8/1/17

Del Blog de Rita Udina


La diplomática tinta neutra 
¿Qué es la tinta neutra?
por Rita Udina

¿Una tinta de pH=7? ¿Una tinta transparente? De color verde… ¿o marrón? Una tinta al óleo… ¿o acrílica?

Los restauradores nos referimos a la “aplicación de una tinta neutra” cuando queremos decir “te pintaré el trozo que falta de un único color que no verás mucho”. Que tanto puede ser verde, como fucsia; pintado a lápiz, o con acuarelas… depende. El objetivo es hacer que la parte ausente destaque lo menos posible respecto la obra, y normalmente es el color del fondo o del contorno.

Con la diplomática tinta neutra, estreno una serie de entradas que intentan explicar la eterna pregunta: “¿Qué pasa cuando falta un trozo? ¿Dibujarás lo que falta? ¿Escribirás las letras?”



Suele haber un factor común, y es que antes que nada trataremos la materia (reintegraremos el soporte), y después, una vez curado el paciente, lo pasaremos por maquillaje (retoque, o reintegración cromática 1), si procede. Pero la controversia está servida en este segundo estadio, y hagamos lo que hagamos (incluso cuando no hacemos nada), los restauradores tenemos garantizado que nuestra decisión no gustará a todo el mundo, pues los criterios son cambiantes y subjetivos 2.

Yo, por suerte, tengo esta aplicación infalible que me da siempre la mejor solución.

Criterios de reintegración en restauración de papel: La tinta neutra.

La tinta neutra está dentro del grupo de la abstracción cromática, y suele utilizarse en zonas donde la complejidad visual de lo ausente no es excesiva (no hay colores muy contrastados, o corresponde a un área crítica de lo representado) y por lo tanto es relativamente sencillo buscar un tono similar al de su contorno; pero también se usa cuando no es éticamente recomendable hacer ninguna hipótesis, por el valor artístico de la obra, por ejemplo, o también cuando se quiere que la pérdida siga teniendo visibilidad 3. Y puede haber aun otra razón: cuando otros tipos de retoques que demandan más tiempo no son viables. La neutralidad está en la no implicación, en el hecho de que no se dibuja nada. 


En este caso particular no se ha podido encontrar documentación de cómo era el cartel original 4, y hemos recurrido a la tinta neutra. Porque el tamaño de la pérdida era notorio y molesto, dado que el color del fondo nada tiene que ver con el apaño en papel blanco que llevaba. También porque el cartel lo vale (se quiere enmarcar y colgar); y tenemos la ventaja de que no parece que lo que falta sea muy complejo: probablemente la elipse del cohete y alguna estrellita más, una parte muy pequeña con respecto al total de la laguna. Y, finalmente, se ha escogido la tinta neutra porque la función del cartel es la de darle una alegría a nuestra vista (y, en este caso concreto, de paso, que nos hagamos comunistas, en nombre de la paz y del progreso). La reintegración de la laguna con esta tinta neutra, tan apolítica ella, deja al observador que imagine lo que falta, desde la discreción que da la similitud con los contornos de la obra. Cuán parecido hagamos el color de la tinta neutra con el original, dependerá de cuántos colores colinden con la laguna (sólo uno en este caso) y de cuán desapercibida queramos que pase. Para el caso que nos ocupa el cartel original tiene un cierto degradado (de más oscuro, arriba, a más claro) y por lo tanto el tono escogido no es exactamente igual en casi ninguno de los puntos cercanos al margen, siendo siempre distinguible. Después del retoque la parte ausente no es ya la protagonista, y podemos admirar la litografía por si misma, aún cuando apreciamos claramente que falta la trayectoria del cohete y algunas estrellas.

Después de entrar los datos en la aplicación, se ha concluido que el objeto, debido a su estado y por su valor estético, histórico y de relativa unicidad, merece una conservación curativa, incluso una restauración 5 y no sólo un tratamiento de conservación preventiva 6.


Valoración del objeto: 
Antigüedad: Media (año 1959). 
Contexto histórico: Importancia media-alta, ya que pertenece a una colección de carteles soviéticos de propaganda comunista. 
Calidad artística: Elevada. 
Materiales: Mediano-Bajo. El papel no son rubíes… pero se trata a pesar de todo de una litografía, las tintas son de buena calidad, y el papel de pasta mecánica -dentro de lo que cabe- de una calidad aceptable. 
Unicidad: Media-Alta. El objeto en si no es, por su naturaleza, único. Es un impreso, de lo que podemos pensar que habrá otros ejemplares más en algún rincón de mundo, o ha podido haberlos. Aunque sí es único en la colección a la que pertenece. 

Estado de conservación: 
Funciona?: No. O no al 100%, porque es un cartel para hacer bonito, y más bien hace llorar. 
Tamaño del agujero: Grande. Este es de los pocos parámetros cuantificables de manera no subjetiva: La laguna afecta un 4,8% del dibujo, y un 5,2% de la obra (es decir, incluyendo los márgenes). Y la compacidad, el hecho de que no está distribuida en partes pequeñas, la hace aún más visible. 
Ejecución viable: Sí, pero por su estado tan degradado deberemos ahorrar en recursos en cuanto al retoque se refiere, y hacer algo que no demande mucho tiempo. 

Y, particularmente, haciendo una evaluación de la laguna grande dentro del contexto del cartel: 

Ubicación: No está en el foco central de atención, pero corta partes de dibujo. 
Complejidad: Relativa-baja (suponemos). No afecta el texto, ni partes principales del dibujo. Si quisiéramos “terminarlo” podríamos hacer una especie de copiar-pegar de un par de estrellas, y terminar la elipse. No podemos saber con certeza el punto exacto de retorno de la curva, ni tampoco cuantas estrellas faltan ni cómo estaban distribuidas. Con todo, hacer una hipótesis al respecto podría considerarse venial en términos de la obra de arte, dado que no son motivos principales. Además estaríamos reproduciendo otras partes, más que creando: No se nos ocurriría pintar a Saturno con sus anillos, ni al Sr. Iuri Gagarin haciéndonos un guiño desde lo lejos… Y eso no quiere decir que ninguna de estas dos cosas no pudiera ser, sólo que parece poco predecible.

Y, ya me perdonaréis que sea tan puntillosa, pero una se toma su trabajo muy en serio: Hemos asumido que la parte entintada es un rectángulo, y que el papel también lo es, o sea, que el margen era blanco y rectangular. Si resulta que en realidad no era así -que podría ser- o que justo en ese hueco hubiera habido precisamente Iuri Gagarin guiñando el ojo, hubiéramos tenido tan mala suerte, la probabilidad hubiera sido tan remota e impredecible, que el pobre restaurador quedaría exculpado de cualquier acusación al respecto, y podría seguir durmiendo tranquilo (pero no lo haría ¡por supuesto! pasaría una noche insomne de lo más espantosa). 


De todo ello la restauradora concluye que en este caso la función pesa mucho: si el cartel no es bonito a primera vista, si en lugar de seducirnos por sus formas y colores, aquello que nos llama la atención es que hay un agujero, el cartel no funciona. Y entonces, en lugar de ensanchar los pulmones y querer salir volando en astronave para militar por la paz y el progreso, lo que haremos es pensar que el comunismo es algo del pasado, y que está totalmente acabado. Pero una adecuada tinta neutra nos puede dar una visión más ponderada, y por lo tanto vale la pena que nos tomemos el tiempo de encontrar un color que haga desaparecer esta laguna.

