28/5/15


Principio de procedencia. Respeto al origen. Respeto al orden original. No mezclar documentos procedentes de diferentes fondos…

Esas son máximas fundamentales y definitorias en el trabajo archivístico. Desde que en el siglo XIX fue enunciado el principio de procedencia, éste puede ser considerado una de las bases teóricas sobre las que se sustenta el trabajo de los archiveros… siempre y cuando, claro está, nos estemos refiriendo a un trabajo bien hecho.

¿Por qué hacer referencia a un concepto que está en la cabeza de todos los archiveros y que todas las partes implicadas en el proceso documental parecen tener claro? Simplemente porque aún hoy la segunda parte de la pregunta planteada –ese “…todas las partes implicadas…parecen tener claro”– no es una realidad absolutamente asumida por todos, o al menos eso nos hace pensar algunas de las prácticas que se produjeron en el pasado cercano y que aun hoy se siguen produciendo.


En este sentido, hace algunos días el archivero José Luis Muñoz Romano –afortunadamente para todos nosotros siempre pendiente de recoger y difundir las noticias archivísticas que se producen (aprovecho desde aquí para agradecerle esta importante labor que desarrolla dinamizando archivísticamente hablando las redes sociales y proporcionándonos información de calidad)– daba la voz de alarma sobre un hecho que, a pesar de resultar extraño y antiarchivístico, no podemos considerar, desafortunadamente, poco habitual. Nos referimos a la solicitud de custodia –y consecuente desagregación del fondo al que pertence–, de un documento singular por parte de una institución ajena tanto a la génesis como a la acumulación orgánica del mismo. No estamos aludiendo aquí a aquellas ocasiones en que un fondo documental completo pasa a ser custodiado por una institución diferente a aquella en la que surgió. El ingreso de fondos y colecciones documentales íntegras –vía donación, depósito, comodato- en centros de archivo que no las han producido no es extraña a la práctica archivística. Sucede, por ejemplo -aunque no tanto como desearíamos-, cuando un organismo, empresa o asociación ha desaparecido. En estas ocasiones, al producirse un trasvase de documentación completo, el contexto general en que han sido generadas las unidades documentales se mantiene prácticamente intacto, estableciéndose y manteniéndose las relaciones entre las secciones, las series y los órganos o individuos productores. De todos es conocida la custodia de fondos empresariales, personales o asociativos en archivos históricos provinciales, municipales, museos, fundaciones o bibliotecas, en estos últimos casos siempre aceptable cuando posean una unidad de archivo histórico que desarrolle una actividad paralela a su función museística y que esté coordinada por un archivero que conozca, aplique y defienda los principios y procesos archivísticos.

Pero no. No nos estamos refiriendo a estas situaciones. Nos ocupamos de aquellos casos en que un interés temático anima a una institución a solicitar la custodia del original de uno o varios documentos que forman parte de un fondo ajeno. Ese interés sólo por el contenido lleva a sustraer el documento de su contexto original, rompiéndose las relaciones surgidas de manera natural entre las unidades que integran la agrupación original.

La organización temática no es admitida en archivística. Durante un tiempo –hace ya algunas décadas– muchos archiveros – o mejor… muchos que trabajaban con documentos de archivo- organizaron los documentos en sus instituciones atendiendo a su tema o contenido; e inlcuso se llegaron a reunir todos los documentos bajo el rótulo de “manuscritos” sin reparar en el conjunto del que partían. Sin duda esta práctica fue el origen de que los fondos perdieran su unidad, todo se mezclara y se destruyera así la posibilidad de comprensión de cada una de las agrupaciones originales. Ni que decir tiene que la reconstrucción de esos desastres lleva aparejado, además de una gran dosis de paciencia, un gran trabajo de investigación que supone volver a reconstruir los caminos que otros rompieron preguntando constantemente a los documentos y las fuentes… ¿y tu de quien eres?. Así, cada vez que se produce una desagregación de una pieza documental de su contexto algo se rompe. Sucede algo parecido -salvando las distancias- a cuando un miembro de una familia es apartado súbitamente de su entorno: pierde su historia, sus relaciones naturales, su contexto generativo…su vida ya no es la misma: es otra. Una vida en la que sólo el contenido lo relaciona con el resto de la masa documental en la que ha sido abruptamente introducido.

Lo importante no es contar con los documentos por un deseo de “tener” cerca y reunido de manera artificial todo aquello que, por ejemplo, trate sobre tal pintor, tal arquitecto o tal escritor. Lo importante es “saber” dónde puede ser localizado cada uno de esos papeles y ofrecer todas la garantías de accesibilidad –algo por otro lado muy fácil hoy en día a través de las posibilidades que nos ofrece la tecnología- pero respetando siempre su entorno y contexto archivístico. Nada justifica ese deseo de posesión . Nada autoriza quebrar el principio de procedencia porque con esos comportamientos se rompe también el pilar sobre el que se sustenta la archivística.

Algunas noticias relacionadas con este aspecto pueden ser consultadas aquí y aquí.

Sobre el principio de procedencia:
MARTÍN-POZUELO CAMPILLOS, M. Paz: La construcción teótica en archivística: el principio de procedencia. Madrid: Universidad Carlos III de Madrid, Boletín Oficial del Estado, 1996
MENDO CARMONA, Concepción: “Consideraciones sobre el método en archivística”. En Documenta & Instrumenta, 1, (2004), pp. 35-46

Fuente: https://archivisticayarchivos.wordpress.com/2015/05/27/y-tu-de-quien-eres-la-procedencia-el-gran-valor-archivistico/

19/5/15



El Archivo Histórico de la Escuela Normal de Quilmes “Silvia Manuela Gorleri”, se hizo presente en la persona de una de sus más fieles colaboradoras, la docente Susana von Lurzer.

