3/12/14

¡Tengo hongos! (¿…o tengo foxing?)
Guía de identificación y tratamiento de hongos y fóxing en archivos y bibliotecas


Una de las mayores preocupaciones en archivos y bibliotecas es la presencia de hongos. Y con razón: se desarrollan sin estridencias, y cuando los detectamos puede haber habido pérdida irreversible de información.

Antes de entrar en un pánico incontrolado y tirarnos de los pelos, debemos identificar si los síntomas delatan efectivamente la presencia dehongos, o no. Y no es fácil. De un lado porque puede tratarse de infecciones pasadas que no estén provocando perjuicios en el momento presente, y del otro porque muy a menudo los documentos antiguos tienen manchas de foxing (moteado como el de la piel de un zorro, en inglés).

Y la gran pregunta: Pero ¿el fóxing son hongos, o no?
Hay diversidad de opiniones… para mi, no necesariamente.

El foxing puede propiciar la presencia de moho, pero no es indicativo de que exista actividad microbiológica, ni de que no. Una hoja sin foxing puede muy bien tener hongos.

Aún hoy la literatura es poco concreta en cuanto a las causas de formación del foxing: según algunos se trata de microorganismos, según otros, no.


Fondo documental de la Autoridad Portuaria de Barcelona, planos manuscritos sobre tela que presentan fóxing en las áreas más expuestas (los bordes, en el caso de la imagen de la izquierda; y en la cara frontal del pliegue, en el caso de la de la derecha) Haciendo clic se amplía la imagen.

Qué és el foxing.
El foxing se presenta en forma de manchas oscuras, marrones (nunca de ningún otro color que no sea el del oscurecimiento del papel) en documentos de papel o de tela, pero no de piel.

Lo que no podemos negar es que es una oxidación puntual, y de esta se deriva una acidificación y debilitamiento celulósico que favorecen el crecimiento microbiano.

La evidencia también nos enseña que la exposición al oxigeno ambiental es –si no la causa principal– una gran catalizadora, pues suele ser más acusado en áreas más expuestas (bordes de las hojas, cubiertas, cortes de los libros…).


Fondo documental de la Autoridad Portuaria de Barcelona, en papel y tela. Ved como —a pesar de estar cosidos y haberse guardado siempre juntos— las hojas en papel (izquierda) no tienen prácticamente fóxing mientras que las hojas contiguas en tela (derecha) están considerablemente afectadas por estas manchas. Haciendo clic se amplía la imagen.

El fóxing también tiene una relación muy directa con el tipo de papel, pues algunos soportes son más susceptibles de padecerlo que otros.

Y un tercer aspecto propicia la formación de foxing, y es una humedad relativa elevada. Esto es así porque la contaminación transporta componentes que hacen descomposición ácida en presencia de humedad (CO², S‾², entre otros).

El fóxing acidifica, pero el papel debería partir de un estado de previa acidificación muy intensa para que este incremento tuviera consecuencias físicas apreciables en la resistencia mecánica del papel.

El “contagio” suele ser como mucho al papel vecino (migración de acidez). Es un daño que no tiene las posibilidades de desplazarse que tienen los microosrganismos: tiene lugar donde las condiciones son favorables, y “basta”. Sin embrago el hecho de que el aire sea portador de contaminación puede hacer que, a simple vista, parezca que se contagia, como la propagación de infecciones.

Cómo hacer frente al foxing
Lo ideal sería que las medidas de conservación preventiva no lo hayan propiciado. Si existe, podemos combatir el foxing por desacidificación: deteniendo la oxidación, revertiendo la acidez y también reduciendo la actividad microbiana, que se modera en pH alcalinos.

Puesto que los daños derivados del fóxing no son alarmantes también podemos limitarlo simplemente con el uso de camisas de conservación en papel barrera (con carga alcalina) que impedirán un aumento del mismo.