Y sin embargo, la calidad artística del cartel y la incertidumbre de lo ausente han hecho preferible no querer ponerse en el lugar del artista inventando algo que no sabemos exactamente cómo era (y no porque no estemos capacitados para pintar una raya y unas estrellitas!). Y, además, nos da menos trabajo, sin suponer un cambio drástico en el resultado final, que sigue siendo “legible”, comprensible.

Para los que pensaban que los restauradores hacemos con los pinceles lo que las peluqueras con las tijeras (lo que les da la gana) espero que esta entrada sirva para mostrar la falta de arrebato artístico que hay en nuestro caso.

Porque… ¿tu qué hubieras querido en el hueco si el cartel fuera tuyo? No dudes en compartir tu criterio, me apuesto que saldrán soluciones de todos los colores.

Si queréis saber más sobre este cartel, conocer qué pintura se ha utilizado para el retoque, cómo, quién, para quién, y todo tipo de documentación fotográfica sobre la restauración de esta litografía, mirad el PROYECTO y haced clic en cada una de las imágenes.


Cartel impreso, 57 x 107 cm, Валентин Викторов, 1959. во имя мира и пгogreссa!, Валентин Викторов (“¡En nombre de la paz y el progreso!”, Valentin Viktorof). Colección privada. Imagen facilitada por un seguidor del blog, de un ejemplar completo del mismo cartel (¡nos llega meses después de su restauración! :-S). Aunque, la ventaja de la precavida cauta tinta neutra es que estamos a tiempo de reproducir el original sin demasiadas complicaciones, si el cliente así lo desea. Fuente de la imagen: haz clic.Ver más datos del PROYECTO, o leer la ENTRADA.

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Referencias:

1) Leáse una muy diáfana explicación de la diferencia entre retoque, reintegración y repinte en esta entrada de South Florida Art Conservation.
O también:
de la Roja, José Manuel (1999) págs. 35-37: “El término retoque (…) ha tenido históricamente una connotación de imitación y de repinte del original (…). Lareintegración cromática contempla los problemas de índole estético en relación a la intervención en la obra de arte.” Sistema de reintegración cromática asistido por medios transferibles obtenidos por procedimientos fotomecánicos. Aplicación en la restauración de pintura de Caballete. Ministerio de Cultura, Registro General de la Propiedad Intelectual M-37614.   

2) Cesare Brandi,1963  

3) Como el caso del florentino Cristo de Cimabue, inundado en 1966, en el que se optó por no dar al espectador excesivas “pistas visuales” de lo que había habido, a pesar de tener una exhaustiva y fiable documentació de su estado previo, priorizando así el hecho histórico de la propia inundación.  

4) Bastará en que lo diga para que aparezcan miles de ejemplares…  

5)“Conservación curativa: Todas aquellas acciones aplicadas de manera directa sobre un bien o un grupo de bienes culturales que tengan como objetivo detener los procesos dañinos presentes o reforzar su estructura. Estas acciones sólo se realizan cuando los bienes se encuentran en un estado de fragilidad notable o se están deteriorando a un ritmo elevado, por lo que podrían perderse en un tiempo relativamente breve. Estas acciones a veces modifican el aspecto de los bienes.” (…) “Restauración: Todas aquellas acciones aplicadas de manera directa a un bien individual y estable, que tengan como objetivo facilitar su apreciación, comprensión y uso. Estas acciones sólo se realizan cuando el bien ha perdido una parte de su significado o función a través de una alteración o un deterioro pasados. Se basan en el respeto del material original. En la mayoría de los casos, estas acciones modifican el aspecto del bien”. Págs. 1-2: Resolución que se presentará a los miembros del ICOM-CC durante la XVa Conferencia Trianual, Nueva Delhi. Terminología para definir la conservación del patrimonio cultural tangible. International Council of Museums (ICOM), Grupo Español-International Institute for Conservation (Ge- icc). 22-26 de septiembre de 2008 (consultado el 09-Oct-2016).  

6) American Institute for Conservation (AIC) (1997). 

Fuentes: http://ritaudina.com/es/2017/01/02/criterios-reintegracion-en-restauracion-de-papel-retoque-tinta-neutra/
http://ritaudina.com/portfolio/restauracio-de-cartells-comunistes-russos/rocket-poster-valentin-viktorov-1959/

6/1/17

Buen comienzo de año


Estamos muy felices porque ya hemos recibido más de 400.000 visitas en este Blog. ¡MUCHAS GRACIAS!

CHILE

Museo de Quillota desarrolló importante 
rescate de archivo municipal 
y de la prensa local

Los documentos fueron limpiados, catalogados y almacenados en las mejores condiciones para su preservación. 
Proyecto de preservación incluyó trabajos de limpieza, digitalización y almacenamiento del material 

QUILLOTA.- Una gran oportunidad para que los visitantes del Museo de Quillota tengan acceso a las actas históricas del municipio y a una gran colección de periódicos de la prensa local desde 1887 a la actualidad, es lo que este año realizó la bibliotecóloga Estefani Figueroa. 

La profesional, desarrolló este proyecto con el apoyo del Fondart Regional, Patrimonio Cultural 2016, del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, y del Museo Histórico Arqueológico y la Municipalidad de Quillota. La idea consistió en preservar y digitalizar el Archivo Histórico Municipal de Quillota, que contempló la conservación preventiva, organización y clasificación de 1.150 documentos del Fondo Municipal de Quillota y 1.350 documentos de la Colección Prensa de Quillota. 

El proyecto tuvo como fin normalizar y conservar el fondo documental del Archivo Histórico del Museo Histórico Arqueológico, preservando sus soportes, fomentando su custodia e investigando la información histórica y cultural. De esta manera se garantiza el acceso de quienes quieren acceder al material y además se fortalece la identidad, historia y patrimonio comunal. De los archivos rescatados, cabe destacar que las colecciones que presentaban mayor riesgo de deterioro pertenecían al Fondo Municipal de Quillota, como libros, actas y gestión municipal del siglo XIX. 

Pero uno de los trabajos que se prevé será el favorito de los visitantes del museo será la Colección Prensa de Quillota, que abarca desde el año 1887 hasta la actualidad y que la compone una colección de prensa local y nacional, entre ellos los periódicos "El Quillotano", " El Diario" y "El Observador", entre otros. 

De este modo se aplicaron tratamientos de conservación preventiva, como la limpieza de cada documento y se adquirieron contenedores especiales para evitar su mala manipulación y deterioro en el tiempo. Además, la documentación se catalogó para que pueda ser consultada en la sala de investigación del archivo o a través de la web del Museo, www.museodequillota.cl

Finalmente, cabe mencionar que el proyecto contempló además una charla informativa en la Escuela República de México, donde los alumnos recibieron la visita de los profesionales quienes dieron a conocer, a través de actividades prácticas, conceptos como patrimonio, archivos y su conservación. 

