25/2/13

Pedagogía y Archivos

ENSEÑANZA CON ARCHIVOS 
Michael G. Cook *
(adaptado)

En muchos sistemas escolares en todo el mundo, los profesores de niños y jóvenes menores de 18 años, están utilizando materiales de fuentes primarias en sus clases. Así complementan los textos tradicionales o los reemplazan en su totalidad por fuentes originales. Los profesores que han adoptado este método de enseñanza se refieren a él como una aproximación documental a este tópico y sostienen que ha sido más efectiva para la enseñanza de la historia, las ciencias sociales y la geografía. Según ellos, el trabajar con las fuentes primarias en estas tres disciplinas capacita al estudiante para que desarrolle tanto sus habilidades intelectuales como su sensibilidad social. Los profesores señalan que el alumno que trabaja con materiales originales tiene que dejar a un lado las opiniones de otras personas sobre el tema en cuestión y someter las fuentes a su propio pensamiento crítico. Deberá tomar la información relevante de estas fuentes, organizar los datos, formular y comprobar hipótesis basadas en los hechos y comunicar sus conclusiones al profesor y a sus compañeros. Los profesores agregan que, si el alumno es parte de un grupo que estudia un problema por medio de materiales fuente, aprenderá a cooperar con otros participando en los esfuerzos del grupo para lograr una sola interpretación del problema. Finalmente, los profesores aseguran que el alumno que regularmente examina los materiales fuente de la historia, las ciencias sociales y la geografía, adquiere un entendimiento más profundo del comportamiento humano en el pasado y en el presente, lo mismo que una apreciación de la interacción continua del hombre y la naturaleza. 

La selección de materiales originales para fines educativos y el desarrollo de nuevas técnicas para presentar las fuentes a los escolares han estado, hasta ahora, en manos de educadores profesionales; aquellos que capacitan profesores e investigan en pedagogía. Los archivistas han tenido un papel secundario, aunque de apoyo, en este proceso. Los educadores profesionales han ido a los repositorios archivísticos en busca de material apto que les ayude a llevar a cabo el método documental de enseñanza, y los archivistas se lo han proporcionado con las fuentes. Por lo general, los archivistas han considerado que su trabajo termina aquí, dejando que los educadores profesionales elaboren los planes generales de los cursos basados en los materiales primarios, editen los documentos para publicarlos como colecciones fuente, seleccionen los manuscritos para la reproducción de diapositivas y fotobandas, y asesoren a los profesores sobre como usar mejor las fuentes en las clases. 

Sin embargo, últimamente los archivistas de algunos países han tomado la delantera en la promoción de los archivos como recurso educativo para alumnos por debajo de la edad universitaria. Después de haber establecido una oficina educativa dentro de su repositorio, estos archivistas se han embarcado en un programa de “enseñanza con archivos” que incluye el establecimiento en sala de consulta educativa en el repositorio, para los alumnos que vengan a consultar las fuentes, suministrar el equipo especial, compilar las guías de localización específicamente para el uso de profesores y alumnos, y ayudar a los profesores a capacitar a los alumnos en las técnicas de la investigación archivística. Otro aspecto del programa de “enseñanza con archivos” hace que los archivistas lleven los archivos a los colegios por medio de la exposición de facsímiles de documentos originales, trasladando pequeñas cantidades de documentos para que los niños los estudien, y elaborando colecciones de materiales primarios para el uso en las aulas. Los archivistas están ampliando los materiales fuente para los niños y jóvenes no solamente para aumentar el actual número de usuarios de los archivos, sino también para asegurar una futura clientela de investigadores adultos capacitados. En efecto, los archivistas están tratando de despertar en la gente joven lo que ellos esperan se convertirá en un interés permanente en las fuentes archivísticas. Dicen que el verse comprometido en este tipo de esfuerzo educativo es propio de los archivistas, porque la familiaridad que los archivistas tienen con los materiales que guardan, los hace especialmente calificados para determinar cuáles fuentes son las que se pueden explotar casi en su totalidad para fines educativos. También sostienen que pueden asesorar a los profesores en la capacitación de los alumnos sobre los métodos fundamentales de la investigación archivística. 