El 29 de abril de 2015 se realizó el V Encuentro Virtual de Preservación Escolar cultura material e inmaterial, a cargo del Programa Memoria de la Educación Argentina (MEDAR), que fue transmitida por la modalidad de videoconferencia en las sedes de la Fundación O.S.D.E. de distintas localidades del país.

Acompañaron las acciones los equipos nacionales y jurisdiccionales de las Redes Federales: el Programa Nacional de Archivos Escolares y Museos Históricos de Educación, Bibliotecas Escolares (BERA), Red de Bibliotecas Pedagógicas y Sistema Nacional de Información Educativa; así como también la Biblioteca, Museo y Archivo Dr. Ricardo Levene.

La apertura estuvo a cargo de la Directora de la BNM, Lic. Graciela Perrone, quien delineo las principales polí­ticas públicas que se vienen trabajando desde la Biblioteca Nacional de Maestros, en particular el detrás de escena de la construcción colectiva del facsimilar Las Islas Malvinas. Compendio de la obra de Paul Groussac para los institutos de enseñanza de la Nación. Edición facsimilar de la edición de 1936 – con distribución a las escuelas de todos los niveles y modalidades de las jurisdicciones de nuestro paí­s-


La Biblioteca estuvo al frente del proyecto, en donde dicha acción se encuentra en consonancia con las acciones de este Ministerio en pos de la democratización de la información y la construcción de ciudadanía, a partir -en este caso- de la concientización respecto del rol de nuestras escuelas en la defensa de la soberaní­a argentina sobre Malvinas.

La primera disertación estuvo a cargo de la Licenciada Alexandra Murillo, Coordinadora del Área de Procesos Técnicos de la BNM. Su presentación giró alrededor de la elaboración de la edición facsimilar: El facsí­mil en las bibliotecas escolares, los archivos escolares y los museos históricos de educación. En dicha presentación se reparo en los pasos a seguir para la construcción de una edición facsimilar, en sus dos variantes‚-tanto digital como en formato papel-; también se estableció el sentido de la realización de una edición facsimilar para la preservación de la historia del ejemplar seleccionado luego de la evaluación del fondo de la biblioteca y/o archivo escolar.


La segunda presentación fue realizada por el Dr. Gustavo Bombini, Coordinador de Materiales del Ministerio de Educación de la Nación. Su trabajo se basó en aquellos libros que se destacan por algún aspecto en particular: Objetos inesperados en las bibliotecas escolares, los archivos escolares y los museos históricos de educación. El Dr. Bombini se refirió a la producción, edición y recorrido de muchos libros en contextos diversos. Uno de ellos fue un manual para la enseñanza de la literatura escrito por el Profesor Emilio Alonso Criado, docente del Colegio Nacional Buenos Aires. El ensayo pedagógico de Alonso Criado señala un antecedente en la definición de la literatura nacional. Por otra parte, ocupó un lugar destacado el libro Vida y Espíritu de una escuela de la Directora Gerarda Scolamieri del Distrito XIII de la Capital Federal. La docente fue una impulsora de las proyecciones cinematográficas en la escuela. Finalmente presentó las nuevas colecciones de libros de literatura infantil que se inscriben en los denominados libros álbum.


Por otra parte, la Lic. Cinthia Sánchez del Área de Conservación de la BNM trabajó sobre la preservación de los libros con características especiales. Su ponencia se tituló: Proteger el libro objetoen las bibliotecas escolares, los archivos escolares y los museos históricos de educación. En su exposición, repasó las acciones de conservación aplicables a los libros objeto los cuales debido a su carácter de excepcionales deben seguir particulares y cuidadosas acciones de conservación. La presentación puso especial interés en la preservación de los libros objeto para evitar las acciones de restauración que dañan los libros y borran su historia e identidad.

En breve, contaremos en la web, con las exposiciones presentadas para que puedan continuar trabajando en las acciones de recuperación del patrimonio histórico educativo, desde las instituciones culturales y educativas de nuestro paí­s.

Fuente: http://www.bnm.me.gov.ar/novedades/?p=13422#more-13422

14/5/15

Rosa María Torres del Castillo (1)

Justo Serra con maestros de la Academia de San Carlos, México, 1910


"Si usted sabe de alguna fábrica en que hagan maestros de acero o de palo, que no tengan necesidades morales ni físicas, mándeme el catálogo de precios para que encarguemos los diez o veinte millones que la República necesita".
(Fragmento de carta del Ministro Justo Sierra al Ministro 
de Hacienda Limantour, México, principios del siglo XX).

Cartas conservadas en archivos mexicanos de inicios de siglo, escritas por maestros y maestras urbanos y rurales, y dirigidas al Presidente Porfirio Díaz, dejan ver la penuria en que se desenvolvía la vida y el trabajo de los maestros en esos días. 

¿Qué le pedían los maestros a Porfirio Díaz? 
Licencias por enfermedad o simplemente para descansar. Abandonar el puesto por un tiempo, incluso corto, tenía el riesgo de encontrarlo ocupado al regreso. 


Jubilaciones, pues únicamente tenían derecho a ellas quienes enseñaban en la capital y tenían al menos 30 años ininterrumpidos de servicio. 

Ropa, pues el salario no alcanzaba para vestirse "a la altura de las circunstancias", lo que - según lo narrado por los maestros - provocaba crítica y hasta rechazo por parte de los padres de familia, la comunidad y los propios maestros y autoridades educativas. 