Fuente: http://www.observador.cl/7718-museo_de_quillota_desarroll_importante_rescate_de_archivo_municipal_y_de_la_prensa_local

29/12/16

Archivos familiares

Conservar el significado de las imágenes

HOYA DE HUESCA, NOTICIAS
DICIEMBRE 14, 2016

Desde el salón de actos de la Diputación se ha enseñado al público a mirar de una forma diferente el deterioro de las fotografías. Especializada en el tratamiento archivístico de las colecciones fotográficas, Susanna Muriel ha animado a recuperar los fondos familiares que hay en cualquier casa porque “tenéis más medios, las personas a las que preguntar e interrogar, más pistas que cuando llegan a los archivos donde no tienen ningún dato ni saben a quién preguntar”. “Aquí estáis los futuros archiveros domésticos”, les ha dicho a quienes han acudido a esta conferencia que es una de las actividades centradas en la conservación que propone Visiona, el Programa de la Imagen de Huesca.

Como si de una película se tratara, ha ido mostrando fotografías que se ha ido encontrando en sus muchas visitas a colecciones familiares o las de su propia historia personal para descubrir cómo los deterioros de las fotografías, archivadas en materiales y condiciones domésticas, hablan de su significado en la memoria de una familia.


Susanna Muriel ha trabajado en la gestión de archivos de imágenes de diversas instituciones culturales, museos y archivos en el ámbito público y privado y de esa experiencia ha extraído la conclusión de que “los deterioros nos hablan, entonces se trata de entablar un lenguaje con ellos”. De ahí que haya animado al público oscense a intentar descifrar qué hay detrás de las marcas, “porque nos dan una información apasionante”, en referencia a cosas tan sencillas como una chincheta que puede sugerir que esa foto es importante para alguien porque ha querido exhibirla o una marca adhesiva deja patente que ha formado parte de un álbum.

Ayer por la mañana, Susanna Muriel, licenciada en Prehistoria, Historia Antigua y Arqueología graduada superior en Archivística y Gestión Documental, estuvo con los alumnos de la Escuela de Arte con quienes realizó un taller en el que, entre otras cosas, les puso a prueba colocando ante ellos una caja de fotografías que tuvieron que organizar en un tiempo límite. Antes, en una parte más teórico ofreció unas pautas para archivar y conservar en condiciones óptimas las fotografías que cualquiera guarda en casa.

Trasladó las técnicas profesionales de los archiveros a la esfera doméstica, mientras les enseñaba los medios de preservación y conservación, materiales profesionales o recursos caseros.


Los estudiantes aprendieron a clasificar y ordenar y también a documentar las imágenes de una colección.

En un foto y en otra, Muriel acostumbrada a esta actividad hablaba de algunos detalles a tener en cuenta antes de comenzar a organizar un archivo que comienza con algo tan sencillo como el de buscar un espacio de trabajo y tener a mano materiales para limpiar, la pera de aire (ver ilustraciones más abajo) y unos pinceles de pelo de cabra (más blandos), unos guantes de algodón o de látex y una lupa, entre otros de lo que ella llama el “kit básico”.








Fuente: http://www.mundoarchivistico.com.ar/?menu=noticias&id=2641 

11/12/16

Centenario de la primera promoción de Maestros

CENTENARIO DE LOS PRIMEROS MAESTROS QUILMEÑOS
 1916 – 2016
 Prof. Raquel Diana Gail
Prof. Chalo Agnelli


Este artículo se publica aquí en forma parcial, en tanto se completan los datos biográficos de cada uno de los egresados de la primera promoción.
Por otra parte, se lo puede consultar, aunque fragmentado, en la nueva edición de la histórica Revista Anales de la Educación Común, Tercer siglo - Nueva etapa digital - año 1 - número 1 - Noviembre 2016 - Sitio web: http://revistaanales.abc.gov.ar  


INTRODUCCIÓN

La antigua Escuela Normal Nacional de Quilmes [1] se complace en celebrar este año el centenario de la primera promoción de maestros egresados de esa institución. Fue el mismo año en que el viejo pueblo de Quilmes se convirtió en ciudad, cuando se cumplían 250 años de creación de la Reducción de los Quilmes y Acalianos traídos por la fuerza desde sus tierras ancestrales en Tucumán. [2]

Este año, tan significativo para la ciudad y coincidiendo con el Bicentenario de la Independencia declarada en Tucumán, es grato reconstruir -aunque sea parcialmente-  la identidad de aquellos que fueron los alumnos con los que se inició la mítica trayectoria pedagógica y cultural de la Escuela.

La siguiente recreación de la primera promoción de maestros y su entorno sólo pudo realizarse gracias al Proyecto de Recuperación y Puesta en Valor del Archivo Histórico Escolar [3], emprendimiento de voluntarios que cumplirá pronto diez años de trayectoria y que, en opinión de los autores, debe ser impulsado y sostenido de un modo orgánico para poder reconstruir la historia y las historias educativas de la comunidad quilmeña.

SU CREACIÓN

La propuesta de crear una escuela secundaria pública para señoritas, primera en su género entre la Capital Federal y la capital provincial, fue formulada por Atanasio A. Lanz, quien el 5 de marzo de 1911, en un discurso pronunciado en ocasión de un homenaje que le brindaron en el Club Social vecinos de Quilmes por su designación como Inspector Técnico Seccional de Escuelas, expresó: “La enseñanza de Quilmes necesita para su progreso y perfeccionamiento una Escuela Normal, donde vayan los niños con todas las comodidades y en forma poco onerosa obtengan el título que los acredite como educadores y para que una vez recibidos apliquen su saber, principalmente, en las escuelas del distrito. El título libre, es más costoso pecuniariamente para los aspirantes y de difícil adquisición. Sería, en mi concepto, una gran obra que las autoridades locales y el pueblo realizáramos una gran campaña en el sentido de obtener del gobierno nacional la creación de un establecimiento de esa índole […] Iniciada la campaña el éxito estará asegurado y Quilmes, señores, contará con nuevos elementos de progreso intelectual, base de su prosperidad material”. [4]

El 26 de agosto de ese mismo año, nuevamente en el Club Social, Lanz reitera su propuesta de crear una Escuela Normal y un Colegio Nacional y se forma una Comisión Provisional que convoca a una Asamblea a realizarse el 13 de setiembre; en dicha oportunidad se designa una Comisión Ejecutiva encabezada por Dr. José M. Húngaro como presidente, el Tnte. Coronel Tristán Villarroel como tesorero, y secretario el maestro Lanz. La comisión vuelve a reunirse cuatro días después, el 17 de setiembre y redacta el petitorio que se presentará el 27 de setiembre en la Cámara de Diputados. Hasta esa fecha se habían reunido 1.500 firmas de vecinos de toda la localidad. La Escuela Normal había tenido en Quilmes un antecedente en 1887, por una propuesta del ex municipal Pedro Risso que no prosperó. [5]

En 1912 era gobernador de la provincia de Buenos Aires el Dr. Marcelino Ugarte, ministro de Justicia e Instrucción Pública el Dr. Juan M. Garro e intendente municipal de Quilmes el Sr. Pablo Castro. En la Dirección de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires actuaba con carácter interino el Dr. Enrique Urien.