En base a la experiencia que los archivistas británicos hemos tenido con los proyectos educativos, sugiero que si algunos colegas de otros países quieren iniciar un programa de “enseñanza con archivos” para su propia institución, den cuatro pasos preliminares. 1º9 deben asegurarse que haya suficientes archivistas en el repositorio dispuestos a trabajar con niños y jóvenes para así tener un adecuado grupo de funcionarios para el programa. 2º) También deben obtener fondos de la administración del repositorio para sufragar al menos algunos, si no todos, los costos esperados. 3º) Además de buscar los funcionarios y la financiación del programa, los archivistas interesados deben contar con la ayuda de los funcionarios escolares apropiados y los profesores y pedirles su colaboración para elaborar un documento sobre los objetivos educativos del programa. Si el repositorio no pude cubrir todos los gastos de su propio presupuesto, los archivistas pueden proponer que el programa sea financiado en parte con los fondos del colegio. 4º) Finalmente los archivistas deben contar con la administración de su repositorio para crear una oficina educativa dentro de la educación. A los miembros de la dirección de la oficina educativa se les dará tiempo para adquirir la habilidad necesaria para dirigir un programa educativo. Podrían trabajar en su propia institución o en un colegio, dependiendo de la naturaleza del proyecto. Tendrían derecho a comprar equipo especial para el programa, cambiar las horas de trabajo para acomodarse a las de los alumnos dentro del programa, y supervisar la investigación en una forma compatible con el nivel de conocimiento y el grado de competencia de los alumnos. 

Una vez que se hayan tomado estas medidas, los miembros de la dirección de la recién creada oficina educativa deben determinar el rango de edad de los alumnos a los que pretenden prestar el servicio. Deberán tomar esta decisión antes que cualquier otra, porque el tema de un proyecto particular que se vaya a estudiar y el número de documentos que el archivista vaya a seleccionar dependerá de la edad de los alumnos con los que el archivista estará trabajando. Los archivistas que realizan programas de “enseñanza con archivos” por lo general lo hacen con grupos de 16 a 18 años, porque creen que solamente los jóvenes cercanos a la edad universitaria sabrán como encontrar las fuentes relevantes y estudiarlas críticamente. Pero nuestra experiencia con jóvenes de rangos intermedios de 10 a 13 y de 14 a 16 años han demostrado que estos jóvenes también pueden aprender a tratar inteligentemente los materiales primarios, seleccionando con anterioridad las fuentes pertinentes. Estos grupos tienen un nuevo sentido de la investigación y una vez que ahondan en un tema, por lo general, llegan a extractar de las fuentes que se les han dado toda la información significativa. Algunos proyectos de enseñanza archivística han tenido éxito en niños menores de 10 años, especialmente proyectos sobre el medio ambiente y la historia familiar que presenten fuentes documentales junto con objetos relacionados con personas y lugares familiares 3*. Los archivistas deben tener en cuenta que si quieren enfocar el programa educativo a niños y a jóvenes de grupos de edades intermedias, deben estar preparados para gastar tiempo en seleccionar cuidadosamente los materiales fuente que se van a estudiar. 

La siguiente decisión que el archivista debe tomar después de haber acordado el grupo de edad de los alumnos con los que se va a realizar el programa de “enseñanza con archivos” es la de escoger el tema de un proyecto educativo archivístico y localizar los materiales fuente apropiados. El tema puede encargarse de una amplia gama de disciplinas, incluyendo historia, ciencia política, geografía y ciencias sociales, o puede ser interdisciplinario, Cualquiera que sea el tema sin embargo, debe estar relacionado con algo que los jóvenes estén aprendiendo en el colegio. No debe escogerse sólo porque las fuentes archivísticas estén a la mano. El seleccionar un tema sólo en base a la disponibilidad de los materiales primarios ha llevado a algunos archivistas a tratar, en vano, de enseñar historia administrativa a los niños todavía incapaces de comprender la compleja estructura de las organizaciones. 