Mejores salarios o, en su defecto, préstamos para pagarlos en abonos y poder comprar una máquina de escribir o de coser, a fin de hacerse unos pesos adicionales. 

Las cartas expresan queja, descontento, baja moral, desmotivación, pedido de mayor atención y de menor exigencia de sacrificio a los maestros. 

Pasó un siglo y corrió mucha agua. No obstante, con las distancias del caso, hay situaciones que persisten: maestros desatendidos y expuestos a toda clase de penurias; Ministros de Educación a la sombra y al antojo de los Ministros de Finanzas; Ministros de Finanzas con la sartén por el mango, siempre dispuestos a retacear el presupuesto destinado a la educación y a creer - en efecto - que los maestros son de acero y palo.

(1) Rosa María Torres del Castillo Quito, Ecuador. Pedagoga, lingüista, periodista educativa, activista social. Investigadora y asesora internacional en temas de educación, cultura escrita, innovación educativa, y aprendizaje a lo largo de la vida. Ex-Ministra de Educación y Culturas. Coordinadora del Pronunciamiento Latinoamericano por una Educación para Todos. @rosamariatorres 

Fuente: http://otra-educacion.blogspot.com.ar/

Cuando ordenar, clasificar y organizar 
no es lo mismo

¡Qué importante es el significado de las palabras!

Acepciones diversas, matices, delimitaciones y concreciones que afinan el sentido… Sin duda nuestro lenguaje es muy rico. Las palabras encierran secretos, tienen lugares intermedios, verdaderos entresijos que, algunas veces, nos hacen cometer errores, o, si queremos ser algo más benevolentes, imprecisiones.


Así, hace algunos meses escuché en un programa de radio -en el contexto de la desclasificación de documentos- como una reconocida periodista de gran trayectoria profesional utilizaba, al referirse a los procesos técnicos que han de aplicarse en los archivos, de manera indistinta y como si de sinónimos se tratara, los verbos “Ordenar”, “Clasificar” y “Organizar”. Es cierto que de manera coloquial las tres acciones a las que remiten dichos términos suelen ser confundidas y, de hecho, si hacemos una búsqueda en un diccionario de sinónimos encontraremos que “ordenar” se considera sinónimo de “clasificar” y éste último verbo presenta, a su vez, sinonimia con respecto a “organizar”. Ello puede explicar la arbitrariedad con que empleamos esos vocablos en nuestra vida cotidiana.


Por ejemplo, cuando una madre le dice a su hijo..¡ordena tu habitación y recoge tu ropa! probablemente le estará queriendo decir ¡clasifica tu ropa: las camisas con las camisas, los pantalones con los pantalones, los calcetines con los calcetines! O le está pidiendo una clasificación algo más inmediata y sencilla: la ropa limpia por un lado y la sucia por otro. Incluso las más exigentes le estarán demandando que organice su habitación. En este último caso no sólo espera del hijo que disponga los calcetines con los calcetines, y los calzoncillos con los calzoncillos en el cajón de ropa interior, sino que los agrupe y ordene, por ejemplo, por colores, tallas o alfabéticamente por el nombre del color. De este proceso resultaría un ropero organizado en el que todo está ordenado y clasificado. O lo que es lo mismo, un depósito [ropero] cuyo contenido estaría instalado respondiendo a una organización precisa a la que podríamos aplicar la jerarquía clasificatoria propia de la archivística:


Fondo/Colección: Ropa
Sección: Ropa interior
Serie: Calcetines (ordenados por colores, tallas…)

Porque, como bien sabemos los archiveros, no es lo mismo ordenar que clasificar, como tampoco ninguna de estas acciones citadas puede ser identificada de manera absoluta con organizar.

Sin embargo, si tomamos las definiciones que nos ofrece el DRAE las cosas no parecen aclararse demasiado, sobre todo en lo que a organizar se refiere que parece identificarse solo con ordenar:

Ordenar: 1. tr. Colocar de acuerdo con un plan o de modo conveniente.
Clasificar: 1. tr. Ordenar o disponer por clases.
Organizar: 2. tr. Poner algo en orden.

Por el contrario, si tomamos como referencia el Diccionario de terminología archivística la situación varía notablemente, surgiendo esas matizaciones que contribuyan a que la Archivística presente una terminología específica, confiriéndole este aspecto un cariz de disciplina específica y perfectamente delimitada. Así, dicho diccionario diferencia de manera precisa clasificación, ordenación y organización, estableciendo asimismo las relaciones que existen entre los tres términos:

Clasificación
Operación archivística que consiste en el establecimiento de las categorías y grupos que reflejan la estructura jerárquica del fondo. Es el primer paso del proceso de organización dentro de la fase del tratamiento archivístico denominada identificación.

Ordenación
Operación archivística realizada dentro del proceso de organización que consiste en establecer, secuencias naturales cronológicas y/o alfabéticas, dentro de las categorías y grupos definidos en la clasificación.

Organización
Proceso que mediante las etapas de clasificación y ordenación, aplica las conclusiones establecidas en la fase de identificación a la estructura de un fondo.

Por lo tanto, no es lo mismo clasificar, ordenar y organizar. Cada una de esas acciones -en el ámbito archivístico, a pesar de la "didáctica" comparación doméstica anterior, definitivamente mucho más complejas que organizar un ropero- responde archivísticamente hablando a una actividad técnica e intelectual, categoría esta última especialmente marcada en el caso de la clasificación. De hecho ordenar puede resultar una tarea sencilla pero, sin embargo, la acción previa de clasificar supone siempre una mayor complejidad. Pero, cada uno de esos vocablos -clasificar. ordenar, organizar- con una acepción precisa, forma parte del lenguaje técnico de los archiveros. Porque sí... también los archiveros contamos con un lenguaje propio que es necesario reivindicar y utilizar con propiedad porque, al fin y al cabo, las palabras, con sus matices y sus valores, contribuyen a conferir identidad a nuestra disciplina.

