5/11/11

Tres siglos de archivo universal

La Biblioteca Nacional [de España] celebra el tricentenario de su fundación con la mirada puesta en los retos que plantean la muerte del papel y los recortes económicos.

Incunables
Entre aquellos 6.000 volúmenes traídos de Francia por Felipe V y cuyo sostenimiento se confiaba a finales de 1711 a los impuestos sobre "tabaco y naipes del Reino" y los 110.000 amigos de la Biblioteca Nacional de España que ayer mismo superó en su página de Facebook median tres siglos de adaptación a los tiempos de una institución que aún hoy, pese a la plena implosión de la galaxia Gutenberg o gracias a ella, aspira a atesorar todo el conocimiento tangible. Exposiciones de códices de Leonardo, muestras itinerantes, recitales de música, sellos postales conmemorativos, congresos de hispanistas y reuniones de premios Cervantes servirán para celebrar el tricentenario de un gigante en una encrucijada conceptual durante 12 meses (y con un presupuesto de 1,656 millones).

Porque si una conmemoración siempre es una celebración del pasado, también invita a cuestionarse el futuro: ¿Le interesará a alguien no ya dentro de otros tres siglos, sino en, pongamos, 50 años conservar los 28 millones de documentos que se reparten entre el mastodonte del paseo de Recoletos y el moderno depósito de Alcalá de Henares, depositario del 65% de los fondos? ¿Solo los incunables? ¿O también los libros antiguos, los viejos a secas y los recién editados? ¿Y qué hacer con discos y DVD?

Al término de una reunión de la comisión conmemorativa, la científica Margarita Salas, directora del patronato, opinaba en la sede de la BNE que la conservación es más necesaria que nunca. Y que como respuesta a todas las preguntas basta una sola palabra, digitalización, que se ha convertido en la última década en clave para una institución que recibe cada mes 20 toneladas de papel y cada año casi 900.000 documentos nuevos (cifra que va descendiendo como corresponde a estos tiempos de la nubevirtual).

Hasta el momento se han escaneado 53.000 documentos, los más valiosos, para ponerlos a disposición de los usuarios de la web de la BNE a través del programa de la Biblioteca Digital Hispánica. Una cantidad que podría resultar insignificante frente a datos de mareo como el que cifra en 500.000 metros la suma de todas las estanterías, pero que a la directora de la institución, Glòria Pérez-Salmerón, le parecen "un buen comienzo". Tampoco "merecen ser digitalizados" todos los documentos, palabra mágica que engloba desde un beato de Liébana a un episodio nacional o una representación en VHS de Animalario.

"Estamos en el camino de una biblioteca híbrida, en la que convivirán las dos realidades. Los nuevos soportes no implican la muerte de los tradicionales", argumenta el académico Darío Villanueva, patrono de la BNE y director del consejo científico de la Biblioteca Digital Miguel de Cervantes. "En un futuro en el que tenderán a desaparecer las librerías físicas domésticas, tiene más sentido que nunca una gran biblioteca que atesore todo lo publicado".

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Hoy, la BNE, condenada como Atlas a seguir caminando pese a llevar el mundo a cuestas, se enfrenta a los desafíos de su futuro con un presupuesto de 42,7 millones, cantidad cuatro veces menor a la asignada a la Library of Congress de Washington, la primera de una liga en la que la española se mide con las grandes del mundo, como la National Library o la Biblioteca Nacional de París. A esta tozuda realidad se une la reciente decisión de rebajar por razones económicas la categoría de la BNE; de dirección general dependiente del Ministerio de Cultura a subdirección general (aunque mantiene su carácter de organismo autónomo, otorgado en 1991).
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