Claro que la sugerencia de escoger el tema del proyecto educativo archivístico algo se que está enseñando en el aula, no tiene en cuenta la dificultad de encontrar temas del currículo iguales a los materiales fuente en el repositorio local. Soy consciente de que el tema de una unidad educativa difícilmente estará muy alineado con las colecciones del archivo que no tendrá más que las fuentes documentales necesarias para realizar el proyecto. No obstante, los archivistas, profesores y alumnos pueden resolver el problema al recoger materiales no archivísticos sobre el tema, como son los trabajos publicados, fotografías, objetos de museos e ítems que se encuentran en el ambiente contemporáneo. Al aprender sobre los distintos aspectos de compra y venta, los alumnos pueden utilizar las cartas de los comerciantes locales del Ministerio de Comercio como sus fuentes archivísticas y como materiales complementarios, usar la historia publicada de un almacén que los patrocine, artículos sobre comercio que aparecen en las colecciones de periódicos de las bibliotecas del pueblo, copia de viejos cuadros de almacenes compradas en un museo, y fotografías de los negocios de la comunidad tomadas por los mismos alumnos. 

Cuando se buscan los materiales fuente apropiados para un tema, los archivistas deben recordar que los alumnos aún no han adquirido un interés especial en consultar los documentos primarios y que se les debe estimular esta curiosidad. Por consiguiente, los archivistas deben tratar de seleccionar documentos que tengan una fuerte atracción visual. Algo sobre la apariencia del documento debe hacer que los alumnos lo quieran observar de cerca. En cuanto al contenido, cada documento debe tener un “punto de enseñanza”, un hecho o un concepto que los alumnos incluyan específicamente de ese documento y que realce la comprensión del tema en su totalidad. El punto de enseñanza debe ser inmediatamente aparente en cualquier documento que se le dé a los niños. En el caso de alumnos mayores, el punto de enseñanza debe ser menos obvio con el fin de que ellos lo descubran en el curso del estudio del documento. Debido de que a menudo los alumnos trabajan en grupos en proyectos educativos, los archivistas deben también escoger un documento sobre la base de que si el grupo podrá examinarlo y distinguirlo. 

De hecho uno de los mayores problemas con que se enfrentan los archivistas al intentar organizar un proyecto educativo archivístico, es el de encontrar suficientes documentos visualmente atractivos cuyos contenidos no sean solo informativos sino que también conduzcan a su estudio en grupo. La oficina educativa debe tener una reserva de materiales fuente para que más tarde se puedan hacer las selecciones a medida que se vayan necesitando, y se debe estimular a los archivistas que trabajen allí para que reporten cualquier documento que encuentren en su trabajo de rutina y que crean que es apropiado para el programa educativo del repositorio. En las áreas de repositorio donde los funcionarios ordenan y describen los documentos, puede tenerse un formato para reportar este tipo de material. Siempre que un archivista conozca un documento que él crea que es potencialmente útil para un proyecto educativo archivístico, puede llenar un formulario y depositarlo en la oficina educativa. Los archivistas de esta oficina mantendrán a su vez, un fichero de referencia sobre estos documentos. La Figura 1 es un modelo de formato de reporte. 

Deseo informar que el documento siguiente es apropiado para uso educativo. 

Ref. Del  Documento
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Características visuales u otras características especiales

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Firma___________________________________ 

Unidad__________________________________ 

Fecha___________________________________ 


Figura 1. Ejemplo de un formato de reporte para registrar documentos educativos apropiados. 

Algunos proyectos educativos archivísticos se llevan a cabo mejor cuando los alumnos, acompañados por su profesor, van al repositorio para hacer su investigación. Ya que ordinariamente las salas de consultas son inapropiadas para niños o grupos de jóvenes que trabajan en equipo, los archivistas responsables del programa de “enseñanza con archivos” deben abrir una sala aparte y dotarla con muebles especiales y un equipo de exposición. Las pantallas portátiles y livianas son más versátiles que las de pared, por ejemplo. Los archivistas responsables de mantener la sala educativa deben conocerlas técnicas del montaje, de los encabezamientos y la iluminación con el fin de hacer un uso más eficaz del equipo de exposición. Más aún, los archivistas deben diseñar las ayudas de localización para los alumnos y profesores diferentes a las compiladas para los investigadores. 