Fuente: http://www.mundoarchivistico.com/?menu=articulos&id=492 

8/5/15

Por Chalo Agnelli


La muerte es una presencia artera que nos acorrala en los momentos menos pensados. Hoy, al mediodía nos dejó Celiar René Cella, "Quenito": educador, deportista, hombre de bien, quilmeño de añeja factura que deja a toda la comunidad un tanto más huérfana. Muchos no lo habrán conocido, inevitablemente, y se perdieron algo magnífico pues su presencia era un regalo de la vida: entusiasta, positivo, alegre, divertido, sabio, generosa por demás, una personalidad vivificante si las hay.

Quienes fuimos sus amigos, quienes fuimos sus alumnos, quienes fuimos sus colegas despedimos a un hombre que fue verdadero ejemplo de cómo hay que encarar la vida si se desea vivirla en plenitud y sanamente.


Nació en la localidad de Rivadavia, vieja estación América, en la provincia de Buenos Aires y límite con La Pampa, un patrio 9 de julio de 1921, en el hogar de Silvia Elvira Cristy y Ángel Ernesto Cella. Sus padres tomaron su nombre de la leyenda americana romántica “Celiar” del poeta uruguayo Alejandro Magariños Cervantes. Egresó como maestro en la Escuela Normal, a la que amaba con fiel sentimiento, en 1938. Continuó sus estudios en la Universidad de La Plata para realizar el profesorado de Historia y Geografía, título con el que egresó en 1945. 

Surcó las aulas de varias instituciones: el Instituto Nazareth, desde 1958 hasta 1966 en que asumió como rector del mismo hasta 1971; el Instituto Mons. Esandi de Bernal (1971-1975); la Escuela de Enseñanza Media Nº 3 “Francisco J. Salustio” (1971-1986).

En la Escuela Normal, promoción 1938, junto con el director Juan Manuel Cotta, la vicedirectora Josefa Lombán de Casado.

La dedicación a la actividad docente no lo separó de su otra pasión el deporte. Desde 1941 a 1945 jugó hockey sobre patines en el Quilmes Atlético Club y en 1942 practicó hockey sobre césped en la 2º “B” y 2 “A”. En 1944, resultó campeón de 1ª división y sub campeón al año siguiente. Presidió la sub comisión del Club


Quilmes de este deporte (1957-1965) Y, con 54 años de edad, concluyó en 1967 con “los veteranos” en la 2º “B”, que eran que a la vez actuaban como árbitros en las otras categorías de la Asociación. Integró la 1ª división del Círculo Universitario de Quilmes en 1946 y 1947 y entre 1968 y 1975. Jugó tennis en cadetes menores en torneos internos del Club Quilmes, ganó medallas en singles y dobles en pareja con “Chacho” Labourt y en Colón en equipos de 1ª división durante toda su permanencia en esa ciudad (1947-1957).

90 AÑOS!!!! 

También el basquetbol lo tuvo como componente, destacándose en los equipos del Club Quilmes y del Círculo Universitario de Quilmes. 

La trayectoria cultural del profesor Cella siguió el sendero señalado y motivado por su familia. Acompañó a su hermano Orlando en la fundación de la Asociación Cultural Sanmartiniana de Quilmes, creada el 2 de julio de 1961. 

La Biblioteca Popular Pedro Goyena pierde a su Padrino y su Comisión Administradora a un consejero fiel y certero, quien esto suscribe ha perdido un Amigo.

Con su hermano el profesor Orlando Cella, Marta Ísola de Cella, sobrinos y sobrinos nietos en un festejo aniversario

Con su esposa Angélica De Baldrich, la Prof. Nélida Sanchini de Montorfano 
y el Sr. Ingoloti

Con su esposa Angélica De Baldrich en el festejo de los 100 años 
de la Escuela Normal

¡Siempre dispuesto a la diversión! 

En la Biblioteca Goyena, su casa.

Fuente: http://elquilmero.blogspot.com.ar/ (7 de mayo de 2015)

5/5/15

NUEVA REVISTA
"EL PROVOCADOR"

El Instituto Superior de Formación Docente Nº 104 (antigua Escuela Normal de Quilmes) ha dado a conocer el Nº 1 de su Revista "EL PROVOCADOR", en el marco del acto académico del Día del Trabajador, realizado ayer en su sede de Mitre 364, Quilmes.

La publicación, idea de la profesora Nora Rotuno, está a cargo de las editoras Profesoras Leticia Álvarez y Nilda Sobrero, y su contenido es responsabilidad de docentes, ex-docentes, alumnos y ex-alumnos de esta casa de estudios.


 El propósito fundamental, como se lee en su nota editorial, es "insistir en el carácter provocativo de la enseñanza. Atreverse a mover lo instalado, atreverse a hacer preguntas, atreverse a una mirada distinta".


Además de las ponderaciones a las docentes responsables de que finalmente "El Provocador" haya visto la luz, es necesario hacer un justo y merecido reconocimiento a la Universidad Tecnológica Nacional, Regional Avellaneda, que financió la edición en papel.

Los interesados en acceder a un ejemplar pueden dirigirse a la Biblioteca de nuestro establecimiento, en el primer piso.

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A continuación, el artículo incluido en la Revista sobre el Archivo Histórico.

¡Nuestra escuela tiene historia!
¡Nuestra escuela tiene Archivo!

