1/2/13

Premio "Eugenia Meyer"
Primer Concurso de Historia Oral Latinoamericana


Fundamentación:

Durante los últimos treinta años, los estudios históricos sustentados en la historia oral han tenido un desarrollo notable en América Latina. Han proliferado los congresos nacionales y regionales, las revistas científicas y otras publicaciones, los equipos de investigación y capacitación, e incluso las especializaciones y orientaciones en distintas áreas universitarias.

Este desarrollo se ha traducido también en un permanente intercambio académico y en la constitución de asociaciones que han organizado reuniones latinoamericanas sobre historia oral. Iniciados en 1988, con la realización en México del Primer Encuentro de Historia Oral de América Latina y España, fructificaron luego en 2005, con la reunión en Colombia, y se consolidaron en 2010, con la Red Latinoamericana de Historia Oral (RELAHO), conformada con el propósito de vincular y generar una relación permanente y dinámica entre los distintos grupos, organismos e instituciones que se abocan a este campo de estudio.

Tanto los encuentros como la RELAHO permitieron dar cuenta de la abundancia de trabajos e investigaciones sobre historia oral en América Latina, así como de su pluralidad.

Con la finalidad de estimular dichas tareas se ha instituido un premio que lleva el nombre de la destacada investigadora mexicana Eugenia Meyer, pionera indiscutible en el campo de la historia oral y la recuperación de la memoria en nuestra América Latina, autora de múltiples estudios, ensayos e investigaciones, y promotora de la creación de museos sobre el México contemporáneo. La Dra. Meyer es profesora emérita de la Universidad Nacional Autónoma de México desde 2010.

Objetivos:

El Premio “Eugenia Meyer” responde a un doble objetivo: promover y premiar la excelencia en la investigación, reflexión y análisis de los estudios de historia oral y de memoria por parte de investigadores residentes en América latina, y hacer un reconocimiento y homenaje en vida a la historiadora mexicana que tanto ha hecho por el desarrollo de esta disciplina en la región.

Criterios Generales:

El premio “Eugenia Meyer” incentiva a los investigadores, sean o no académicos, para lo cual considerará todos aquellos trabajos de investigación, análisis, teorización o reflexión que recurran a la historia oral como parte de su método.

Cada dos años, el premio será anunciado y posteriormente entregado en alguno de los congresos latinoamericanos de historia oral, organizados ya sea por las asociaciones de los respectivos países o por la propia RELAHO, cuyos administradores determinarán el lugar, la ocasión de entrega y la fecha del anuncio.

Los candidatos podrán presentar sólo trabajos realizados durante los dos años previos a la convocatoria. La única excepción será la primera convocatoria, que permitirá la presentación de trabajos realizados en los cinco años previos.

Además, los candidatos deberán residir en América Latina, si bien pueden o no ser oriundos de algún país latinoamericano. Los trabajos serán considerados exclusivamente por sus méritos. Por ende, no se tomarán en cuenta los antecedentes académicos, la filiación política o ideológica, la raza, el género, la nacionalidad, la
orientación sexual o la religión de los participantes.

El premio será responsabilidad de la RELAHO y sus administradores.

Cada dos años, los administradores de la red realizarán la convocatoria, anunciando características y jurado.

Categorías:
El Premio “Eugenia Meyer” se otorgará cada dos años en tres categorías distintas:
Mejor libro de historia oral y/o memoria publicado: $2,000 dólares.
Mejor artículo o ensayo publicado: $1,000 dólares.
Mejor tesis, ensayo o libro inéditos: publicación del trabajo, a cargo de la RELAHO.

Cierre de la convocatoria: 31 de marzo de 2013

Informes:


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Eugenia Meyer Walerstein Derechín

La Doctora Eugenia Meyer Walerstein Derechín estudió su licenciatura, maestría y doctorado en la Facultad de Filosofía y Letras, de la Universidad Autónoma de México, donde comenzó como docente en 1960. Estudió con Edmundo O´Gorman y Juan A. Ortega y Medina, investigadores eméritos de la UNAM, con los que aprendió las bases teóricas para la crítica de fuentes y la investigación dentro de la Filosofía de la Historia y la Historiografía. Fue profesora en la Escuela Nacional Preparatoria, así como en el Colegio de Historia de la propia facultad, desde 1963. Ha participado en el Consejo Asesor de Historia, Antropología y Fuente Oral de la Universidad de Barcelona, en el Consejo editorial de Estudios Jaliscienses y asesora del Proyecto de Historia Oral en la Oficina Regional de Cultura para América Latina y el Caribe, UNESCO. Le han otorgado el Premio Universidad Nacional, UNAM, en el área de Docencia en HUmanidades, en 1998, y fue nombrada profesora emérita, de la Facultad de Filosofía y Letras, en 2009, con más de 50 años de docencia, también la han reconocido con la Cátedra Tinker de la Universidad de Chicago, y la Medalla al Mérito Histórico Capitán Alonso de León.