Al igual que la sala de consulta regular, la sala de consulta educativa debe controlada en temperatura y humedad, localizada cerca del área de depósito y supervisada por empleados profesionales. Debe contar con muebles fáciles de mover, de manera que los alumnos se puedan agrupar alrededor de las mesas o trabajar individualmente en los escritorios. Debe equiparse para que se puedan exponer ítems tales como documentos originales o sus facsímiles, la información que obtengan las personas que integran un equipo investigativo -que querrán ayudarse unos a otros a medida que el proyecto avanza- y el trabajo escrito que los alumnos hayan hecho como resultado de haber consultado las fuentes. El equipo debe permitir el cambio rápido y frecuente de las exposiciones. 

Además de organizar una sala de consulta educativa separada de la consulta regular, los archivistas deben elaborar ayudas de localización especiales para los alumnos y los profesores. Una guía convencional o inventario describe todo en una serie de documentos, pero lo hace en términos generales y por lo general, sin clasificar los temas tratados por su orden de importancia. Después de haber consultado una guía de localización para un grupo particular de documentos, el investigador selecciona algunos documentos para estudiarlos, deja a un lado a aquellos que no contienen información pertinente a su área de investigación, y toma nota sobre aquellos que le son valiosos. De nuevo consulta las guías de localización, solicita más documentos y repite el proceso de investigación. Pero los alumnos que llegan con su profesor a un repositorio, no tienen tiempo para leer documentos que al final no les sirven para sus proyectos. La primera vez que usen los archivos tiene que solicitar los documentos relevantes, por esta razón, una guía de localización educativa debe tener solo una lista de las fuentes que han sido seleccionadas por los archivistas por contener información sobre el tema de investigación. La guía de localización descrita en la Figura 2 la usará el profesor de alumnos muy jóvenes para solicitar los documentos de su interés, aunque los pueden utilizar los alumnos mayores. En realidad, todo proyecto archivístico con los niños debe tener una guía de localización educativa ya sea para el profesor o para los alumnos. Lo que diferencia a una guía de localización educativa de una guía corriente o inventario es que aquella permite que el profesor o los alumnos seleccionen los documentos para la investigación, asegurando a la vez que cualquier documento escogido tenga al menos una relevancia con el tema del proyecto. Aunque los documentos han sido preseleccionados por los archivistas, los alumnos tendrán que aprender a valorar cada fuente de acuerdo con la cantidad y a la calidad de la información pertinente que deriven de ella. 

Archivo de Cualquier Estado 
SERVICIO EDUCATIVO 

Lista Educativa No. 100 
Tema: Condiciones sociales y económicas en la ciudad de Largetown, 1920-1950. 
Rango de edad: 13-16 (también puede usarse para proyectos cortos 16-18). 
Resumen Relevante: Central Externo Análisis Regulaciones de la Junta 
Características Especiales: Los documentos con alguna característica gráfica particular llevan un asterisco (*). 
Fuentes usadas: Archivo de Gobierno de la Ciudad de Largetown (Departamento de Vivienda, Ingeniería, Salud Pública, Educación); archivo del Ministerio de Educación, Vivienda Pública y Bienestar Social de Cualquier Estado. Las Referencias a las series de archivo aparecen al final de cada sección. 
Material seleccionado de otro lugar: Museo de Vivienda y la Familia, Smalltown. 
Lectura preliminar sugerida: [Lista de los libros apropiados para cada rango de edad]. 

Inventario: 
1. Investigación e informes oficiales sobre el empleo y la vivienda en pueblos grandes de 1910, sección 5-7 apéndice III, (hay duplicados disponibles en el escritorio de información). 
2. *Afiche publicado por el Ministerio de Salud Pública sobre la limpieza en el hogar, 1923. (Se venden copias. En la lista educativa No. 101 aparece una lista de otros ítems de esta sección del archivo). 
3. Carta de un importante reformador social del primer Ministro, Abril 1934. (Los archivos de estas personas se encuentran disponibles en la oficina y están en lista en sala de consulta principal). 

Inventarios de los cuales se ha tomado material para esta lista: 
MPH 16 Ministerio de Salud 
CGL 1 Administración de la Ciudad, Largetown. 

Para solicitar documentos de esta lista, llene una de las formas que Ud. encontrará en las mesa, citando el Nº de la lista (lista educativa 100) y el Nº del ítem (e.g., Nº 3). Luego entregue la forma al supervisor. 

Figura 2. Ejemplo de una guía de localización de documento. 