Dedicado a todos los voluntarios que
han participado durante estos
ocho años en el rescate de
nuestra historia.

Capítulo uno: el comienzo de la historia

La Escuela Normal de Quilmes cumple este año su 102º (centésimo segundo) aniversario. Hoy está fraccionada en distintos servicios educativos y –al mismo tiempo- fusionada bajo la denominación de Unidad Académica. El Jardín de Infantes Nº 949, la Escuela Primaria Nº 84, la Escuela Secundaria Nº 20 y el Instituto de Formación Docente Nº 104, nacieron cada uno a lo largo de este período como brotes primaverales, nuevas ramitas, de la antigua y original Escuela Normal que se fundó en 1912.

A comienzos del siglo XX ya se habían creado unas 40 escuelas Normales en el país y los gobiernos de la época creían que era una buena idea la que había promovido Sarmiento en sus tiempos; consecuentemente, seguían fundando escuelas para que todos los chicos recibieran educación formal y Escuelas Normales para que tuvieran maestras y maestros con una sólida preparación.

Quilmes entró en esa vorágine cuando un Inspector, que es ese momento estaba destinado en otro distrito de la Provincia pero que había actuado mucho en beneficio de la sociedad local, avaló la demanda de la población de crear una Escuela Normal, la primera entre Buenos Aires y La Plata, la primera para niñas y señoritas en la región, la primera que tendría los siete grados completos en este pueblo. Ni siquiera la antigua escuela Nº 1 tenía en ese momento todos los grados, situación muy frecuente por otra parte, sino sólo los que se llamaban “infantiles” y “elementales”.

Así surgió este –nuestro- establecimiento. De acuerdo a la organización que se daban entonces las Escuelas Normales, al ordenarse su fundación se creaba una Escuela Primaria completa llamada Departamento de Aplicación, donde los niños recibirían la mejor instrucción que se pudiera ofrecer y en cuyas secciones las estudiantes de Magisterio presenciarían clases modelo y practicarían desde el 2º año para entrenarse adecuadamente para la misión profesional que las esperaba. ¿Por qué digo “las estudiantes”? Pues porque fue creada como escuela para Niñas y así funcionó los dos primeros años. En 1914, las autoridades determinaron convertirla en Escuela Mixta.

Junto con el Curso de Aplicación se crearía en 1912 el primer año del Curso Normal, en 1913 el segundo año y así sucesivamente. Fue hermana de otras Normales: la de Lomas de Zamora (aunque allí se basó en una Normal Popular de la Provincia), la de San Fernando y la de San Francisco en la provincia de Córdoba.

Una vez nombrado el personal, el siguiente paso sería que el Director Prof. José Domingo Sosa del Valle, catamarqueño que a la sazón revistaba en el territorio de La Pampa, encontrara un local adecuado para que funcionara.  Pues bien… ¡no lo encontró! Ninguna propiedad de las que podían alquilarse en el pequeño centro urbano servía a los propósitos de Escuela. Consecuencia inmediata: las autoridades ministeriales tomaron la decisión de que, ya que estaba creada, la escuela debía comenzar a funcionar… y la trasladaron a Belgrano, en la Capital Federal.

La población quilmeña no permaneció indiferente ante lo que consideró un atropello, y menos aún el Inspector Atanasio A. Lanz, lugareño promotor del proyecto. Se reunieron los sectores más interesados en la concreción de la anhelada Escuela y elevaron a la superioridad sus protestas y sus propuestas. La Directora de la Escuela Nº 1 cedió parte de las instalaciones, y el acuerdo entre las autoridades provinciales y nacionales se formalizó, de manera que la Escuela Normal Nacional comenzó a funcionar el 23 de octubre de 1912 en las aulas de la Escuela provincial, emplazada entre la sede del gobierno municipal y la iglesia. La “Prensa” en su edición de 29 de septiembre registra la noticia así: “La Escuela Normal de Quilmes. Su instalación definitiva. Regocijo general.” “Por fin después de las tantas vicisitudes conocidas ha sido instalada en el local de la Escuela N° 1, frente a la plaza Carlos Pellegrini, la Escuela Normal de Maestras.”[1]

Llevó tiempo que el Prof. Sosa del Valle encontrara un local apropiado para instalar la institución que regía. No fue sino hasta 1915, cuando ya dictaban clases todos los cursos necesarios, siete grados primarios y cuatro años secundarios, que se logró rentar la propiedad situada en la manzana de Mitre, Conesa, Colón y Sarmiento. Era una mansión propiamente dicha, que se había construido más de cincuenta años atrás, y que se rodeaba de un hermoso parque. En esa época pertenecía a la familia Ctibor, que por razones comerciales se había trasladado a La Plata.

El Censo Nacional de Población levantado en 1914 nos informa que Quilmes tenía 38.449 habitantes[2] (no olvidemos que era mucho más extenso que hoy, pues el actual distrito de Berazategui estaba incluido hasta su autonomía en 1960). Contaba con 26 escuelas primarias públicas[3] distribuidas en todo su territorio, todas ellas bajo jurisdicción provincial, y ninguna escuela secundaria oficial, fuera de la Normal. Una oportunidad única y nada desdeñable para las niñas y señoritas que aspiraban a recibir una educación superior a la de la mayoría de sus vecinas, que deseaban ejercer una profesión digna y socialmente jerarquizada, y para los jóvenes muchachos que no tendrían que viajar hasta La Plata o la Capital Federal como hasta entonces, o bien matricularse en el Colegio secundario particular del pueblo.