En el área de investigación la Dra. Eugenia Meyer ha contribuido con diversas obras, las cuales se han enfocado principalmente al estudio de la historia de México así como a la historiografía de los períodos más recientes del país. De tales investigaciones han resultado ocho libro publicados. Ebtre ellos:
"Ernst Gruening. Experiencias y comentarios sobre el México post-revolucionario";
"Conciencia histórica norteamericana sobre la Revolución de 1910";
"Luis Cabrera, teórico y crítico de la Revolución";
"Raoul Fournier. México humanista".

Ver más en:
http://www.abebooks.co.uk/servlet/SearchResults?an=Eugenia+Meyer&sortby=3

Su trabajo la ha aproximado de la realidad sobre la historia de México, principalmente en lo que respecta al período revolucionario de inicios del siglo XX, que normalmente es conocida a través de una narrativa caracterizada por su enfoque oficial, por lo que termina distando mucho de los hechos tal y como acontecieron.

Para la doctora Walerstein “La historia de los vencidos cuenta por qué campesinos despojados y desarraigados se involucraron en el movimiento”.

También está convencida de los múltiples procesos revolucionarios, pues no existe para ella la simple idea de un Francisco I. Madero que a una hora determinada convocó a los mexicanos, y al unísono todos se sumaron a sus fuerzas para tomar las armas no tiene sentido, en un momento en que algunos estados como Chiapas y Oaxaca estuvieron al margen de tales acontecimientos y no tomaron parte, a favor de la revolución, y sí, siendo abrigo de movimientos que iban contra la misma.

Todo ello ha llevado a la doctora Eugenia Meyer a observar que el abordaje sobre el aprendizaje de la historia, a través de las instituciones que la imparten, debe considerar principalmente los procesos que la componen mucho más allá de los simples hechos, por grandes que sean, con sus nombres o fechas, es decir: “Tratamos de que los estudiantes de historia comprendan. Si uno entiende los procesos puede explicarlos, de lo contrario se recurre al concepto de memorización, a los datos y fechas, lo que es menos relevante de la historia”.



"En el marco de la XVII Conferencia Internacional de Historia Oral, entrevistamos a Eugenia Meyer, pionera de la historia oral en México y América Latina. En un diálogo franco, la historiadora repasa algunos aspectos de su vida que determinaron su incursión en la historia oral en el abordaje de distintos temas vinculados a la historia contemporánea de México. Además, sobre el final de la entrevista, Meyer se refiere a la historiadora recientemente fallecida, Alicia Olivera de Bonfil, otra de las pioneras en el campo de la historia oral en México."

Entrevistadores: Laura Ortíz y Rubén Kotler / RELAHO
Fecha: 7 de septiembre de 2012
Lugar: Casa del Historiador, Ciudad de Buenos Aires.

Oír Entrevista (1 hora 20 minutos) en:
http://www.relaho.org/index.php?option=com_content&view=article&id=140%3Aentrevista-con-eugenia-meyer&catid=20%3Acuentame-como-fue&Itemid=23&lang=es 


"NIÑOS DE AYER, NIÑOS DE HOY"
Su participación en la historia de México

A los niños se les ve, pero no se les oye; Calladita te ves más bonita; Chitón, están hablando los mayores…muchas frases de este tipo han sobrevivido al paso del tiempo, quizá porque todavía en los albores del siglo XXI los “menores” pasan desapercibidos e incluso ignorados, sin que los adultos reparen en su forma de pensar y sentir.

El porqué de esta situación que trasciende tiempo y espacio, el cómo son aceptados o rechazados: queridos o maltratados, son algunos de los aspectos sobre los que reflexiona la historiadora Eugenia Meyer en el libro Niños de ayer, niños de hoy, edición del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y Lumen que aparece en la colección Huellas de México, serie Ecos.

“Se afirma —comenta la autora— que infancia es destino, es decir, que la niñez marca, decide, lo que serán los hombres y las mujeres adultos. Así, detenernos a estudiar y describir cómo han sido los niños mexicanos tiene mucha importancia para comprender lo que a lo largo de la historia nos une e identifica”.

De esa manera, en poco menos de 50 páginas complementadas con reproducciones de fotografías, pinturas y otros documentos de época, el libro brinda una visión general acerca del lugar y el papel que los niños mexicanos han desempeñado a lo largo de nuestra historia, en las diferentes épocas y circunstancias.