El archivista encargado de la sala de consulta educativa no reemplaza al profesor en un proyecto, pero si tiene que cumplir algunas funciones de enseñanza. Antes de que la clase llegue a la sala de consulta, tendrá que revisar que las guías de localización se encuentren en sitios de fácil acceso y que tengan a la mano un adecuado suministro de materiales escritos. Debe colocar su propio escritorio o área de trabajo de forma que los alumnos se sientan libres para acercarse a él con preguntas o problemas. Después de que los alumnos hayan llegado, el archivista debe explicarles cómo están dispuestos los medios de la sala y como usar las guías de localización. También debe aclararles que deben acercársele uno por uno en lugar de venir todos a la vez. Al contestarles las preguntas y hacer sugerencias sobre las formas para solucionar sus problemas, el archivista estará realmente enseñándoles las técnicas básicas de la investigación archivística. 

No todos los proyectos de educación archivística pueden realizarse en un repositorio, Cuando no es posible de que los alumnos estudien las fuentes de una institución archivística, los archivistas pueden llevarlas por medio de exposiciones de documentos originales en sus escuelas, llevando unos pocos documentos para que los alumnos los estudien, y creando colecciones de materiales primario para uso en las aulas. 

Llevar exposiciones de material de archivo a los colegios es un método frecuentemente usado por los archivistas para introducir a los jóvenes a las fuentes documentarias. Quienes han llevado tales exposiciones de colegio en colegio, recomiendan que el tema de la exposición se relacione con un tema que los niños estén estudiando en ese momento de la clase. Señalan que una exposición cuyo tema no tenga ninguna relación con lo que los niños estén aprendiendo es solo una forma de publicidad para las colecciones del repositorio, no un proyecto educativo archivístico. Muchos archivistas que han montado exposiciones creen que es mejor mostrar fotografías ampliadas de facsímiles de los documentos originales, ya que las ampliaciones impactan más visualmente y son más fáciles de leer que los originales. Ellos aconsejan que se prepare una hoja con notas explicativas breves para que se distribuyan durante la exposición. 

Otra forma como los archivistas pueden llevar materiales originales a los jóvenes es transportando pequeños y coherentes grupos de documentos a los colegios para que los alumnos los estudien en su propio salón. Obviamente, los materiales no pueden ser de los que tienen demanda constante por parte de los investigadores en el repositorio. Se debe tener especial cuidado con la conservación y seguridad de los documentos cuando están lejos del repositorio, aunque algunos archivistas están dispuestos a tomar las precauciones necesarias con el fin de dar a los jóvenes la oportunidad de manipular los materiales. Ellos piensan que los alumnos recordarán más el documento si lo pueden tener en sus manos y lo pueden leer. 

Un tercer medio que los archivistas tiene para presentar las fuentes a los jóvenes, es hacer reproducciones de los materiales originales para su uso en el aula. Este método incluye la compilación y la edición de una colección, y después su distribución a los colegios ya sea en forma impresa o no. La principal desventaja relacionada con este método es que casi no hay contacto personal entre el archivista y el profesor una vez que la colección de documentos se ha distribuido. El profesor simplemente la solicita y la usa como lo juzgue conveniente. A pesar de esto, la reproducción de colecciones de fuentes primarias puede ser parte valiosa del programa institucional de “enseñanza con archivos”, especialmente cuando el repositorio no tiene los medios económicos para equipar una sala de consulta educativa o para enviar exposiciones, pero si tiene un grupo de archivistas animados a trabajar en educación. 

Un tipo de colección fuente que los funcionarios educativos archivísticos pueden desarrollar, es un volumen encuadernado que contenga los textos de los documentos relacionados con un solo tema. Los documentos se pueden reproducir en forma impresa o en foto offset, o también se pueden reproducir en facsímiles. Aunque el profesor que solicita la colección es quien decide como usarla en clase, el archivista que compila la colección debe asegurarse que trate de un tema importante y de narración clara. Los documentos de la colección pueden contener por ej. una descripción paso a paso de la independencia de un país que anteriormente estaba bajo un régimen colonial. Deberá haber notas explicativas sobre cada documento o grupo de documentos. Si se considera necesaria una ayuda adicional para que los alumnos capten el significado total de los documentos, el archivista deberá incluir una hoja con preguntas sobre cada documento para que todos los alumnos las contesten antes de las fuentes se discutan en clase. 

