27/8/13

NOTICIAS DE URUGUAY
Espacio de Formación Integral Interservicios
Memorias Pedagógicas del Centro Agustín Ferreiro/Edición 2013. 



La Unidad de Extensión ha recibido en custodia temporal el Archivo personal del maestro Homero Grillo, que recientemente ha sido donado por su hijo a la FHCE, en el marco del proyecto de reconstruir la memoria de los maestros rurales, junto con las carreras de Comunicación y Ciencias de la Educación (más Archivología) de la Univesidad de la República.

Fotografías tomadas en EUBCA (Escuela Universitaria de Bibliotecología y Ciencias Afines):






Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
Unidad de Extensión - Tel.: (598) 2409 1748
Correo electrónico: extension@fhuce.edu.uy
Montevideo – Uruguay

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¿QUIÉN FUE HOMERO GRILLO?

Homero Grillo, educador rural uruguayo, nació en Molles de Porrúa, departamento de Río Negro, el 9 de marzo de 1906, en un hogar de escasos recursos y desde adolescente debió trabajar en diversos oficios para ayudar a su familia. Cuando pudo solventar sus estudios, comenzó a estudiar magisterio y eligió el medio rural para realizar su práctica profesional en Polanco, lavalleja.

En 1932, a los veintiséis años de edad, se recibió de maestro y eligió su primera escuela en Bañado de Medina, Cerro Largo. Se traslada posteriormente a Paso de los Troncos, Florida y en 1942 llegó a la Escuela Nº 16 de Villa Rosario, Lavalleja.

Homero Grillo
Desde 1942 a 1957 trabajó en la Escuela Nº 16, con ciento cinco alumnos, consolidando diferentes proyectos. La transformó en una Escuela Productiva pasando a constituirse en Escuela Granja. Para ello solicitó a las autoridades de Enseñanza Primaria la compra de diez hectáreas de un terreno lindero para instalar el  apiario, cultivar viñas, formar un pequeño tambo con cuarenta vacas de ordeñe, cultivar flores, manzanos y naranjos. Junto con sus alumnos instaló un sistema de riego con un tanque australiano. Amplió el pozo de agua para que sirviera para el riego. Dirigió la cría de conejos, cerdos y gallinas, mejorando cada año las razas para cría aumentando de este modo la productividad.

En la escuela cultivaron una huerta para el comedor escolar. El maestro consiguió un equipo para analizar la tierra, de modo de mejorar el suelo de la escuela y el de sus vecinos. Se plantaba paja para escoba y sauces para obtener el mimbre con el que trabajaban los niños en la construcción de muebles.

Asimismo, enseñaba a sus alumnos conocimientos básicos de carpintería con herramientas que iba consiguiendo. Construyeron un carro para el traslado de los niños de condición muy modesta de otras localidades para que pudieran llegar a la escuela sin caminar durante horas.

Con diversos trámites ante autoridades y empresas privadas fue equipando la escuela con sembradora, tractor y otras herramientas. Creó una comisión para conseguir becas para que los alumnos de escasos recursos pudieran seguir estudiando.

Homero Grillo fue parte de una generación de maestros rurales que , al mismo tiempo que realizaban la práctica de la escuela rural, reflexionaban y teorizaban en conjunto sobre la enseñanza rural, como los maestros Enrique Brayer Blanco, Miguel Soler, Julio Castro y Luis Gómez.

En 1961, junto a los maestros Nelly Couñago de Soler, Ana María Angione, Abner Prada, Miguel Soler y Weiler Moreno, da vida al Instituto Cooperativo de Educación Rural (ICER). Durante 14 años fue el coordinador del funcionamiento de este Instituto que se cierra debido a los múltiples allanamientos sufridos después del golpe de estado de Juan María Bordaberry.

El 1º de noviembre de 2001 la Presidencia de la República Oriental del Uruguay, en acuerdo con el Ministro de Educación y Cultura, envió un Proyecto de Ley para designar con el nombre de Homero Grillo, a la Escuela Nº 16 de Villa Rosario, del Departamento de Lavalleja, que fue aprobada por la Cámara de Representantes.