La Escuela fue creada por Ley de Presupuesto de 1912, junto con otros tres establecimientos semejantes, la de Lomas de Zamora, la de San Fernando y la de San Francisco en la provincia de Córdoba [6]. En esa instancia, fue concebida como Escuela Normal de Mujeres, aunque dos años más tarde se transformó en Mixta. Fue designado el personal y su primer Director, el profesor José Domingo Sosa del Valle (1879-1940) [7], el encargado de buscar una casa para alquilar y poder dar así comienzo a las actividades en el mes de abril, como estaba previsto.

Sin embargo, la misión encomendada se hizo difícil, más aún, imposible. Sus numerosas gestiones para alquilar una casa con las comodidades apropiadas para una escuela primaria completa y el primer año de la Normal, que debía crecer en los siguientes cursos lectivos, no dieron fruto y hacia mediados de año la escuela no había comenzado a funcionar. En vista de la situación, las autoridades del Ministerio nacional, del que dependían estas escuelas, resolvió trasladar la creación a Belgrano [8]. De acuerdo a la documentación que obra en el Archivo Histórico “Silvia Manuela Gorleri”, efectivamente se trabajó durante pocos días en aquella localidad. Por el mismo Expediente 2694-I se dispuso la anulación de la resolución anterior el día 4 de julio siguiente. [9]

Pero la sociedad quilmeña, que venía demandando la fundación de la escuela con gran entusiasmo y el apoyo incondicional del inspector Atanasio Lanz, antiguo maestro nacido en el mismo partido, se sintió defraudada y reclamó enfáticamente la “devolución” del establecimiento. El empecinamiento de Lanz y de Sosa del Valle lo lograron.

De esta manera dieron comienzo las negociaciones con la Dirección de la Escuela Nº 1, que estaba a cargo de América Gregorini, así como los conflictos entre el Ministerio de Justicia e Instrucción Pública nacional y la Dirección General de Escuelas de la provincia, que se zanjaron felizmente de modo que la Escuela Normal comenzó sus actividades el 23 de octubre de 1912 en el piso superior de la escuela madre, ubicada entre la Catedral y el Municipio.[10] [11]

Pueden leerse en las páginas de la Revista de Educación de abril de 1913 las discusiones libradas en el seno del Consejo General de Educación bonaerense que involucraba una situación semejante para la Escuela Normal de Lomas de Zamora. De todos modos el debate no finalizó en esta instancia, pues en julio y en diciembre volvió a tratarse el asunto tal como puede verse en la  Revista.[12]

INSCRIPCIÓN

La inscripción se inició el 26 de setiembre y terminó el 16 de octubre. Entre los requisitos de admisión para primer año del curso Normal estaba la edad –catorce años- y la aprobación de las pruebas de ingreso. El plan de estudios del magisterio era de cuatro años. Se iniciaron las clases con una matrícula de 42 alumnas (tres eran extranjeras). El director fundador fue, como se dijo, José Domingo Sosa del Valle, el vicedirector Olivio J. Acosta [13] y el Departamento de Aplicación (actual Escuela N° 84), que contaba con la regencia de la señora Crescencia López Oliveros de Molina [14], atendía 156 alumnos repartidos en siete secciones.

A pesar del retraso en el calendario educativo, los exámenes de ingreso a primer año comenzaron a rendirse a principios de octubre; las actas dan cuenta del sistema de calificaciones vigente, que era de uno a cuatro puntos. Las alumnas que obtenían dos puntos en el escrito quedaban relegadas a la situación de "condicional" aunque, como se comprueba en documentos posteriores, finalmente ingresaron. Pocos días más tarde y en pequeños grupos se realizaba el examen oral a las aspirantes.

El personal había sido designado mediante expediente Nº 4.380 en la sesión del Consejo Nacional de Educación del 23 de abril y a fines de agosto se le liquidó el sueldo de ese primer mes [15], situación que debe haberse regularizado pronto, pues en diciembre de 1912 ya se le estaba abonando el sueldo de noviembre. [16]

Tarjeta de invitación a la inauguración

La inauguración oficial se realizó en la calle y en la plaza principal, frente al edificio de la Escuela Nº 1. Asistió el Presidente interino del Consejo Nacional de Educación, doctor Pastor Lacasa, cuyo discurso está reproducido en El Monitor de la Educación Común, [17] órgano oficial de prensa; en él hizo referencia al “inteligente consorcio” entre las autoridades educativas nacionales y provinciales para dotar a la nueva escuela del espacio físico necesario. Luego hablaron el Sr. José M. Ungaro en representación de la Comisión Pro-escuela Normal y el flamante Director, profesor Sosa del Valle. Firmaron la tarjeta de invitación: el doctor José María Ungaro, el intendente Pablo Castro, el Tte. Coronel Tristán Villarruel, los doctores: Severo Soria, Juan Ithuralde, Eduardo Sarmiento y Lisandro Salas, los señores: Rodolfo Labourt, Valerio Ponce de León, Francisco J. Tollo, Juan V. Posada y el Inspector Atanasio A. Lanz, todas personalidades de relieve en la comunidad local.

No fue sino hasta 1915 que “la Normal” encontró asiento en la señorial casona de la calle Mitre, predio en el cual todavía funciona aunque con infraestructura más reciente pero inconclusa. La propiedad, que entonces pertenecía a la familia Ctibor, fue arrendada por el Ministerio del ramo hasta 1957, cuando se dispuso su expropiación, durante la gestión al frente de la cartera educativa de Acdel Salas, ex alumno del establecimiento.
  
EL PRIMER GRUPO DE EGRESADOS: 21 MAESTRAS Y 1 MAESTRO 


Nómina de egresados de 1916, Documento de Archivo

1.  Ibáñez, Braulio Antonio
2.  Amor y Vedia, Graciana Natalia
3.  Angeletti, Amelia
4.  Bianchi de Zothner, Argentina Italia
5.  Borzi, Ana María
6.  Burlo, Delia
7.  Capellino, Magdalena Ana
8.  Cendoya, Julia Dominga
9.  Curell, Lilia Vicenta
10. Cuttela, Ermelinda Estela Victoria
11. de Madrid, María Teresa A. A.
12. Ferri, Augusta Cecilia
13. Job, María Manuela
14. Lostra, Ángela Victoria
15. Orezzio, María Eulalia
16. Pitto, Dolores Herminia
17. Ponce de León, Ernestina Sofía
18. Sosa, María Esther
19. Taramasso, María Gerónima T.
20. Thevenon, Margarita Valentina
21. Vacca, Elda María Margarita
22. Velazco Montes, Sara Elena


CONCLUSIONES

        Se matricularon 43 niñas al inaugurarse las actividades y, de ellas, se recibieron 21 en el plazo esperado, más un varón que provenía de otro establecimiento. Dos de las alumnas eran extranjeras.

            De las 22 que no se graduaron con su cohorte (entre ellas una de las extranjeras), dos se recibieron en 1917 y una en 1918. Al menos una estudiante se graduó en otro establecimiento.

            De las restantes, se sabe que algunas no continuaron sus estudios en Quilmes a causa de la distancia desde sus hogares, y puede suponerse que con otras ocurrió algo semejante aunque no aparece especificado en los documentos del Archivo. También hay que señalar que ninguna de las que abandonaron la escuela estaba entre las alumnas becadas.