Otro tipo de colección fuerte es la que se produce en fotobandas o en diapositivas. Esta colección es útil principalmente para conferencias formales del profesor a toda la clase. El archivista que edite este tipo de colección documentada debe anexar el material explicativo necesario, como una grabación que narre la fotobanda o las diapositivas. 

La “unidad de enseñanza de archivos” (de aquí en adelante llamada ATU) se ha convertido en una herramienta educativa popular en muchos países. Es una colección suelta de reproducciones fotográficas de documentos originales, empacadas con un sobre junto con los materiales educativos y la información complementaria. Los típicos ATU producidos por los archivistas británicos están limitados por el tema de las fuentes archvísticas locales que puedan ser ilustradas, tales como el desarrollo del sistema de transporte de una región particular, el tratamiento de los pobres en una región específica del país en un momento de la historia y ATU está diseñado de tal forma que los alumnos individualmente o por grupos, puedan entender ampliamente el tema al estudiar los documentos contenidos en el sobre y al consultar los trabajos relacionados recomendados en los materiales explicativos. El profesor guía a sus alumnos en el uso de los materiales ATU, pero no les interpreta las fuentes como lo hace cuando les enseña con las colecciones documentales encuadernadas, las películas o diapositivas. 

El ATU normal contiene, primero que todo, los facsímiles de los documentos. De tamaños y colores diferentes, aspecto sucio, raído y desbaratado, conservan las características físicas únicas de los originales y por lo tanto son más atractivos a los alumnos que los textos de impresión blanda o los escritos a máquina de los volúmenes encuadernados. Los materiales explicativos para el profesor que se incluyen en el ATU hablan de los objetivos educativos de la unidad, los recursos por los cuales el profesor puede ayudar a los alumnos a extractar la información de los documentos, y las formas como la unidad es relevante para algún análisis formal que deben hacer todos los alumnos en el sistema escolar. Para los alumnos los materiales explicativos contienen información sobre el contexto histórico de los documentos, notas textuales, un glosario de términos difíciles o técnicos que aparecen en los documentos, una explicación de las complicaciones del tema, y una lista de trabajos sugeridos para estudiar junto con los documentos. Las preguntas que contienen las hojas de trabajo están hechas para impulsar a los alumnos a que recojan los datos pertinentes de varios documentos al escribir sus respuestas. Con los materiales complementarios en el ATU, se intenta que los alumnos profundicen en la apreciación del tema, incluyendo los afiches, diapositivas o películas, y una lista de juegos recomendados, simulaciones, proyectos constructivos y obras de arte. 

Una gran ventaja del ATU sobre la colección encuadernada de documentos es que una pequeña cantidad de ATUs, en lugar de los volúmenes encuadernados, es suficiente para una clase. Un salón de 30 alumnos , por ej., requiere de 31 libros fuente: uno para cada alumno y uno para el profesor. Por otra parte la clase necesita sólo 6 ATUs: uno para cada grupo de 6 niños y uno para el profesor. Cada uno de los seis alumnos del grupo consulta un documento diferente, y luego los intercambian. Cada ATU viene con una lista de documentos de manera que el profesor pueda controlar los documentos sueltos mientras los alumnos estudian, y pueda recuperarlos todos cuando se haya terminado el proyecto. 

La caja de “enseñanza con archivos” (de ahora en adelante se le llamará ATK) es un invento posterior al ATU donde el tema es más amplio en cuanto a su perspectiva y los materiales más variados en cuanto al tipo que los del ATU. Los temas del curriculo que están dirigidos por si mismos al ATK son por lo general tan grandes que ninguna institución posee todas las fuentes pertinentes. Por medio del ATK se estudian mejor los tópicos de interés nacional, como son, la ocupación de un país por primitivos, la vida de los reyes y de otros líderes políticos nacionales, los asuntos extranjeros de una nación o el crecimiento de la industria en un país. Aunque los materiales básicos de un ATK son, como los del ATU – facsímiles de fuentes archivísticas- el ATK también contiene libros, películas, objetos reales de museos o reproducciones de tamaño real, y otros ítems prestados o copiados de fuentes privadas. 