Tanta fue la expectativa depositada en la flamante institución, que aquel primer curso de 1912 recibió 42 damitas, algunas de las cuales superaban los veinte años de edad. En el Departamento de Aplicación se matricularon  151 alumnos.

Tarjeta de invitación al acto inaugural
Se podría continuar dando precisiones sobre la evolución de la Escuela hasta el día de hoy, pero sería muy extenso mencionar en este artículo los sucesivos avatares. El crecimiento rápido de la matrícula, la creación del Colegio Nacional por iniciativa de los profesores de la Normal, las innumerables actividades culturales gestadas desde la Escuela, la aparición del Jardín de Infantes (1949), las repercusiones de los acontecimientos de la política, los cambios en los planes de estudio a lo largo de un siglo, la expropiación del local de la calle Moreno (1945) y luego de la manzana de Mitre (1957), las actividades deportivas, la supresión del magisterio de Nivel Secundario (1968), la creación del Nivel Terciario (1971), la demolición de la antigua casona y la edificación de la sede actual, sin terminar desde 1985, los personajes que tuvieron renombre público –tanto del claustro docente como de los egresados-, la vida de la comunidad educativa, en fin, muchísimos asuntos para contar, mostrar y analizar.

Pero ¿dónde encontrar esa información? ¿Dónde están las pruebas?

Capítulo dos: el Archivo

            En el Archivo, indudablemente. La escuela, como cualquier otra organización, genera documentos producto de su quehacer cotidiano. Montañas y montañas de papeles que dan cuenta de lo actuado y que, según marca la ley, deben conservarse por determinado tiempo; algunos de ellos para siempre.

            Los alumnos se matriculan, presentan documentos que los identifican, cursan, asisten a clase, obtienen calificaciones, resultan promovidos o no, rinden exámenes, obtienen certificados. La escuela tiene personal docente y no docente que llegó designado por la autoridad competente; presenta sus credenciales, asiste, eventualmente tramita justificación de sus inasistencias, dicta clases o desempeña otras tareas; los docentes planifican sus cursos, evalúan; la comunidad participa a través de organismos colegiados como la Asociación Cooperadora; los alumnos constituyen nucleamientos de estudiantes; se realizan actos colectivos de naturaleza diversa, como la celebración de una fiesta patria o el cierre de un año de trabajo. Hay bienes patrimoniales: el edificio, el mobiliario, los libros de la biblioteca, los elementos didácticos, de todo lo cual hay personas responsables. El edificio se reforma, se repara o crece. Antes de la transferencia del establecimiento a la Provincia, se realizaba la liquidación de sueldos para todos los empleados. Hasta se concesionan espacios, verbigracia el kiosco. Todo ello se documenta; muchos, la mayoría, de esos documentos se conservan en alguna dependencia, por lo regular en forma ordenada, pero se van cubriendo del polvo del tiempo, del desorden que provoca la falta de un espacio adecuado y de personal especializado en la materia.

            Esa era nuestra realidad. Hasta que un día… quiero decir, una noche ¡hubo corte de energía eléctrica! Yo estaba dando clase en primer año del Profesorado de Historia, el año 2006. Mis alumnos estaban entusiasmados con el desarrollo del tema cuando nos quedamos a oscuras. Con todas las precauciones del caso, y a la débil luz de algunos teléfonos celulares, que no abundaban como hoy en día, bajamos las escaleras para desalojar el edificio. Un grupo de estudiantes prefirió quedarse para continuar conversando… ¿dónde? En la manzana vecina no había corte y un local estaba abierto. Allí continuamos reunidos una hora o más. Un tema llevó a otro y, finalmente, manifestaron su interés y su preocupación por el estado del “Archivo”[4] que habían conocido con otros docentes, en el subsuelo de la escuela. Confieso que nunca me había detenido a pensar en el “Archivo”. Me sorprendí con algunas de las cuestiones que plantearon, por ejemplo la falta de mobiliario, el estado de abandono y de suciedad, el riesgo implícito para los documentos y, por ende, para la historia de la escuela.

            Fue el paso inicial. A partir de aquella conversación, y casi sin darnos cuenta,  se puso en marcha el Proyecto de Recuperación y Puesta en Valor del Archivo Histórico de la Escuela Normal de Quilmes. Muchos sábados por la mañana estuvimos allí limpiando, levantando del suelo los papeles para evitar que se repitiera el problema de inundación que ya había ocurrido, combatiendo plagas. Éramos alumnos y docentes cooperando en el rescate.

            Pero había que pensar cómo se podrían prevenir posibles desastres, como se organizaría un archivo; necesitábamos de todo, capacitación, orientación, especialistas, muebles, sensibilizar a la comunidad educativa, recursos materiales y humanos. Una obra cuyas dimensiones realmente no alcanzamos a vislumbrar en ese momento. Sin embargo, el compromiso de todos los implicados tuvo la fuerza suficiente para llevar adelante un Proyecto que hoy enorgullece a la Escuela Normal de Quilmes.

            La Dirección de la Unidad Académica no vaciló en dar su pleno apoyo desde el primer momento. Inicialmente diseñamos acciones de sensibilización al interior de la institución. Luego golpeamos puertas hasta encontrar eco en la Escuela Normal Nº 1 de la Ciudad de Buenos Aires y en la Biblioteca Nacional de Maestros. A partir de setiembre de 2007, un año después de comenzada nuestra labor, dicha Biblioteca alumbró el Programa Nacional de Archivo Escolares del cual nuestro Proyecto constituye el caso Piloto Nº 1. En calidad de tal, recibimos la visita de especialistas que hicieron un diagnóstico de la situación, recibimos orientaciones y capacitación “in situ” y posteriormente en otras sedes. También recibimos subsidios para adquirir insumos elementales en tres ocasiones. Al mismo tiempo los grupos de voluntarios se iban renovando por lógicas razones que tienen que ver con el proyecto personal de cada uno.