A veces fóxing y hongos vienen cogiditos de la mano. Las manchas moradas y el debilitamiento por hongos, a la derecha de las hojas. En el margen inferior hay oxidación puntual o fóxing. Libro “Historiæ Naturalis de Avibus”, de Johannes Jonstonus, 1657. Del Museo de Ciencias Naturales de Granollers (Museo de la Tela).

Diferencia entre hongos y fòxing
La confusión entre hongos y fóxing es bien natural, porque las mismas condiciones que propician el foxing (humedad, pH levemente ácido) son ideales para el crecimiento microbiano; a la vez que las consecuencias del foxing (debilitamiento y descomposición de la celulosa) mejoran este entorno idílico para hongos y bacterias (celulosa, acidez, humedad… ui, ui… paro ¡que me está entrando un no sé qué!).


Documento impreso y manuscrito de 1873. La infección de hongos ha debilitado el paper hasta el punto de hacerlo desaparecer (lagunas centrales) y también ha ocasionado manchas de colores varios: lila, negro… Documento del Archivo Municipal de Barcelona (distrito Les Corts), antes de la restauración. Veáse también después.

Los hongos y enmohecimiento, a diferencia del fóxing, pueden presentar colores muy variados (morado, amarillo, negro…). El color de las manchas no es indicativo del tipo de hongo. Las manchas pueden ir acompañadas de moho, que son las hifas de los microogranismos. El ataque microbiológico degrada la celulosa volviéndola más débil: en el peor de los casos adquiere un tacto como de algodón, robándole toda su rigidez. A diferencia del fóxing, que puede ser más “selectivo”, afectando más un soporte que otro, los microorganismos, cuando se ponen, colonizan sin manías todo tipo de soportes, aunque degradando los orgánicos con más virulencia.


En los estados más avanzados de la infección los hongos crecen en “3D”, lo que conocemos como moho, y que son las hifas de los microoganismos. Igual que las manchas, puede de varios colores (blanco, verde, amarillo, negro…). Imagen: dos ejemplares de libros enmohecidos.

Cómo plantarle cara a los hongos.
Nos sería más fácil aplicar un tratamiento una vez y olvidarnos del problema, pero las cosas no van así. Hay que tomar una serie de medidas muy sencillas de forma coherente y continuada: Mantenimiento de humedad relativa y temperatura adecuadas, ventilación, limpieza, y sobretodo revisiones oculares periódicas. Medidas muy sencillas y sin embargo tan complicadas de poner en práctica. Sí, porque el edificio, el clima, las dimensiones del fondo, no son aspectos que podamos modificar (el edificio en teoría sí, a la práctica… no). La conservación preventiva es clave.

Un tratamiento de desinfección hoy no garantiza que no tengan lugar futuras infecciones si éste no va acompañado de las citadas medidas, por muy fulminante que sea el método. Por lo tanto es más eficiente incidir en las condiciones del entorno y hacer un seguimiento regular, que matar moscas a cañonazos aplicando productos muy tóxicos una sola vez. Y los usuarios también salen perjudicados, sobra decirlo, en el segundo caso.

¿Y el fóxing? Hombre, el fóxing, aunque nos advierte de que en algun momento las condiciones habrían sido propicias a la formación de hongos, tiene que agobiarnos menos. Admito que estas manchitas deslucen cualquier documento, pero los perjuicios directamente derivados no son tan graves: acidificación localizada. Tendría que ser extrema para que conllevara pérdida de contenidos (texto) o de soporte. Y si véis que va en camino, o no queréis de ninguna de las formas que se intensifique… pues ya sabéis dónde tenéis que llamar, que servidora os hará un buen precio para su restauración.

Fuente: http://ritaudina.com/es/2014/12/02/hongos-y-foxing-conservacion-de-fondos-de-archivos-y-bibliotecas/ (Blog: Rita Udina, Conservación y Restauración de Obra Gráfica)

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