         Las edades de los estudiantes al momento de terminar su carrera oscilaban entre los 17 y los 26 años.

         Se sabe que 6 alumnas tenían padres argentinos. Algo más de la mitad de los aspirantes, 26, eran hijos de uno o los dos padres inmigrantes. De otras 12 alumnas no se conoce esa información.

Una disposición del Consejo Nacional de Educación favoreció a los egresados de las Escuelas Normales de Quilmes, Lomas de Zamora, San Fernando y La Plata asignándoles un punto de bonificación incorporándolos a lo establecido en el artículo 10º del volante Nº 26, en el caso comprobable de que hubieran solicitado puesto sin conseguirlo.[18] En el mismo ejemplar de la Revista se publica un proyecto de la Comisión de Hacienda y Asuntos Legales para solucionar el efecto indeseado de profesionales sin puesto que padecían más de 1.000 egresados de las Escuelas Normales. Esta cuestión se pretende paliar mediante la resolución del 1º de febrero de 1918, por la cual se prohíbe “desempeñar funciones docentes en una escuela primaria particular de la Capital, como director o maestro, sin ser profesor o maestro normal, poseer título revalidado o haber obtenido […] certificado de aptitud otorgado por el H. Consejo”.[19]

También es posible que se hayan visto beneficiados en la obtención de puestos de trabajo por el hecho de que en mayo de 1917, bajo la presidencia de Hipólito Yrigoyen y ministerio de Salinas, se resolvió crear 39 escuelas infantiles para niños aún sin escolarizar en la Capital Federal [20], en una etapa de gran crecimiento del servicio educativo.

En el distrito de Quilmes se crearon en 1916 siete escuelas entre los meses de agosto y octubre.

En aquella época no se realizaban en la escuela legajos de los alumnos, por lo tanto se carece de muchos datos sobre la trayectoria pedagógica de los estudiantes que se rememoran en este trabajo. Obran en el Archivo escolar sus calificaciones año por año, sus asistencias a clase y su certificado de estudios finalizados, con las características con que se confeccionaban en aquel entonces. Quizá este Centenario avive el recuerdo de descendientes y memoriosos y podamos ampliar la información sobre esos Maestros fundadores, muchos de los cuales actuaron largamente en las escuelas del distrito.


NOTAS:

[1] Hoy Unidad Académica Escuela Normal Superior de Quilmes “Alte. Guillermo Brown”.
[2] El tema del cambio de jerarquía urbana se venía hablando en el pueblo desde la intendencia de José Andrés López. Luego cobró amplitud tras los Censos de 1910 (municipal) y de 1914 (nacional); con la inauguración del dos suntuosos edificios que fueron: en 1909, el Teatro Colón de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos “Cristóforo Colombo” y en 1910 el de la Escuela Nº 1; sucesos que se acrecentaron con la construcción del nuevo edificio municipal (hoy Casa de la Cultura) terminado en 1912. Pero el que toma la iniciativa más fuerte es Atanasio Lanz que, como corresponsal del diario “La Prensa”, en 1913 propuso a la Dirección de dicho medio iniciar una serie de artículos periodísticos que insistieran sobre el tema, para que cobrara interés público y alcanzara dimensión nacional. Así se avanzó hacía el apogeo de la Tercera Fundación, el 2 de agosto de 1916, cuando el pueblo de Quilmes es declarado Ciudad, durante la gobernación de Marcelino Ugarte.
[3] Declarado Proyecto Piloto Nº 1 del país dentro del Programa Nacional de Archivos Escolares y Museos de la Educación, implementado en el ámbito de la Dirección Biblioteca Nacional de Maestros (Resolución 1422/07). Declarado Proyecto Modelo para la Capacitación de Secretarios y Bibliotecarios de escuelas centenarias por la Provincia de Buenos Aires implementado por el CENDIE (Resolución Nº 2711/15).
[4] “La Escuela Normal Nacional Mixta de Quilmes, su origen. Vicisitudes en su instalación. Su inauguración”, del Prof. Orlando D. Cella. Ed. propia, 2001. Pág. 2 a 4.
[5] Yerno de Andrés Baranda, fue municipal desde 1873 hasta 1882.
[6] El 22 de enero de 1912 la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados solicita un aumento en la partida para la creación de cuatro Escuelas Normales.
[7] “José Sosa del Valle, de 34 años de edad, argentino, Profesor Normal graduado en la Escuela Normal de Profesores de la Capital en el año 1899, inició el ejercicio de su profesión en Marzo del año 1900 como Maestro de Grado en la Escuela Nº 1 de varones del partido de General Sarmiento, cargo que conservó hasta el 2 de abril de 1901, fecha en que pasó a servir como Sub Preceptor en la Escuela que actualmente se denomina Nº 1 del Consejo Escolar 14 de la Capital Federal; fué [sic] ascendido con servicio en esta misma Escuela, á [sic] Preceptor el 1º de Agosto de 1904 y á [sic] Vice-Director el 23 de Abril de 1907 hasta Abril 20 de 1909. Dentro del tiempo indicado prestó servicio en la Escuela Nocturna “A” del expresado Consejo como Sub Preceptor suplente desde Abril 1º de 1904 á 28 de Febrero de 1905; como Sub Preceptor titular desde el 29 de Mayo de 1906 hasta el 11 de Abril de 1908 en que fue designado Director, cargo desempeñado hasta el 20 de Abril de 1909. En esta fecha fue nombrado Regente y catedrático de Idioma Nacional y Aritmética en la Escuela Normal de Santa Rosa de Toay. Hizo permuta de la cátedra de Aritmética en 1º Año por la de Idioma Nacional de 2º Año en marzo 1º de 1910. Desempeñó estos cargos hasta Abril 23 de 1912 en que se le nombró Director y catedrático de esta Escuela.” (De la Foja de Servicios, Archivo Histórico de la Escuela Normal de Quilmes) Fue también director de la Biblioteca Pública Municipal “Domingo Faustino Sarmiento”. En el año 1927, presidió durante 15 días el Club Social. Fue prologuista del libro del Prof. Edmundo Gutiérrez “Bosquejos biográficos del Dr. Ramón S. Castillo”, editado en la imprenta López en 1941.
[8] El Honorable Consejo Nacional de Educación ordena el 25 de junio en su sesión 45ª el traslado al local de la escuela “Esteban Echeverría”, C. E. 13, sita en la calle Moldes 1858. (Revista El Monitor de la Educación Común, 1912, pág. 25-26)
[9] El Monitor de la Educación Común, 1912, pág. 70.
[10] En la Sesión del 7 de setiembre de 1912 se informa sobre el acuerdo para el uso de la Escuela Nº 1 ("Fiscal", según la denominación de la época): "El señor Presidente dió [sic] cuenta que había convenido con la Dirección General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires el permiso para ocupar el edificio fiscal de Quilmes para el funcionamiento de la Escuela Normal de la localidad, en el horario de la tarde, lo que fué [sic] por el H. Consejo." 
[11] También se contrató la locación de un inmueble en la calle San Martín Nº 770, con destino a oficinas del establecimiento.
[12] Revista de Educación Año LV, Tomo LXV, de enero y febrero de 1914, en las páginas 125 y 126. Véanse los detalles en “Avatares de la propia historia”, nota publicada el 5 de octubre de 2014 en http://archivo104.blogspot.com
[13] “Olivio J. Acosta, argentino, 38 años. M. N. en la Escuela Normal de Profesores de Paraná el año 1893. Inició en agosto del mismo año sus servicios como Maestro de Grado en la Escuela Superior de Varones de Nogoyá (E. R.). En Marzo del 94 el mismo puesto en Villaguay (E. R.); en el mes de Marzo del 98 – Vice Director de la Escuela Superior mixta de Diamante (E. R.). En Abril de 1900 subpreceptor de la Escuela Nº 9 del Consejo Escolar Nº 19; en Marzo de 1901 Director de la Escuela Nº 7 de Colonia Sarmiento (Chubut). En Marzo de 1902 Director de la Escuela Nº 9 de Trelew (Chubut); en Julio de 1904 Preceptor de la Escuela Superior Nº 1 del C. Escolar 13 (Cap. Federal) – en 1905 subpreceptor de la Escuela Nocturna Nº 10 del C. E. 10; en Abril de 1907 Inspector Técnico de la 6ª Sección de Territorios Nacionales; en Marzo de 1910 de la 7ª Sección (Pampa); en Marzo de 1912 de la 4ª Sección (Chubut) y en Abril del mismo Vice Director de la Escuela Normal de Quilmes y Catedrático de Historia y Aritmética.” (Foja de servicios, Archivo Histórico de la Escuela Normal de Quilmes.)
[14] “Crescencia López O. de Molina española, 24 años de edad, Maestra Normal recibida en Azul en el año 1907. Inició su carrera en Abril de 1908, nombrada por el H. Consejo Nacional de Educación para desempeñar el puesto de Maestra de Grado en la Escuela Nicolás Avellaneda, Consejo Escolar 2º. En Mayo del mismo año nombrada por la Dirección General de Escuelas de la Pcia. de Buenos Aires Maestra de Grado en la ciudad de Azul. Marzo de 1909, nombrada por la Dción. General de Escuelas de la Pcia. de Buenos Aires, Directora de la Escuela Nº 25 de la ciudad de Azul. Por el Ministerio de Instrucción Pública, el 3 de junio del mismo año, Maestra de Grado y catedrática de E. Doméstica y Labores de la Escuela Normal Mixta de 25 de Mayo. El 23 de Abril de 1912 Regente y C. de Geografía en la Escuela Normal de Quilmes.” (Foja de servicios, Archivo Histórico de la Escuela Normal de Quilmes.)
[15] El Monitor de la Educación Común, 1912, Relación de lo pagado por la Tesorería del Consejo Nacional de Educación durante el mes de diciembre de 1912, pág. 147.
[16] El Monitor de la Educación Común, 1912, Relación de lo pagado por la Tesorería del Consejo Nacional de Educación durante el mes de diciembre de 1912, pág. 386.
[17] El Monitor de la Educación Común, 1912. Disponible en  http://www.bnm.me.gov.ar/ebooks/reader/reader.php?mon=1&vt=n&dir=00150842&num_img=5&num_fin=7
[18] Revista El Monitor de la Educación Común, 1918, Sesión 7ª, Circular Nº 15 del 8 de febrero de 1918, págs. 24 y pág. 89.
[19] Revista El Monitor de la Educación Común, 1918, pág. 85.
[20] Revista El Monitor de la Educación Común, 1917, Expediente 3.969, pág. 89.