Telegrama nombrando al primer Director
            Acudimos a otras instancias. La Asociación de ex-alumnos de esta Escuela (EXANQUI) escuchó nuestra propuesta y brindó incondicional apoyo desde que la conoció. El Instituto de Formación Docente y Técnica Nº 8 de la Plata, único centro donde se dictaba la Tecnicatura en Archivística en la Provincia, atendió nuestras inquietudes y recibimos cuatro Pasantes en el año 2009. Generamos la creación de la Tecnicatura en la localidad, absorbida por el ISFDyT Nº 83 de San Francisco Solano, de donde vienen alumnos a hacer sus Prácticas Pre-profesionales desde el año pasado y sus Pasantías desde este año.

            En el año 2008 me atreví a saltar al `ciber´ espacio y nació el Blog “Archivo104”, que a la fecha tiene publicadas más de 1.400 notas y recibió cerca de 225.000 visitas de distintos lugares del mundo. El 2014 me encontró más atrevida aún y entré en las redes sociales a través de Facebook. Lo expreso en singular, sin ninguna modestia, porque aunque recibo y publico muchas colaboraciones, es un trabajo personal. El propósito de aprovechar las TICs no es otro más que difundir la labor realizada y compartir con otras instituciones y especialistas motivados por la recuperación de las historias escolares. También he tenido cabida en distintos encuentros académicos que abordan la temática.

            El depósito fue trasladado en el año 2008 del subsuelo al escenario de la escuela, espacio cerrado pero compartido con el archivo administrativo y con otras actividades, dada la insuficiencia de infraestructura que padecemos. Este año, afortunadamente, se pudo resolver de manera casi ideal la cuestión del depósito para el Archivo Histórico, y en julio fue trasladado a una sala de planta baja que reúne mejores requisitos para su alojamiento. Además, se lo separó del archivo administrativo y, aunque por el momento se comparte el uso con el sector dedicado a la puesta en orden de las `netbook´ de los alumnos del Nivel Medio, nos da la grata sensación de que ¡al fin! estamos llegando a las condiciones deseadas.

            El Archivo aún requerirá muchas horas de trabajo para terminar de organizarlo, acepta voluntarios aunque sean de tiempo parcial e invita a ser visitado, conocido y aprovechado por alumnos, profesores e investigadores. Habitualmente, nos encuentran allí los miércoles de 14:00 a 18:00. ¡Los esperamos!
  
Prof. Raquel Gail
Coordinadora (ad-honorem)
Proyecto Recuperación Archivo Escolar
Escuela Normal de Quilmes
www.archivo104.blogspot.com



[1] Agnelli, Héctor “Chalo”. http://camarag.dynalias.com:83/historia.html
[2] Revista El Monitor de la Educación Común, 1915, pág. 73.
[3] Agnelli, Héctor “Chalo” (2004). Maestros y escuelas de Quilmes 1666-2004. Buenos Aires, Jarmat.
[4] Hoy sabemos que lo que ellos llamaron Archivo no era más que un depósito totalmente inadecuado.




Desde la Biblioteca Nacional de Maestros (BNM) anunciamos el lanzamiento del Micrositio de la Ley Nº 26.917, que creó el Sistema Nacional de Bibliotecas Escolares y Unidades de Información Educativas. Este sitio, en constante actualización, es una herramienta de difusión imprescindible que nos permitirá instalar esta política pública impulsada desde nuestras Redes Federales de Información y promover su implementación a nivel nacional.

En este micrositio se encuentra alojada toda la información sobre la Ley, como la historia de su gestión, las voces de sus protagonistas, las últimas novedades, la normativa relacionada –nacional y jurisdiccional- y todo el material de difusión elaborado por la BNM en versión digital, disponible para su descarga. Este material, a su vez, será distribuido en el transcurso del año a todas las escuelas del sistema educativo nacional.

Esta normativa jerarquiza a bibliotecarios, archivistas y museólogos y reconoce el rol fundamental de Bibliotecas Escolares, Archivos Escolares, Centros de Documentación y de Información Educativa, Bibliotecas Pedagógicas y Museos de Escuela. Garantiza, además, la formación y actualización, asistencia técnica, monitoreo y evaluación, y desarrollo de tecnologías para la estandarización y normalización del Sistema.

Invitamos a estudiantes, docentes, investigadores y a toda la comunidad educativa a conocer esta Ley, creada con el fin de mejorar la igualdad de oportunidades en el acceso a la información y el conocimiento.

Fuente: http://www.bnm.me.gov.ar/redes_federales/novedades/?p=8439

La evolución del papel y las tintas 
en los documentos

El Programa Huellas de la Escuela. Legado de la Historia Educativa de la Ciudad de Buenos Aires, invita a los miembros de las escuelas participantes a la Reunión Mensual de Escuelas que recuperan su Patrimonio ¨La evolución del papel y las tintas en los documentos¨, enmarcado en el proyecto La firma y los documentos. 

Fecha: Lunes 11 de Mayo de 2015 
Horario: 14.30 horas 
Lugar: Museo Lorenzo Raggio - Av. Libertador 8635, CABA


4/5/15

Otra escuela que protege su patrimonio histórico

PROGRAMA "HUELLAS DE LA ESCUELA"
VISITA A LA ESCUELA 1 -D.E. 19- 
"MARÍA SILVENTI DE AMATO"
28 de abril de 2015


Nos acercamos a la escuela primaria "María Silvente de Amato", que se encuentra en nueva Pompeya.
Nos recibieron en la escuela su directora Prof. Marcela Lago y sus bibliotecarias, quienes nos cuentan que este año estarán celebrando el centenario.