La institución que parece ser la más apropiada para realizar los ATK no es el repositorio archivístico, sino una institución que ha aparecido recientemente en los países desarrollados. Es el centro de recursos del profesorado, un lugar donde los profesores pueden venir a buscar ayuda en el diseño curricular, en la educación profesional posterior, y ayuda en el manejo mecánico de los recursos docentes. Los profesionales que trabajan en estos centros deben ser expertos no sólo en la enseñanza, sino también en el ensamble de recursos sobre los cuales se basa la enseñanza y el aprendizaje. Los archivistas interesados en la educación tienen una importante responsabilidad para lograr que los funcionarios de estos centros sean conscientes del valor instructivo de los materiales de archivo. Además de las fuentes archivísticas, los funcionarios de estos centros pueden coleccionar otros materiales originales y así crear ATKs para todo tipo de proyectos educativos. 

Tal como hemos visto, los programas de “enseñanzas con archivos” para niños y jóvenes menores de 18 años han tomado una gran variedad de formas en Gran Bretaña. Estos programas incluyen los proyectos de investigación llevados a cabo en el repositorio mismo en una sala de consulta educativa provista con ayudas de localización especiales y equipo de exposiciones; la exposición de los materiales fuente en los colegios; el proyecto investigativo en el cual un grupo de documentos se lleva al colegio y se estudia en el aula; y la colección de fuentes, editada como un volumen encuadernado, una película, un grupo de diapositivas, o una caja. Quienes trabajamos en proyectos educativos archivísticos en Gran Bretaña creemos que cada una de estas formas puede adaptarse para adecuarse a cualquier repositorio cuyos funcionarios profesionales quieren que los jóvenes aprecien el valor de los materiales originales y que adquieran la habilidad necesaria para hacer investigación archivística. A la vez, damos la bienvenida a las sugerencias de los archivistas de otros países que estén realizando sus propios programas de “enseñanza con archivos”. 

LECTURAS ESCOGIDAS 

Babelon, Jean-Pierre, Bousquet. R.. and Sève. Roger “Les Acivités éducatives des archives”. Pp. 672-94. 
In Manuel d’Archivistique Paris, Ministère des Affaires Culturelles. 1970. 

Behr, Hans Joachim “Archives and School Education: Possibilities. Problems. Limits. UNESCO, Bulletin for Libraries 28 (1974) 131-38. 

Blyth, Joan E. “Archives and Source Material in the Junior School. Teaching History 1 (1969) 24-30. 

Blyth, William Alan Lansdell et al. Place, Time and Society 8-13: Curriculum Planning In History, Geography and Social Sciance London School Council. 1976. 

Burston, Wyndham Hadley and Green. C.W. Handbook for History Teachers, London. Mathew 1972. 

Coltham, Jeanette Barbara. The Development of Thinking and the Learning of History. London. Historical Association.


* Michael G. Cook. Investigador Senior Honorario (n. 1931), Centro para los Estudios Archivísticos, (LUCAS), Universidad de Liverpool. La carrera de Cook en temas archivísticos se ha extendido por casi 50 años. Ha trabajado en todos los campos de desarrollo y gestión de archivos y sus contribuciones han influido en la disciplina en los cinco continentes. Se desempeñó como archivista desde 1955. Ha estado en servicio en el extranjero (como Director de los Archivos Nacionales de Tanzania 1964-6 y Director fundador de la Escuela de formación de Archivos para el África de habla inglesa en la Universidad de Ghana 1975-7), y ha desarrollo normas nacionales e internacionales de la profesión (a través del Consejo Internacional de Archivos, la Unesco y la Sociedad de Archivistas). Es autor de numerosos artículos y libros, ha participado en Congresos y recibido abundantes distinciones por su labor.

Sobre el tema aquí expuesto véanse también (en inglés)
Guidelines for curriculum development in ... - unesdoc - Unesco , de Michael G. Cook en
http://unesdoc.unesco.org/images/0005/000527/052759e.pdf 

The Archivist as Educator: Integrating Critical Thinking. Skills into Historical Research Methods Instruction, de Marcus C. Robyns, en http://yalearchivalreadinggroup.pbworks.com/f/robyns.pdf 

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