¿Y quiénes son los niños?; Crecer, educarse, prepararse para la vida; Lo que pasa todos los días: casa, comida, vestido y salud; Cada quien atiende su juego y Soy feliz como una lombriz, son los apartados en que se divide Niños de ayer, niños de hoy, que cierra con un dossier sobre la Declaración de los Derechos del Niño.

Enfática, Meyer apunta que "ya es hora de que la historia de los niños mexicanos se escriba teniendo en cuenta las características que han perdurado a lo largo del tiempo y, luego, los cambios que se han dado de la mano de los procesos de transformación o confrontación".

“Sabemos que muchos niños mexicanos, en distintas épocas, han vivido con madres solas o solteras; que la ausencia del padre, aunque a veces reemplazado por la figura del abuelo, ha determinado su relación y dependencia hacia la madre, que simplemente son huérfanos, sin parientes, y que pueden ir a dar, hasta que cumplen 18 años, a una institución de gobierno, como orfelinatos, hospicios o casas hogar”.

Peor aún —dijo—, algunos niños van por la vida solos, o rodeados de otros niños en la misma condición de abandono u orfandad. También se convierten en una mano más para el sostén del hogar, según datos oficiales, en el 2002 trabajaban unos 3 millones y medio de infantes mexicanos.

Una anécdota referida en el texto y que bien cabe rescatar, sucedió en plena Revolución. Mientras caminaba por las calles del centro de la ciudad de México, el general Pancho Villa se encontró con un cuadro que habría de conmoverlo: unos pequeños que dormían en bancas y banquetas, abrazados a perros y cubiertos con periódicos para protegerse del frío.

“Al día siguiente ordenó a sus lugartenientes recoger a cuanto niño capitalino sin hogar o sin familia encontraran, llevarlos a un cuartel, y de allí enviarlos por tren a Chihuahua, a fin de que su esposa, doña Luz Corral, luego de bañarlos, vestirlos y alimentarlos, los trasladara a la Escuela de Artes y Oficios, donde se alojarían y recibirían instrucción para el futuro”.

Respecto a la educación, la historiadora comenta que en los pueblos mesoamericanos ésta se orientaba a formar a los varones, en tanto que las niñas recibían instrucción para prepararse como madres. Posteriormente, la llamada conquista espiritual obligó a las diversas órdenes religiosas a encauzar una obra educativa de gran importancia hacia los niños indígenas.

Después de consumada la Independencia pareció necesario llenar las grandes lagunas educativas que había dejado la época virreinal, dando paso al principio de la libre enseñanza. Así, casi al arrancar la vida republicana comenzó un “estira y afloja” para quitar a la Iglesia el control de la educación.

“Estas ideas y propósitos continuaron durante el largo gobierno de Porfirio Díaz, al tiempo que se generaban métodos más novedosos para la enseñanza. Ya durante el siglo XX, los poderes ejecutivo y legislativo, han dotado de mayor presupuesto al sector, el cual siempre será insuficiente porque falta mucho por hacer”, expresa Meyer.

La especialista apunta en que en el tema de la salud, si bien la mortalidad infantil disminuyó a partir de la segunda mitad del siglo XX debido a políticas oficiales para fomentar campañas de vacunación y prevención de enfermedades; “debemos reconocer la dolorosa realidad de que aun hoy, muchos niños mexicanos padecen hambre mientras que otros se enferman por comer en exceso alimentos que no nutren”.

Pese a estas condiciones adversas, el juego nunca ha dejado de alimentar la fantasía de los pequeños y en este aspecto también se produjeron grandes cambios en el siglo XX. “Ahora hay hasta muñecos para niños, y las niñas practican deportes que antes les estaban prohibidos, como el futbol, el béisbol o el kickboxing”.

Que los niños de hoy serán los hombres del mañana, que infancia es destino. Sin duda, concluye Eugenia Meyer, de ahí que en su propia memoria, sus imágenes, sus recuerdos y hasta sus olvidos, estén fuentes y claves importantes para entenderlos.

(El destacado nos pertenece)

Fuentes: http://100.unam.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=1061%3A-meyer-walerstein-derechin-eugenia&catid=43%3Auniversitarios&Itemid=201&lang=es
http://es.wikipedia.org/wiki/Eugenia_Meyer
http://www.relaho.org/index.php?option=com_content&view=article&id=140%3Aentrevista-con-eugenia-meyer&catid=20%3Acuentame-como-fue&Itemid=23&lang=es
http://www.inah.gob.mx/index.php/boletines/247-historia/765-ninos-de-ayer-ninos-de-hoy

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