EL MAESTRO RURAL
A Homero Grillo 
Por JUAN CAPAGORRY

Antes íbamos a caballo hasta “El Cruce” y allí esperábamos el ómnibus que nos llevaba a la escuela del kilómetro 75.
En invierno crecía la cañada y no íbamos casi nunca.
Ahora tenemos la escuela en las chacras, en un rancho que cedió Lucio Argenta.
Cuando llegó el maestro en el charret, con Lucio, él no nos vio; pero nosotros que notamos todo en el camino, lo vimos llegar.
Era un hombre joven y alegre. Lucio reía cuando él hablaba... 
El maestro fue por todos los ranchos a saludar a los vecinos, a pedirles que nos mandaran a la escuela.
Cuando el tiempo “levantó” y se pudo trabajar, lo vimos al maestro con Lucio que le enseñaba a arar:
- Firme la mancera maestro. ¡Firme la mancera!
Enseguida fue un hombre querido por nosotros. Donde había que ayudar él llegaba:
- No sé, pero quiero ayudar, además así aprendo.
Los chacareros que le desconfiaban porque venía de la ciudad, ahora lo sentían uno de ellos.
Consiguió una lechera pero no sabía ordeñar; los más grandes de nosotros, acostumbrados a hacerlo, le enseñábamos. El miraba agachado, con gran tensión, lo que para nosotros resultaba tan fácil.
- A ver, ahora déjenme a mí.
La vaca lo “extrañaba” y escondía la leche. El no se enojaba, se reía: “Ya aprenderé”. Imitaba el movimiento de nuestras manos.
- Así tiene que ser, nos enseñamos los unos a los otros.
Una noche, mientras mi madre hacía la comida, mi padre, que tomaba mate silencioso, de pronto dijo como hablando solo:
- Está apurado el maestro porque aprenda a leer...
Los chacareros van de noche a la escuela. Mi padre llega con los libros y cuadernos bajo el brazo. Tiene fea letra. Las “a” las hace así. Yo lo corrijo y le enseño.
A veces llega riéndose solo y le cuenta a mi madre lo que les estuvo leyendo el maestro: “Un viejo loco que atropellaba los molinos a lanza porque creía que eran gigantes. ¡Qué de reírnos, viejo palangana!”
Le cuenta a mi madre lo que aprende mientras afila unas tijeras, porque tiene que enseñarle a podar al maestro.
Cuando la seca grande, la tierra tenía rajaduras en las que podía meter un puño. Los chacareros la miraban como a un amigo enfermo: “Se va a perder todito” decían, y se quedaban mirándola.
Las tardes ocultaban un sol de un rojo dolido; después de cenar, los chacareros miraban el cielo tratando de descubrir algún indicio de lluvia. Pero la seca seguía...
Los hombres se habían vuelto callados y hoscos, las mujeres habían olvidado su canto.
El maestro, con un pasto que tenía entre los dientes, desgranaba un terrón de tierra y miraba los maicitos tempranos volverse metálicos por falta de agua.
Estábamos en la escuela cuando llegó la lluvia: la avisó un relámpago solo que partió al medio la tarde. Se oscureció todo. Salió el maestro y salimos nosotros: allá a lo lejos la lluvia empañaba los cerros, venía ligero hacia nosotros, cubriendo el paisaje.
Una gota grande mojó la cara del maestro. ¡Qué alegría la suya! Se sacó la túnica que agitaba en el aire y recorrió con nosotros los ranchos gritando y cantando, llamando a cada chacarero por su nombre: ¡Pedro! ¡Lucio! ¡Don Ángel! ¡Llueve! ¡Llueve!
Dejaba correr el agua por su rostro vuelto al cielo, las manos levantadas, dejando que la lluvia lo empapara.
Los chacareros desde la puerta de los ranchos lo miraban conmovidos...
Esta tarde, aunque nos empapamos, en nuestras casas no nos dijeron nada.
Llovió toda la tarde; el paisaje quedó limpito, la tierra negra, los campos verdes, los cerros bien azules... El maestro y los chacareros allá a lo lejos recorrían los plantíos.
El cielo se floreció de mariposas y los borró de nuestra vista.
Nosotros salimos a jugar y a querer agarrarlas.

Fuente: https://www.facebook.com/archiext/media_set?set=a.10201697573870962.1073741829.1528506831&type=1
Vilma Castro, Archivóloga/Técnica en Comunicación Social
http://escuelasrurales.net/index.php?option=com_content&view=category&id=6:homero-grillomaestro&Itemid=4
http://www.educacionrural.org/?page_id=11
http://www0.parlamento.gub.uy/repartidos/AccesoRepartidos.asp?Url=/repartidos/camara/d2001120802-01.htm
http://prezi.com/bnxqqlwpryz-/la-formacion-del-magisterio-rural-2/
http://www.internet.com.uy/poesiay/poes2005/diamaest.htm

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