Una de las 35 escuelas porteñas que lleva nombre de mujer
La visita nos permitió hacer el relevamiento del patrimonio histórico con el que cuenta la escuela. Su biblioteca alberga libros antiguos que poseen desde la creación de la escuela. Cuenta también con una importante colección de mapas y láminas.

Es importante el mobiliario original de su fundación en el espacio de la biblioteca, secretaría y dirección. Su archivo guarda libros de matrícula, fotografías, libro de oro, correspondencia entre otros.






El edificio donde funciona la escuela fue donado por Maria Silventi de Amato, quien ejerció la docencia durante muchos años y, al no tener herederos, dejó en su testamento una cláusula con esta donación. Primitivamente esta escuela funcionó en un edificio de la calle Fourier 2548 como escuela Nº 15 el 17 de marzo de 1915; se traslada a la calle Alagón en 1931, donde actualmente funciona.

El programa Huellas de la Escuela. Legado de la Historia Educativa de la Ciudad de Buenos Aires, acompañará a esta institución educativa en los festejos de sus 100 años y colaborará en la puesta en valor de su patrimonio histórico para resguardar la memoria institucional.

Fuente: https://huellasdelaescuela.wordpress.com/2015/04/30/retomamos-visitas-a-escuelas-visitamos-la-escuela-1-de-19-maria-silventi-de-amato/

BIBLIOGRÁFICAS Y WEBLIOGRÁFICAS
Intervención: revista internacional de conservación, restauración y museología 


El número 10 (julio-diciembre 2014) ofrece el siguiente sumario:

ENSAYO
La dimensión material del arte novohispano, por Sandra Zetina Ocaña, Elsa Minerva Arroyo Lemus, Tatiana Falcón Alvarez, Eumelia Hernández Vázquez.

INVESTIGACIÓN
La vivienda obrera de la fábrica de papel Loreto: patrimonio industrial de la ciudad de México en peligro de extinción, por María Elizabeth Muñoz Gómez.

ESCAPARATE
Recuperación del Cristo divino preso de Lomas de Bracho en Zacatecas, Zacatecas (México), por Diana Ugalde Romo.

INFORME
Los libros de coro copiados por fray Miguel de Aguilar: un primer acercamiento al estudio de su encuadernación en la Nueva España, por Tania Estrada Valadez, Patricia de la Garza Cabrera, Thalía Edith Velasco Castelán.
El patrimonio gnomónico de México: los cuadrantes solares coloniales del estado de Yucatán, por Antonio Rodríguez Alcalá.

SEMBLANZA
La conservación del patrimonio cultural en el INAH, México: la labor de la CNCPC a un año de su reestructuración, por CNCPC-INAH.

INNOVACIONES
Dos décadas de inspección radiográfica en España: retrospectiva y horizontes futuros en un contexto de cambio tecnológico, por José Madrid García.



(ISSN 2314-0623, ISSNe 2314-6631)
Volumen 3, no. 6 (2015).

Esta publicación semestral de la Biblioteca y Archivo Históricos de la Universidad del Salvador, Buenos Aires, ofrece en su más reciente número publicado los siguentes artículos:
* Catálogo periódico impreso
* Bergara: el demiurgo de la memoria porteña, por María del Carmen Magaz
* Bergara era un hombre del Renacimiento, por Marikena Monti y Juan Carlos Benítez
* Tiene que quedar algo de cada día, por José Luis Larrauri y Lilian Yolanda Acuña
* Notas de vida y artistas, escritores y personalidades del espectáculo nombrados en este número. 


Revista española de documentación científica 
(ISSN 1988-4621) es una revista española editada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas en forma impresa y digital. 

Publica artículos originales de investigación experimental o teórica, previamente sujetos a un proceso de selección y evaluación por pares, especialmente en los siguientes campos:-mMedición de la producción científica, indicadores de ciencia y tecnología, bibliometría, redes y sistemas de información; recursos electrónicos; internet, eEvaluación de revistas y bases de datos científicas.
Los artículos que presenta su contenido en el último número (volumen 38, no. 1, 2015) son los siguientes:

ESTUDIOS
Publicar en inglés o en castellano: un marco teórico para el estudio de las motivaciones de los investigadores, por Irene López-Navarro, Ana I. Moreno, Sally Burgess, Itesh Sachdev, Jesús Rey-Rocha
cceso al conocimiento público universitario en España: patrones geográficos, por Joaquín María Azagra Caro
El efecto Cajal: análisis bibliométrico del Programa Ramón y Cajal en la Universidad de Granada, por Daniel Torres-Salinas y Evaristo Jiménez-Contreras
Actividad investigadora y contexto económico: el caso de las universidades públicas españolas, por Teodoro Luque-Martínez
Herramientas de descubrimiento: ¿una ventanilla única?, por Lorena Ávila-García, Virginia Ortiz-Repiso, David Rodríguez-Mateos
Desarrollo e implementación de un modelo de características o indicadores de calidad para evaluar los blogs de bibliotecas escolares de centros de educación infantil y primaria, por José Enrique García-Romero y Cristina Faba-Pérez

NOTAS Y EXPERIENCIAS
Accesibilidad web en el espacio universitario público argentino, por María Inés Laitano.
Números anteriores de la publicación pueden leerse en este sitio.

Fuente: http://www.sai.com.ar/bibliotecologia/boletin/y/bie118.htm