México

Construcción de un país sin memoria
María Marván Laborde [1]

Desde que en 2002 se aprobó la primera Ley de Transparencia nos enfrentamos a una debilidad estructural, el manejo de los archivos de la administración pública se ha deteriorado continuamente en las últimas décadas. 

Las razones son muchas: la falta de profesionalismo en la gestión documental, el anquilosamiento de las normas que restringen las definiciones documentales al papel; burocracias paralizadas frente a los retos de la migración tecnológica que ignoraron la importancia de los documentos electrónicos; grave menosprecio por los archivos que están convertidos en bodegas sucias y desordenadas. No es exageración decir que en el cuarto del archivo se arrumban hasta los adornos navideños.

Por lustros hemos discutido la necesidad de modernizar el marco normativo. Aparentemente se partía del acuerdo de fortalecer al Archivo General de la Nación para que pudiera garantizar de manera efectiva la conservación de la memoria histórica, parte esencial de nuestro patrimonio.

Al aprobarse la reforma constitucional en materia de transparencia (febrero de 2014) los legisladores estaban obligados a aprobar la Ley General de Archivos. Con enorme retraso la secretaría presentó un proyecto muy cuestionable. El lunes pasado se hicieron comparecencias en el Senado, la sociedad civil ha advertido de muchos y graves problemas.

El proyecto propone debilitar al Archivo General de la Nación. En términos jurídicos, el proyecto disminuye la autonomía del AGN con respecto a la Secretaría de Gobernación; en términos económicos, el presupuesto de 2017 lo castiga severamente al punto de poner en riesgo su operación.

Se propicia con esto un peligroso círculo vicioso, se restringen los recursos económicos para la labor de organización, valoración y depuración archivística y, al mismo tiempo, se establece en el transitorio décimo cuarto, por cierto pésimamente mal redactado, limitar el acceso a archivos que no estén previamente depurados. No es difícil darse cuenta de que dos más dos suman cuatro. La ley propiciará una virtual parálisis a la consulta de los archivos, será imposible escribir la historia de este país porque la ley que debería preservar las fuentes acabará por destruirlas o inutilizarlas. Los archivos no depurados en dos años podrán destruirse.

Se propone la balcanización de los archivos históricos, el proyecto de ley transfiere a cada dependencia o entidad la responsabilidad de su propio archivo histórico sin garantizarles recursos económicos y humanos. Un grupo, que la ley menciona como interdisciplinario, que en realidad es interdepartamental o “pluriburocrático”, estará a cargo de la administración de los archivos. El problema es de fondo, se reduce la labor archivística a un problema administrativo y se niega de facto la importancia de los historiadores y profesionales de la gestión y valoración documental.

No conformes con este obtuso diseño, la ley entrega el control político de la política archivística del país a la Secretaría de Gobernación. Este sexenio será conocido, para bien y para mal, como la época dorada de los sistemas nacionales. En materia de archivos no podía faltar el propio. Encabeza este sistema el Consejo Nacional de Archivos que queda en manos de esta secretaría y está diseñado con criterios políticos y no técnicos.

Nada más preocupante que una mala comprensión de la normatividad de protección de datos personales. La protección a la privacidad no puede convertirse en pretexto de censura. La ley parece hecha para el revisionismo histórico y el acomodo de la “verdad” a los caprichos de la Secretaría de Gobernación.

Los personajes que a través de un documento arriban a un archivo histórico deben tener un tratamiento completamente distinto que el planteado en las leyes de protección de datos personales. Una cosa es proteger la irresponsable circulación de bases de datos en internet y otra muy distinta anonimizar la historia. En la historia se registran personas con nombres, apellidos y circunstancias, si esto no es accesible al público, estamos expulsándolos de la memoria colectiva. Censurar la historia sólo es propio de gobiernos autoritarios.

