8/5/08

¿Qué es un libro copiador?

Prensa copiadora del Normal de Quilmes

El libro copiador es aquél al que se trasladarán íntegramente y a la letra todas las cartas que se escribieran relativas a la actividad propia de la escuela. También se conservarán en legajos y en buen orden todas las cartas que se recibieran, anotando al dorso la fecha en que se las contestara o haciendo constar en la misma forma que no se dio contestación.

Las cartas debían copiarse por el orden de sus fechas en el idioma en que se hayan escrito los originales. Las posdatas o adiciones que se hicieran después que se hubieran registrado se insertarían a continuación de la última carta copiada, con la respectiva referencia. Se impone su archivo en orden progresivo de fechas.

El hacer copias de documentos originales se ha convertido en algo habitual en nuestra vida cotidiana, mediante los recursos que ofrece la tecnología del siglo XXI. El original se ha diluido en nuestro mundo de reproducciones y clonaciones.
Las primeras copias de originales datan de 1778, cuando James Watt hizo la prensa de base plana que confeccionaba una copia a partir de un papel absorbente tratado con una solución fijadora, facilitando mucho el trabajo en oficinas y comercios. La copia quedaba impresa en el copiador, un libro con hojas de papel de cebolla o de papel japonés en blanco, que debía ser previamente diligenciado y sellado en todos sus folios por el organismo competente. [1]
Para realizar la copia se introducía el original, escrito en tinta copiativa, en el libro copiador, detrás de la hoja de papel de cebolla. Encima se ponía una tela húmeda para facilitar la copia. Una vez que el original estaba dentro del copiador, éste se metía en la prensa en la que permanecía algunas horas para que se calcara el original. Este libro copiador actuaba como un registro alfabético de salida de documentos, gracias al índice de sus páginas finales o iniciales. [2]
Las prensas, generalmente, iban colocadas encima de una pequeña mesa con un cajón. [3] Eran normalmente de hierro fundido, y por consiguiente de gran peso. Estaban fijadas con tornillos a la mesa que las soportaba.
Ilustramos esta entrada con la prensa copiadora conservada en la Escuela Normal de Quilmes.

También era forzoso hacer copias de los títulos expedidos por el establecimiento, razón por la cual se conservan en el repositorio una enorme cantidad de libros copiadores. A ellos se acude cuando es necesario realizar un duplicado del original o bien verificar una información.

Son fácilmente identificables por el delgado papel y la coloración violácea de su escritura. Las tintas copiativas son soluciones concentradas de material colorante, por lo que el depósito que se asienta sobre el papel al escribir, puede ser calcado o copiado por simple presión. Su composición cualitativa es similar a las de las tintas ferrogalotánicas, pero cuantitativamente su concentración es doble, además del agregado de glicerina o glucosa, que actúan como humectantes.

Son muchas las fórmulas para preparar tintas de copiar o copiativas. La que encontramos habitualmente en los libros copiadores es de color violeta y ello obedece a uno de sus componentes: violeta de metilo o de metileno BR, mezclado en adecuada proporción con agua y azúcar, glucosa o miel. Las características de la miel hacen que las tintas con ella producidas tengan tendencia a correrse. Si al secarse la tinta se advirtiese que los rasgos toman una coloración bronceada o tornasol, sería señal de haberse excedido en el colorante, por lo cual habría que agregar más agua caliente a la tinta. [4]


[2] ídem
[3] íd.
[4] Puig, Ignacio, S. J. Gran Formulario Industrial. Buenos Aires, Sopena, 1946.

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