentino. Buenos Aires, El Caballito, 1983.
* Flamarion, C. y Cardoso, S. Introducción al trabajo de la investigación histórica. Barcelona, Critica Grijalbo 1982.
* Luchenio, Ángela. Formación, Moral y Cívica. Buenos Aires, Kapelusz. 1982.
* O’Donell, Guillermo. "Las fuerzas armadas y el estado autoritario en el cono sur". En: N. Lechner. Estado y política en América latina. Méjico, Siglo XXI, 1985.
* Puiggrós, Adriana. “¿Qué pasó en la Educación Argentina? Desde la conquista hasta el menemismo. Buenos Aires, Kapelusz, 1998.
* Tedesco, Juan C., Braslavsky, C y Carciofi, R. El proyecto autoritario, Argentina 1976-1982. Buenos Aires, Flacso, Miño y Dávila editores. 

7- MATERIAL DE ARCHIVO: 

Existente en la E.E.M N° 20.
* Subversión en el ámbito educativo. Conozcamos a nuestro enemigo. Buenos Aires, Ministerio de Cultura y Educación, 1978.
* Circulares de la DINEMS años 1978 y 1980

Compilación Prof. Chalo Agnelli
Gentileza de la Lic. Susana Brunetín, profesora de historia
Original en la Biblioteca Popular Pedro Goyena

Fuente:
Esta nota ha sido publicada por Chalo Agnelli en