01 de Diciembre de 2016
Twitter:@MarvanMaria
El destacado en negrita nos pertenece.

[1] María Marván Laborde, politóloga y socióloga mexicana, electa el 15 de diciembre de 2011 consejera del Instituto Federal Electoral, tras haber sido comisionada del Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos desde 2002.

Marván Laborde es licenciada en sociología por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad nacional Autónoma de México, con estudios de maestría por la misma facultad, completo sus estudios de maestría en la The New School for Social Research en Nueva York y obtuvo su doctorado por la misma institución.

En su carrera académica ha sido asistente de investigación de Arnaldo Córdova y de Pablo González Casanova en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM y en The New School for Social Research, profesora e investigadora de la Universidad de Guadalajara, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y del ITAM.

En el sector público fue secretaría técnica del grupo parlamentario del PAN en Jalisco de 1998 a 1999, consejera local del IFE en la misma entidad de 1999 a 2003, consejera social del Instituto Nacional de las Mujeres de 2001 a 2002 y consejera de transparencia en Jalisco de la SEMARNAT de 2001 a 2002, fue después designada comisionada del Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos.

Autora de diversas publicaciones y colaboradora de diversas publicaciones, es miembro del sistema nacional de investigadores del Conacyt con licencia.

Fuentes: Mundo Archivístico.com. Boletín Semanal Nº 242, 7/12/2016
http://www.ine.mx/archivos3/portal/historico/contenido/interiores/Perfil_Consejero_Electoral-id-a9003c3238996310VgnVCM1000000c68000aRCRD/

UNA PERLA HISTÓRICA DESCUBIERTA 
EN LOS ARCHIVOS DE LA EX ENTEL

Mariana Carabajal / Dora Barrancos


Los archivos de la ex Entel contenían un secreto bien guardado en los legajos de las primeras empleadas incorporadas a principios del 1900. Apilados en estantes polvorientos, en un galpón enorme y olvidado cerca de donde hoy está el casino flotante, esos legajos escondían la historia de Amalia Carreras o cómo se extinguió la discriminación hacia las mujeres casadas del servicio telefónico en la Argentina. “Si seguís y seguís, en un momento el archivo te premia”, celebra la historiadora feminista Dora Barrancos. Ella descubrió la punta del hilo que le permitió reconstruir un episodio poco conocido, cuya protagonista involuntaria fue una joven telefonista, con 14 años de antigüedad en la Unión Telefónica. En un acto furioso y desesperado, tras ser despedida por haber contraído secretamente matrimonio, Amalia hirió con un cuchillo de cocina al director general de la compañía de capitales ingleses. Y esa acción solitaria e individual, cuyas consecuencias no fueron premeditadas por la autora, puso en cuestión la situación de injusticia y desigualdad laboral, de indudable sesgo patriarcal, que muchas mujeres experimentaban en la época. En una entrevista de Página12, Barrancos, integrante del directorio del Conicet, rescata aquel incidente, los debates que generó y las repercusiones que tuvo en el país.


–¿Cómo llegó a la vida de Amalia Carreras? –le preguntó este diario.

–Estaba interesada en la historia de las mujeres que habían trabajado en la telefonía. Había leído trabajos realizados en el exterior que reflejaban que en el corazón del servicio telefónico se ubicaban las mujeres. Quise saber quiénes habían sido esas mujeres, su perfil, en la Argentina.

Barrancos averiguó dónde estaba el archivo residual de la ex Empresa Nacional de Telecomunicaciones, privatizada durante el gobierno de Menem. Y lo visitó diariamente para analizar los legajos de las empleadas ingresantes en la década de 1900 hasta el peronismo. Así, durante meses, aquel galpón repleto de papeles amarillentos se convirtió en su bunker. Iba cada día de 9 a 16. En la última fase, se sumaron dos estudiantes para ayudarla. Fue fundamental en su pesquisa la colaboración de Hugo, el encargado del archivo.

En ese trabajo minucioso al que se abocó a comienzos de la década del ‘90, Barrancos se topó con el expediente de Amalia y descubrió la restricción que existía para casarse. Era parte del reglamento de la empresa. “Hasta donde he podido indagar, esta norma fue adoptada por las compañías que desarrollaron la comunicación telefónica en el área occidental, especialmente en el Reino Unido, Francia, Bélgica, España, Canadá y Estados Unidos, países en los que la expansión del servicio resultó notable a partir de 1880. Si bien los reglamentos de cada compañía pudieron variar en lo relativo a las características exigidas a la fuerza de trabajo para los diferentes puestos y funciones, no caben dudas de que desde muy temprano se adhirió a una orientación que privilegiaba la absorción de muchachas muy jóvenes y solteras para la atención de los usuarios”, apuntó Barrancos. En otras palabras, el engranaje de la nueva tecnología comunicacional reposó en mujeres solteras –tampoco se admitían las viudas– cuyo promedio de edad al momento del ingreso no iba más allá de los 18 años. “La feminización de la tarea de atender el conmutador se registró de manera rápida, al punto que en la última década del siglo XIX las mujeres habían desplazado a los varones que en su mayoría tenían como antecedente la experiencia del servicio telegráfico”, destacó la historiadora.

–¿Cuál fue la razón de esa feminización?

–El rápido desarrollo tecnológico que privilegiaba habilidades de motricidad fina y en especial, la progresiva taylorización del ambiente laboral que procuraba docilidad, obediencia y prontitud en el cumplimiento de la tarea, aunque eso se resumiera en el argumento patronal: “los abonados prefieren la amabilidad de las mujeres”. Solo el servicio nocturno quedó reservado a los varones de tal modo que hacia 1904 las empresas que se instalaron en el país, a partir de la década de 1880, emularon las pautas de reclutamiento imperantes en sus respectivas matrices.

Las condiciones de trabajo eran duras: un rígido disciplinamiento, control excesivo y la ausencia de atributos ergonómicos en los sistemas de operación caracterizaban las jornadas laborales de las jovencitas solteras, descubrió Barrancos en aquellos legajos. No había tiempos muertos. Tenían prohibido entablar conversaciones con los abonados fuera del denominado “método” que regulaba los intercambios. “Distracciones y equívocos eran severamente sancionados”, advirtió la investigadora. Recién a principios de la década de 1920 se extinguieron las multas. La retribución, además, era muy baja. Pero superior a la que podía recibir una operaria en una fábrica, y se lo consideraba de mejor status.


Cuando llegó a sus manos el legajo de Amalia Carreras, la historiadora tuvo su premio. Le llamó la atención un papelito enganchado entre las hojas. Era un mensaje anónimo, de inicios de agosto de 1921. La nota advertía que la joven, que había ingresado a la compañía en julio de 1907 –según registro de la propia firma– se había casado.

Textualmente, la breve carta, dirigida al propio director general de la compañía, J. E. Parker, decía: “Muy señor nuestro: Varios abonados a esa Compañía ponen en su conocimiento que una de las señoritas de Carreras se casó el Sábado pasado día 30, y como el reglamento dice, las empleadas tiene que ser solteras; además de ocultar el hecho, lo ponemos en su conocimiento para que tome las medidas que son del caso. Creemos que sobra cumplir como corresponde. De Ud. Atte. SS. Firma: Varios Abonados”.

En el legajo de Amelia, contó Barrancos, encontró la anexión de un pequeño papel, seguramente originado por quien debió corroborar el hecho –o acaso el propio autor del anónimo–, en el que se lee: “A.C.C: á (sic) contraído matrimonio el mes pasado con F.P.B. en la Sección 8a. Informe oficial del Sr. Albarracín, Jefe del Registro Civil de la sección 20”.

¿Quién era Amalia? La historiadora pudo reconstruir parte de su historia personal, a partir de la lectura de su legajo: había nacido en Cuba el 2 de noviembre de 1890, de padre español y madre costarricense y se podría pensar que por algún tiempo la familia había gozado de algún bienestar dado que el padre se dedicaba al comercio. Por alguna razón, posiblemente económica, la familia terminó emigrando a la Argentina y se instaló en el barrio de Montserrat. Amelia y sus hermanas, Aurora y Rosalía, terminaron trabajando como telefonistas, 
apuntó Barrancos.

–¿Qué pasó con Amalia una vez que saltó a luz que se había casado?

–Como es de imaginar, Amelia fue inmediatamente cesanteada, aunque propuso toda suerte de salidas. Una de ellas fue que se la retuviera transfiriéndola de la Oficina Mitre a otra central, la central Rivadavia. Amelia era de las que probablemente no sólo necesitaba trabajar para contribuir al mantenimiento de su nuevo hogar, sino que había encontrado una identificación marcante e irrenunciable con su labor. Más allá de la experiencia subordinante impuesta por el puesto, del ahogo que significaban las rígidas condiciones laborales, Amelia debía sentir transformaciones derivadas de la propia esfera del trabajo, sobre todo porque tenía a su cargo un grupo de empleadas. El trabajo de telefonista le había posibilitado, además de cierto bienestar, acceder a una fuente innegable de respetabilidad. Llevaba 14 años de telefonista. La pérdida de trabajo la exponía a una gran desventura personal, situación que seguramente no podía mitigar ni siquiera su matrimonio. Hay que preguntarse si, incluso, no llegó a casarse por el imperativo social de la época, teniendo en cuenta que ya había cumplido 30 años.

El desenlace que tuvo el despido de Amelia terminó en los diarios porteños. El 24 de agosto de 1921 al mediodía, la joven esperó que el director general de la Unión Telefónica llegara a su casa, en una de las zonas más ricas de la ciudad, en la calle Libertad al 1100, para su habitual almuerzo y le recriminó que la hubiera cesanteado. “Parker respondió que eso era asunto de su jefe inmediato y que él nada podía hacer mientras se daba vuelta para ingresar a su domicilio. Cuando atravesó la puerta cancel, Amalia se arrojó por atrás con un cuchillo y lo apuñaló en la zona de las costillas. Es posible imaginar la alharaca que se produjo cuando Parker llamó a los gritos a su chofer, quien termina deteniendo a Amelia. Ella declara que acababa de ‘matar a un hombre’, pero no hubo que temer por la vida de Parker. La cuchillada había sido superficial y pronto fue dado de alta”, rememoró Barrancos.

La historiadora siguió los ecos del atentado en el libro de actas de la Comisión Local de la compañía, que pretendió agrandar sus consecuencias y exigía el máximo rigor de la justicia. “Los diarios registraron el ataque y por lo menos La Razón se empeñó en contextualizar debidamente el hecho de tal manera que la victimaria era casi exculpada o por lo menos preservada de una condena sin atenuantes”, comentó Barrancos. Algunos de los títulos decían así: “El administrador de la Unión Telefónica herido por una señora”; “La autora del hecho atentó contra la vida del Sr. Parker porque fue despedida de la empresa”; “Prestó sus servicios durante 14 años y se la dejó cesanteada por ser casada”.
–¿Qué repercusiones tuvo el episodio?
Dora Barrancos
–La noticia sirvió para abrir un debate inmediato sobre el reglamento que impedía a las mujeres casadas trabajar en la compañía, debate en el que participaron, sobre todo, las autoridades municipales y algunos miembros del Concejo Deliberante, en especial de la bancada socialista. La Unión Telefónica encargó a uno de los miembros de la Comisión Local, el abogado Orma, el análisis de la cuestión y no se encontró mejor argumento para insistir en la no admisión de las casadas que la amenaza a la salud de las mujeres y de los niños cuando quedaban embarazadas. El hecho abrió paso a una discusión, a su vez, sobre la condición femenina y el trabajo. En un artículo, el diario La Razón, se sumaba a los esfuerzos por exigir la licencia por maternidad. Hubo que esperar hasta 1924 para conseguir la primera ley que amparaba la maternidad de las trabajadoras. Pero la agitación producida por la puñalada de Amelia obligó a la Unión Telefónica a examinar mejor la base argumental de la discriminación de las casadas y de esa manera, mientras se pedían consejos a la central en Londres, se decidió revisar también algunas experiencias cercanas. La más destacada de las consultas –y la que efectivamente hizo impacto, tanto en la matriz como en la filial local– fue la realizada a una de las más importantes empresas norteamericanas. En enero de 1922 se recibió una respuesta de la National Wester Electric Company de Nueva York, que tenía a su cargo la Telephone Company de esa ciudad, seguramente una pionera en la admisión de mujeres casadas.

Puntualmente, señalaba que no tenía regulación para despedir a quienes se casaban. Y que para emplearlas y mantenerlas en sus puestos, evaluaban sus méritos laborales. “Seguramente estas consideraciones hicieron mella entre los directivos, que tendieron a ablandar las posiciones, sobre todo desde que la Dirección General de Trabajo y el Ministerio del Interior hicieron saber a la Unión Telefónica que se podría llegar a impulsar una ley, si fuera necesario, para lograr la modificación del cambio de la regulación que impedía el trabajo de las casadas”, siguió Barrancos. En 1922, la casa matriz, desde Londres, recomendó flexibilizar el criterio. Pero para la completa finalización de la restricción basada en el estado conyugal, debió esperarse hasta 1935.

–¿Qué pasó con Amalia en la Justicia?

–Recibió una pena de solo 8 meses de prisión domiciliaria, lo que escandalizó a los directivos de la empresa. Era una lesión leve. Y fue atenuada la pena porque usó un arma blanca. El juez además dice muy patriarcalmente cómo es posible que siendo esencial la función del matrimonio y la maternidad, se la sancione cuando se casa. La actitud que tuvo Amalia no es la que recomendamos. Su gesto sobrepasó dramáticamente el límite de la resistencia, pero también a ella misma, conectándola de manera inescindible, sin que para nada se lo propusiera, con una causa colectiva. Su insurgencia, surgida de sus sentimientos individuales, no pudo evitar el lenguaje de la solidaridad. Así, su puñalada hirió de muerte esa regulación ominosa que dejaba sin trabajo a las mujeres casadas.

La Cátedra Libre Géneros y sexualidades, que este año se abrió en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, homenajea a Amalia llevando su nombre.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/8054-la-punalada-de-amalia (11/12/16)